Última actualización web: 27/05/2020

¿Comprendemos al hombre moderno de hoy?

Autor/autores: José Ramón Bellido Mainar
Fecha Publicación: 21/08/2015
Área temática: .
Tipo de trabajo:  Artículo original

RESUMEN

La modernidad es el paradigma en que se sustente el mundo postsocial. Las dos grandes características aportadas por la revolución norteamericana y la francesa es la creencia en la razón y el reconocimiento de unos derechos humanos universales. Esta concepción de la modernidad esta amenazada por poderosas fuerzas: consumo desforrado, fanatismo, violencia, las guerras y el comunitarismo. Estas amenazas a la modernidad hace que nos preguntemos si solamente existe una vía para alcanzar la modernidad. Al otro lado tenemos a un hombre ?moderno?, angustiado, lleno de incertidumbres con peso de responsabilidad por no poder alcanzar sus aspiraciones personales y su identidad plena de forma separada de su sociedad. Hemos creado a un ?homus ansiosus? que solamente la introducción en su marco de valores de una ética universal basada en nuestra inteligencia creadora y afectiva, no podrá dar las herramientas para ?navegar? en este mundo postsocial tan cambiante.

Palabras clave: modernidad e identidad


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Bellido Mainar JR. Psicologia.com. 2015; 19:14

Artículo original
¿Comprendemos al hombre moderno de hoy?
José Ramón Bellido Mainar1
Resumen
La modernidad es el paradigma en que se sustente el mundo postsocial. Las dos grandes
características aportadas por la revolución norteamericana y la francesa son la creencia en la
razón y el reconocimiento de unos derechos humanos universales. Esta concepción de la
modernidad está amenazada por poderosas fuerzas: consumo desforrado, fanatismo, violencia,
las guerras y el comunitarismo. Estas amenazas a la modernidad hacen que nos preguntemos si
solamente existe una vía para alcanzar la modernidad. Al otro lado tenemos a un hombre
"moderno", angustiado, lleno de incertidumbres con peso de responsabilidad por no poder
alcanzar sus aspiraciones personales y su identidad plena de forma separada de su sociedad.
Hemos creado a un "homus ansiosus" que solamente la introducción en su marco de valores de
una ética universal basada en nuestra inteligencia creadora y afectiva, no podrá dar las
herramientas para "navegar" en este mundo postsocial tan cambiante.
Palabras claves: Modernidad e identidad

Recibido: 21/04/2015 ­ Aceptado: 26/05/2015 ­ Publicado: 21/08/2015

* Correspondencia: jrbellidomainar@gmail.com
1 Licenciado en Ciencias del Trabajo. Diplomado en Terapia Ocupacional. Diplomado en Trabajo Social.
Servicio Aragonés de Salud. Universidad de Zaragoza.
Psicologia.com ­ ISSN: 1137-8492
© 2015 Bellido Mainar JR

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Bellido Mainar JR. 2015; 19:14.

La modernidad
Para Tourine (1) el mundo postsocial está dominado por la modernidad. Se pregunta: ¿qué es la
modernidad?, ¿qué le caracteriza? Principalmente según este sociólogo la modernidad se define
por dos principios:
1)

La creencia en la razón.

2)

El reconocimiento de los derechos del individuo, en definitiva, de los derechos humanos
universales.

