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Última actualización web: 06/12/2021

Manejo de la crisis suicida del adolescente.

Autor/autores: Sergio A. Pérez Barrero
Fecha Publicación: 08/11/2010
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

El autor describe los factores de riesgo suicida del adolescente, las situaciones que incrementan dicho riesgo, las enfermedades que lo pueden conllevar y diversas técnicas para abordar la crisis suicida en esta etapa de la vida. Resume también los factores protectores de la conducta suicida, los que deben ser desarrollados desde la infancia y en la adolescencia por el padre, la madre, y otras figuras significativas en el hogar y por los maestros y profesores, así como todos los que tengan la responsabilidad de educarlos y conformarles una personalidad con características antisuicidales.

Palabras clave: Adolescente; Suicidio.

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Avances en Salud Mental Relacional / Advances in relational mental health
Vol.1, núm. 4 - Marzo 2005
Órgano Oficial de expresión de la Fundación OMIE
Revista Internacional On-line / An International On-line Journal

MANEJO DE LA CRISIS SUICIDA DEL ADOLESCENTE

Prof. Dr. Sergio A. Pérez Barrero (Presidente de la Sección de Suicidiología de la
Sociedad Cubana de Psiquiatría. Fundador de la Sección de Suicidiología de la
Asociación Mundial de Psiquiatría).
SUMMARY
The author describes the suicidal risk factors for adolescents, the situations that increase
the said risk, the illnesses that may they may ential and various techniques to tackle the
suicidal crisis in this stage of life. It also summarises the protective factors for suicidal
conduct which must be developed from childhood and in adolescence by the father,
mother or other significant figures in the home and by teachers, as well as all those that
are responsible for educating them and shape them with a personality with anti-suicidal
tendencies.
KEY WORDS
Adolescent, suicide.
RESUMEN
El autor describe los factores de riesgo suicida del adolescente, las situaciones que
incrementan dicho riesgo, las enfermedades que lo pueden conllevar y diversas técnicas
para abordar la crisis suicida en esta etapa de la vida. Resume también los factores
protectores de la conducta suicida, los que deben ser desarrollados desde la infancia y
en la adolescencia por el padre, la madre, y otras figuras significativas en el hogar y por
los maestros y profesores, así como todos los que tengan la responsabilidad de
educarlos y conformarles una personalidad con características antisuicidales.
PALABRAS CLAVE
Adolescente, suicidio.
Los adolescentes que intentan el suicidio o se suicidarán se caracterizan por tener
diversos factores de riesgo para esta conducta, entre los que se encuentran:
­Provenir de medios familiares con desventaja social y pobreza educacional
­Estar más expuestos a situaciones familiares adversas que condicionan una niñez
infeliz.
ASMR Revista Internacional On-line - Dep. Leg. BI-2824-01 - ISSN 1579-3516
CORE Academic, Instituto de Psicoterapia, Manuel Allende 19, 48010 Bilbao (España)
Copyright © 2005

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­Presentar mayor psicopatología, incluyendo depresión, abuso de sustancias y
conducta disocial así como baja autoestima, impulsividad, desesperanza y rigidez
cognitiva.
­Mayor exposición a situaciones de riesgo suicida o eventos vitales suicidógenos
como las relaciones humanas tumultuosas, los amores contrariados o problemas con las
autoridades policiales.
De manera general, se puede dividir la biografía de los futuros adolescentes con
conducta suicida en tres momentos.
1- Infancia problemática, caracterizada por un elevado número de eventos vitales
negativos, tales como abandono paterno, hogar roto, muerte de seres queridos por
conducta suicida, alcoholismo paterno, depresión materna, dificultades
socioeconómicas, abuso sexual, maltrato físico o psicológico, etc.
2- Recrudecimiento de los problemas previos con la incorporación de los propios de
la edad, como son las preocupaciones sexuales, los cambios somáticos, los nuevos retos
en las relaciones sociales, la independencia, la vocación, etc.
3- Etapa previa al acto de suicidio que se caracteriza por la ruptura de una relación
valiosa o un cambio inesperado de su rutina cotidiana, a la cual le es imposible
adaptarse de una manera creativa, apareciendo los mecanismos autodestructivos.
