Los niños y adolescentes forman parte de un grupo de marcada vulnerabilidad frente a la sexualidad, debido a sus dificultades para comprenderla y por lo tanto poder consentirla. Pero, además, se suma su inmadurez biológica para poder llevar a cabo conductas sexuales adultas, ser responsables de las mismas y asumir los riesgos de un embarazo. Es por tal motivo, que he realizado actividades educativas al respecto en los diferentes niveles de educación y grupos etarios, teniendo en cuenta la mayor vulnerabilidad de aquellos que presentan algún tipo de discapacidad o condición. En una primera etapa, mi experiencia se desarrolló en Instituciones Educativas Públicas y Privadas, en distritos suburbanos del Gran Buenos Aires, a partir del año 1988 hasta 1993, y ha sido dirigida a alumnos prepúberes y adolescentes que cursaban tanto escolaridad común, especial y nivel medio; se incluyó a padres y docentes, provenientes de comunidades carenciadas socio – económico y culturalmente.
Por otro lado, se realizaron Talleres en dos Escuelas de Educación Especial entre años 1994 y 1997, mostrando entre si diferentes modos de respuesta debido a la presencia o ausencia de compromiso de los adultos del contexto familiar y educativo, y a su estado de acuerdo o desacuerdo, en relación a las necesidades e intereses por la información sexual de parte de estos alumnos y a sus resultados positivos en sus vidas presentes o futuras.