Podemos pensar, desde la óptica occidental, que en relación a otras culturas hemos alcanzado
un alto nivel de reconocimiento e implantación de los derechos humanos, como si este principio
nos acompañara desde la gestación de nuestra civilización. Pero Strawson (2) nos alerta de que
en occidente nos falta mucho por aprender sobre los derechos humanos, ya que, solamente a
partir de la II Guerra Mundial hemos iniciado la senda de los mismos. Incluso podemos llegar a
pensar que culturas como la islámica no pueden presentar un discurso sobre los derechos
humanos. Strawson (2) se expresa claramente: "¿ha sido la ley islámica una defensa de los
derechos humanos? No ¿Pero es capaz de realizar una lectura del Corán y sus tradiciones en
coherencia con los derechos humanos? Sí, como está realizando occidente".
Esto nos entronca con otro interrogante: ¿es la modernidad un proyecto de occidente? Según
Tourine (1) la modernidad es un producto de dos inventos de occidente: el Estado Nacional y la
producción capitalista sistémica.
Nos aparece otra pregunta: ¿sólo existe el camino occidental a la modernidad? Según Tourine,
(1) no, y afirma que nadie puede sentirse como el depositario de la "auténtica" modernidad,
porque existen muchas formas de caminar hacia la modernidad, siempre y cuando se mantenga
lo esencial: universalidad y racionalidad.
Entonces, ¿el mundo postsocial es una victoria de la modernidad? Dependerá si las fuerzas
antimodernas (consumo desaforado, violencia, guerras, el comunitarismo y el fanatismo), que
amenazan los principios de la modernidad, toman las riendas del cambio social.
Para Tourine (1) la modernidad será defendida por un sujeto inconformista ante la
"dominación" y esperanzado en su deseo de ejercer el yo, su libertad creadora, frente al
determinismo social y el fanatismo cultural y religioso.
El sujeto individual asume el concepto moral de la defensa de los derechos humanos y de los
derechos a la diferencia desde una perspectiva racional.
No podemos olvidar que una de las grandes características del mundo actual y que entronca con
las consecuencias de la modernidad en la identidad del hombre moderno es el concepto y la
sensación de riesgo (4). Actualmente el hombre moderno se siente desorientado, confundido e
inmerso en la incertidumbre y el riesgo. El cambio climático, las crisis económicas, la rapidez de
los acontecimientos tecnológicos, sociológicos y culturales nos está minando nuestra capacidad
para tener confianza en el futuro y articular un discurso esperanzador.

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Las consecuencias de la modernidad en el hombre moderno
La confianza es un fenómeno crucial para el desarrollo de la identidad, estando estrechamente
unido a un sentido primario de seguridad que se establece en el vínculo materno y se consolida
con el vínculo social (5).
La modernidad es una cultura del riesgo, pero objetivamente pienso que no más que culturas
precedentes. Pero el riesgo que nos diferencia deviene de la rapidez de los acontecimientos y la
imprevisibilidad de los mismos, que nos genera un estado de incertidumbre permanente,
sintiéndonos obligados continuamente a reajustar nuestros proyectos personales y expectativas
de vida, donde la mera posibilidad de pensar a largo plazo se convierte en una quimera e incluso
en un ejercicio mental angustioso.
En culturas anteriores el pasado y la tradición, conceptos inmutables amortiguaban los
sentimientos de miedo, angustia e incertidumbre inherentes a la vida humana.
El hombre "no" moderno pienso que era más consciente de su fragilidad y la religión se
encargaba de recordarnos nuestra provisionalidad y vulnerabilidad.
Tal vez esta angustia vital, que algunos autores señalan como característica del hombre
moderno, es el precio que tenemos que pagar por la conquista de la libertad para decidir de
forma individual nuestro proyecto de vida (5).
Los riesgos de la "modernidad" no son totalmente desconocidos y nuestra capacidad de
procesamiento de la información es limitada, a pesar de que, en un día el hombre actual procesa
más información que el hombre del paleolítico en una vida entera.
En ocasiones ante este escenario de riesgo permanente y crónico, nos encontramos con autores
que elaboran una visión apocalíptica de nuestra sociedad (6). Z. Bauman (7), se pregunta sí el
hombre moderno cuenta la suficiente confianza para defenderse de esta incertidumbre
permanente. Es difícil la respuesta, pero el deterioro de los vínculos sociofamiliares, de los que
también habla Tourine (1), nos hace vulnerables e indefensos ante la sucesión de
acontecimientos nuevos e imprevisibles que acechan al hombre moderno.
Tenemos el riesgo de dotarnos de ideologías "ad hoc", adaptadas a cada ocasión, cambiantes y
contradictorias, que, con la finalidad de solucionar problemas universales, nos hacen olvidar los
cambios vertiginosos que vivimos en nuestra cotidianidad (8). Estos cambios requieren una
reflexión profunda por parte del hombre moderno sobre el sentido de la vida que desea
proyectar a su futuro inmediato. Estos problemas universales solamente se pueden abordar si el
hombre moderno se dota de una ética universal y estable basada en nuestra inteligencia
creadora y afectiva.
¿Qué otras alternativas nos queda al hombre moderno si fracasan nuestros mecanismos de
afrontamiento que son efectivos frente al riesgo y la incertidumbre? las adicciones, la violencia,
las relaciones superficiales y de dependencia, el consumo compulsivo, en definitiva, la pérdida
de la identidad y el control de nosotros mismos, sintiéndonos culpables al percibir que hemos
fracasado en la responsabilidad de dirigir nuestra propia vida.
Durante milenios la humanidad ha vivido en una situación de riesgo vital permanente,
prácticamente todas las generaciones han sufrido guerras, hambrunas, pandemias o catástrofes
naturales donde la muerte estaba incrustada en la cotidianidad diaria.
El hombre moderno, especialmente el occidental, percibimos la muerte como algo lejano, como
una contingencia poco probable, incluso tenemos una fe ciega en la ciencia, por lo tanto,