Ante una crisis suicida en el adolescente es de suma utilidad observar los siguientes
principios:
1- Tratarlo con respeto.
2- Tomarlo en serio.
3- Creer lo que nos manifiesta.
4- Escucharle con genuino interés.
5- Permitirle expresar sus sentimientos (llanto, ira, disgusto).
6- Preguntar sobre la idea suicida, para lo cual se sugiere las siguientes posibilidades:
Primera variante: ¿Cómo piensa usted resolver su actual situación?
Segunda variante: Usted me ha dicho que apenas duerme y desearía saber ¿en qué
piensa cuando está insomne?
Tercera variante: ¿Usted ha tenido pensamientos malos? ¿Cuáles?
Cuarta variante: ¿En su familia alguien se ha suicidado o ha intentado el suicidio?
(Esperar respuesta). Y usted ¿lo ha intentado o lo ha pensado últimamente? ¿Cuándo fue
la última vez que lo pensó?
Quinta variante: ¿Usted ha pensado suicidarse?
Sexta variante: ¿Usted ha pensado en matarse?
Si el adolescente manifiesta que ha pensado suicidarse es necesario realizar una
secuencia de preguntas para determinar la planificación suicida, lo que incrementa
notablemente el peligro de suicidio. Esta secuencia es la siguiente:
¿Cómo ha pensado suicidarse?
¿Cuándo ha pensado suicidarse?
¿Dónde ha pensado suicidarse?
¿Por qué ha pensado suicidarse?
¿Para qué ha pensado suicidarse?
Para poder obtener una respuesta que permita conocer cómo piensa el adolescente se
deben evitar las preguntas que puedan ser respondidas con monosílabos, lo cual lo
impediría.
7- Responsabilizar al adolescente con su propia vida, siempre que ello sea posible.
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8- Trabajar juntos en encontrar soluciones no suicidas, por lo que deben explorarse
soluciones alternativas al problema que ha desencadenado la crisis suicida.
9- Establecer un pacto no suicida siempre que el estado del adolescente lo permita.
Para ello se le compromete a no autolesionarse durante la crisis.
10- Pedir permiso para involucrar a otros miembros de la familia, amigos y cuantas
personas sea necesario para apoyar al adolescente.
11- Garantizar varias opciones para contactar con la persona que presta la ayuda
psicológica, sean los padres y las madres, los maestros, tutores, médicos, suicidólogos,
etc.
12- No juzgarlo, comprometiéndonos a guardar secreto de todas las confesiones que
haga el adolescente.
13- Ser directivo, con el suficiente tacto como para no parecerlo.
Una vez considerados estos principios se debe tener una idea del riesgo de suicidio
del adolescente. Si ello no se ha conseguido, le sugiero realizar la siguiente secuencia de
preguntas sobre la idea suicida, que ya enunciamos con antelación pero que en esta
oportunidad ampliamos:
Pregunta: ¿Cómo ha pensado suicidarse?
Esta pregunta intenta descubrir el método suicida. Cualquier método puede ser
mortal. Se incrementa el peligro suicida si está disponible y existe experiencia familiar
previa de suicidios con dicho método. Se incrementa el peligro si se trata de repetidores
que incrementan la letalidad de los métodos utilizados para cometer suicidio. Es de vital
importancia en la prevención del suicidio evitar la disponibilidad y el acceso a los
métodos mediante los cuales se pueda lesionar el sujeto.
Pregunta: ¿Cuándo ha pensado suicidarse?
Esta pregunta no trata de averiguar una fecha específica para cometer suicidio sino
más bien determinar si el adolescente está poniendo las cosas en orden, haciendo
testamento, dejando notas de despedida, regalando posesiones valiosas, si espera la
ocurrencia de un hecho significativo como la ruptura de una relación valiosa, la muerte
de un ser querido, etc. Permanecer a solas es el mejor momento para cometer suicidio,
por tanto, debe estar acompañado hasta que el riesgo desaparezca.
Pregunta: ¿Dónde ha pensado suicidarse?
