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Última actualización web: 30/11/2021

Actitudes públicas hacia situaciones desviadas de la vida diaria.

Autor/autores: Danielle Goerg , Werner Fischer, Eric Zbinden, José Guimón
Fecha Publicación: 08/11/2010
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

Se analizaron las actitudes públicas hacia el tratamiento psiquiátrico y la medicación psicotrópica en un estudio llevado a cabo en Ginebra en una muestra representativa de 324 personas de edades comprendidas entre los 20 y los 75 años. Confrontado con la descripción de situaciones desviadas que pueden encontrarse en la vida diaria, el público considera en primer lugar el recurso a un psiquiatra, cuyo rol en relación con la conducta desviada aparece así muy importante. También se concibe la ayuda por parte de un médico, de un confidente o de un psicólogo. La medicación se menciona rara vez. La preferencia por un cierto tipo de intervención arraiga en las actitudes y en las representaciones más generales de los sujetos entrevistados y está con frecuencia relacionada con sus características sociales y culturales. El recurso a un psiquiatra está vinculado a la conducta socialmente visible y que puede perturbar. Por contraste, la posible gravedad de los signos de retraimiento, que sin duda alguna preocuparía a los psiquiatras, está subestimada por el público. Dos categorías de sujetos, que presentan características muy diferentes en sus atributos sociales y culturales y en sus actitudes y representaciones, consideran pertinente el recurso frecuente a la ayuda psiquiátrica. Si bien el recurso a un médico resulta bastante inespecífico, elegir confiar en un confidente parece reflejar la confianza en si mismo engendrada por el estatus social más elevado, la integración social y un cierto conocimiento del campo. Las personas que consideran la ayuda psicológica no expresan actitudes socialmente restrictivas hacia los enfermos mentales. En la etiología de los trastornos psiquiátricos identifican en particular el peso de los factores vinculados a la socialización (ausencia de afecto por parte de los padres) y excluyen otros factores, sean biológicos, psicosociales o sobrenaturales.

Palabras clave: Actitudes; Psiquiatría.

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Avances en Salud Mental Relacional / Advances in relational mental health
Vol.1, núm. 4 - Marzo 2005
Órgano Oficial de expresión de la Fundación OMIE
Revista Internacional On-line / An International On-line Journal

ACTITUDES PÚBLICAS HACIA SITUACIONES DESVIADAS
DE LA VIDA DIARIA

Danielle Goerg, Werner Fischer, Eric Zbinden, José Guimón
(Departamento de Psiquiatría, Hospital Universitario, Ginebra, Suiza).
onpquugj@lg.ehu.es

RESUMEN
Se analizaron las actitudes públicas hacia el tratamiento psiquiátrico y la medicación
psicotrópica en un estudio llevado a cabo en Ginebra en una muestra representativa de 324
personas de edades comprendidas entre los 20 y los 75 años. Confrontado con la descripción
de situaciones desviadas que pueden encontrarse en la vida diaria, el público considera en
primer lugar el recurso a un psiquiatra, cuyo rol en relación con la conducta desviada aparece
así muy importante. También se concibe la ayuda por parte de un médico, de un confidente o
de un psicólogo. La medicación se menciona rara vez. La preferencia por un cierto tipo de
intervención arraiga en las actitudes y en las representaciones más generales de los sujetos
entrevistados y está con frecuencia relacionada con sus características sociales y culturales.
El recurso a un psiquiatra está vinculado a la conducta socialmente visible y que puede
perturbar. Por contraste, la posible gravedad de los signos de retraimiento, que sin duda
alguna preocuparía a los psiquiatras, está subestimada por el público. Dos categorías de
sujetos, que presentan características muy diferentes en sus atributos sociales y culturales y en
sus actitudes y representaciones, consideran pertinente el recurso frecuente a la ayuda
psiquiátrica.
Si bien el recurso a un médico resulta bastante inespecífico, elegir confiar en un
confidente parece reflejar la confianza en si mismo engendrada por el estatus social más
elevado, la integración social y un cierto conocimiento del campo. Las personas que
consideran la ayuda psicológica no expresan actitudes socialmente restrictivas hacia los
enfermos mentales. En la etiología de los trastornos psiquiátricos identifican en particular el
peso de los factores vinculados a la socialización (ausencia de afecto por parte de los padres)
y excluyen otros factores, sean biológicos, psicosociales o sobrenaturales.
PALABRAS CLAVE
Actitudes, psiquiatría.

ASMR Revista Internacional On-line - Dep. Leg. BI-2824-01 - ISSN 1579-3516
CORE Academic, Instituto de Psicoterapia, Manuel Allende 19, 48010 Bilbao (España)
Copyright © 2005

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SUMMARY
The public attitudes towards psychiatric treatment and psychotropic medication was analysed
in a study which took place in Geneva with a sample of 324 people between the ages of 20
and 75 years old. Confronted with the description of deviant situations which could take
place in everyday life, the public considers first of all about recurring to a psychiatrist, whose
role in relation to the deviant behaviour thus seems very important. Assistance by a doctor, a
confident or a psychologist is also considered. Medication is rarely mentioned. The preference
for a certain type of intervention is rooted in the attitudes and in the most general
representations of the interviewed subjects and is frequently related to their social and cultural
characteristics.
Resort to a psychiatrist is linked to the socially visible behaviour and which may
disturb. In contrast, the possible seriousness of the signs of seclusion, which would without
doubt worry the psychiatrists, is underestimated by the public. Two categories of subjects,
which present very different characteristics in their social and cultural attributes and in their
attitudes and representations, consider it appropriate to frequently resort to psychiatric help.
Although resorting to a doctor is quite unspecific, choosing to confide in a confident
seems to reflect the confidence in oneself engendered by the highest social status, social
integration and a certain knowledge of the field. The people who consider psychological help
do not express socially restrictive attitudes towards the mentally ill. In the etiology of the of
the psychiatric disorders they identify in particular the weight of the factors linked to
socialisation (lack of affection by the parents) and exclude other factors, whether biological,
psychosocial or supernatural.
KEY WORDS
Attitudes, psychiatry.

