Este trabajo analiza las particularidades del diagnóstico del trastorno del espectro autista (TEA) nivel 1 en la adolescencia, una etapa caracterizada por un aumento de las demandas sociales y la complejidad clínica. Se destaca que muchos casos permanecen sin diagnosticar hasta esta etapa debido a la presencia de estrategias compensatorias que enmascaran los déficits nucleares.
Se revisan los principales instrumentos de evaluación, como el ADOS-2, el ADI-R y cuestionarios de cribado como el AQ y la SRS-2, señalando sus fortalezas y limitaciones, especialmente en población adolescente y en el fenotipo femenino.
Asimismo, se abordan desafíos diagnósticos como el camuflaje social, la influencia del género y la presencia de comorbilidades, que dificultan la identificación precisa del trastorno.
Se concluye que el diagnóstico en la adolescencia requiere un enfoque integral que combine herramientas estandarizadas, historia del desarrollo y juicio clínico, evitando el uso exclusivo de instrumentos como criterio diagnóstico.