Mediante esta pregunta se intenta descubrir el lugar en que se piensa realizar el acto
suicida. Por lo general los suicidios ocurren en los lugares frecuentados por el suicida,
principalmente el hogar y la escuela o casa de familiares y amigos. Los lugares
apartados y de difícil acceso, con pocas probabilidades de ser descubierto, y los elegidos
por otros suicidas, conllevan un riesgo elevado.
Pregunta: ¿Por qué ha pensado suicidarse?
Con esta interrogante se pretende descubrir el motivo por el cual se pretende realizar
el acto suicida. Los amores contrariados, la pérdida de una relación valiosa, las
dificultades académicas o las llamadas de atención de carácter humillante se sitúan entre
los más frecuentes. Los motivos nunca deben ser evaluados a través de la experiencia
del entrevistador y siempre considerarlos significativos para el suicida.
Pregunta: ¿Para qué ha pensado suicidarse?
Se intenta descubrir el significado del acto suicida. El deseo de morir es el más
peligroso pero no es el único, pues pueden referirse otras como reclamar atención,
expresar rabia, manifestar a otros cuán grande son los problemas, como una petición de
ayuda, para expresar frustración, para agredir a otros, etc.
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Mientras más planificada está la idea suicida, el riesgo de cometer suicidio se
incrementa considerablemente.
Hay que observar y neutralizar determinadas distorsiones cognitivas muy comunes
entre los adolescentes suicidas como son las siguientes:
­Inferencia arbitraria mediante la cual el sujeto llega a conclusiones determinadas
sin poseer pruebas evidentes para ellas, como por ejemplo pensar que en el futuro las
cosas le saldrán mal, pues en el pasado eso fue lo que ocurrió. En este caso el
adolescente infiere el futuro en función del pasado, lo cual condiciona una actitud
pesimista, de perdedor y con predisposición al fracaso.
­Abstracción selectiva en la que el adolescente intenta arribar a conclusiones
teniendo en consideración solamente un aspecto de la realidad como puede ocurrir en
los adolescentes deprimidos que recuerdan principalmente sus fracasos cuando son
sometidos a pruebas de ensayo y error.
­Sobregeneralización cuando el sujeto, a partir de un dato particular llega a
conclusiones generales, como por ejemplo, considerar que es un "incompetente que está
perdiendo facultades" por haber salido mal en una evaluación parcial de sus estudios.
­Magnificación mediante la cual el adolescente evalúa de forma distorsionada un
suceso, incrementa sus efectos y consecuencias. Es el caso de un sujeto que considera
cualquier evento desagradable como "una tragedia", "una catástrofe", "lo peor que
podía haberle ocurrido".
­Minimización, mecanismo inverso al anterior en el que el adolescente evalúa de
forma distorsionada sus potencialidades y habilidades, restándose sus méritos y
cualidades positivas. Es el caso del adolescente que ante un éxito frente a un examen
difícil, que sólo él ha pasado, considera que cualquiera pudo haberlo hecho, incluso
mejor que él.
­Pensamiento polarizado mediante el cual el adolescente evalúa la realidad en
"blanco y negro", "todo o nada", "siempre o nunca", "bueno o malo", "perfecto o
imperfecto", etc. Por tanto son frecuentes las frases siguientes: "Nada me sale bien",
"todo me sale mal", "siempre fracaso", "nunca acierto" y otras similares, sin cerciorarse
que en la realidad ninguna situación es completamente mala o buena, sino que se nos
muestra con diversos matices y una persona puede ser torpe en una tarea y muy
eficiente en otras, por solo citar un ejemplo.
­Personalización que es el mecanismo mediante el cual el adolescente considera
cualquier situación o hecho, como referido a sí mismo, aunque no exista conexión
alguna. Así, si no es saludado en la mañana por alguien conocido, puede pensar que eso
ha ocurrido porque la persona está molesta con él o ella, o que no le han querido tener
en cuenta, etc.
El manejo de las distorsiones cognitivas señaladas con anterioridad constituye un
recurso válido para evitar que el adolescente se evalúe de forma anómala y ello le reste
posibilidades de lograr una adaptación armónica al entorno.
