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De la infancia degenerada a las psicosis infantiles: sobre los orígenes de la paidopsiquiatría en España.

Autor/autores: Rafael Huertas
Fecha Publicación: 12/07/2010
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

El nacimiento de la paidopsiquiatría ha sido relacionado tradicionalmente con la respuesta que desde la medicina se dio al problema de la deficiencia mental. Sin embargo, la verdadera "psiquiatrización" de la llamada infancia anormal llega a su punto culminante cuando se consigue asimilarla directamente con la enfermedad mental, y no sólo con un problema de retraso mental o de handicap intelectual. De hecho, la locura de los niños y los jóvenes se relaciona directamente con la irrupción, en la nosografía psiquiátrica, del concepto de demencia precoz y demencia precocísima. El objetivo de la presente ponencia es analizar de qué manera la psiquiatría española encaró dicha cuestión y las tensiones que todo cambio de paradigma conlleva. La fuentes utilizadas serán las obras de médicos españoles (Lafora, Sanchís Banús, Mestre, Ots, etc.) que, en el primer tercio del siglo XX, abordaron dicha problemática, en un intento de valorar las influencias recibidas, tanto del viejo degeneracionismo, como de los nuevos planteamientos nosográficos y, en particular, del concepto de demencia precocísima formulado por Sancte de Santis.

Palabras clave: Historia; Paidopsiquiatría; Degeneracionismo; Demencia precocísima; España.

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DE LA INFANCIA DEGENERADA A LAS PSICOSIS
INFANTILES: SOBRE LOS ORÍGENES DE LA
PAIDOPSIQUIATRÍA EN ESPAÑA.
Autores:
z

Rafael Huertas
Departamento de Historia de la Ciencia, Centro de Estudios Históricos, Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, Madrid.
*Trabajo realizado en el marco del Proyecto de Investigación n1 PB98-0659, subvencionado
por la DGES.
FUENTE: PSIQUIATRIA.COM 2000; 4(3)

En general, cuando se habla de la preocupación de la psiquiatría y la psicología por la infancia en
el cambio de siglo y en el marco del movimiento regeneracionista, resultan obligadas las
referencias al desarrollo de la psicopedagogía en sus distintas vertientes, al importante papel que la
Institución Libre de Enseñanza jugó en este proceso y a la aparición de la Escuela Obligatoria
como espacio de vigilancia y diagnóstico de la llamada "infancia anormal", asimilada durante
mucho tiempo a la "infancia degenerada". De igual modo, los origenes de la paidopsiquiatría han
sido relacionados por diversos autores con la respuesta que desde la medicina se dió al problema
de la deficiencia mental.
Ahora bien, la verdadera psiquiatrización de esa infancia anormal llega a su punto culminante
cuando se la consigue asilimar directamente con la enfermedad mental -con la alienación
propiamente dicha- y no solo con un problema de retraso mental o de handicap intelectual. De
hecho, la locura en los niños y en los jóvenes se relaciona directamente con la irrupción, en la
nosografía psiquiátrica, del concepto de demencia precoz y de demencia precocísima. Véamos, a
continuación, de qué manera la psiquiatría española encaró dicha cuestión y las tensiones que todo
cambio de paradigma conlleva: el paso, en definitiva, de la "infancia degenerada" a la psicosis
infantil.
En la producción psiquiátrica española de las primeras décadas del siglo XX puede evideciarse con
claridad esa amalgama de ideas propia de cualquier cambio de paradigma. Mientras algunos
autores rechazan de plano el nuevo concepto de demencia precoz, otros lo irán asumiento con más
o menos reservas, pero, como veremos a continuación, ni siquiera los más firmes partidarios de la
nosografía kraepeliniana, dejaron de considerar y aplicar los viejos principios degeneracionistas.
Entre los más señalados detractores del nuevo paradigma destacaremos a Vicente Ots y a Tomás
Maeste. El primero discute la propia existencia de la demencia precoz como una entidad
nosológica diferenciada. Demostrando un profundo conocimiento de la obra de V. Magnan, al que
cita con profusión, mantiene que las demencias en pacientes jóvenes tienen una explicación
fisiopatológica sin necesidad de salirse de los principios doctrinales del degeneracionismo. Indica,

