DE LA POS A LA HIPER- MODERNIDAD
UNA NUEVA PSICO-PATO-LOGÍA PARA UN NUEVO MUNDO
Jesús J. de la Gándara Martín
Psiquiatra y escritor
El 24 de septiembre de 2011, según opinan sociólogos y filósofos, acabó la era posmoderna. Así pues, de haber existido, la posmodernidad ha sido la era más corta de la humanidad. De hecho, según sabios, como Gilles Lipowetsky, ya estamos en la hipermodernidad. Según otros, podría ser la ultramodernidad o supermodernidad. Nominalismos aparte, los expertos aseguran que la era en la que hemos vivido el último medio siglo, final del XX y principios de XXI, con su peculiar estilo de vida, ha sido peligrosa para la salud mental. Uno de sus rasgos esenciales es el aumento de los sufrimientos mentales que han dado lugar al abuso en el consumo de terapias mentales, cualquier tipo de sucedáneo “psico…”, para lograr un estado de humorismo generalizado, substrato de una salud mental más aparente que real. No es fácil entender porque en estos tiempos tan “pos-hiper-ultra-super-modernos”, en los que tenemos tanto, sabemos tanto y compartimos tanto, vivimos tan mal. Algunos lo achacan a una especie de desmesura global, que empezó en la miseria posbélica y ha acabado convirtiéndolo todo en “hiper”: hiper-capitalismo, hiper-potencia, hiper-mercado, hiper-velocidad, hiper-comunicación, pero también hiper-condriasis. Otros lo atribuyen a que somos víctimas de una pantallofrenia infosaturante, cautivos de la hipercomunicación. También se asegura que somos hipernarcisistas por mor de la miríada de espejos que nos rodean y nos reflejan inevitablemente. En ellos nos contemplamos y comparamos, somos mártires del hiperespejo global que nos miente y engaña. Todo lo anterior afecta a nuestra mente, y, especialmente, a la de nuestros hijos, extremadamente vulnerables a esas trampas. Pero los expertos aseguran que estos sufrimientos no son realmente enfermedades, sino simples incomodidades de la pos-hiper-humanidad rosicler, trastornos del malvivir. Otros aducen que nuestra capacidad de tolerancia y acomodo es mínima; que caemos en la angustia, la depresión o las drogas a nada que las cosas se pongan cuesta arriba. El autor opina que sólo cuando en un ser humano, en un tiempo determinado, en una situación concreta, se concitan y superponen sufrimientos, incapacidades y necesidades, debemos prestarles atención psico-socio-sanitaria. Mientras tanto, convengamos que los grandes avances de la ciencia, la técnica y la información posmodernos no consiguieron frenar esa sangría mental, ni alcanzar las ingenuas esperanzas de OMS, pero ahora la pregunta es si las novísimas condiciones de vida, los avances que permitirán la IA y el Fenotipo Digital Conductual, aplicados a la psico-pato-logía serán la gran oportunidad de las ciencias de la mente para mejorar la salud mental individual y social. En todo caso, siempre nos quedarán la cultura, el humanismo, integrados en un neo-trans-humanismo conjunción de principios científicos, filosóficos y éticos que permita un gobierno fructífero y saludable de la vida humana.
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