Cuando en la vida diaria, el público se halla confrontado a situaciones desviadas, las
puede percibir e interpretar bajo diferentes registros, y considerar varias posibilidades de
recurso e intervención. Surgen preguntas acerca del lugar que la medicina, y en particular la
psiquiatría, ocupa en estas percepciones.
Autores como Mechanic (1) sostienen, en una perspectiva interaccionista, que si la
psiquiatría confirma el estatus del paciente mental, son generalmente los miembros de la
comunidad quienes primero perciben la existencia del trastorno. La identificación pública de
algunos tipos de conducta desviada, las creencias profanas acerca de la intervención
adecuada, la posible estigmatización por el público, todas juegan un papel importante en el
manejo de las personas que manifiestan dicha conducta.
Varios estudios demuestran que el conocimiento que el gran público tiene de la
enfermedad mental es a menudo limitado (2,3). El reconocimiento de ciertos trastornos
psiquiátricos es insustancial (4). Según Eker (5) en una encuesta con estudiantes, Eker y
Arkar (6) en una encuesta con enfermeros, Arkar y Eker (7) en una población que tiene una
relación estrecha con una persona hospitalizada por enfermedad somática o psiquiátrica, la
esquizofrenia paranoide es el trastorno, relativamente más frecuentemente identificado. A
otros trastornos se les conoce incluso menos bien o se les diferencia menos. En el gran
público, el espectro parece a veces reducirse a dos extremos : la locura por un lado, y por el
otro los trastornos psicológicos, una categoría en la que el público coloca ciertos problemas
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graves, tales como la depresión clínica (8). Los conceptos que el público tiene de la etiología
de los trastornos mentales, de su pronóstico y de su tratamiento están a menudo lejos del
estado actual de la técnica psiquiátrica. Así, el estrés psicosocial predomina en la
representación social de las causas de la esquizofrenia en el público Alemán (9).
Entre las diferentes formas de ayuda consideradas por el público en dos regiones de
Gran Bretaña, estudiadas por Hall y al. (4), consejo de un amigo viene en primer lugar. La
mención de un psiquiatra en segundo, y en tercero el médico de familia. La población de
Quebec, encuestada por Lamontagne (2), aconsejaría, en casos de problemas de salud mental,
buscar primero la asistencia del médico, luego del psiquiatra, del psicólogo o de algún otro
terapeuta. Finalmente, respecto del tratamiento, el público tiene marcada preferencia, en sus
creencias y representaciones, por el uso de la psicoterapia. También considera favorablemente
algunas formas de tratamiento tales como técnicas de relajación, meditación o yoga,
medicinas naturales, y tan sólo en contadas situaciones toma en consideración la
farmacoterapia (8, 10, 11).
La literatura citada utilizaba, para dar una idea de la opinión pública, descripciones de
casos clínicos, sean viñetas o breves resúmenes, destacando uno o más de los síntomas
principales de un trastorno psiquiátrico. La perspectiva subyacente es siempre la de la relación
entre el conocimiento profano, las creencias y la representación y la ciencia y las categorías
psiquiátricas actuales.
Contrariamente a esta aproximación psiquiátrica, la perspectiva aquí elegida favorece
el entorno social en el que se observan varias conductas desviadas. Así, ejemplos de conducta
juzgada inapropiada fueron mencionados, pero sin referencia a la nosografía psiquiatrica :
retraimiento, agitación, conducta violenta o extraña.
El objetivo es discernir la representación pública de cierta conducta desviada en la
vida diaria y, más específicamente, saber cuales son las soluciones que el público propone en
cuanto a las posibles intervenciones o personas a quienes acudir. Según los estudios de
Moscovici (12), y Herzlich (13), las representaciones sociales son definidas como nociones de
" conocimiento común ", conceptos prácticos socialmente creados y socialmente compartidos
(14). Tomando en cuenta la importancia de la medicina y de la psiquiatría en la definición de
los trastornos, nos interesa particularmente el tratamiento médico y el tratamiento
psiquiátrico. Y la percepción que el público tiene de la psiquiatría será estudiada de forma
más específica. La psiquiatría cumple varias funciones. Se puede suponer que, en función de
su entorno social, de su carrera y de su experiencia, los sujetos sociales tendrán diferentes
representaciones de la desviación, de cómo debería ser tratada y, por lo tanto, de cuál es el
mandato de la psiquiatría. Por un lado, se podría relacionar una pequeña diferenciación en
trastornos y tratamiento con las funciones de control de la psiquiatría, y por otro, las
representaciones sociales más diferenciadas de trastornos y tratamiento pudieran corresponder
más de cerca a la psiquiatría clásica.
Se examinarán así las tres siguientes cuestiones: (1) Cuando el público se halla
confrontado a situaciones en las que una conducta desviada está implicada, considera formas
similares de intervención o una intervención diferenciada en función de la situación ? (2) Da
el público preferencia a ciertas formas de intervención, y si es así, a cuáles ? (3) Cuáles son
las características de los miembros del público que prefieren ciertas formas de intervención ?