en este sentido, que "Magnan nos ha dado a conocer el estigma psíquico degenerativo de la
inhibición cortical, y admitida la existencia de la supresión de la función de una neurona
subcortical, por la excitación de un axon o soma superior, tendríamos explicada esa paresia, que les
convierte en ocasiones en verdaderos autómatas, podríamos razonar la producción de los estados
catatónicos, estáticos y catalépticos...". Mecanismos somáticos -neurológicos- que tienen como
fondo una degeneración cerebral "precoz", al afectar a niños y jóvenes que acaban por "disociar el
aparente equilibrio (...) (de) la actividad cerebral, hundiéndole en la pasiva indolencia o
perturbadora actividad de la psicopatía".
La conclusión final de V. Ots es tajante, el cuadro clínico denominado demencia precoz por
Kraepelin tiene una dependencia estrecha, directa y absoluta con la degeneración cerebral, de tal
forma que "nos atrevemos a afirmar que semejante entidad morbosa no puede aceptarse en la
nosografía psiquiátrica como afección aislada e independiente, y que cuantos casos se filian en
ella, no son otra cosa que psicopatías de índole degenerativa".
En parecida línea de pensamiento, podemos situar a Tomás Maestre. El viejo catedrático de
Medicina Legal de la Universidad Central de Madrid, se resiste también a aceptar la existencia de
la demencia precoz en términos que no ofrecen dudas: "no admito la existencia de la llamada
demencia precoz como una especie nosológica mental individualizada y definida, pues este
proceso dementivo no es otra cosa que la final resolución de varias y distintas formas de locura
sobrevenidas en la época de la adolescencia y aún antes en cerebros jóvenes, tarados por ley de
herencia con tara degenerativa".
Dos conclusiones pueden sacarse de esta breve cita; por un lado, que el estado de "equilibrio
inestable" por el que atraviesan los cerebros degenerados en la época de la pubertad, hace que éste
sea el momento de la vida en que pueden hacer su aparición cuadros muy diversos de locura. No
habría, pues, una entidad específica de locura puberal, juvenil o "precoz", sino que la adolescencia
es considerada como una edad de especial riesgo, siempre en cerebros predispuestos. Por otro lado,
las diversas "formas" de locura, como la melancolía, la manía, el delirio y la demencia, son
entendidas no como enfermedades propiamente dichas sino como "estados cerebrales de orden
trófico, relacionados siempre con la circulación y la nutrición del cerebro"; pudiendo transformarse
en un mismo individuo, unos en otros, sin que el fondo de la alteración mental sufra ningún
cambio.
Tal planteamiento recuerda el concepto de psicosis única, que tanta fortuna hizo, aun con
antecedentes muy notables, en la psiquiatría europea de la segunda mitad del siglo XIX. No se trata
aquí de analizar los sistemas clasificatorios en psicuiatría, ni la antinosografía que, como principio
epistemológico, defendieron los partidarios de la psicosis única o unitaria (Einheitphychose), pero
sí de destacar cómo la noción de "metamorfosis" entre las distintas "formas" de locura, y su
evolución final hacia la demencia, implicaba un criterio antinosográfico opuesto a la consideración
de enfermedades mentales suficientemente diferenciadas.
Como es bien sabido, la nosografía kraepeliniana y su enorme influencia supuso el
arrinconamiento del concepto de psicosis unitaria y el establecimiento de una precisa
sistematización de numerosas enfermedades que, como ha indicado José María Alvarez, "se
presumieron naturales, como si de auténticas enfermedades médicas se tratara; a falta de mayores
conocimientos etiológicos, se enfatizaron las coincidencias sintomatológicas, evolutivas y las
formas terminales". La dementia praecox -con su déficit intrínseco- se convertía en la enfermedad
mental por excelencia, por más que, curiosamente, el nuevo sistema tuviera dificultades para
ubicar cuadros psiquiátricos como la paranoia.
No es de extrañar, pues, que Tomás Maestre, en su intento de oponerse a la susodicha demencia
precoz, recurra a nociones que tienen que ver, tanto en el plano clínico como conceptual, con la
psicosis unitaria, encuadrándola, eso sí, dentro del discurso degeneracionista del que, como hemos

