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En esta ocasión compartimos la resolución de un trauma sexual en una paciente de 35 años haciendo uso de la terapia gestáltica. Dicho abordaje está siendo muy útil en pacientes con alto nivel cultural pero con escasa verbalización en sesión. La paciente, felizmente casada y con dos hijos, presentó elevada ansiedad unida a tristeza y llanto incontrolables sin afectación laboral, e inapetencia sexual. La anamnesia identificó un único episodio breve de abuso sexual intrafamiliar (magreo sin sodomización) durante su pre-adolescencia que se reactivó a raíz de nuevos casos de abuso en la familia. La paciente se mostraba incapaz de asociar sexo con afecto y padecía rechazo al roce con determinadas partes del cuerpo, fobia a determinados estímulos erotizados y anhedonia, propios del trastorno (Williams y Wilkins, 1994). Sumida en un mutismo prolongado, su personalidad quedó arropada de frialdad, impulsividad, fuerte carácter y pensamiento extremista cercanos a la personalidad límite (Cierpka, 2006; Reich, 2001; Ruiz-Sancho y Gunderson, 2001). El relato onírico y la proyección estimular en imaginación (Levy, 1999), unido a sesiones de desensibilización sistemática y terapia conductual con recondicionamiento orgásmico, se encaminaron hacia la liberación del sentimiento de culpa, la asunción del modelo (sexual) femenino no-castrado (pasivo), y la mejora de autoestima y las habilidades de interrelación social (especialmente para eliminar el estilo pasivo-agresivo). Un sueño recurrente fue clave en la identificación del conflicto psíquico; en este, la paciente se encuentra dentro de un salón con muchas personas ancianas o enfermas, sin salida, con todas las puertas cerradas menos la del almacén a la que acude guiada por la Madre Ana (monja del centro). Su interpretación dará pie a la abreacción expiatoria sobre el abusador familiar que rompió con su mutismo.