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"reivindicamos" la inmortalidad y la ausencia de sufrimiento. En incluso, la muerte, la
desgracia, que en las sociedades tradicionales estaban plenamente dotadas de un sentido y
orden simbólico, actualmente estas circunstancias desgraciadas se toman como una señal de
fracaso personal.
Pero por otro lado, la posibilidad de sentirnos abrumados e invadidos por la angustia es un
miedo inherente al hombre moderno. Como dice Winhicott (9) el niño está "constantemente al
borde de una insospechada angustia", porque el niño no es un "ser" es un "ser en proceso". La
disciplina en una rutina diaria y un marco normativo comprensible, coherente y estable le ayuda
a fortalecer su propio ser y afrontar de forma constructiva la angustia que conlleva construirse.
¿Qué le ocurre al hombre moderno? Pues que está inmerso en un mundo cambiante, lleno de
novedades, donde la palabra rutina y estabilidad están desprestigiadas. Si añadimos la soledad,
la falta de vínculo social, el hombre moderno está permanentemente en un ser "en proceso",
vivencia que nos conlleva a un angustia humana permanente, que nos bloquea la emergencia de
la valentía, que no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de enfrentarse al riesgo, a pesar de
sentir miedo (10).
Desde mi punto de vista el hombre moderno convive con una gran paradoja que impacta en su
identidad. Nunca en la historia, por lo menos 1/3 de la humanidad ha tenido tan asegurada la
supervivencia física, pero a la vez nunca ha vivido una cotidianidad tan ansiosa donde creencias
tan arraigadas como: "siempre quedan cosas por hacer", "nunca es suficiente", "no puedo parar"
o "no tengo tiempo", han trasformado al hombre de homosapiens a "homoansiosus".
La conciencia moderna, según Bauman (7), ha creado a un individuo crítico con el poder, con las
rigideces sociales que exaltan la libertad individual y el derecho de autorrealización y creatividad
personal. Pero pagamos un precio y, como dice Bauman (7), "la modernidad es una marcha
obsesiva hacia delante, no porque quizás siempre quiera más, si no porque nunca avanza
bastante; no porque incremente sus ambiciones y retos si no porque sus retos son ambiciones
frustradas, por lo tanto la marcha debe proseguir, ya que todo lugar de llegada es una estación
provisional". Por lo tanto, el hombre moderno se siente en permanente proceso de construcción
de la identidad, sin poder encontrar el tiempo suficiente, sin poder tolerar la espera que le
permita afianzar y consolidar su identidad. La modernidad se enorgullece de la fragmentación
(7) del hombre moderno a través del pensamiento racional-científico, pero a costa de su propia
fragmentación.
Por otro lado, el hombre moderno busca impacientemente "conocimientos holísticos" en otras
culturas como la oriental o con la "New age". De esta forma, símbolos del pensamiento
tradicional, el hombre moderno los ha convertido en nuevos iconos publicitarios, que los
consumimos de forma compulsiva como otro objeto novedoso. ¿Qué conseguimos? Calmar
nuestra sensación crónica de vacío.
Definitivamente, si algo caracteriza al hombre moderno actual, es la desesperanza que, de forma
insidiosa y soterrada, nos está introduciendo en nuestro marco de creencias un discurso
apocalíptico sobre nosotros mismos y la sociedad futura.
Para Ehrenberg (5), el producto de esta desesperanza del hombre moderno es la depresión
existencial, que tiene sus raíces en las mutaciones producidas en la individualidad de la sociedad
actual y más concretamente por los profundos cambios normativos que han convulsionado los
actuales estilos de vida. La depresión existencial sería el resultado de unas aspiraciones sociales
frustradas en paralelo con el empeño por llegar a ser él mismo. Domina en la persona moderna
un poderoso sentimiento de insuficiencia y responsabilidad. La persona deprimida no sería sino
la persona fatigada de tratar de llegar a ser ella misma, que siente que su destino esta