visto, Maestre hace profesión de fe.
Es, precisamente, la doctrina de la degeneración la que permite explicar, según nuestro médico, la
rapidísima evolución hacia la demencia de las locuras contraidas a edades tempranas, al asegurar
que "lo característico de las locuras de la adolescencia y la juventud es lo rápidamente que estas
formas vesánicas corren su ciclo de excitación y caen en el proceso dementivo final, el cual forma
en tales casos un estado permanente y crónico, simulando verdadera imbecilidad. Esta rapidez
involutiva se explica fácilmente si tenemos en cuenta la constitución incompleta, débil y
desequilibrada del cerebro de los niños degenerados". Desequilibrio que, en consonancia con los
principios degeneracionistas, daría lugar a un fenómeno regresivo hacia estadíos menos avanzados
de la escala evolutiva filogenética y, en este caso, ontogenética: "cuando un órgano se para en su
desarrollo antes de llegar a la categoría biológica de los de su especie, se verifica inmediatamente
en él un proceso regresivo que tiende a retroceder a su forma embrionaria".
Otros autores, aun conociendo -y reconociendo- la existencia de la "nueva" entidad, tienden a
seguir encuadrándola en los viejos paradigmas. En íntima relación con la mencionada concepción
"unitaria" de la enfermedad mental podemos ubicar a Arturo Giné y Marriera cuando, al presentar
un caso clínico, explica que el paciente mostró una evolución de "aspecto polimorfo (...) primero,
como una psicosis maniaco-depresiva, después como una melancolía ansiosa, más tarde
aparentando una paranoia persecutoria, apareciendo, finalmente, la demencia precoz, que hoy
sufre".
Finalmente, algunos autores de la misma época sí se mostraron más abiertos a las nuevas
tendencias. A. Rodriguez Morini, en su "Contribución al estudio de las llamadas psicopatías de la
pubertad y especialmente de la demencia precoz" (1903), considera la demencia precoz como "una
entidad nosológica perfectamente definida, sujeta a causas precisas, con sintomatología y curso
propio y con episodios psicopáticos múltiples", que tienen en común su origen hereditario y la
gravedad del pronóstico que "las hace del todo incurables".
Años más tarde, E. Fernández Sanz, al presentar un caso de demencia precoz catatónica, llega a
asegurar que "La psiquiatría actual admite, no como artículo de fe, sino como artículo de
convicción, la magistral concepción kraepeliniana de la demencia precoz". Aunque sin alusiones
directas, E. Fernández Sanz maneja conceptos de aparente raigambre degeneracionista. Así, al
relatar los antecedentes familiares destaca que su paciente era "Hijo de una histérica y de un
desequilibrado, arrebatado y violento, con positiva herencia neuropática", indicando, asimismo, que
"su cerebro, ya innatamente anómalo (...) predispuesto (...) en equilibrio inestable, declaróse
definitivamente en quiebra".
El "desequilibrio" y la "predisposición" son, como ya sabemos, dos de los elementos fundamentales
de la teoría degeneracionista propuesta por V. Magnan y P.M. Legrain en 1895; elementos que,
precisamente por su vaguedad, podían ser aplicados sin dificultad en las explicaciones causales de
la demencia precoz, en la cual, según unos, se encuentra siempre el rasgo patognomónico de los
degenerados de Magnan, esto es, un desequilibrio entre las facultades morales e intelectuales,
observándose a menudo "estigmas de degeneración"; mientras que, para otros, los dementes
precoces están "congénitamente predispuestos", considerándose el cuadro como una psicosis
endógena, frecuentemente hereditaria y familiar.
Ahora bien; el manejo de una terminología común no debe llamarnos a engaño. El propio
Kraepelin, fuertemente influido por la teoría de la degeneración, llega a afirmar, en la 30 edición de
su Tratado, que "La predisposición psicopática puede ser transmitida a los niños (...) en los que se
acumulan las influencias hereditarias -como en el caso de matrimonios cosanguíneos entre
familiares con predisposición neuropática- desarrollandose un handicap orgánico. En los
descendientes, las más graves formas de degeneración mental conllevan alteraciones especialmente
intelectuales y morales".

