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Última actualización web: 17/05/2022

Intervención estratégica en duelo patológico. A propósito de un caso.

Autor/autores: Elena Guillén , Patricia Vaquero, Paloma Aguilar, Manuel Guillén, Ildefonso Gómez-Feria
Fecha Publicación: 04/04/2011
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

Las situaciones de duelo  patológico (o complicado) suponen  el empleo de gran tiempo y energía dentro del organigrama de atención a  la salud mental en el sistema público de salud.  Pueden plantearse muchas dudas con respecto a si es adecuado o no mantener en las consultas a personas con poco afán de cambio. Describimos un caso en el que el tratamiento a largo plazo favorece la intervención (en este caso mediante indicación estratégica) cuando aparece la primera señal de cambio y la consiguiente ?fijación? para evitar posibles retrocesos.

Palabras clave: duelo normal; duelo complicado; duelo patológico; sentimientos de culpa; terapia sistémica; intervención estratégica; metáfora.

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Guillén E. Psiquiatria.com. 2011; 15:4.
http://hdl.handle.net/10401/2912

Caso clínico
Intervención estratégica en duelo patológico. A propósito
de un caso
Strategic intervention on pathological mourning. A case report

Elena Guillén1, Patricia Vaquero2, Paloma Aguilar3, Manuel Guillén4*, Ildefonso
Gómez-Feria4.
Resumen
Las situaciones de duelo patológico (o complicado) suponen el empleo de gran tiempo y
energía dentro del organigrama de atención a la salud mental en el sistema público de salud.
Pueden plantearse muchas dudas con respecto a si es adecuado o no mantener en las consultas a
personas con poco afán de cambio. Describimos un caso en el que el tratamiento a largo plazo
favorece la intervención (en este caso mediante indicación estratégica) cuando aparece la
primera señal de cambio y la consiguiente "fijación" para evitar posibles retrocesos.
Palabras claves: Duelo normal, duelo complicado, duelo patológico, sentimientos de culpa,
terapia sistémica, intervención estratégica, metáfora.
Abstract
The situations of pathological grief (or complicated) suppose the employment of great time and
energy inside the flowchart of attention to the mental health in the public system of health. They
can raise many doubts with respect of if it is adapted or not to support in the consultations to
persons with little interest of change. We describe a case in which the long-term treatment aids
the intervention (in this case by means of strategic indication) when there appears the first sign
of change and the consequent "fixation" to avoid possible setbacks.
Keywords: Normal grief, complicated grief, pathological grief, feeling guilty, systemic therapy,
strategic intervention, metaphor.

Recibido: 07/03/2011 ­ Aceptado: 08/03/2011 ­ Publicado: 04/04/2011

* Correspondencia: manuguibe@hotmail.com
1 Psicóloga. Área Hospitalaria Virgen Macarena de Sevilla
2y3 MIR de Psiquiatría. Área Hospitalaria Virgen Macarena de Sevilla
4y5 Psiquiatra. Área Hospitalaria Virgen Macarena de Sevilla

Psiquiatria.com ­ ISSN: 1137-3148
© 2011 Guillén E, Vaquero P, Aguilar P, Guillén M, Gómez-Feria I.

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Guillén E. Psiquiatria.com. 2011; 15:4.
http://hdl.handle.net/10401/2912

Introducción. El concepto de duelo

"Tú no te has ido...
No hay libro que pueda explicarme que yo te he perdido"
(Copla de Marifé de Triana)