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MATERIAL Y MÉTODOS
Estas preguntas se hicieron dentro del marco de un estudio llevado a cabo de actitudes
públicas hacia el tratamiento psiquiátrico y la medicación psicotrópica. El estudio se llevó a
cabo en Ginebra, en 1996, en una muestra representativa de 324 personas de edades
comprendidas entre los 20 y los 75 años. En las entrevistas se utilizó un cuestionario con
preguntas abiertas y cerradas.
Para discernir mejor las actitudes de los sujetos entrevistados hacia las
manifestaciones de la conducta desviada, se describieron ejemplos que se pueden encontrar en
la vida diaria. Para cada uno de los cuatro tipos de conducta desviada ­ conducta extraña,
agitación, violencia y retraimiento, se describieron dos situaciones típicas, una en público, la
otra en privado. Ciertos estudios, tales como los de Goffman (15), muestran que la
identificación del trastorno, su manejo y su estigmatización no sucede de la misma manera
dependiendo de si la conducta tiene lugar en público o en privado. Se presentaron en conjunto
8 escenarios (ver apéndice) . Como ejemplo, se describieron las situaciones tales como
" alguien hablando en voz alta o gritando en la calle " o bien " alguien que se recluye, que
nunca sale, que corre las cortinas y cierra las persianas y se niega a ver a alguien ". Si estas
conductas son definidas en términos sociales, pueden sin embargo formar también parte de
una descripción de personas que requieren de un tratamiento psiquiátrico.
Los sujetos tenían que elegir, entre una lista de formas de intervención o de personas a
las que acudir en busca de intervención, qué sería lo más útil para la persona en cuestión para
resolver su situación : recurrir a un médico, a un psiquiatra, a un psicólogo o a una persona de
confianza, así como el uso de fármacos ­ fármacos en general y aquellos más específicos para
tratar los trastornos mentales, medicina natural, descanso, o finalmente, la elección de no
hacer nada.. Para cada situación, a los encuestados se les ofrecían tres soluciones posibles. Ya
que la medicina natural y el descanso no figuraban como soluciones a la conducta violenta, no
serán por lo tanto examinadas aquí. Cualquier mención de fármacos psicotrópicos y fármacos
en general fueron reagrupados, ya que hubo pocas respuestas. Finalmente, se ha de observar
que, enfrentadas a la conducta desviada, varias personas fueron propuestas, tomadas en
particular de los campos psicológico y médico. Otras, pertenecientes a los servicios sociales o
judiciales, también podrían haber sido elegidas, y las posiciones respectivas de los terapeutas
examinadas pudieran haber sido ligeramente diferentes.
Además de las situaciones desviadas, el cuestionario investigaba varias dimensiones
que podrían estar vinculadas a ellas. Se trataba principalmente de representaciones de la
enfermedad mental (etiología, posible tratamiento, pronóstico) utilizando viñetas clínicas,
actitudes hacia los enfermos mentales (escala de Cohen y Struening (16), modificada),
actitudes hacia la mediación psiquiátrica (escala utilizada por Guimón y al. (17) y hacia los
fármacos en general. También se tomaron en consideración la previa familiaridad con la
psiquiatría (conocimiento de instituciones o de personas que trabajan en ese campo, por
ejemplo), la experiencia que los sujetos hayan podido tener, bien sea directamente o dentro de
su entorno, con los trastornos psiquiátricos y psicológicos o con el tratamiento psiquiátrico. Se
examinaron igualmente las características culturales, profesionales y sociales de los sujetos.
En lo concerniente a los métodos estadísticos, para las actitudes hacia los enfermos
mentales, la medicación psicotrópica y la medicación en general, se llevaron a cabo análisis
factoriales y se crearon índices (puntuaciones cumulativas) teniendo en cuenta variables con
factores saturados a más de 0.40. Para otros datos (información sobre psiquiatría, contactos
con psiquiatría, experiencias de trastornos mentales), los índices fueron establecidos con la
finalidad de sintetizar los datos a partir de diferentes variables.
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Para poder comparar los perfiles de respuestas para los diferentes escenarios, se utilizaron
medidas de proximidad (correlaciones, coeficientes de disimilaridad). Se utilizó el test x2 para
comparar variables dicotómicas o dicotomizadas, y el test Mann-Whitney para variables
ordinales.