Otras veces es de mucha utilidad fomentar una terapia de relación con el adolescente,
lo cual disminuye la vulnerabilidad a las presiones externas. Este tipo de terapia
contiene fuertes elementos de las terapias de apoyo y para algunos autores es una forma
prolongada de estas. Así se trata de establecer con el adolescente en riesgo de suicidio
una relación amistosa, no autoritaria, que aunque no juzga, se muestra firme e impone
ciertas limitaciones, asume una actitud flexible y ofrece al adolescente nuevas opciones
de ajuste para identificarse con una figura paterna sustitutiva diferente a la del
progenitor biológico.
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Si el riesgo suicida del adolescente no es elevado, la terapia de apoyo puede ser un
valioso recurso. Una relación armónica, basada en una dirección cordial y enérgica, que
gratifique las sanas necesidades de dependencia, que fomente una legítima
independencia y sirva para canalizar adecuadamente la agresividad y la hostilidad hacia
formas no destructivas del comportamiento, pueden ser una ayuda eficaz para cualquier
adolescente, y más aún para aquellos que presentan factores de riesgo suicida. La
orientación al descanso para recuperar las energías perdidas, la diversión, la práctica de
deportes y de ejercicios físicos, una alimentación adecuada, evitar el consumo
perjudicial de alcohol, no utilizar drogas, tabaco, café y sustancias adictivas pueden ser
orientaciones beneficiosas para brindar apoyo. Utilizar técnicas de relajación y otras
similares que contribuyan a suprimir o atenuar los síntomas más molestos, así como el
uso de psicofármacos con similar propósito durante breves períodos de tiempo harán
que el adolescente se sienta más seguro, aceptado, protegido, alentado y menos sólo. El
cambio de medio cuando los factores ambientales son considerados muy estresantes
para un adolescente vulnerable puede ser un magnífico recurso para evitar una conducta
autodestructiva.
Si en la crisis suicida del adolescente están jugando un papel predominante los rasgos
pasivos, dependientes y la timidez, una técnica que puede ser empleada en estos casos
es el entrenamiento asertivo, que busca como objetivo cardinal, el hacerse valer,
evitando ser manipulado por los demás. Para ello se sugieren seis modos de conducta
los cuales se mencionan a continuación:
I- Se debe intentar exteriorizar los sentimientos mediante la verbalización de las
emociones que son sentidas espontáneamente, lo cual se hace muy difícil en los
adolescentes suicidas, los que presentan dificultades con la expresividad de estas
últimas.
II- Debe aprender a discrepar, sin fingir que se está de acuerdo sin estarlo. Este
aspecto tiene mucho valor si se tiene en consideración que el suicidio es una situación
diádica en la que se involucran el adolescente y alguna otra persona significativa y muy
vinculada emocionalmente con él, como la novia o el novio, la madre o el padre, el
maestro o el amigo, etc., con la cual se han tenido recientes o acumulativas dificultades
interpersonales.
III- Se le debe enseñar a utilizar el pronombre personal YO, de modo que el
adolescente se involucre en su conducta y aprenda a responder por las consecuencias de
la misma.
IV- Debe aprender a mostrar las emociones con el rostro y los movimientos, lo cual le
permitirá aprender a exteriorizar la afectividad y modularla según el contexto de la
situación.
V- Debe ser capaz de estar de acuerdo cuando se le elogia y practicar el autoelogio de
forma razonable, pues ambos aspectos refuerzan el YO de manera positiva.
VI- Debe aprender a improvisar, a dar respuestas espontáneas a estímulos inmediatos,
lo cual le facilitará otras opciones que no sean el miedo a hacer el ridículo o
simplemente no saber qué hacer.
Otras posibilidades a utilizar con el adolescente potencialmente suicida es revisar sus
metas y objetivos para hacerlos más realistas de acuerdo a las potencialidades del sujeto
y por tanto, disminuir las posibilidades de fracasos y frustraciones, enseñarles a
desarrollar el autodominio, el autocontrol, incrementando el repertorio general de
actividades para que existan mayores opciones de éxito y adecuarlas a sus atribuciones
reales (inteligencia, aptitudes para la actividad).