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incumplido y que no acaba jamás de alcanzarse, moviéndose la búsqueda de sí mismo entre lo
permitido y lo prohibido, originando un cansancio existencial.
Es importante destacar que Ehrenberg (5) no se refiere a la depresión de causas biológicas, cuya
evidencia está fuertemente contrastada, si no que piensa más en una depresión "reactiva" a la
modernidad.
Las sociedades premodernas eran rígidas, apenas dejaban espacios de decisión propia y en
función del estatus y clase social que ocupabas se esperaba de ti unos comportamientos y
pensamientos determinados, pero, por otro lado, te "liberaban" del peso de la "responsabilidad"
de elegir continuamente.
Ehrenberg (5) alerta del consumo abusivo de los nuevos antidepresivos que tapan, de forma
socialmente aceptada bajo la etiqueta de depresión, la frustración individual de una existencia
humana desesperanzada como consecuencia de su percepción de fracaso vital.
Podemos ampliar el consumo de los antidepresivos a cualquier consumo impulsivo y
compulsivo utilizado como válvula de escape del vacío existencial del hombre moderno, que ha
logrado con la privatización de su existencia un "individualismo de masa" cuyas consecuencias
son impredecibles.
Arrastrado por este individualismo el relativismo preside y regula las relaciones entre hombre y
sociedad (2). Según el controvertido Polaino-Lorente (11), la disciplina, la obediencia se han
transformado en una mera toma de decisiones e iniciativas. La persona se muestra resistente
para ajustarse a un orden determinado, busca emanciparse, ser él mismo, ser creativo,
autorrealizarse para apoyarse en resortes internos. ¿Pero dónde están en muchas personas estos
resortes? ¿Puede por sí sola sin referentes claros, sin vínculos sociales crearlos?
En personas vulnerables surge el riesgo de la "patología", de la insuficiencia por la ausencia de
un marco de referencias (5). Para Ehrenberg (5) el depresivo es un hombre en ruina que
liberado de todo marco de referencias ha logrado abolir su responsabilidad trasformada ahora
en culpa. ¿Qué solución propone Ehrenberg? Sustituir la culpa por la responsabilidad.
Paradójicamente, según Marina (10), para llegar a ser uno mismo es preciso separarse de sí,
descubrir al otro, olvidarse de sí y dirigir nuestra mirada a otras referencias distintas a ti.
Aunque por otro lado nos podemos preguntar: ¿está el hombre moderno motivado para salir de
sí?
La exaltación del yo por la modernidad, acompañada de la aceleración científica y tecnológica ha
venido a crear una paradójica reducción de los territorios de nuestra conciencia, al mismo
tiempo que podemos explorar territorios extraplanetarios, nuestra atención humana se restringe
a territorios infraplanetarios cada vez más estrechos, discontinuos y esporádicos (12).
Según Ramírez (12) la solución a la esclavitud de uno mismo no esta muy lejos. Nosotros
mismos nos construimos a través del otro y del entorno. Lo inmediato es descubrir lo de fuera,
el "tú" y el "nosotros" en las primeras etapas de la vida y que hacen que el "yo" encuentre su
sentido gracias a la interacción con él "otro".
Otros autores, desde la filosofía insisten en este camino (13) y afirman que la identidad significa
que uno es similar al otro para ser, para existir. Pero, por otro lado, el hombre occidental está
tan ensimismado que cuando se pregunta ¿igual o idéntico a qué? no sabe contestar, entonces
que le queda la angustia y el vacío.