RESULTADOS
Diferenciación en Formas de Intervención según la Situación
Surge la pregunta de si el público, cuando se halla frente a las manifestaciones de la
conducta desviada, propone soluciones similares o soluciones diferenciadas según la
situación. Ya que las dos situaciones evidenciando el mismo tipo de conducta suscitaron
respuestas muy similares, en particular respecto a la violencia (correlación 0.97), conducta
extraña (0.94), retraimiento (0.85), ligeramente menos para la agitación (0.56), se decidió que
estos ejemplos fueran agrupados. Es suficiente que una respuesta sea mencionada en una de
las dos situaciones para que sea citada. Este resultado parece debilitar la hipótesis de la
respuesta específica a la conducta descrita, dependiendo de si se manifiesta en público o en
privado.
Los perfiles de respuestas contrastados corresponden a los cuatro tipos de conductas
agrupadas (fig.1). Si existen ciertos parecidos entre las respuestas dadas para la descripción de
la conducta extraña o violenta, existen ligeramente menos para la agitación, y las tres se
distinguen de las respuestas sobre el retraimiento. En relación con las formas de intervención
mencionadas por los sujetos, se observa que la medicación está relegada en una posición
marginal, ya que sólo el 4-10% de los sujetos la sugirieron, dependiendo del tipo de conducta.
Dos categorías de terapeutas juegan un rol relativamente importante : el médico y el
psicólogo. El médico es nombrado por el 29% de los sujetos en los casos de conducta
violenta, por el 37% en casos de conducta extraña, y por más de la mitad en casos de
agitación o de retraimiento (53%). El recurso a un psicólogo es mencionado por
aproximadamente un tercio de los entrevistados en los casos de conducta extraña (29%),
agitación (33%) y violencia (34%), y por 43% para síntomas de retraimiento. Los roles de
estos dos terapeutas no parecen ser muy específicos, ya que son mencionados por un tercio a
más de la mitad de los sujetos, para los cuatro tipos de conducta.
Las respuestas más claramente contrastadas conciernen el psiquiatra y el confidente.
El recurso a un psiquiatra se menciona con mayor frecuencia en casos de violencia ­ por el
77% de los sujetos, seguidos por la conducta extraña (61%), y luego por la agitación (41%).
Sin embargo, la idea de contactar un psiquiatra se menciona raramente en el caso del
retraimiento, ya que tan sólo el 28% de los sujetos lo consideraba adecuado. Respecto del
retraimiento, el público elige ampliamente (72%) el ser capaz de hablar a alguien en quién la
persona tiene confianza, mientras que esta solución apenas se considera para los otros tres
tipos de conducta (agitación 31%, conducta extraña 25%, violencia 20%). El recurso a un
psiquiatra parece por lo tanto, vinculado a la conducta socialmente visible, y que puede ser
perturbadora. Por contraste, la probable gravedad de los indicios de retraimiento, por los que
sin duda se preocuparían los psiquiatras, parece ser subestimada por el público.

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Formas de intervención predilectas
Si se toman en consideración no ya los cuatro tipos de conductas agrupadas, sino
también la totalidad de las ocho situaciones descritas, cual es la intervención que el público
prefiere? Para poder evaluar la importancia relativa de las diferentes formas de intervención,
añadimos, para cada una, el número de veces que un encuestado la menciona para los 8
escenarios. Obtuvimos entonces, para cada intervención, un índice que oscila entre 0 y 8.
El número medio de respuestas varía mucho (fig.2). Más claramente que lo que se
observó en los perfiles de respuestas, es el psiquiatra quién es mencionado más
frecuentemente. El o ella es nombrado(a), por término medio, en más de 3 escenarios de los 8.
El rol del psiquiatra en relación con la conducta desviada parece así muy importante. El
psiquiatra es seguido por el médico, un confidente, y luego por el psicólogo. La medicación es
mencionada en muy contadas ocasiones. La escasa sugerencia de la medicación puede
compararse con los resultados de otros estudios llevados a cabo dentro de una aproximación
psiquiátrica más directa (8, 10, 11). Los diferentes escenarios descritos suscitaron pocas
respuestas múltiples. Tres respuestas eran posibles, pero predominaban las respuestas únicas,
la media por situación situándose entre 1.1 y 1.6. Para las situaciones que presentaban
síntomas de retraimiento, los entrevistados dieron el mayor número de respuestas.
Formas de Intervención y Características de los Sujetos
Se podría suponer que los entrevistados preferirían una determinada forma de
intervención en función de sus propias características sociales, su integración o su experiencia
pasada en psiquiatría. Además, sus preferencias respecto de las formas de intervención no
están sin duda aisladas de sus actitudes y representaciones globales. Por lo tanto, lo que aquí
resulta interesante son los factores que determinan las opciones expresadas, y las actitudes,
representaciones y creencias en cuyo contexto se hicieron las sugerencias. Se examinan las
categorías de las personas más frecuentemente seleccionadas: el confidente, el psicólogo, el
médico y el psiquiatra.
Tan sólo presentamos aquellos atributos que diferencian, desde un punto de vista
estadístico significativo, los sujetos que elegían la intervención en cuestión muy
frecuentemente de aquellos que no lo hacían (x2 para variables dicotómicas o dicotomizadas ;
Mann-Whitney para variables ordinales). Se considera que una forma de intervención es
frecuentemente mencionada cuando es nombrada al menos en cuatro de las ocho situaciones
descritas. Es raramente mencionada cuando o bien no es nombrada, o tan sólo es nombrada
una vez. Se ha retirado la categoría intermedia en esta comparación. En cuanto al recurso a un
psiquiatra, se eligió otro enfoque, cuyos detalles daremos más adelante.
Consejeros Profanos Bien informados y Competentes
La idea de pedir ayuda con frecuencia a un confidente fue poco sostenido por parte del
público en general, ya que tan sólo el 16% de los sujetos entrevistados la nombraron ; el 42%
no lo hizo nunca, o lo hizo rara vez. Sin embargo, esto está relacionado con ciertas
particularidades (tabla 1).
Como acabamos de mencionar, en la tabla 1 así como en todas las demás, se hizo una
selección de variables. La mención de los atributos que caracterizan la categoría de personas
que con mayor frecuencia eligieron una forma de intervención implica una menor incidencia,
o su ausencia, de estos atributos en la categoría de sujetos que nunca, o solo rara vez,
propusieron esta forma de intervención.
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Los sujetos que conciben el recurso a un confidente provienen de clases socio-profesionales
más altas (trabajadores de cuello blanco, miembros de grupos formados o profesionales).
Habiendo vivido siempre en Ginebra, o desde hace mucho tiempo, están culturalmente bien
integrados en la comunidad. Ellos mismos o sus familias, a menudo trabajan en campos que
pueden tener ciertas afinidades con la psiquiatría, tales como asistencia sanitaria, educación,
servicios sociales o actividades humanitarias. Su experiencia del mundo psiquiátrico está
relativamente diferenciado. A través de diferentes medios de comunicación, como los
periódicos, la televisión y la literatura especializada, han conseguido de hecho un buen nivel
de conocimiento de la psiquiatría. Las instituciones psiquiátricas les son familiares o conocen
personas que trabajan en ellas. Finalmente, pueden ellos mismos, o personas cercanas, haber
tenido problemas mentales e incluso pueden haber seguido
tratamiento psicológico o psiquiátrico.

