Aborda el tratamiento específico de la patología dual asociada al consumo de nuevas sustancias psicoactivas (NSP), destacando las dificultades terapéuticas derivadas de la escasa
información farmacológica sobre muchas de estas sustancias. La desintoxicación suele basarse en un enfoque sintomático, tratando ansiedad, insomnio, craving o riesgo convulsivo, debido a la incertidumbre sobre la potencia, metabolitos y vida media de las sustancias.
En el caso de opioides sintéticos como fentanilo o nitazenos, el tratamiento presenta retos específicos, como el riesgo de abstinencia precipitada al iniciar buprenorfina. Para reducir
este riesgo se utilizan estrategias como la inducción con microdosis (método Bernese) o el uso de metadona como alternativa segura.
Para catinonas y cannabinoides sintéticos, el tratamiento se centra en manejar la abstinencia y las secuelas neuropsiquiátricas, como anhedonia, disforia, ansiedad o insomnio, utilizando terapias de soporte y, en algunos casos, fármacos off-label para controlar el craving o los síntomas afectivos.
También enfatiza la importancia de la intervención psicológica adaptada, especialmente la terapia cognitivo-conductual modificada para abordar el craving, prevenir recaídas y manejar
la anhedonia persistente. Debido a los déficits cognitivos asociados al consumo de NSP, las intervenciones deben ser estructuradas, concretas y basadas en entrenamiento de
habilidades.
Finalmente, se destacan estrategias de prevención de recaídas y reducción de daños, como la educación sobre adulteración con fentanilo, el uso de naloxona, la monitorización toxicológica
y el manejo de contingencias para reforzar la abstinencia. También se plantea el papel emergente de tecnologías digitales, telemedicina y herramientas de monitorización para
mejorar el seguimiento y la intervención temprana.