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Última actualización web: 26/05/2022

Estudio de la proporción de jugadores patológicos en un grupo de menores, mediante el South Oaks Gambling Screen. El problema de los falsos positivos.

Autor/autores: çj. Castro Rodríguez
Fecha Publicación: 01/03/1999
√Ārea tem√°tica: Trastornos de la Personalidad .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

Los estudios realizados sobre la incidencia del juego patológico entre los adolescentes indican que la prevalencia de este problema es entre 3-4 veces superior a la existente entre la población adulta. Identificamos mediante el cuestionarios SOGS (Lesieur y Blume, 1987) casos de jugadores patológicos y de riesgo en un grupo de 153 adolescentes de edades inferiores a los 18 años, encontrando que un 2,6% de la muestra es clasificado por este instrumento como posibles jugadores patológicos. Con la intención de realizar un análisis cualitativo de las puntuaciones obtenidas en el SOGS (Lesieur y Blume, 1987), se comparan los resultados en el cuestionario de las personas clasificadas como jugadores patológicos en el grupo de menores, con los de personas que acuden buscando ayuda para superar su problema con el juego. Encontramos que las personas clasificadas como jugadores patológicos en el grupo de menores obtienen puntuaciones muy inferiores a las del grupo de jugadores patológicos en rehabilitación. Llegamos a la conclusión de que efectivamente en las edades inferiores a los 18 años la tasa de incidencia del juego patológico es muy alta si se utiliza el SOGS (Lesieur y Blume 1987), pero se hace necesaria una adaptación de este cuestionario a la realidad socioeconómica de estas edades, ya que este factor puede estar incrementando las tasas de prevalencia de este problema en este tipo de población.

Palabras clave: Juego patológico; Adolescentes; SOGS; Incidencia.

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REVISTA ELECTR√ďNICA DE PSICOLOG√ćA
Vol. 3, No. 1, Enero 1999
ISSN 1137-8492

Estudio de la proporción de jugadores patológicos en un
grupo de menores, mediante el South Oaks Gambling Screen.
El problema de los falsos positivos.
J. Castro Rodríguez
A.CA.JU.RE. (Asociación Canaria de Jugadores Rehabilitados).
Correspondencia:
Jes√ļs Castro Rodr√≠guez
E-mail: mayjo@correo.cop.es

ORIGINALES
[Resumen] [Abstract]
1. Introducción.
2. Método.
3. Sujetos.
4. Resultados.
5. Discusión.
6. Conclusiones.

1. Introducción

Hasta 1975 no se empieza a estudiar la Ludopatía como enfermedad, y en 1979, Morán
la define como Juego Patológico. Su reconocimiento oficial se produce en 1980, cuando
la Asociación de Psiquiatría Americana, en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales (DSM) lo incluye en una de sus categorías (APA, 1980).
La consideración de cuando se padece un problema de juego patológico se basa en una
serie de criterios psiquiátricos diagnósticos, que han evolucionado con el tiempo. El
DSM-III (APA, 1984) sit√ļa este problema en el apartado de trastornos del control de
impulsos no clasificados en otros apartados, junto con problemas como la cleptomanía,
el trastorno explosivo intermitente, la piromanía, y la tricotilomanía.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) coincide prácticamente en su totalidad en
cuanto a los criterios para considerar que existe un problema de juego patológico, en lo
referido a la Clasificación Internacional de las Enfermedades Mentales (CIE 10) (OMS,
1992).
EEUU es el país donde más y mejores estudios epidemiológicos sobre el tema se han
realizado. Los resultados obtenidos en estados como California o Maryland arrojan tasas
de 1-2 por 100 de jugadores patológicos dentro de la población normal (Labrador y
Beco√Īa, 1994). El instrumento generalmente utilizado en estos estudios es el
cuestionario "South Oaks Gambling Screen" (SOGS) desarrollado por Lesieur y Blume
en 1987 (Lesieur, y Blume, 1987), basado en los criterios del Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación de Psicólogos Americanos
(DSM-IIIR).
Algunos estudios sobre la incidencia del juego patol√≥gico en Espa√Īa, como en Catalu√Īa
(Cayuela, 1990) utilizando una traducci√≥n del SOGS, en Galicia realizado por Beco√Īa
(1991, 1993) mediante una entrevista realizada ex profeso y administrada a una muestra
representativa, y el realizado por Legarda, Bobio, y Abreu (1992) en la ciudad de Sevilla