Tabla 1. Consejeros profanos Bien informados
__________________________________________________________________________
Variables
Atributos de categoría de personas
Situaciones desviadas: formas alternativas
de intervención propuestas

+ médico *
- psiquiatra ***

Etiología de los trastornos psiquiátricos

+ factores psicológicos

Actitudes hacia los enfermos mentales

- autoritarias *
- menos incriminaciones acerca
de la responsabilidad personal
y familiar ***

Actitudes hacia la medicación
en el entorno del sujeto
Proximidad/contacto con la psiquiatría

Antecedentes sociales, culturales y
Profesionales

+ desconfianza *
+información sobre la enfermedad
mental **
+contactos con instituciones o
personas que trabajan en
psiquiatría **
+más experiencia, personal o
experiencia dentro del entorno
del sujeto, de trastorno mental*

+nivel socioprofesional ­ medio
alto *
+actividades en campos de salud,
social o educacional *
+residencia en Ginebra : nativo o
de largo tiempo *

Características que diferencian a los sujetos que han sugerido con frecuencia el recurso a un confidente (15.7%
del total) de aquellos que nunca, o solo rara vez lo han hecho (42.0%). La orientación de la relación se indica por
+ o -. *p < de 0.05 ; **p < de 0.01 ; ***p < de 0.001.
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En las opiniones que estos sujetos tienen de la etiología de los trastornos mentales,
destacan la importancia de los factores psicológicos (problemas psicológicos personales, falta
de fuerza de voluntad, demasiado exigentes hacia sí mismos). Y en sus actitudes hacia los
pacientes psiquiátricos, como lo mide la escala de Cohen y Struening (16), manifiestan poco
autoritarismo y no piensan que los pacientes, o sus familias, sean la causa de sus trastornos
mentales.
Según ellos, el recurso a un confidente puede considerarse como un primer paso, con
una sugerencia posterior de consultar a un médico, incluso si su familia expresa recelos acerca
de la medicación. Por contraste, parecen excluir consultar a un psiquiatra. Por lo general,
favorecer el consejo de un amigo está normalmente presentada en oposición directa a la
intervención psiquiátrica (correlación ­0.317 ; p<0.01).
Así, en contra de las expectativas, aquellos sujetos que eligieron con mayor frecuencia
confiar en un confidente lo hicieron a pesar de su conocimiento de la existencia de otras
alternativas. Esta elección es sin duda el reflejo de la confianza en sí mismo engendrada por
su estatus social, su integración social y un cierto conocimiento del campo. Indirectamente se
detecta la aparición de la representación social de los consejeros profanos competentes y bien
informados.

Asistencia psicológica.
La opción de consultar con frecuencia a un psicólogo fue elegida tan sólo por 18% de
los entrevistados. Si bien estos sujetos se parecen, en ciertos aspectos, a aquellos que eligieron
el recurso a un confidente ­ la ausencia de actitudes autoritarias hacia los enfermos mentales,
bien informados acerca de la enfermedad mental, contactos en los campos relacionados con la
psiquiatría, integración cultural, se diferencian claramente en otros aspectos (tabla 2). Frente a
descripciones de situaciones desviadas, rechazan la idea de consultar a un médico y tratan el
asunto de los fármacos con la mayor reserva, dudando en cualquier caso de su eficacia. Para
un caso clínico, sugieren, de forma muy coherente, el uso de la psicoterapia. Igualmente
consideran el yoga o la meditación.
En lo referente a la etiología de los trastornos psiquiátricos, apuntan en particular al
peso de los factores vinculados a la socialización (ausencia de afecto por parte de los padres,
separación de los padres durante la infancia, padres excesivamente solícitos). Por contraste,
excluyen otros factores, que sean biológicos (dolencias del cerebro, debilidad constitucional,
herencia), psicológicos (sucesos importantes, dificultades en el trabajo, problemas familiares
o matrimoniales), societales (desigualdades sociales, desaparición de los valores tradicionales,
condiciones de vida que no están en armonía con la naturaleza) o lo sobrenatural (la voluntad
de Dios, la astrología, la brujería). No expresaron actitudes socialmente restrictivas hacia los
enfermos mentales.
En sus antecedentes sociales, estos sujetos se distinguían por el hecho de que tendían a
ser más jóvenes, y sus estilos de vida eran menos tradicionales que aquellos que o bien vivían
solos o con una pareja.
Asistencia Médica Común
Más de un cuarto (28%) del público sugiere con frecuencia consultar a un médico.
Esta preferencia por un médico no está perfilada socialmente, en contraste con lo que ya se ha
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visto respecto de la elección de un confidente y, aunque en menor medida, respecto de la
asistencia psicológica. Ninguna característica social distingue con claridad a estos sujetos, que
pueden estar familiarizados con las instituciones psiquiátricas o conocer a personas que
trabajan en el campo de la psiquiatría o de la psicología (tabla 3). Esta preferencia forma parte
de un sistema de actitudes o creencias que puede ser caracterizado como mostrando más
tolerancia o comprensión hacia los pacientes psiquiátricos, incluso cuando presenta más
reticencia hacia los especialistas del campo.