Llamamos duelo al conjunto de sentimientos, y procesos psicológicos en general, que
se desencadena tras una pérdida significativa (13). Podemos hablar de pérdidas en sentido
general pues aunque lo más común es que se trate de la desaparición de un ser querido, se
puede aplicar a objetos o ideas (la libertad, la patria...) o propiedades, reales o imaginarias, de
uno mismo (jubilación, sexualidad...). Nosotros nos referimos aquí a los sentimientos por la
pérdida de un ser querido, aunque tenemos que decir también que la palabra duelo puede hacer
referencia al ritual acompañante tras la muerte de un ser humano.
Los sentimientos acompañantes al duelo pueden ser muy variados: tristeza,
incredulidad, aturdimiento, pesadumbre, desconsuelo, impotencia, futilidad, vacío interior,
angustia, desesperación, indignación, quebranto emocional...(13)
Debemos resaltar que estamos refiriéndonos a proceso psicológicos habituales, que
ocurren como forma natural, como una respuesta al strés, y que no se consideran como
patológicos. Freud (2) era tajante en este tema: "jamás se nos ocurra considerar el duelo como
un estado patológico y someter al sujeto a un tratamiento médico..." "...desaparecerá por sí
solo y juzgaremos inadecuado e incluso perjudicial perturbarlo".
Consideraremos, pues, que tras la pérdida, el duelo va ejerciendo un "trabajo" que el
mismo Freud (2) describía de la siguiente manera: "el examen de la realidad ha mostrado que el
objeto amado no existe ya y demanda que la líbido abandone todas sus ligaduras con el mismo.
Contra esta demanda surge una oposición naturalísima... que puede ser tan intensa que surja
un apartamiento de la realidad...". Esto nos habla de la ambivalencia existente que va a
dificultar en mayor o menor medida el proceso de adaptación a la nueva realidad (sin la persona
amada).
Además en este proceso de lucha (12) (recordemos que otra acepción de duelo es del
latín duellum = lucha) entran en juego sentimientos de culpa (4) en el caso de que la
conciencia (lealtades, relación previa...) considere excesivo este proceso. La culpabilidad será,
en lo sucesivo, lo que dificulte la incorporación del doliente a las tareas normales de su vida y es
el punto crucial que debemos tener en cuenta a la hora de realizar cualquier intervención
psicoterapéutica.
El trabajo del duelo incluye tres fases (16) sucesivas, interrelacionadas de forma que
el fracaso en una afecta a la siguiente: 1) comprensión, aceptación y confrontación con la
pérdida y sus circunstancias. 2) el duelo propiamente dicho, que incluye una retirada de la
vinculación y una desvinculación con el objeto perdido (de-catectización) y 3) reasunción de la
vida emocional en armonía con la propia madurez, lo que implica el establecimiento de nuevas
relaciones (re-catectización).
Dese un punto de vista más práctico Bowlby (1), con su teoría del apego, describe
cuatro fases: 1) Fase de embotamiento de la sensibilidad (obnubilación con momentos de

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aflicción y cólera intensas y que dura horas o días) 2) Fase de anhelo y búsqueda de la figura
perdida (meses o años) 3) Fase de desorganización y desesperanza y 4) Fase de mayor o menor
grado de reorganización.
Cuando las cosas van sucediendo de la forma prevista el doliente pasa por lo que
podríamos llamar duelo normal. Se habla de duelo complicado cuando las variables
intervinientes dificultan algunas de las tareas o fases (13). Dentro de este tipo de duelos tenemos
el duelo patológico que supone una expresión clínica en forma de diagnóstico psicopatológico
claro: trastorno adaptativo, episodio depresivo mayor, depresión crónica, trastorno por
ansiedad, trastorno paranoide, etc....
Es de especial interés identificar los factores que predicen una mayor vulnerabilidad
(13) para padecer un duelo patológico, pudiendo relacionarse éstos con las siguientes variables:
- El sexo: mujer.
- La edad: edades medias.
- Las circunstancias de la muerte: las muertes súbitas o en situaciones dramáticas y dolorosas,
como mención especial las muertes por suicidio. Worden también destaca las muertes
perinatales o en la primera infancia, los abortos y las muertes por SIDA, como de especial
dificultad para la elaboración.
- El tipo de relación o vínculo con el fallecido, aspecto este en el que han insistido especialmente
los autores psicoanalistas; las muertes de padres o parejas, en relaciones muy dependientes o
ambivalentes. Algunos autores consideran la muerte de un hijo menor como el acontecimiento
estresante vital más importante.
- La existencia de antecedentes previos: psiquiátricos, situaciones de discapacidad física,
pérdidas no resueltas y rasgos de personalidad como tendencia a la baja autoestima,
hiperacusaciones y dificultad para expresar las emociones.
- Situaciones sociales de aislamiento, desempleo, bajo nivel socioeconómico, separación del
ambiente cultural o religioso, otras pérdidas recientes acumuladas y la convivencia en
ambientes sobreprotectores donde se tiende a evitar las situaciones de dolor.

