En el proceso del tratamiento psicoanalítico de los pacientes graves, en especial de los psicóticos, se pretende inducir una regresión que permita un mejor cuidado del paciente (Guimón, 1985) para actuar luego, a través de la interacción, permitiendo la reestructuración de su personalidad. Pero es sabido que, en esa interacción, la transferencia psicótica, por el interjuego de identificaciones proyectivas, produce en el terapeuta una contratransferencia bastante independiente de su personalidad propia.