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Otra forma de ayudar al adolescente que ya ha realizado una tentativa de suicidio es
invitarle a que descubra las diversas dificultades que un acto de este tipo pudiera
ocasionarle en su vida y en sus relaciones sociales. Sin asumir una postura moralista, se
le invita a reflexionar sobre la opinión que él tendría de alguien conocido que intenta
poner fin a su vida, si él considerase que es un sujeto que goza de una excelente salud
mental o por el contrario si piensa que algo no está funcionando bien en el cerebro de
esa persona (por lo general responden teniendo en cuenta esta última posibilidad. Una
vez obtenida la referida respuesta se le asegura que probablemente eso también sea lo
que los demás piensan de él y hay que trabajar juntos para modificar esta realidad.
Se le pregunta también sobre los sentimientos que le provocaría un sujeto cualquiera
que intente contra su vida (la compasión, la lástima, la rabia, la desconfianza o el
miedo) y se le invita a reflexionar si son estas las emociones que él pretende despertar
en sus relaciones con los demás, pues no son las que más aprecian los seres humanos.
Otra forma de abordar al adolescente en situación de crisis suicida es mediante la
llamada Primera Ayuda Psicológica, que consta de cinco etapas, las que se describen a
continuación:
Primera etapa. Establecimiento del contacto
Lo que se debe hacer es escuchar detenidamente, reflejar sentimientos, aceptar las
razones que esgrime el sujeto y creerle, sin juzgarle.
Lo que no se debe hacer es restarle importancia a lo que nos expresa el sujeto, ignorar
los sentimientos, impedir que el individuo exprese sus sufrimientos y contar nuestra
historia en situaciones conflictivas.
Segunda etapa. Conocer la dimensión del problema.
Lo que se debe hacer es formular preguntas abiertas que permitan conocer cómo
piensa el adolescente y facilitar la expresión de sentimientos. Explorar siempre la
presencia de pensamientos suicidas.
Lo que no se debe hacer es atenerse a realizar preguntas que sean respondidas con
monosílabos (sí o no) o evaluar el discurso del adolescente a través de la experiencia
propia, que no es válida para otros.
Tercera etapa. Posibles soluciones.
Lo que se debe hacer es establecer prioridades de soluciones, abordando directamente
los posibles obstáculos para su consecución y desaprobar la solución suicida como
forma de afrontar situaciones problemáticas. Reforzar el concepto de que el suicidio es
una solución definitiva a problemas que usualmente son temporales.
Lo que no se debe hacer es permitir que el adolescente continúe sin ensanchar su
visión en túnel que es la que únicamente le deja ver la opción suicida. Tampoco deben
dejar de explorarse los obstáculos de manera realista para evitar nuevos fracasos y que
se agrave la crisis suicida.
Cuarta etapa. Acción concreta.
Lo que se debe hacer es tomar una medida a tiempo (involucrar a otros familiares,
acercar a las fuentes de salud mental, imponer tratamiento, realizar hospitalización, etc.)
Se debe ser directivo y confrontar cuando la situación lo requiera. Nunca debe dejarse
sólo a un sujeto en crisis suicida.
Lo que no se debe hacer es ser tímido, indeciso, no tomar una decisión a tiempo, dejar
solo al adolescente en riesgo de cometer suicidio o retraerse de asumir
responsabilidades.

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Quinta etapa. Seguimiento.
Lo que se debe hacer es realizar el recontacto para evaluar los progresos o retrocesos
del adolescente en su sintomatología suicida.
Lo que no se debe hacer es dejar la evaluación a otra persona que desconozca del caso
y le sea imposible establecer una comparación con su estado inicial.
Este sencillo recurso puede ser utilizado por cualquier persona, siempre y cuando
evite hacer lo que no se debe hacer e investigue la presencia de las ideas suicidas y si
estas están presentes, nunca dejarlo sólo y acercarlo a las fuentes de salud mental como
el médico de la familia, el psicólogo, el psiquiatra y los servicios de urgencias médicas
y psiquiátricas.
Hay quienes consideran que abordar a un adolescente en riesgo de suicidio sin
preparación para ello, sólo mediante el sentido común, puede ser peligroso. Esto no es
cierto, si el sentido común nos hace asumir los siguientes principios:
­Escuchar con atención.
­Facilitar el desahogo.