Algunas características de la terapia sistémica estratégica

"(...) Y entonces cuanto hace falta es tratar
de hacer algo que induzca un cambio en el paciente;
un cambio pequeño cualquiera. Porque el paciente
desea un cambio, por pequeño que sea, y lo
aceptará como un cambio (...) y entonces se plegará
a ese cambio, y ese cambio se desarrollará con
arreglo a las necesidades de él. Se parece a arrojar
una bola de nieve por la ladera de una montaña. Al
comienzo es una pequeña bola de nieve, pero como
va rodando, se hace más y más grande (...) y
termina por producir una avalancha que se pliega a

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la forma de la montaña". Milton H. Erickson (citado
por Haley), 1977. (8)

Por pensamiento estratégico entendemos no una escuela filosófica específica, sino un
enfoque del pensamiento basado en una irreductible elasticidad que niega cualquier forma de
absoluto o de verdad indiscutible y que, partiendo de aquí se preocupa por el funcionamiento de
las cosas con una actitud desengañada y pragmática. Esto ha dado nacimiento al movimiento
llamado constructivismo (Watzlawick) (15).
Según Haley (5) (influenciado, sin duda, por el pensamiento de Milton Erickson) la
terapia puede denominarse estratégica si el clínico inicia lo que sucede en ella y diseña un
enfoque particular para cada problema. El terapeuta debe identificar los problemas resolubles,
establecer metas, examinar las respuestas que recibe para corregir su enfoque y, en última
instancia, examinar el resultado de la terapia, a fin de ver si ha sido eficaz. El terapeuta debe ser
agudamente sensible y receptivo al paciente y a su campo social, pero él mismo tiene que
determinar su modo de proceder.
La terapia apunta hacia todos o algunos de los objetivos siguientes:
a) Modificar los marcos de creencias o constructos del paciente (individuo o familia)
que se pueden considerar relacionados con el modo en que se perciben, encaran y
mantienen las dificultades.
b) Modificar las sentencias repetitivas que rodean el problema, derivadas de aquellos
marcos.
c) Modificar las posiciones y los enfoques del terapeuta que se vuelvan partes de un
patrón que se autorrefuerza entre el terapeuta y el paciente.
d) Modificar la relación del paciente (y quizá del terapeuta) con los sistemas globales
de la familia, vecindario o la profesión (6).
En general sostenemos que el cambio (5) se puede lograr con más facilidad si su meta es
razonablemente pequeña y está claramente enunciada. En cuanto el paciente ha experimentado
un cambio pequeño pero definido en la naturaleza aparentemente monolítica del problema que
es más real para él, esa experiencia conduce a más cambios autoinducidos en ese ámbito de su
vida, y a menudo también en otros. Es decir se inician círculos benéficos. Esto lo veremos
claramente en el caso que expondremos más tarde.
El padre de la teoría de la comunicación, Gregory Bateson (8), ya hacía referencia a la
importancia de estar atento a los cambios: "como terapeutas tenemos un deber muy claro.
Primero, conseguir claridad en nosotros mismos, y buscar luego cualquier señal de claridad en
los demás y apoyarles y reforzarles en todo lo que haya de sano en ellos (5)."
Dentro de los recursos técnicos empleados bajo esta óptica tenemos el uso de las
metáforas (5). Una metáfora es una formulación acerca de una cosa que se parece a otra; es la
relación de analogía entre una cosa y otra. Si decimos que en tu corazón caben muchos
sentimientos estamos utilizando la analogía del corazón como continente de funciones
cerebrales que tradicionalmente se habían localizado en este órgano, además proponemos una
intervención favoreciendo la autoestima y justificamos la coexistencia de múltiples facetas
personales vitales. Esto funciona como una redefinición que se dirige a cambiar los

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significados emergentes del sistema de creencias que surgen del mapa mental de la persona
(Watzlawick) (15).

