Esta investigación propone una hipótesis disruptiva: el consumo cotidiano de drogas produce neotenia en el adulto, es decir, una detención y retroceso en el proceso de maduración emocional y psíquica.
Ingresando por la vía de representar una liberación frente a la sociedad de consumo, la droga promueve la comodidad, la evasión del conflicto y la búsqueda de placer inmediato. En nombre de la paz interior, instala una anestesia que neutraliza la capacidad de elaborar el malestar y enfrentar la realidad.
Así, el sujeto moderno, convencido de escapar del sistema, termina atrapado en una nueva dependencia: la del bienestar químico. La droga deja de ser una experiencia y se convierte en una forma de vida regresiva, donde la adultez como capacidad de sostener el displacer y transformarlo dinámicamente con la realidad, queda suspendida negando o inhibiendo gran parte del potencial de las experiencias.