No es, pues, extraño que los primeros defensores -y receptores- de la nosografía kraepeliniana en
España recurrieran a explicaciones degeneracionistas a la hora de razonar la etiopatogenia de la
demencia precoz; lo cual no solo se debe a la amalgama y confusión de ideas, y a la necesaria
sistematización ecléctica de las mismas, que conlleva toda revolución científica, sino que, como
acabamos de ver, la propia obra de Kraepelin tenía, al menos en sus comienzos, una honda base
degeneracionista. Pero, además, conceptos como "predisposición", "desequilibrio" o "herencia
morbosa" pudieron ser utilizados indistintamente por partidarios y detractores de la dementia
praecox. La diferencia residía, fundamentalmente, en la consideración de la demencia precoz en el
viejo sentido moreliano o en el marco de la nosografía kraepeliniana.
La démence précoce, descrita por Morel en 1852, remitía a pacientes jóvenes de ambos sexos que
evolucionaban prematuramente hacia la demencia, pacientes que el padre del degeneracionismo
clasificó dentre de su 40 clase de "locuras hereditarias", esto es, aquellas que cursaban con
"limitación absoluta de las facultades intelectuales (...) Tercera variedad de degenerados
intelectuales, físicos y morales de la especie humana". Por el contrario, la dementia praecox de
Kraepelin aparecía como una entidad nosológica perfectamente difenciada de otras enfermedades
mentales y, desde luego, de los estados psicopáticos degenerativos, que siguen siendo considerados
por el autor alemán en su clasificación de 1899.
Pero, si desde el punto de vista de la etiopatogenia, las conexiones entre el degeneracionismo y el
concepto de demencia precoz son más que evidentes, desde la clínica, tanto las llamadas psicosis de
los degenerados como el delirio crónico de evolución sistemática, descrito por V. Magnan y P.
Serieux en 1892, venían a confluir en la nueva entidad. Dicho delirio crónico de evolución
sistemática comprendía cuatro estadíos: incubación (humor delirante), cristalización de los delirios
de persecución, aparición de delirios de grandeza y demencia.
La presencia el delirio crónico de evolución sistemática en los diagnósticos psiquiátricos del
cambio de siglo tuvo una importancia difícil de cuestionar. Por citar un ejemplo español
suficientemente significativo, Arturo Galcerán define, en el año 1900, las locuras degenerativas
con las siguientes características comunes: "11. La existencia de estigmas de degeneración psíquica
y, en la mayoría de los casos, también física.; 21. La sistematización del delirio, terminando en una
como cristalización del yo, bajo tema intelectual, moral o potencial; y 31. La involución de la
personalidad psíquica en disociación de carácter, hasta llegar no a la demencia, según se repite a
diario con sobrado error sino al infantilismo. Las más principales de dichas formas son la
alucinatoria, la persecutoria y la megalómana, habitualmente sucesivas en un mismo individuo".
Para algunos historiadores de la Psiquiatría, el cuadro descrito por Magnan y Serieux no era sino
"un constructo equívoco que definía un trastorno que se encontraba más en la teoría que en la
práctica"; para otros se trataba de una categoría diagnóstica que "discurría por lo que actualmente
podría considerarse esquizofrenia, depresión psicótica y trastornos delirantes".
Es, precisamente, esta endeblez y ambigüedad del concepto de delirio crónico de evolución
sistemática, junto a la cada vez más anacrónica teoría de la degeneración -al menos en su
formulación más tradicional- y el innegable empuje de la noción de dementia praecox lo que hace
que a partir de la segunda década del siglo XX se comience a prescindir del criterio
degeneración/no degeneración para distinguir los tipos de delirio crónico, describiéndose, entre
1909 y 1913 una serie de cuadros clínicos que suponen un alejamiento de las ideas de Magnan e,
incluso, como ha apuntado Dominic Beer, una cierta recuperación de Esquirol a la hora de elaborar
una semiología psiquiátrica que tiene como eje central el delirio crónico.
En España, los psiquiatras de la llamada generación de los Archivos de Neurobiología son, una vez
más, los que introducen cambios definitivos en la visión de la enfermedad mental. Si, como hemos
visto, durante los primeros años del siglo, el debate se centraba en la existencia o no de la demencia
precoz como entidad nosológica aislada, en la segunda década la aceptación del concepto

