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Noticia | 04/02/2016

La dificultad de olvidar muerte cercana y cómo se ignora a los sin techo, temas ganadores del Certamen Relatos Psicología

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‘PSICO-RELATOS’: I CERTAMEN DE RELATOS BREVES DEL COLEGIO DE PSICOLOGÍA DE BIZKAIA LA DIFICULTAD DE OLVIDAR UNA MUERTE CERCANA Y CÓMO SE IGNORA A LOS ‘SIN TECHO’, TEMAS GANADORES “Cuando fallece una persona cercana, seguimos viéndola por la calle, soñamos con ella, etc” “Las personas sin hogar se sienten ignoradas. Nadie les mira cuando pasamos a su lado”   El psicólogo du...

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‘PSICO-RELATOS’: I CERTAMEN DE RELATOS BREVES DEL COLEGIO DE PSICOLOGÍA DE BIZKAIA



LA DIFICULTAD DE OLVIDAR UNA MUERTE CERCANA Y CÓMO SE IGNORA A LOS ‘SIN TECHO’, TEMAS GANADORES



“Cuando fallece una persona cercana, seguimos


viéndola por la calle, soñamos con ella, etc”



“Las personas sin hogar se sienten ignoradas.


Nadie les mira cuando pasamos a su lado”


 


  • El psicólogo durangotarra, Jon Fernández, ha resultado ganador del pionero concurso, en la versión de castellano, con un relato sobre la dificultad por olvidar una muerte cercana




 


  • Presenta una conversación entre dos personas y llama la atención que una de ellas está muerta pero el lector no se da cuenta hasta el final, y a veces hasta no haber leído el texto varias veces




 


  • En la categoría de euskera, la gernikarra, Legendika Zuazua, se ha llevado el primer premio con un monólogo sobre una persona sin hogar que describe cómo se siente en su día a día




 


  • El certamen busca que el lector tenga contacto con la mente humana y en segundos se cree un espacio de reflexión sobre un tema relacionado con la Psicología




 

Bilbao, febrero de 2016.-  El psicólogo durangotarra, Jon Fernández Sánchez, ha resultado ganador de la primera edición del Concurso de Relatos Breves organizado por el Grupo Cultural del Colegio Oficial de Psicología de Bizkaia, en la categoría de castellano. El certamen tiene como propósito desarrollar la creatividad literaria de los/las psicólogos/as de Bizkaia desde el lado de la Psicología. Por otro lado, el primer premio de relatos en euskera ha recaído en Legendika Zuazua, de Gernika.


El certamen busca que, a través de unas líneas, el lector tenga contacto con la mente humana y en segundos se cree un espacio de reflexión sobre un tema relacionado con la Psicología.

En este sentido, la obra de Jon Fernández se ha centrado en la fase del duelo, es decir, la reacción y proceso por la que pasa un individuo  para tratar de superar la pérdida de un ser querido. El relato presenta una conversación entre dos personas y llama la atención que una de ellas está muerta pero el lector no se da cuenta hasta leer el final texto, y a veces hasta no haberlo leído varias veces.

“El relato quiere explicar que hay una fase en el duelo, sobre todo cuando se trata de una muerte repentina, en la que los seres queridos más cercanos siguen notando al fallecido. Sueñan con ella, la ven por la calle, oyen las llaves de casa… El vínculo es tan fuerte que nuestro cerebro quiere todavía encontrar a esa persona”, explica el autor del relato.

Respecto al primer premio en euskera, la obra de Legendika Zuazua Romero se centra en sacar a la luz las dificultades a las que se ven sometidas las personas sin hogar. “Se trata de un monólogo en el que una persona sin techo cuanta cómo comienza el día en una gran ciudad y siente cómo la gente pasa a su alrededor para ir al trabajo y nadie le mira”, explica la galardonada. Por último, el segundo premio en castellano recayó en la obra de Pablo Moreno Estébanez, de Barakaldo, que confeccionó un thriller psicológico que destaca la culpa y la libertad, dos sentimientos muy comunes en el ser humano. El segundo premio en euskera quedó desierto.

 

PRIMER PREMIO EN CASTELLANO:

TÍTULO: ACOMPÁÑAME

AUTOR: JON FERNÁNDEZ SÁNCHEZ

- Y al fin aquí estamos: Suspendidos en el vacío infinito. De vuelta a la “nada” de la que todos un día surgimos. La nada, que es el origen y el final de todo lo que existe. La nada, donde solo hay oscuridad o mejor dicho, donde no hay luz, porque hasta la luz se encuentra en una transición sin forma. Aquí, en la ausencia pura, todo es energía y existen todas las posibilidades, todos los tiempos y todos los lugares. Y al mismo tiempo…
- Joder, Gorka.
- ¿Qué pasa?
- Nada. Que odio quedarme atrapada contigo en el ascensor. Podrías tener claustrofobia, como la gente normal.
- ¡Já! Pues curiosamente…
- Gorka.
- ¿Sí, Lola?
- Cállate.
- Vale.
El silencio duró apenas unos segundos. A Lola se le oía respirar agitadamente.
- ¿Gorka?
- Dime.
- Yo sí que tengo claustrofobia.
- Lo sé.
- Y he cambiado de opinión. Habla, por favor. Me relaja escucharte.
- Vale