Tabla 2. Asistencia psicológica

Variables

Atributos de categoría de personas

Situaciones desviadas: formas alternativas
De intervención propuestas

- médico *
- medicación

Tratamiento de los trastornos psiquiátricos

+psicoterapia individual ***
+meditación, yoga ***

Etiología de los trastornos psiquiátricos

+factores de socialización
- factores biológicos **
- factores psicosociales **
- factores societales *
- factores sobrenaturales *

Actitudes hacia los enfermos mentales

- autoritaria *
- restricciones sociales *

Actitudes hacia la medicación en general

- eficacia de la medicación *

Proximidad/contacto con la psiquiatría

+información sobre la enfermedad
mental *

Antecedentes sociales, profesionales
y culturales

+juventud **
- vivir solo o con una pareja con o sin
hijos *
- diferenciación cultural ***
+actividades en los campos de la salud,
social o educacional ***

Características que diferencian a los sujetos que con frecuencia han mencionado consultar a un psicólogo
(18.2%) de aquellos que nunca o rara vez lo han hecho (52.5%). Para más explicaciones, ver la nota al pie de la
tabla 1.

Al presentarles situaciones de conducta desviada, estos sujetos también eligieron
contactar a un confidente, pero no sugirieron consultar a un psicólogo o a un psiquiatra. En
sus actitudes hacia los pacientes psiquiátricos, muestran cierta gentileza y no culpan al
paciente o a su familia de causar el trastorno psiquiátrico. Finalmente, en cuanto a sus
actitudes hacia la medicación psicotrópica (medidas en la escala de Guimón y Ozamis (17),
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no culparon a la sociedad del consumo de fármacos y no hicieron juicios morales acerca del
uso de fármacos.
Aquí aparece, sin duda alguna, la imagen bastante banal del médico de familia o del
médico de consulta, un médico a quién, de una manera general, se delega la responsabilidad
de manejar el trastorno y la conducta desviada, y la representación que subyace es la de la
asistencia médica común o cotidiana.

Tabla 3. Asistencia médica común

Variables

Atributos de categoría de personas

Situaciones desviadas: formas alternativas
de intervención propuestas

+confidente *
-psicólogo *
-psiquiatra *

Actitudes hacia los enfermos mentales

+compasivo*
-incriminaciones acerca de la
responsabilidad familiar personal**

Actitudes hacia la medicación psiquiátrica

-culpar a la sociedad por el consumo
de fármacos **

Actitudes hacia la medicación en general

-juicio moral sobre consumo de
fármacos *

Proximidad/contacto con la psiquiatría

+familiaridad con las instituciones
o contactos con personas que
trabajan en psiquiatría **

Características que diferencian a los sujetos que han mencionado con frecuencia consultar a un médico (28.4%)
de aquellos que nunca, o rara vez lo han hecho (44.1%). Par más explicaciones, ver la nota al pie de la tabla 1.

Asistencia psiquiátrica especializada
Como hemos visto, la posibilidad de consultar a un psiquiatra, frente a descripciones
de situaciones desviadas, es considerada muy a menudo por el público. Para el 43% de todos
los sujetos, dicho recurso es incluso frecuentemente tenido en cuenta.
Ahora bien pudiera ser que el frecuente recurso a un psiquiatra sea elegido por dos
categorías diferentes de sujetos, una que tiene cierta familiaridad con, o incluso una relación
cercana a, la psiquiatría o los trastornos mentales, bien sea personalmente o dentro de su
entorno, y la otra que tiene poca o ninguna experiencia. Para distinguir las dos categorías, se
tuvieron en cuenta dos índices. El primero es un índice general de proximidad a la psiquiatría,
que mide la cercanía geográfica o social a la psiquiatría y la existencia de relaciones con gente
que trabaja en este campo. El segundo es un índice general de experiencia, que indica el
conocimiento que el sujeto tiene de los trastornos psiquiátricos o psicológicos o del
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ratamiento psiquiátrico, bien sea personalmente o entre relaciones cercanas o más distantes.
Se considera que aquellos que obtienen las más altas puntuaciones en ambos índices (por
encima de la media) poseen un conocimiento de psiquiatría considerable; representan el 33%
de los sujetos que con frecuencia sugieren consultar a un psiquiatra. Se considera que aquellos
que, si bien mencionan con frecuencia al psiquiatra, tienen puntuaciones más bajas en ambos
índices, tienen un conocimiento insignificante de la psiquiatría (41%). Los demás (26%)
tienen un conocimiento medio. Hemos comparado aquí a los sujetos que pertenecen a una de
las categorías extremas con el total de aquellos que pertenecen a la categoría opuesta y a la
categoría media.
Los sujetos que tenían un conocimiento considerable de la psiquiatría, como acabamos
de definirlo, eran también aquellos que trabajaban, ellos mismos o alguien cercano a ellos, en
los campos de la educación, del trabajo social, de la asistencia sanitaria, de las actividades
humanitarias, que participan en asociaciones relacionadas con estos campos, y que se
mantienen bien informados acerca de la enfermedad mental.
Asistencia Psiquiátrica Cualificada. Los sujetos que elegían con frecuencia el recurso
a un psiquiatra, y que tienen un conocimiento considerable de la psiquiatría, también se
mostraban favorables a consultar a un médico cuando se les presentaba casos de conducta
desviada (tabla 4). Confrontados a un estudio de caso clínico, sugirieron psicoterapia
individual así como medicación. No emitieron ningún juicio moral sobre el consumo de
fármacos en general. En sus actitudes hacia los enfermos mentales, rara vez eran autoritarios.
Estos sujetos, quienes consideramos que presentan una opinión informada de la psiquiatría,
son principalmente trabajadores de cuello blanco, personal formado o profesional. Sus
antecedentes educacionales no eran el trabajo manual e iban hasta el nivel universitario, a
veces en los campos de medicina o de trabajo social.
Recurso Psiquiátrico Indiferenciado. Se puede hacer una valoración totalmente
diferente de aquellos sujetos quienes, si bien delegan con frecuencia la responsabilidad en un
psiquiatra cuando se enfrentan a la conducta desviada, no tienen experiencia en el campo
psiquiátrico. En relación con las conductas desviadas, no piensan que sea útil el confiarse a
un buen amigo o a un pariente. Preguntados acerca del tratamiento necesario para un caso
clínico, excluyen la idea de la medicación, a la que atribuyen efectos secundarios negativos.
En sus actitudes hacia los pacientes psiquiátricos, son los únicos que culpan al paciente y a la
familia de causar el trastorno. Esto explica sin duda el hecho de que retengan, en la etiología
de los trastornos, factores vinculados a la socialización, como defensores del recurso
psicológico, pero probablemente en un sentido muy diferente.

