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Psicología general
Ficciones sobre el tedio y la desesperanza: Sara Barquinero y Javier Olivera

Fecha Publicación: 08/10/2026
Autor/autores: Literariamente: Literatura y salud mental

Literariamente, el ciclo promovido por la Fundación Manantial y el Hospital Universitario Ramón y Cajal que, desde hace años, se ha consolidado como un espacio de referencia para el diálogo entre la cultura y la salud mental. En esta ocasión, la protagonista fue la escritora y filósofa Sara Barquinero, que conversó con el psiquiatra y profesor de Psiquiatría Javier Olivera a partir de sus dos últimas novelas, Los escorpiones (Lumen, 2024) y La chica más lista que conozco (Lumen, 2026), en un encuentro que terminó convirtiéndose en una reflexión abierta sobre algunas de las grandes preguntas de nuestro tiempo. Se celebró en Huesca.

Olivera agradeció la celebración del encuentro y recordó el prestigio que ha ido adquiriendo el ciclo Literariamente, destacando el valor de reunir literatura y salud mental en un mismo espacio. También quiso expresar su admiración por la obra de Barquinero y, especialmente, por Los escorpiones, una novela que confesó haber leído con fascinación.
La describió como una obra desbordante, llena de personajes complejos, historias entrecruzadas y preguntas difíciles, impropia, en el mejor sentido del término, de una autora tan joven.

Sin embargo, antes de detenerse en esa novela, el psiquiatra decidió comenzar por la más reciente, La chica más lista que conozco, y concretamente por el subtítulo que acompaña a la obra: Un tratado sobre la vergüenza. Barquinero explicó que quería que el libro adoptase la forma de un tratado filosófico, imitando ciertas estructuras habituales en los ensayos contemporáneos. Para la escritora, se trata de una emoción que permite pensar simultáneamente cuestiones relacionadas con la identidad, el amor y la filosofía.

Según explicó, muchas personas construyen quiénes son alrededor de aquello que les avergüenza. La vergüenza no sólo habla de los actos realizados, sino también de la imagen que cada uno desea proyectar. Barquinero recordó cómo el filósofo francés, Sartre, utilizó la vergüenza para abordar uno de los grandes problemas de la historia de la filosofía: demostrar la existencia de los otros. Sentimos vergüenza porque existe una mirada ajena que nos observa.

Culpa, responsabilidad y exigencia moral

Olivera introdujo el asunto de la culpa. El psiquiatra observó que la vergüenza y la culpa suelen aparecer estrechamente relacionadas y preguntó a la autora qué papel desempeñaban ambas emociones en su novela. Barquinero respondió de forma especialmente personal. Reconoció que se trata de una cuestión recurrente en sus conversaciones con su psicoanalista, quien suele señalarle una tendencia excesiva a la culpabilidad y a la autoexigencia moral. Sin embargo, la autora mostró ciertas reservas ante la posibilidad de desprenderse completamente de esa dimensión ética.A su juicio, existe una diferencia importante entre la culpa patológica y la responsabilidad moral. Le cuesta aceptar determinados discursos terapéuticos cuando percibe que pueden convertirse en una forma de justificar cualquier comportamiento.

Según explicó, sigue considerando que existen acciones incorrectas y que resulta importante reconocer los propios errores.

Olivera respondió desde su experiencia clínica. Recordó que la culpa constituye uno de los núcleos fundamentales de muchas depresiones graves. Habló de pacientes convencidos de ser responsables de acontecimientos gigantescos, desde conflictos
internacionales hasta desgracias colectivas. Una culpa tan desmesurada que llega a adquirir características delirantes.

Fue entonces cuando Barquinero introdujo una reflexión que atravesaría buena parte del encuentro. Según afirmó, a veces resulta más sencillo sentirse culpable de grandes tragedias abstractas que asumir responsabilidades mucho más cercanas y
concretas. Es más fácil experimentar culpa por cuestiones inmensas e imposibles de resolver que afrontar obligaciones cotidianas relacionadas con las personas que tenemos al lado.

El bien, el mal y las zonas grises

La discusión sobre la culpa desembocó inevitablemente en preguntas más amplias acerca del bien y del mal. Barquinero reconoció no estar segura de que exista un concepto universal y absoluto de bien. Sin embargo, sí defendió una intuición muy cercana a Kant: las personas suelen saber cuándo se están comportando mal. Incluso cuando construyen explicaciones para justificar sus actos, existe una percepción previa de estar transgrediendo algo. Olivera subrayó que lo bueno o lo malo muchas veces depende del contexto concreto y de la situación particular de cada individuo.

Los escorpiones y el atractivo del aburrimiento

A medida que avanzaba la tarde, Los escorpiones fue ocupando un lugar cada vez más importante. Olivera se mostró especialmente interesado por algunos de los personajes de la novela, especialmente los miembros de la familia D´Alessandro. Más que juzgarlos moralmente, quiso comprender qué los movía. Barquinero explicó que el aburrimiento constituye una de las claves fundamentales para entenderlos. Son personajes atravesados por una sensación profunda y persistente de tedio. Personas que buscan experiencias cada vez más extremas porque han dejado de encontrar intensidad en la vida cotidiana. La autora describió cómo el aburrimiento puede convertirse en una fuerza extraordinariamente poderosa. No se trata simplemente de una falta de entretenimiento, sino de una experiencia más radical relacionada con la pérdida de interés por el mundo.