Cuando unos minutos después volvió la luz, ya era casi la hora de cenar y Lola se marchó a casa de sus padres. Últimamente iba mucho a casa de sus padres. Encontró a su madre poniendo la mesa y se unió a ella.
- Mamá, he vuelto a hablar con Gorka.
La madre paró un momento de poner la mesa para mirar a Lola directamente. Y en sus ojos había preocupación.
- ¿En sueños? – preguntó finalmente, no sin ternura.
- No lo sé. Se fue la luz en el trabajo y me quede atrapada en el ascensor, así que es posible que me quedara dormida.
- Bueno, si te pudiste dormir eso significa que tu claustrofobia va mejor. ¿No?
- Las cosas de una en una, Mamá.
- Sí, cariño.

 

PRIMER PREMIO EN EUSKERA:

TÍTULO: IZATEA. EGOTEA

AUTOR: LEGENDIKA ZUAZUA

Egunero, arrapaladan igarotzen den trajez jantzitako emakumea; eskolara lo aurpegiaz doazen anai-arreba txikiak; edota trena hartzeko batzen diren bi lagun kontu-kontariak. Ezagun ditut guztiak, jada. Jomuga bat dute denek: goiz jaiki dira nonbaiten zeregin bat dutelako. Halaber, etxetik irten aurretik hurbilekoek gozoki agurtu dituzte. Ni ere goiz esnatzen naiz, baina ez dut mintzagai hutsaletan aritzeko lankiderik zain. Aldiz, goizeko lehen hotsak dira nire iratzargailua, eta bizirautea da nire helburua. Eginbehar xumea dirudien arren, ez da makala itxaropenik gabeko egunerokotasunean bizi denarentzat.

Ordu amaiezinei aurre egiten laguntzen didan adiskide leiala dut. Baldintza bakarra du gure laguntasunak: zentimo batzuk, horixe da ordainean eskatzen didana. Noizbehinka erreparatzen diguten oinezkoek gure harremana arbuiatzen dute begirada zorrotzez. Niretzat, ordea, premiazkoa da kartoi azaleko kide gorrixka gertu izatea. Gure artekoa ez da hartu-emana; ni subjektua naizen hartu eta hartu bat baizik. Bizitzak nire begien aurrean diharduen bitartean, inork haien adierazpenean arretarik jarri gabe, bera da nire nahigabeen aringarria.

Orain lau urte ezagutu genuen elkar. Sasoi hartan, goizeko lehen orduetan aurkitzen diren ezezagun horietariko bat izan nintzakeen. Txapitula zahar baten alokairua ordainduta gero, bizitzeko ezinbestekoa neukan; nahikoa, kapritxo goren bezala auzoko jatetxe japoniarrean afaria eskatzea zeukan gizon samur batentzat. Orain, hainbeste ernegatu ninduten metro karratu eskas haien eta hormen isolamendu ezagatik iragazitako hotzaren nostalgia dut. Ginena garela esan ohi da; bizitakoak gaur egun garena ematen duela. Ez nago ados: izandako gizonaren oroitzapen lausoak badirau soilik. Sasoi hobeen gogoetek iraganean ainguratzen nauten hauetan, babesa bilatzen dut kartoizko lagunaren magalean.

Bizitzako kontuen inguruan hausnartzea dut gustuko. Ostera, denbora-pasa hau ez da soberazko denboraren ondorioa, betidanikoa baizik -bakardadea urteetan zehar eskutik eraman dudalako, agian-. Dena den, kale kantoi honetan igarotako ordu huts hotz guzti hauetan, gauza askoz jabetu naiz. Esate baterako, muturren aurrean igarotzen diren pertsona guztiek etorkizun hurbila dutela gogoan. Horrela, laster egingo dutenean pentsatzen ari dira, lanerako bidea bera bizitzako unea izango ez balitz bezala -gerokoak gogoan, orainak alde egiten duen bitartean-. Ni, aldiz, unean-unean bizi naiz; pasatzen ari den oinezkoak laguntzatxo bat luzatuko ote didan zain; edo are gehiago, nire bertan egotea balioetsiko duen begirada baten esperoan. Oraina dut gogoan, geroa ezereza delako niretzat. Ohe bat izateko aukera luzatu didate, baina kalean egon behar duenaren gabezietariko bat baino ez da sabai falta.