DISCUSIÓN
Diferenciación de las situaciones
Enfrentado a varios escenarios que describen la conducta desviada tal y como se puede
observar en la vida diaria, el público propone diferentes formas de intervención. Ahora,
indirectamente, las formas de intervención sugeridas nos permiten interpretar mejor la
representación social que el público tiene de las diferentes situaciones. En algunas
situaciones, se prefiere el recurso a un confidente; en otras predomina el referirse a un
psiquiatra, mientras que la propuesta de buscar ayuda de un médico o de un psicólogo
depende menos de la situación. La idea de buscar consejo por parte de un no profesional no
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especializado se expresa sobre todo en situaciones en las que aparecen signos de retraimiento.
Por contraste, la sugerencia de pedir asistencia psiquiátrica especializada es mucho más
frecuente en situaciones de violencia y de conducta extraña, así como, aunque en grado
menor, en situaciones de agitación.
Aparecería así que las representaciones que el público tiene de las situaciones
desviadas están esquemáticamente estructuradas a lo largo de dos ejes: uno que tiene
principalmente que ver con situaciones de violencia y de conducta extraña, y el otro con
situaciones de retraimiento. Estos dos ejes presentan cierta analogía con los resultados de
varios estudios realizados dentro de una perspectiva más clínica, a través del uso de viñetas o
de breves descripciones de los principales síntomas de ciertas enfermedades mentales. La
esquizofrenia paranoide es considerada, por una parte, dentro de un contexto de enfermedad o
incluso de locura y, por otra parte, existe toda una serie de diagnósticos que pueden, como la
depresión, no ser percibidos por el público como enfermedades (5-8, 10). A pesar de los
diferentes enfoques, se sugiere por lo tanto que existe la misma estructura subyacente para
ambas representaciones.
Coherencia de las Representaciones
Las formas de intervención propuestas corresponden, para los sujetos, a otras
representaciones y actitudes, y existe una tendencia a incluir estas en actitudes más generales.
Así, los sujetos que con frecuencia propusieron ir a ver a un psicólogo en situaciones
desviadas también rechazaron consultar a un médico y el uso de la medicación. Confrontados
al estudio de un caso clínico, presentado como una viñeta, recomendaron la psicoterapia. En
lo concerniente a sus creencias sobre la etiología de la enfermedad mental, subrayaron la
importancia de las experiencias de la infancia y en particular aquellos factores vinculados con
la relación padres-hijo. Por contraste, tendían a excluir causas biológicas o sociales. Es muy
claramente un punto de vista psicológico el que surge en este caso y corre paralelo con
actitudes que no son restrictivas hacia los pacientes mentales.
La idea de consultar a un médico, un recurso que resulta mucho menos específico, está
dentro de una mente altruista y comprensiva: se sugiere el consejo de un confidente, las
actitudes hacia los pacientes psiquiátricos son tolerantes, no se culpa a los pacientes ni a sus
familias y el uso de los fármacos no es censurado.
Respecto a la ayuda psiquiátrica, hemos visto que puede estar incluida en dos
configuraciones de actitud y de representación diferentes. En cuanto a los sujetos que
presentan cierta familiaridad con la psiquiatría, el recurso a un psiquiatra corresponde a una
imagen que puede ser llamada medico psiquiátrica. El médico de consulta también es
mencionado y el tratamiento, bien sea farmacológico, bien sea psicoterapéutico, se considera
adecuado. Por contraste, en ausencia de cualquier conocimiento de psiquiatría, la idea de
consultar a un psiquiatra corresponde a actitudes más suspicaces, desconfiadas, o negativas :
pedir consejo a un confidente, así como la medicación, no parece pertinente, y se culpa a los
pacientes o a sus familias de la causa del trastorno. Estos ejemplos diferentes muestran que la
preferencia por cierto tipo de intervención arraiga en las actitudes y las representaciones más
generales de los sujetos entrevistados.
Diferenciación en Connotaciones Sociales de las Formas de Intervención
Si las sugerencias hechas por los sujetos que muestran una preferencia por ciertas
formas particulares de intervención pueden ser interpretadas dentro del contexto de otras
orientaciones, también pueden volverse a referir a diferencias en la integración social y en
varias experiencias sociales. Incluso si este no es el caso para la asistencia médica común, que
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no ha sido perfilada en un contexto social y que es válida para el público en general, las otras
referencias tienden a ser mencionadas por sujetos que presentan diferentes características y
experiencias. Así, la idea de llamar a un psicólogo es la prerrogativa de los sujetos más
jóvenes, bien asimilados a la cultura, que a menudo trabajan en un campo con cierta relación
con la psiquiatría y que están bien informados. Solicitar ayuda de una persona profana ­
especialmente sugerido en casos de retraimiento, i.e. en situaciones que no son evidentes y
