La inteligencia artificial está transformando la práctica clínica en salud mental mediante herramientas predictivas, preventivas, personalizadas y participativas. Sin embargo, su incorporación plantea una cuestión más profunda que la eficacia técnica: qué lugar ocupa la persona en sistemas cada vez más capaces de clasificar, anticipar, recomendar y acompañar.
Este artículo propone una lectura integrada entre el modelo de Medicina 5P en salud mental y la encíclica Magnífica Humanitas del Papa León XIV. Se argumenta que ambos marcos convergen en una misma intuición: la tecnología debe permanecer al servicio de la dignidad, la autonomía, la relación terapéutica y el cuidado. La quinta P —centrada en la persona— no es un añadido humanista a la medicina digital, sino la condición ética que permite orientar las capacidades de la IA hacia una psiquiatría más precisa sin ser menos humana.