La psiquiatría actual dispone de recursos diagnósticos, psicofarmacológicos y psicoterapéuticos impensables hace pocas décadas. Sin embargo, junto a estos avances técnicos se observa una dificultad creciente para sostener marcos explicativos integradores sobre la mente humana y sus trastornos. En muchos contextos asistenciales, la comprensión psicopatológica profunda ha sido desplazada por modelos excesivamente descriptivos, algoritmos diagnósticos operativos o enfoques centrados exclusivamente en la gestión sintomática.