Descripción del caso
Presentamos el caso de una señora (María) que seis años atrás había perdido a su única
hija, la cual representaba prácticamente el eslabón o charnela que mantenía una relación
matrimonial ciertamente disfuncional. De muy joven (16 años) había conocido a su novio cuatro
años mayor que ella, casándose tras once años de relaciones que ella recuerda como muy
problemáticos. El parece que era un hombre más bien de poco carácter y ella con mucho más
temperamento y algunos rasgos de la estirpe obsesiva (orden, limpieza, escrupulosidad...). El, en
principio, tenía problemas con la bebida aunque luego lo abandona ante la insistencia de ella.
Ahondando en su genograma aparecen ambos como pertenecientes a dos respectivas familias en
fusión.
María tiene una niña cuando contaba con 29 años. Debido a las necesidades propias de
la casa ella en todo momento se muestra activa hasta el punto de trabajar en el campo (donde
también trabajaba el marido). Posiblemente empieza a desarrollar ciertos sentimientos de culpa
que le llevan a desarrollar una actitud sobreprotectora hacia su hija, la cual llega a límites
insospechados cuando aquella empieza a mostrar síntomas de hipoacusia grave y de
hiperactividad.
Es entonces cuando acude por primera vez a un servicio de psiquiatría. Su médico de
familia le aprecia "síndrome depresivo reactivo a estrés familiar". Efectivamente ella reconoce
tener sentimientos de culpa hacia su hija por no poderla cuidar mejor, pretende ayudarla en
todo y le proporciona todo tipo de cuidados, además le es muy difícil ponerle límites en las
normas de la casa. Esto choca con la actitud del marido que, aunque igualmente preocupado
por la niña, es partidario de cierta actitud de "mano dura".
Ella y el marido aceptan el encuadre de terapia de pareja y se someten a dos sesiones
que, en apariencia al menos, parecen ser efectivas. Se les hacen varios señalamientos a cerca de
sus diferencias y se les dan algunas tareas estructurales al estilo de "se pondrán de acuerdo en
la hora de acostar a la niña..." "traigan una característica o detalle positivo el uno del otro...)".
El objetivo era fortalecer el subsistema ejecutivo (paternal) y reforzar el contrato matrimonial.
No sabemos si fue una huida hacia la curación o no, pero lo cierto es que acudieron a la segunda
sesión muy contentos con los adelantos conseguidos, la niña parecía aceptar normas y los
sentimientos de complicidad entre ambos no permitían pensar en otra cosa que en la resolución
del caso, por lo que aceptaron de buen agrado el alta de las consultas.
Transcurren otros cuatro años en los que María no tiene necesidad de acudir a servicios
médicos ni psicológicos. Ella sigue trabajando en el campo y acude de nuevo a Salud Mental por
síntomas depresivos tras haber sufrido un accidente en el trabajo. Una caída en la que se
fracturó la pelvis. No tolera bien el tiempo de rehabilitación y se siente inútil e incapaz de llevar
sus actividades. Para colmo de males no parece quedar bien del todo pero le dan el alta
traumatológica, empieza a trabajar y vuelve a tener otra caída en la que, esta vez, se fractura la
muñeca. Ahora la reacción depresiva es más intensa y con tintes de lucha ganancial contra el
sistema de salud ("es una injusticia que con la fractura de muñeca me manden a trabajar...").
A la siguiente cita ya todo lo anterior no cuenta y nos relata con todo lujo de detalles
cómo la hija ha sido diagnosticada de un tumor cerebral inoperable y cómo está teniendo
sentimientos de culpa por no poder disimular sus emociones delante de ella. Nos pide un