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La modernidad construye una identidad rígida, permanente, donde para ser uno no hay que ser
idéntico o similar al otro, el otro tiene que ser igual a nosotros. Este concepto entronca con una
de las amenazas a la modernidad según Tourine (1), el comunitarismo, que en su extremo
máximo se convierte en fanatismo.
El hombre moderno entra en una gran contradicción. Por un lado, sufre por querer ser uno
mismo en todo momento, a todas las horas, con todas las personas, pero, por otro lado, se siente
incapaz de contar con los otros.
¿Dónde está el cambio?, ¿y la aportación del otro?, ¿qué aparece cuando surge esta visión
"absolutista" de la identidad?, trastornos de la Personalidad o el "canibalismo" cultural, la
asimilación cultural de todo aquello que sea diferente a occidente (13).
Para terminar con esta línea argumental vuelvo a Ramírez (12), que afirma que, "ser uno mismo
es ser patológico, es decir, sufrir. Sólo el ser humano es humano porque está con los otros en
una relación mediada, no fusional, no identitaria".
Cada ser humano es diferente en cada momento, dependiendo de con quién está. Ello implica,
en el lenguaje occidental, tener varias identidades, varios personajes, varios roles, varios
papeles. Y ello lejos de ser unitario, único, es diferente y plural.
De lo que se trata es de construir narrativas en donde tengan cabida todos los personajes a los
que estamos llamados a interpretar, sabiendo que cada uno forma parte de nosotros (14). Del
conjunto de todos ellos y de la narrativa de nuestra propia historia de vida saldrá la fortaleza del
ser humano (12).
Referncias
1.

A. Touraine. Un nuevo paradigma para comprender el mundo de hoy. Paidos Estado y Sociedad 135.
Barcelona. 2005.

2. X. Rubert de Ventós. Venga desarrollaos! Revista de la UOC. 01/2009. pp. 87-91. Barcelona. 2009
3. S. Koontz. The Way We Never Were: American Families and the Nostalgia Trap (Paperback). New York.
1992
4. J. Strawson. Entrevista Revista de la UOC. 01/2009. pp. 71-77. Barcelona. 2009
5. A. Ehremberg. La fatiga de ser uno mismo. Depresión y sociedad. Buenos Aires. Nueva Visión. 2001
6. S. Huntington. ¿Choque de Civilizaciones? Madrid. Tecnos. 2003
7. Z. Bauman, N. Luhman, U. Beck. J. Beriain (Comp). Las consecuencias perversas de la modernidad.
Barcelona. Anthropos. 1996
8. J.A Marina. El vuelo de la inteligencia. Nuevas ediciones de bolsillo. Barcelona 2003
9. D. Winnicott. La naturaleza humana. Buenos aires: Paidos. 1993
10. J.A. Marina. Anatomía del Miedo, un tratado sobre la valentía. Anagrama. Barcelona. 2006
11. A. Polaino-Lorente. Una vida robada a la muerte. Planeta. Barcelona. 1997
12. J.L Ramírez. La invención de territorios: yo, el otro, el mundo, el cosmos. Transversal, nº 6, Departament
de Cultura de la Paeria. Lleida. 2006
13. P. Mendez Gallo, I. Jáuregui Balenciaga. Identidad y Patología: Occidente, una civilización ensimismada.
Revista Observaciones Filosóficas en http//www.observacionesfilosoficas.net/identidad.html. 2006

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Bellido Mainar JR. 2015; 19:14.

14. X. Guix. Entrevista. Contraportada del diario la Vanguardia. 22/09/2005

Cite este artículo de la siguiente forma (estilo de Vancouver):
José Ramón Bellido Mainar. ¿Comprendemos al hombre moderno de hoy?. Psicologia.com
[Internet]. 2015 [citado 21 Ago 2015];19:14. Disponible en:
http://www.psiquiatria.com/revistas/index.php/psicologiacom/article/view/1693/

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