­Durante el diálogo con el adolescente se deben utilizar frases cortas que les sirvan
para continuar exponiendo sus dificultades, como por ejemplo: "me imagino",
"entiendo", "es lógico", "no es para menos", "claro está", "te comprendo". Estas frases
además de facilitar la expresividad le hará sentir que le comprendemos y tomamos en
serio.
­Reformular lo que nos ha dicho, haciendo breves resúmenes que le ratifiquen
nuestra capacidad de escucha atenta y genuina de sus dificultades.
­Preguntar siempre sobre la presencia de ideas suicidas.
­Ayudar al adolescente a que él descubra otras alternativas que no sea la
autodestrucción, sin confiar en aquellas que no pueda realizar inmediatamente. Por
ejemplo: "voy a irme de la casa" (sin tener otro lugar adonde ir), "me voy a olvidar de
él" (como si la memoria fuera una pizarra que se puede borrar en un momento y no
dejar huellas de lo escrito.
­No dejar nunca a solas a la persona en crisis suicida y hacer todos los esfuerzos por
atraerla a los profesionales de la salud.
Si estas premisas son utilizadas por el llamado sentido común, un gran número de los
adolescentes que hoy intentan el suicidio o se suicidan, no lo harían.
Otra probabilidad de abordaje del adolescente que ha realizado un intento de suicidio
es preguntar: "¿Para qué usted intentó contra su vida?", con lo cual se puede determinar
el significado del acto suicida del adolescente y hacer una interpretación racional de
dicho significado. En ocasiones, el intento de suicidio ha sido realizado para agredir a
otros y en esos casos le invitamos a reflexionar sobre las ventajas que la agresividad
tiene en determinadas situaciones, como por ejemplo, los deportistas de disciplinas de
combate, como el judo, el pugilismo, la lucha en sus diversas modalidades, kárate, etc.,
pero no en otras, como lo son las relaciones familiares. Si se trata de una tentativa de
suicidio por miedo, hay que analizar que esta emoción es muy normal ante situaciones
específicas, que lo experimentan la mayor parte de los individuos, pero también puede
ser una emoción muy personal, porque solamente lo manifiestan determinados sujetos
ante situaciones que habitualmente no provocan temor en la mayoría de la población.
Si el intento suicida se realiza para morir, no es aconsejable reflexionar acerca de las
supuestas bondades y ventajas que nos depara la vida, porque eso es, precisamente, lo
que el adolescente no percibe. Este significado ­ el de morir­ es el que entraña mayor
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peligro para la vida del adolescente, por lo cual se debe tratar de que sea evaluado, en el
más breve tiempo posible, por un especialista en Psiquiatría infanto-juvenil.
Cualquiera de las técnicas para abordar el adolescente con riesgo de suicidio que se
han ofrecido al lector, pueden tener similares resultados, siempre que usted escoja
aquellas que más se adapten a sus características personales, que le sea de más fácil
aplicación y en la que usted se sienta más cómodo y auténtico.
Hasta aquí se han expuesto los factores de riesgo suicida del adolescente, las
situaciones que incrementan dicho riesgo, las enfermedades que lo pueden conllevar y
diversas técnicas para abordar la crisis suicida en esta etapa de la vida.
Pasemos a brindar los factores protectores de la conducta suicida, los que deben ser
desarrollados desde la infancia y en la adolescencia por el padre, la madre, y otras
figuras significativas en el hogar y por los maestros y profesores, así como todos los que
tengan la responsabilidad de educarlos y conformarles una personalidad con
características antisuicidales.
Entre los factores protectores del suicidio se encuentran los siguientes:
1- Poseer habilidades sociales que le permitan integrarse a los grupos propios de la
adolescencia en la escuela y la comunidad de forma positiva
2- Poseer confianza en sí mismo, para lo cual debe ser educado destacando sus éxitos,
sacando experiencias positivas de los fracasos, no humillarlos ni crearles sentimientos
de inseguridad.
3- Tener habilidades para enfrentar situaciones de acuerdo a sus posibilidades, lo cual
les evitará someterse a eventos y contingencias ambientales en las que probablemente
fracasará, reservando las energías para abordar aquellas empresas en las que salga
triunfador.
4- Tener capacidad de autocontrol sobre su propio "des-tino", como dijera el poeta
chileno Pablo Neruda, cuando expresó: "Tú eres el resultado de ti mismo".