kraepeliniano se hace incuestionable, si bien la manera de incorporar el mismo a los problemas
mentales de la infancia resulta diferente según el autor que consideremos.
Así, la existencia de niños golfos diagnosticados de demencia precoz, da la posibilidad a Sanchis
Banús de explicar algunos comportamientos anti o extrasociales como verdaderas manifestaciones
clínicas. Así, las fugas "inexplicables" del seno familiar o de las instituciones (correccionales,
orfanatos,...), o la tendencia al vagabundeo son interpretadas en el marco de un cuadro bien
definido y caracterizado por algunos prodromos -irritabilidad, inestabilidad, tendencia a la soledad,
terrores inexplicables, etc.-, tras los cuales "la afectividad, los sentimientos, desaparecen
completamente: la apatía y la atimia son las características de su estado. Episódicamente, sin
embargo, presentan algunas ideas de ambición y de persecución, abandonan sin motivo alguno el
domicilio de sus padres y vagan a la aventura".
Sin embargo, tal como indica Lafora, "La demencia precoz es una psicosis de la pubertad, aislada
por Kraepelin como tal, y que suele iniciarse entre los diez y seis y los veinticinco años. Existe, sin
embargo, una forma prematura que empieza ya a los tres o cuatro años y de la que se han escrito
solo algunos casos". La referencia a la "demencia precocísima" es evidente y nos indica que la
influencia de Sante de Sanctis en la incipiente paidopsiquiatría española tiene otra dimensión,
además de la ya expuesta, que no podemos dejar de destacar. A comienzos del presente siglo, S. de
Sanctis describió una nueva entidad nosológica al intentar establecer el diagnóstico diferencial de
la deficiencia mental con un cuadro psíquico en el que los niños: "escapan al diagnóstico de idiocia
o de imbecilidad y más bien se les debe considerar bajo el concepto de demencia precoz, en el
sentido de que presentan síntomas de esta psicosis, tales como buena memoria, buena capacidad de
percepción, cosas todas que contrastan con la inestabilidad extrema de la atención, una debilidad o
ausencia de formación del pensamiento de orden superior, perturbaciones graves de la actividad
voluntaria, del carácter y de las actitudes, tales como negativismo, tendencia a las acciones
rítmicas, impulsividad...".
La influencia de la nosografía kraepeliniana se deja sentir en esta nueva mirada hacia el niño loco y
el término de "demencia precocísima", en clara alusión a la dementia preacox de Kraepelin, es
aceptado y asumido por diversos autores, hasta llegar a la definición de esquizofrenia infantil
establecida ya en 1937.
Sanchis Banús no parece conocer o, al menos no cita en ningún momento, los trabajos de de
Sanctis ni el concepto de "demencia precocísima", lo que sí hace es, como acabamos de indicar,
seguir en todo momento los planteamientos de Kraepelin, distinguiendo formas de demencia
precoz como la hebefreno-catatónica o la paranoide en este tipo de niños.
El trabajo de Lafora es, en nuestra opinión, más fino y documentado y, en él, podemos destacar dos
aspectos relevantes: la minuciosa descripción clínica de los cuadros y la clara vocación higienista
del autor a la hora de intervenir sobre el problema. En lo que se refiere a la primera cuestión, a las
tradicionales formas hebefrénica, catatónica y paranoide, añade la heboidofrenia, descrita
originariamente por Kahlbaum, y denominada también demencia simple por ser "la menos intensa,
la de desarrollo más lento, y en la que faltan esos síntomas peculiares de las otras o están muy
velados". Nos parece interesante la consideración de esta variedad, ausente en Sanchis Banús, por
ser precisamente la que se describe como más frecuente entre los sujetos inadaptados socialmente
y la que más se aproximaría al perfil del "golfo". "A ella pertenecen" -explica Lafora- "muchos
desertores, criminales, vagabundos y prostitutas en perpetua inadaptación al medio, y que, más o
menos tarde, con motivo de alguna emoción violenta o profunda, caen en un estado de mayor
perturbación intelectual o en la demencia simple".
En cuanto a la "demencia precocísima", Lafora asegura que "el cuadro clínico corresponde
bastante exactamente con el de la demencia precoz; pero su evolución es mucho más rápida y
progresiva, produciéndose en poco tiempo, una desintegración intelectual que da lugar a una

