Hay familias en las que el problema no es lo que ocurre, sino lo que nunca llega a ocurrir. Nadie grita. Nadie pega. En las fotos todos sonríen. Y, sin embargo, el hijo o la hija crece con una sensación difícil de explicar: la de estar de más, la de tener que ganarse cada día un sitio que en otras casas viene dado. Cuando esa sensación se prolonga durante años, suele haber detrás una dinámica concreta: un padre o una madre para quie...
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Universidad de Salamanca