5- Poseer y desarrollar una buena adaptabilidad, responsabilidad, persistencia,
perseverancia, razonable calidad de ánimo y de los niveles de actividad.
6- Aprender a perseverar cuando la ocasión lo requiera y a renunciar cuando sea
necesario.
7- Tener buena autoestima, autoimagen y suficiencia.
8- Desarrollar inteligencia y habilidades para resolver problemas.
9- Saber buscar ayuda en momentos de dificultades, acercándose a la madre, el padre,
los abuelos, otros familiares, un buen amigo, los maestros, el médico, el sacerdote o el
pastor.
10- Saber pedir consejos ante decisiones relevantes y saber elegir la persona más
adecuada para brindarlos.
11- Ser receptivo a las experiencias ajenas y sus soluciones, principalmente aquellas
que han tenido exitoso desenvolvimiento.
12- Ser receptivo ante las nuevas evidencias y conocimientos para incorporarlos a su
repertorio.
13- Estar integrado socialmente y tener criterio de pertenencia.
14- Mantener buenas relaciones interpersonales con compañeros de estudio o trabajo,
amigos, maestros y otras figuras significativas.
15- Tener apoyo de los familiares y sentir que se le ama, se le acepta y apoya.
16- Lograr una auténtica identidad cultural.
17- Poseer habilidades para emplear adecuada y sanamente el tiempo libre.
18- Evitar el consumo de sustancias adictivas (café, alcohol, drogas, tabaco,
fármacos, etc.)
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19- Aprender a posponer las gratificaciones inmediatas por aquellas a largo plazo que
arrojen resultados duraderos.
20- Desarrollar una variedad de intereses extrahogareños que le permitan equilibrar
las dificultades en el hogar si las tuviera.
21- Saber expresar a personas confiables aquellos pensamientos dolorosos,
desagradables y muy molestos, incluyendo las ideas suicidas u otras, por muy
descabelladas que pudieran parecer.
A estos factores habría que añadir la capacidad para hacer utilización de las fuentes
que brindan salud mental, como las consultas de consejería, de psicología o psiquiatría,
las unidades de intervención en crisis, los servicios médicos de urgencia, los médicos de
la familia, agencias de voluntarios en la prevención del suicidio, etc. Se debe educar a
los adolescentes en el aprovechamiento de la fuentes de salud mental existentes en la
comunidad, cuándo hacer uso de ellas, qué beneficios se pueden obtener, qué servicios o
posibilidades terapéuticas se les puede brindar y favorecer con ello que se haga un uso
racional de las mismas.
En esta propia vertiente se debe comenzar un sistemático esfuerzo para educar a los
adolescentes en la tolerancia hacia los enfermos mentales y la aceptación de la
enfermedad mental como un tipo de trastorno similar a otras afecciones crónicas no
transmisibles, evitando la estigmatización y las actitudes de rechazo hacia quienes las
padecen, lo cual incrementará las probabilidades futuras de aceptarlas en caso de
padecerlas y buscar ayuda para recibir tratamiento especializado, disminuyendo las
posibilidades de cometer suicidio si se tiene en consideración que padecer una
enfermedad mental es un factor de riesgo suicida comprobado, y si no se la trata, peor
aún.
Se puede contribuir a modificar las actitudes peyorativas hacia los enfermos mentales
evitando utilizar calificativos tales como "anormales", "tarados", "locos", y
modificando las interpretaciones del sufrimiento emocional al considerarlo como una
"cobardía", "una incapacidad", "una blandenguería" y otras calificaciones que inhiben
las posibilidades de buscar apoyo en quienes las padezcan.

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Gráfica SA de CV.
2.- Pérez Barrero SA. (1997). El Suicidio. Comportamiento y Prevención. Ed.
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3.- Pérez Barrero SA. (2000). Psicoterapia del comportamiento suicida.
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4.- Pérez Barrero SA (1996). "Factores de riesgo suicida en la adolescencia." Rev.
Psiquiátrica del Uruguay, Año LX. N0 11(4):318-25.
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ASMR Revista Internacional On-line - Dep. Leg. BI-2824-01 - ISSN 1579-3516
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