verdadera demencia infantil, tanto, que estos casos han sido confundidos con otros de cerebropatías
infantiles adquiridas".
En segundo lugar, tanto la demencia precoz como la precocísima deben ser, en opinión de Lafora,
objetivo prioritario de la Higiene mental. Nuevamente la escuela juega un papel preponderante en
la observación de estos niños. "No sólo interesan al educador y psiquiatra los raros casos de
demencia precocísima, sino también aquellos muy frecuentes de demencia precoz, los cuales,
desde la infancia, muestran ya ligeros síntomas hebefrénicos. estos candidatos a dementes precoces
presentan en los años escolares peculiaridades intelectuales y modificaciones des caracter de tipo
autístico, que motivan el que los camaradas los llamen 'chiflados' o 'raros' y los diferencien y se
aparten de ellos".
El diagnóstico precoz de determinados "signos de alarma" facilitará, obviamente, la aplicación de
medidas higiénicas que prevengan la instauración del cuadro clínico, por eso, "en presencia de un
escolar con una personalidad muy marcada, que se aisla de los demás, que muestra impulsiones y
acciones inesperadas, que presenta depresiones transitorias y épocas de alguna indiferencia o de
delirio persecutorio, debemos sospechar en la posibilidad de una demencia precoz en incubación y
antes de que empiece a marcarse el defecto en toda su pujanza, debe seguirse una higiene mental
cuidadosa, evitando toda fatiga mental y toda emoción fuerte al niño, sobre todo al aproximarse a
la adolescencia".
Se confirma, de esta manera, la vocación preventiva y médico-social de los psiquiatras que
prepararon el gran proyecto de reforma psiquiátrica de la II0 República española, trascendiendo el
interés eminentemente clínico y sin connotaciones sociales que hacia el degeneracionismo
demostró el alienismo español decimonónico. Encuadrando el discurso psiquiátrico en el marco de
la Medicina Social y de la Salud Pública, se pretendía abordar la patología mental en general -y el
ya muy devaluado y matizado problema de la degeneración en particular-, mediante la intervención
en el espacio social desde presupuestos que pretendieron superar la estricta asistencia manicomial
incorporando los principios de la Higiene Mental.

REFERENCIAS
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Como citar esta conferencia:
Huertas, R . DE LA INFANCIA DEGENERADA A LAS PSICOSIS INFANTILES: SOBRE LOS ORÍGENES
DE LA PAIDOPSIQUIATRÍA EN ESPAÑA. Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero - 15 de Marzo 2000
[citado:
*];
Conferencia
34-CI-L:
[15
pantallas].
Disponible
en:
http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa34/conferencias/34_ci_l.htm
* La fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este artículo.

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