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tratamiento que la "anestesie" pues no puede aguantar la angustia interior que siente ante tal
desgracia (situación de pre-duelo).
Es posible que en la gran mayoría de los casos el dolor por la enfermedad de un
miembro familiar produzca un acercamiento entre los miembros; pero en este caso lejos de
producir este efecto hizo que la pareja se fuera distanciando cada vez más. Tenían diferencias
en si deberían llevar a la niña a un médico u otro, si habría que llevarla al colegio.... Todo era un
puro desacuerdo. El marido recurrió a "refugiarse" en su familia de origen. Se fue hacia allí o
María le empujó. En alguna ocasión la madre del marido llegó a increparla por la calle
acusándola de que estaba inventándose la enfermedad de la hija, para poderla cuidar. El
distanciamiento era enorme y la "guerra" era ya "universal".
Antes de transcurrir un año María solicitó el divorcio, desde luego no de mutuo acuerdo
sino con la acusación de malos tratos de él hacia ella. Al ex-marido lo condenaron a dos años de
prisión.
María, a estas alturas, ha hecho del cuidado de su hija el centro único donde gravita toda
su vida. Acumula un sufrimiento tal que hace prever un futuro sombrío (duelo complicado).
La hija muere unos meses después en los brazos de María, que a estas alturas
permanecía a su lado en todo momento, aunque aquella en los últimos momentos estaba en
coma profundo. Empieza a expresar todo lo reprimido hasta entonces ("yo tenía que reír
delante de mi niña..."). Además había manifestado "quiero irme detrás de mi hija...", lo que
hacía pensar en el vacío en que iba a quedarse tras la desaparición de la hija.
Comienza un proceso de duelo patológico que duraría cerca de seis años y durante los
cuales manifestaba síntomas depresivos graves, con intenso negativismo activo y pasivo, tanto a
comer como a realizar la más elemental actividad (la obligan a comer) . Se pasa todo el día
llorando, la mayor parte en el cementerio donde dice que ella va para hablar con su hija.
Muestra desacuerdo ante cualquier intento de estimulación o ayuda, en una actitud pasivoagresiva ("nadie puede comprender lo que yo siento..."). Intenta mantener todo en la misma
situación anterior al fallecimiento, deja la habitación de la hija tal como estaba, en un intento
vano de impedir el paso del tiempo.
Los síntomas depresivos se acompañaban de angustia intensa, que justificaba
tratamiento sintomático, aunque ella nunca estaba conforme y quería cada vez más. A duras
penas manteníamos unas dosis razonables. En múltiples ocasiones pedía "mándeme
tratamiento fuerte para no despertar más". Las reacciones contra su entorno eran de gran
irritabilidad, en alguna ocasión hubo alguna reacción contratransferencial que hizo peligrar la
relación terapéutica. En alguna ocasión llegó a responder con gran enfado ante la imposibilidad
de poder ser atendida telefónicamente ("no tenéis corazón... sois todos unos sinvergüenzas...").
A pesar de todo seguía acudiendo a la consulta (desplazamiento desde otra localidad a 50 Km.),
lo que daba idea de la buena alianza terapéutica.
El dolor y la pena que llegaba a expresar María la llevó a aislarse cada vez más, quizá en
la propia tendencia de apropiación del duelo. No comprendía cómo la gente podía estar contenta
pero tampoco admitía que alguien tuviera pena mayor que la suya. En una ocasión coincidió en
el cementerio con su ex marido ocasionando gran discusión y griterío, hasta el punto de tener
que intervenir la policía. El resultado fue que el juez impuso a ambos horarios de visitas a la
tumba (sic.).
Nuestro objetivo era la de favorecer catarsis emocional como forma de acogimiento
comprensivo de "su" pena, acompañado de algún señalamiento del estilo "tu hija murió y tú lo