que no perturban socialmente ­ es preferido por sujetos que pertenecen a clases media/alta,
culturalmente asimilados, que tienen contactos personales con la psiquiatría y que están bien
informados. Sin embargo, excluyen claramente la opción de consultar a un psiquiatra.
Ahora, una proporción de los sujetos que eligieron el recurrir a un psiquiatra, se
parece, en numerosos aspectos, a aquellos que prefieren pedir consejo a un confidente (clase
social, cercanía al mundo de la psiquiatría). Sería, por lo tanto, importante determinar qué
otros factores, qué otras experiencias, causan tales representaciones opuestas de posibles
fuentes de ayuda. Nuestro estudio no nos permite proseguir este tema con mayor profundidad.
Una referencia a la psiquiatría también podía ser considerada por sujetos que no tenían
vínculos con este campo en su integración social y cultural (que eran a menudo difíciles o
precarios), y que carecían de conocimiento de la psiquiatría o de cualquier contacto con ella.
Esto saca a relucir la cuestión de la relación del público con la psiquiatría.
La Relación con la Psiquiatría
La importancia de consultar a un psiquiatra en situaciones desviadas recibe un apoyo
considerable, incluso más en casos con elementos de violencia o de conducta extraña,
mientras que los signos de retraimiento evocan mucho menos a menudo la idea de la
intervención psiquiátrica.
La lógica detrás de la consulta al psiquiatra y, por lo tanto- indirectamente- la imagen
que el público tiene de él, es doble correspondiente a las diferentes funciones de la psiquiatría.
Este recurso puede interpretarse dentro de una perspectiva de control social. Es la idea de
restablecer un orden social perturbado simplemente delegando el problema a la psiquiatría, sin
conocimiento de los medios a su alcance. Los sujetos los más marginados socialmente,
culturalmente y en su experiencia de la psiquiatría eran los portadores de estas
representaciones. Este recurso también puede interpretarse dentro de un marco de asistencia
global. Se proponen varias formas de tratamiento, desde la medicación a la psicoterapia, y se
mencionan diferentes terapeutas, principalmente el médico. Esta imagen del psiquiatra es la
que prefieren aquellos sujetos que se hallan bien integrados en la sociedad y que pueden haber
tenido alguna experiencia con la psiquiatría. Hall y al. (4) observaron que, si los sujetos más
educados sugerían un mayor número de fuentes de asistencia, el recurso a un psiquiatra era
elegido en particular por aquellos que provenían de una clase social más alta y con
antecedentes de mayor educación, y por las mujeres.
Hay que señalar, sin embargo, que la importancia atribuida a varios especialistas tales
como médicos, psicólogos y psiquiatras, debe situarse dentro del contexto urbano de este
estudio. Ginebra, un centro urbano, cuya población, en su inmensa mayoría, trabaja en el
sector servicios, tiene una proporción médico-habitante muy alta. Sus servicios psiquiátricos
institucionales y privados están muy bien desarrollados. Un importante número de psicólogos
trabajan a la vez en los servicios sociales públicos y en la práctica privada. El uso de terapia
médica, psiquiátrica o psicológica es particularmente importante. Se puede por lo tanto
suponer que el público en general está muy familiarizado con nociones populares de medicina
o de psicología.
Ciertos resultados de nuestro estudio dan testimonio de cuán extendidas se encuentran
estas percepciones. Hemos observado que la idea de consultar a un psicólogo forma parte de
un punto de vista psicológico global, principalmente sostenido por sujetos más jóvenes. Son
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ellos los que más han sido influenciados por la omnipresencia de la psicología en la cultura
pop. La prioridad dada por el público a la psiquiatría cuando enfrentado a situaciones
desviadas, también aparece más elevada que en otros estudios, aunque no sea posible una
comparación rigurosa, ya que el enfoque de aquellos estudios es más clínico y las personas
propuestas a veces diferentes. Se observó, sin embargo, que las personas de Quebec, en casos
de enfermedad mental, prefieren consultar a un médico que a un psiquiatra, psicólogo u otro
terapeuta (2). En las dos comunidades estudiadas por Hall y al. (4) en Gran Bretaña, la idea de
pedir consejo a un amigo tiene prioridad sobre la de consultar a un psiquiatra para todos los
escenarios clínicos (depresión, neurosis obsesiva y estado de defecto esquizofrénico) a
excepción de la esquizofrenia paranoide. En un estudio llevado a cabo en Alemania (8), tan
sólo en los casos de esquizofrenia, más de la mitad de los entrevistados (57%) sugirió un
psiquiatra: en el caso de trastornos compulsivos, sólo un tercio, aproximadamente una cuarta
parte en el caso de episodios maníacos, e incluso menos para otros casos clínicos descritos.
Por lo tanto, sería importante estudiar, dentro de varios contextos geográficos y sociales, la
imagen pública de las diferentes personas que pueden ser consultadas para intervenir en
situaciones de conducta desviada o manifestaciones de trastorno mental.

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