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Obesidad y trastornos de la conducta alimentaria (TCA)



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Noticia | 31/03/2023

Hay una realidad que se repite. El tratamiento de la obesidad se aborda, por término medio, a través de la medicina y los especialistas en nutrición; en cambio, no es común que se opte por la atención de un psicólogo o un psiquiatra. Al fin y al cabo, tanto el sobrepeso como la obesidad se asocian a factores genéticos, enfermedades y/o hábitos alimentarios poco saludables.


Sin embargo, los expertos en trastornos de la conducta alimentaria (TCA) saben que la obesidad puede ser la antesala de múltiples problemas de salud mental. De hecho, lo vemos cada vez más en adolescentes y adultos jóvenes. Tanto es así que lo que más se diagnostica en este grupo poblacional son la bulimia y el trastorno por atracón.


De este modo, si bien es evidente que la obesidad es un problema de salud pública, debemos abordarla siempre de manera multifactorial. 



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En estos casos, no basta con un enfoque basado en la mejora de la nutrición o la introducción del deporte en la rutina diaria. La psicología permite prevenir, comprender y tratar mejor. Los estados emocionales de valencia negativa en las personas con obesidad, elevan el riesgo de los atracones y la conducta asociada a la bulimia.


Cada vez son más frecuentes los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en pacientes con sobrepeso y obesidad.


¿Cómo se relacionan la obesidad y los trastornos de la conducta alimentaria (TCA)?


Cuando hablamos de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) visualizamos casi de inmediato a una chica con anorexia nerviosa . Asociamos, como un sesgo inconsciente, este conjunto de condiciones psicológicas con una sola condición y con una sola imagen, la de la delgadez femenina extrema.


No obstante, este tipo de trastornos integran una amplia conjunción de afecciones y, a su vez, a un espectro de pacientes también más extenso de lo que pensamos . De hecho, estamos ante una de las realidades clínicas más complejas y de las que lidian con una de las brumas más espesas en cuanto a estigmas y desconocimiento social.


La literatura científica respalda la asociación existente entre la obesidad y los trastornos de la conducta alimentaria. En esta vinculación orbitan múltiples variables, siendo la más significativa un entorno familiar focalizado en la preocupación del peso del niño. Esto asienta desde bien temprano una insatisfacción corporal que aumenta con el tiempo. Veamos, no obstante, más datos.


La obesidad infantil y adulta no deja de aumentar. Con ella, se elevarán también los problemas de salud mental.


¿Cómo se produce esa interacción?


Sabemos que la obesidad infantil o de los padres eleva el riesgo de padecer bulimia nerviosa o trastorno por atracón . La anorexia nerviosa, por su parte, no suele cursar con estos perfiles. En casos, lo que aparece es una ingesta excesiva asociada a factores emocionales y una posterior conducta purgativa. El malestar con la propia imagen y la presión social y familiar, orquestan los siguientes mecanismos:


La ansiedad y las emociones acumuladas, hacen que la persona derive en atracones. Se come en exceso sin que exista hambre fisiológica. Esta conducta después genera vergüenza y produce un aumento de peso.A su vez, ese aumento de peso fomenta que, en algún momento, se opte por dietas estrictas y conductas purgativas como los vómitos, diuréticos, uso de laxantes, etc. Dichas acciones configuran la bulimia nerviosa.


Este cuadro clínico ha sido estudiado por la Universidad de Sídney, destacando cómo la obesidad y los trastornos alimentarios trazan, de manera gradual, un gran impacto en la salud física y mental de las personas.


¿Qué consecuencias tiene en la salud de la persona?


Cuando una persona con obesidad evidencia un trastorno por atracón o bulimia nerviosa es común que sufra, en algún momento, un síndrome metabólico o de resistencia a la insulina . El riesgo médico y las complicaciones de salud aumentan, pudiendo aparecer desde hipertensión, problemas de corazón, diabetes, dislipidemia , etc.


Por otro lado, el malestar con la propia imagen y la mala salud, intensifica el sufrimiento psicológico. Casi sin saber cómo, estos pacientes —jóvenes en su mayoría—, refuerzan un estilo de vida aún menos saludable. Pueden derivar en ansiedad social, en no querer salir de casa, en el alcohol o el abuso de las drogas .


¿Cuáles son los factores de riesgo?


Sabemos que obesidad y TCA se relacionan. Ahora bien, ¿todas las personas obesas pueden sufrir bulimia nerviosa o trastorno por atracón? La respuesta es no. Como señalamos al inicio, en aquellos niños educados en un contexto familiar orientado a la preocupación por el peso, actúa como factor de riesgo significativo .


La obesidad es, en muchos casos, hereditaria. Cuando los padres vivieron en piel propia la crítica social por el sobrepeso o la obesidad, se insta a los hijos a que cuiden y reduzcan su peso . Esto, que podría ser positivo siempre y cuando se acompañe de hábitos de vida saludables, no siempre lo es. No cuando hay una crítica constante y el fomento a un rechazo de la propia imagen.


Además, no podemos dejar de lado los aspectos sociales y culturales. Vivimos en una sociedad orientada a la tiranía de la imagen ya la delgadez. Así, aunque la obesidad no deja de ser una enfermedad, el rechazo estético que suscita le añade otra capa todavía más problemática. La obesidad es una enfermedad y no un fracaso de la persona por no saber adoptar un hábito de vida más saludable. A menudo, hay factores genéticos sumados a elementos psicológicos que debemos comprender.


La obesidad cursa no solo con problemas de salud física, la salud mental se ve muy deteriorada.


¿Cuál es el abordaje terapéutico en estos casos?


Uno puede ser obeso por pura genética o enfermedades asociadas . Los problemas psicológicos, como una depresión, derivarían también en esta situación. Por ello, lo primero que debemos comprender es que la obesidad no siempre es el resultado de una falta de voluntad por parte del paciente al no poder adoptar un estilo de vida más saludable.


Estamos ante una esfera muy sesgada por la opinión social y, con frecuencia, hasta mal detectado por algunas enfermedades médicas ( gordofobia sanitaria) . Pero la obesidad es un problema en un auge y es común que curse, como ya sabemos, con trastornos de la conducta alimentaria.


¿Qué hacer en estos casos? ¿Cuál es el abordaje terapéutico?


Para empezar, la pérdida de peso no está indicada con la bulimia nerviosa. No es el primer paso. Esta psicopatología debe tratarse desde un enfoque multifactorial: con psicólogos, médicos y nutricionistas . Los programas terapéuticos suelen ser de larga duración y en ellos la terapia cognitiva conductual (TCC), por ejemplo, tiende a ser eficaz.


Antes de concluir, cabe señalar, una vez más, que no necesitamos solo de más modelos terapéuticos integrados y especializados en cada comunidad para estos pacientes, dado el aumento de esta realidad clínica. Debemos concienciarnos de que el manejo y tratamiento de la obesidad se beneficiaría siempre de un apoyo psicológico .


 



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Palabras clave: TCA, obesidad
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