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estás haciendo a tu manera..." y, sobre todo, llevándola a ideas desculpabilizadoras: "no pudiste
hacer más por ella". También se intentaba hacerle pensar en planes de futuro pero la empresa
se presentaba enormemente complicada pues tropezaba con sus propios sentimientos de culpa.
Los sentimientos de culpabilidad los expresaba en cada momento de su vida en que
habitualmente uno puede sentir emociones placenteras ("¿cómo voy yo a ducharme si mi hija
está muerta?" "¿cómo voy yo a comer...?"). Observando estas tendencias libidinosas es como
pudimos elaborar la intervención estratégica que pasaremos a describir más adelante.
A pesar de todo María parecía seguir algunas de nuestras indicaciones, como la de
asistir a una asociación de padres que habían perdido hijos. Hizo también el esfuerzo aunque al
final abandonó las reuniones que le proponían. Es posible que no obtuviera la comprensión que
ella esperaba o quizá le exigieran algún tipo de cambio que no estuviera dispuesta a realizar.
Dos años después de la muerte de la hija, el estado físico llegó a empeorar hasta
extremos insospechados... La delgadez era tal que el médico de familia le prescribía complejos
vitamínicos y la amenazaba con meterla en un hospital y alimentarla forzosamente. Por
supuesto ella no se inmutaba lo más mínimo ante este tipo de amenazas hechas con intención
estimuladora al cambio. Un año después presenta amenorrea y ciertos síntomas corporales
(acaloramiento) que nos hacen pensar seriamente en la posibilidad de menopausia.
En cierta ocasión nos pide permiso para hacer posible su estancia en la casa de una
conocida suya, cuya madre sufría enfermedad de Alzheimer, a la manera de cuidadora. Ella era
pensionista por enfermedad (depresiva) y temía que algún inspector la denunciara y le quitara la
pensión. Era más la insistencia de esta conocida que el propio interés la que determinaba esta
posibilidad de "trabajo". Ella decía que sólo se le exigiría que estuviera al lado de la anciana y no
hacer nada más ("Total para no hacer nada lo mismo me da estar en mi casa que en la casa de
mi amiga..."). Insistimos en que probara y que en caso de problemas siempre saldríamos en su
defensa, aduciendo donde fuera preciso que lo hacía como indicación terapéutica por nuestra
parte. Esta aseveración dio gran seguridad a María y nos hizo posicionarnos un poco más en la
relación terapéutica, en el camino de las actitudes por lo menos un poco más saludables, y con
cierto atisbo de propuesta de futuro.
Transcurridos cinco años de duelo parece haber cierto cambio pequeño en María. En el
mérito de ella queda el esfuerzo que hizo por seguir la actividad en esta casa ("Iba a casa de mi
amiga pero a veces no tenia fuerzas y me caía por el camino"). Los sentimientos de culpa
seguían siendo intensos ("¿Cómo voy a estar 5 horas sin pensar en mi hija..." "¿Cómo voy a
disfrutar viendo donde está mi hija...?").
Las cosas que tiene la naturaleza que (sin poder controlar todo lo que ocurre) a veces
pone en el camino soluciones no pensadas que hacen o pueden hacer cambiar la evolución de
los casos más enquistados como éste que presentamos. A la casa donde María viene de visita un
sobrino de la señora (cinco años más joven) y empieza a querer salir con ella. Aunque le expone
su situación y trata de apartarlo, aquel sigue insistiendo y consigue estar cada vez más cercano a
ella.
Se presenta a la consulta acompañada de este hombre pero entra ella sola. Se aprecia
mejor estado en todos los sentidos pero nos pide nuestra opinión con respecto a la relación aún
floreciente. En este momento caímos en la cuenta de la gran tendencia auto-culpabilizadora que
en María podía dar al traste con los cambios (placenteros) que se avecinaban y pasamos a hacer
una prescripción estratégica:

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-"Tienes un gran corazón (lo dibujamos en un hojilla) en cuyo interior caben muchas
cosas = hija+familia+trabajo+viajes. No es necesario eliminar ninguna de ellas, todas pueden
tener su sitio dentro"
Dicha intervención era confirmativa de la tendencia natural que la paciente estaba
manifestando en esos momentos, pero también destinaba a su propia autoestima las
potencialidades que ella estaba desarrollando y que corrían el riesgo de retroceder ante los
sentimientos de culpa latentes. Se trataba, pues, de equilibrar las necesidades emocionales del
pasado frente a proyectos de futuro sin ponerlas a luchar sino, más bien, haciéndolas coexistir.
Aunque dudábamos de que la prescripción hubiera tenido efecto, nuestra sorpresa fue
mayúscula cuando comprobamos en la sesión siguiente que la paciente estaba más animada que
nunca. Tenía un aspecto radiante y alegre, mientras contaba los muchos cambios acaecidos en
su vida: vivía con el novio, habían hecho una fiesta para comunicarlo a ambas familias (nos
enseña las fotos), nos pedía que le bajara la medicación todo lo más posible y comunicaba su
intención de poder tener hijos.
Lo más sorprendente fue realmente lo que manifestaba a cerca de la prescripción: "la
hojita con el corazoncito la tengo guardada y la voy a tener que poner en un marquito, he
hecho todo lo que allí pone, hasta he ido de viaje con mi novio..."
No queremos presumir que los cambios producidos en María tuvieran que ver
directamente con la prescripción, ya que la naturaleza (el destino, la suerte, lo que se quiera) ha
hecho su efecto, pero es posible que nuestra intervención haya "fijado" tendencias que ya la
estaban haciendo progresar hacia la normalización de su vida, por lo que podríamos llegar a la
conclusión de que: "Hay que estar en el sitio adecuado en el momento adecuado"