Precisamente por eso la decadencia resulta tan seductora. Aparece como una posibilidad de romper la monotonía y recuperar una intensidad que parece perdida. Los excesos, las situaciones límite y determinadas conductas autodestructivas funcionan en la novela como intentos desesperados de escapar de ese vacío.

El exceso de estímulos y la dificultad para sorprenderse

A partir de ahí, la conversación conectó directamente con uno de los temas centrales, la sobreestimulación característica de la sociedad contemporánea. Barquinero sostuvo que muchas personas de su generación experimentan una sensación paradójica.

Nunca antes había existido tanto acceso a información, imágenes, contenidos y posibilidades. Sin embargo, precisamente esa abundancia parece dificultar la capacidad de sorpresa. Recordó una frase que le había impresionado especialmente: "La sorpresa está en el pasado; ya sólo nos queda la repetición".

Según explicó, existe una sensación creciente de haberlo visto todo antes. Internet ofrece respuestas inmediatas a casi cualquier pregunta. La información se encuentra constantemente disponible y resulta cada vez más difícil experimentar descubrimientos genuinos. Olivera compartió esta impresión y señaló cómo la facilidad de acceso al conocimiento modifica inevitablemente la relación con la curiosidad, el aprendizaje y la memoria.

Internet, memoria y desilusión

La autora profundizó en esta cuestión analizando la transformación que Internet ha introducido en nuestra relación con el tiempo. Comparó los antiguos álbumes de fotografías con el almacenamiento masivo de imágenes que permiten hoy las plataformas digitales. Antes existía una selección; ahora se acumulan miles de recuerdos en archivos prácticamente infinitos. Paradójicamente, esa acumulación no parece fortalecer la memoria. Más bien difumina la relación con el pasado.

De la misma manera, la abundancia de información también altera la percepción del futuro. Según Barquinero, uno de los riesgos de la cultura digital consiste en reforzar la sensación de que nada cambiará realmente, de que todo ha sido ya anticipado o explicado.

Sin embargo, se mostró crítica con los discursos que presentan la tecnología como una fuerza puramente negativa. Internet no es únicamente una causa de determinados malestares. También es una respuesta a necesidades sociales previas. Las tecnologías triunfan porque satisfacen deseos que ya existían en la sociedad.

El suicidio, el sufrimiento y la necesidad de ser rescatado
Uno de los momentos más emotivos del encuentro surgió a partir de varios fragmentos de Los escorpiones relacionados con el suicidio. Barquinero explicó que precisamente esa contradicción le interesaba especialmente. Más que querer morir,
muchos personajes desean librarse de una parte de sí mismos con la que ya no pueden convivir. La autora recuperó entonces una de las ideas centrales de la novela: las personasrara vez desean la muerte como fin en sí mismo. Lo que buscan es poner fin a una situación, una emoción o un sufrimiento que perciben como insoportable.

Olivera coincidió plenamente desde la experiencia clínica. Explicó que muchos pacientes que han intentado suicidarse no querían dejar de existir. Querían terminar con un dolor que les parecía imposible de soportar.

La inmortalidad y el valor de una vida finita
El encuentro también dedicó un largo espacio a reflexionar sobre la muerte y la inmortalidad, otra cuestión muy presente en el universo literario de Barquinero. La autora confesó que le resulta difícil aceptar intelectualmente la idea de la propia muerte y bromeó sobre su esperanza de que algún avance tecnológico permita algún día preservar la conciencia humana. Sin embargo, sostuvo que si la inmortalidad fuera una realidad efectiva probablemente acabaría convirtiéndose en una carga insoportable. La vida, defendió, obtiene una parte fundamental de su valor precisamente de su finitud. Las cosas importan porque terminan. El tiempo adquiere significado porque es limitado.

Olivera compartió esta reflexión desde la experiencia de haber acompañado a numerosas personas en procesos de enfermedad y muerte. Ambos coincidieron en señalar que la dificultad para aceptar la mortalidad sigue siendo una de las grandes características de la condición humana.

El amor, la intuición y lo que sabemos sin saberlo

La conversación derivó posteriormente hacia el amor, el inconsciente y las intuiciones. Barquinero defendió la importancia de esas primeras impresiones que aparecen antes de que podamos explicarlas racionalmente. No porque posean un carácter
mágico, sino porque muchas veces reflejan conocimientos que todavía no han llegado a formularse de manera consciente. Según explicó, existen situaciones en las que uno percibe algo antes de ser capaz de justificarlo. Con el tiempo aparecen las explicaciones, pero la intuición suele llegar primero.

Olivera relacionó esta idea con algunos hallazgos psicológicos sobre la toma de decisiones y el peso de los procesos inconscientes.

Camus, el absurdo y la defensa de la vida

La parte final del encuentro giró alrededor del sentido de la existencia. Interrogada sobre autores como Viktor Frankl o Albert Camus, Barquinero explicó que se siente especialmente cercana al diagnóstico del filósofo francés sobre el carácter absurdo de la vida. Sin embargo, matizó inmediatamente esta afirmación. Reconocer que la existencia carece de un significado universal no implica renunciar a ella. Al contrario.

Para la autora, es posible aceptar la ausencia de un sentido último y, aun así, comprometerse plenamente con la vida. De hecho, formuló una de las ideas que mejor resumieron toda la conversación: aceptar el sinsentido de la existencia no conduce necesariamente a la desesperanza; puede convertirse también en un punto de partida para afirmar la vida con mayor libertad.


Palabras clave: Literatura y salud mental
Tipo de trabajo: Post/Entrada de Blog
Psicología general
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