Gaur ere, hiritar berak agertu dira betiko orduan. Gehienek, lurruna dariela ahotik, sama gora arte estalita zeukaten itxura ezberdinetako bufandez. Tenperatura baxuak baino gehiago hozten nau begirada ezak. Begiratzen nautenean, berriz, sarri, ez naute ikusten. Guztiei esan nahiko nieke han nagoela, baina, batez ere, ni ere banaizela. Zehaztugabea den zerbaiten zain dagoen gizonaren estetikaz haratago, beldur eta ametsen jabe den beste hiritar bat dagoela oihukatu. Naizelako nago-eta.

 

SEGUNDO PREMIO EN CASTELLANO:

TÍTULO: LA VENTANA

AUTOR: PABLO MORENO

Despertó gritando, empapado en sudor y trató de orientarse. ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado allí? Era una habitación mugrienta y oscura. El olor era insoportable, la luna llena iluminaba ligeramente ese espacio deprimente, en el que había perdido la conciencia y no recordaba cómo. Se levantó y al pulsar el interruptor sólo consiguió una intermitente luz que terminó por darse por vencida en menos de un minuto. Notaba un fuerte olor a tabaco, sexo, alcohol y... ¡maldita sea! ¿Cuánto tiempo llevaba sin darse una ducha? Olía a muerte, a condena, se levantó de la cama. Las sabanas estaban sucias, con colillas apagadas sobre ellas, Una camisa y lo que parecían pequeños fragmentos de cristal.

De repente una imagen se le clavó como un puñal en el pensamiento: una mujer ensangrentada gritando, gritando su nombre. La imagen desapareció como llegó. Pero la sensación era realmente paralizadora. ¿Era real? ¿Era el recuerdo de una
pesadilla o un recuerdo del día anterior? ¿De algún día de la semana anterior? La resaca era insoportable, había aprendido a convivir con ella como decisión de vida. Lo que no podía asumir todavía era el no recordar. La vida empezaba a ser un presente lleno de sed, un futuro idéntico y un pasado cada vez más vacío, como un puzle al que le van desapareciendo piezas. Esa mujer, ese grito. Sentía conocerla pero no podía estar seguro. Lo mejor era salir de esa habitación de motel de mala
muerte y ver si en alguna barra conocida le daban algún dato para filmar la película mental sobre la noche anterior.

Se vistió con la camisa empapada en alcohol (¿y carmín?) y entró al baño, aquí sí
funcionaba la luz, iluminándolo con un amarillo sucio, a la vez que volvía a su cabeza la imagen de la mujer manchada de sangre, gritando su nombre. No, no podía ser normal. Estaba asustado, ¿estaba empezando a perder la cabeza? Quizás fuese esa maldita habitación que incitaba a los delirios y la locura. Decidió lavarse la cara y salir de allí. Borrar esa imagen, como tantas otras cosas. Entonces lo vio en el espejo, pintado con sangre, no, con pintalabios: “NO MIRES POR LA VENTANA”. El terror se apoderó de él, ¿qué significaba eso? ¿Qué podía haber en la ventana? ¿Era realmente una habitación destinada a enloquecer a los hombres? Definitivamente, se dispuso a marchar, a dejar atrás toda esa locura, a buscar un bar y buena compañía. Salió del baño sabiendo que pasaría, sabía que iba a girarse. Cuando se disponía a abrir la puerta para marcharse por fin, se detuvo un segundo y volvió su mirada a esa ventana prohibida.

Lo que vio era peor que cualquier delirio. En el edificio de enfrente un hombre empapado en sangre cargaba algo, lo arrastraba pesado por el suelo hasta aproximarse a la ventana. Quiso hacer un esfuerzo por retirar la mirada y salir de allí, pero no pudo. Allí estaba ese hombre levantando el cuerpo inerte vestido de rojo, y apoyándolo en la repisa de la ventana, lo lanzó al vacío. Y después clavó su mirada en él con esos ojos asesinos, después sacó algo del bolsillo y volvió a adentrarse en el fondo de su habitación. Conocía a ese hombre, esos ojos, esa cara, eran piezas de ese puzle incompleto. Se quedó allí unos minutos incapaz de moverse. Entonces volvió el grito, su nombre, volvió esa súplica. Pero esta vez no vino acompañada de ninguna imagen. Pero la vio, allí sacando la mano de debajo de esa cama, la ayudo a salir, estaba cubierta de sangre, era la mujer de su delirio, susurrando ya su nombre como su última expiración. Entonces lo entendió. La arrastró hacia la ventana y la ayudó a caer hacia el vacío. Miró a la ventana de enfrente. Allí estaba, ese borracho asustado mirándole como si fuese un demonio. Buscó su encendedor en el bolsillo, pero no era un mechero, era un pintalabios lo que encontró. Se acercó al baño, escribió una frase en el espejo y se tumbó en la cama, dejándose vencer por un profundo sueño.


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