Discusión
En el nivel que se desarrolla en la actualidad la sanidad pública y debido, entre otras
cosas, a la gran demanda social ante las situaciones que suponen sufrimiento humano,
consideramos algo ciertamente peligroso psiquiatrizar ese sufrimiento en su totalidad. Los
duelos, en su gran mayoría, deben resolverse sin intervención sanitaria alguna; otra parte deben
ser abordados por los médicos de familia (de aquí el moderno trabajo por procesos en Atención
Primaria) y sólo una pequeña parte deben ser derivados a Atención Especializada. Aún así
podemos discutir si deben permanecer o no casos como el expuesto, que durante seis años se ha
mantenido en las consultas sin resultado positivo aparente, con el gasto que ello supone.
Igualmente cabe preguntarse (como en cualquier psicoterapia) ¿cuál habría sido la evolución
espontánea?

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Guillén E. Psiquiatria.com. 2011; 15:4.
http://hdl.handle.net/10401/2912

Referencias
1)

Bowlby, J. "La pérdida afectiva". Ed. Paidós. 1993. Barcelona

2)

Freud, S. "Duelo y melancolía" En Obras completas. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid.

3)

Gamo Medina, E. et al. "Problemática del duelo en la asistencia pública de salud mental. En Rev. Psiquiatría Pública
vol. 12.

4)

Grinberg, L. "Culpa y depresión". En Estudio Psicoanalítico. Ed. Alianza Editorial Textos. 1994. Madrid.

5)

Haley, J. "Terapia para resolver problemas". Ed. Amorrortu. 1976. Buenos Aires.

6)

Madanes, C. "Terapia familiar estratégica" Ed. Amorrortu. 1989. Buenos Aires.

7)

Nardone, G. "Problem solving estratégico". Ed. Herder. 2010. Barcelona.

8)

O´Hanlon, W.H. "Raices profundas". Ed. Paidós Terapia Familiar. 1995. Barcelona.

9)

O´Hanlon, W.H., Cadê, B. "Guia breve de la terapia breve". Ed. Paidós Terapia Familiar. 1993. Barcelona.

10) O´Hanlon, W.H., Weiner-Davis, M. "En busca de soluciones". Ed. Paidós. 1989. Barcelona.
11) Ortega Beviá, F. "Psicoterapia. Teoría y práctica". Ed. Universidad de Sevilla. 2008.
12) Pino Montesinos, J.I. del, Pérez García, J. Ortega Beviá, F. "Resolución de los duelos complicados desde la óptica
sistémica". Ref.: : www.dip-alicante.es/hipokrates/hipokrates_I/pdf/ESP/434e.pdf
13) Tizón, J.L. "Pérdida, pena, duelo". Ed. Paidós. 2004. Barcelona.
14) Watzlawick, P. Ceberio, M.R. "La construcción del Universo". Ed. Herder. 1998. Barcelona.
15) Watzlawick, P., Nardone, G. "El arte del cambio". Ed. Herder. 1992. Barcelona.
16) Worden, J.W. "El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia". Ed. Paidós. 1993. Barcelona.

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Guillén E. Psiquiatria.com. 2011; 15:4.
http://hdl.handle.net/10401/2912

Cite este artículo de la siguiente forma (estilo de Vancouver):
Guillén E, Vaquero P, Aguilar P, Guillén M, Gómez-Feria I. Intervención estratégica en duelo
patológico. A propósito de un caso. Psiquiatria.com [Internet]. 2011 [citado 30 Mar 2011];15:4.
Disponible en: http://hdl.handle.net/10401/2912

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