mediante una adaptación del SOGS, arrojan unos índices de prevalencia situados en 1-2
% de la población como posibles jugadores patológicos, y un 2.5 % de jugadores
problemático (no son patológicos pero el juego empieza a crearles problemas).
Seg√ļn apuntan Labrador y Beco√Īa (1994) los datos referidos a prevalencia del juego
patol√≥gico en los adultos son realmente preocupantes, pero "m√°s preocupantes a√ļn son
la alta incidencia (desproporcionada) de este problema en los más jóvenes (edades entre
18 y 30 a√Īos). Es l√≥gico suponer que las personas no se convierten en jugadores
patológicos de forma instantánea, por lo que ha surgido la sospecha de que en edades
inferiores a los 18 a√Īos puede ser tambi√©n importante la incidencia y prevalencia del
problema" (p. 508).
En un estudio realizado en EEUU de Lesieur, Cross, Frank, Welch, White, Rubenstein,
Moseley y Mark (1991) mediante el SOGS (Lesieur, y Blume, 1987), estudiaron, en
cinco estados de los EEUU a 1771 estudiantes de ense√Īanza secundaria o universitaria,
con una media de 22 a√Īos, siendo 16 a√Īos la edad inferior. Las tasa de prevalencia de
jugadores patológicos encontradas en este estudio oscilaban entre el 4% y el 8%, y entre
el 11% y el 15% de jugadores con problemas leves de juego o jugadores de riesgo.
La comisión de Abuso de Alcohol y Drogas de Alberta (Canadá) realizó en 1996 un
estudio a gran escala basado también en el SOGS (Lesieur, y Blume, 1987), que
arrojaba unos resultados similares: en una muestra de 972 sujetos, con edades
comprendidas entre los 12 y los 17 a√Īos, encontraron que el 33% eran no jugadores, el
44 % eran jugadores sin problemas, el 15 % eran jugadores de riesgo y el 8 % eran
posibles jugadores patológicos.
En Espa√Īa, Arbinaga (1996) en la ciudad de Huelva encuentra en una muestra de 105
sujetos menores de 18 a√Īos, que el 2,86% son clasificados por el SOGS como posibles
jugadores patológicos. Sin embargo, Villa, A., y Vázquez, F. (1997) en la ciudad de
Gijón, encuentran que el 1, 6% de una muestra de 2.185 estudiantes, son clasificados
como probables jugadores patológicos utilizando el cuestionario DSM-IVJ de Fisher.
Las edades de la muestra en este estudio estaban comprendidas entre los 11 y los 18
a√Īos.
A pesar de todos los datos que aportan los estudios epidemiológicos, autores como
Dickerson (1993) y Cullenton (1989) ponen en duda los resultados de estas
investigaciones, ya que consideran que el SOGS (Lesieur, y Blume, 1987) no es
adecuado para establecer la prevalencia en población general, ya que incrementa el
n√ļmero de falsos positivos.

2. Método
Procedimiento
Se administró el cuestionario SOGS de forma colectiva a la muestra de menores,
indicándoles la importancia que para nosotros tenía la correcta cumplimentación del
cuestionario, y la necesidad de que cada uno contestara el suyo sin intervenir en el de los
dem√°s compa√Īeros. Se aclar√≥ en referencia al SOGS, que siempre que se hace referencia
en él al juego, este es siempre con o por dinero, es decir, apostando.
Los resultados de los jugadores en tratamiento proceden de la administración individual
del cuestionario, a personas pertenecientes a una asociación de jugadores rehabilitados
(A.CA.JU.RE, Asociación Canaria de Jugadores Rehabilitados).

Instrumentos
Se empleó el cuestionario SOGS (Lesieur, y Blume, 1987), el que, por otra parte es el
m√°s com√ļnmente empleado en toda la bibliograf√≠a consultada.
Este cuestionario consta de 20 ítems que se adaptan la criterio del DSM-III-R (APA,
1987). La versi√≥n espa√Īola ha sido traducida y adaptada por Echebur√ļa y B√°ez en 1990,
y fue esta adaptación la utilizada en nuestro trabajo.
El cuestionario y la forma de corrección se pueden ver en el Anexo 1 y 2.
El cuestionario arroja una puntuaci√≥n final que sit√ļa a cada sujeto en uno de los tres
grupos finales establecidos mediante una serie de puntos de corte.
Seg√ļn estos puntos de corte, las personas que punt√ļan en el SOGS entre 0 y 2, ambos
inclusive, no tendr√≠an ning√ļn problema con el juego, y por lo tanto, en caso de jugar, su
conducta es normal y no les causa ning√ļn problema.
Las personas que punt√ļan entre 3 y 4, ambos inclusive, tendr√≠an problemas leves con el
juego, es decir, estas personas todavía no son jugadores patológicos pero comienzan a
tener problemas con el juego, referidos a sentimientos de culpabilidad, jugar mas de los
que quer√≠an, o peque√Īas deudas de juego.
En cuanto al tercer punto de corte, se refiere a las personas que punt√ļan 5 o m√°s, y se
considera que son probablemente jugadores patológicos con todo lo que ello conlleva.

3. Sujetos
El grupo consta de 153 alumnos de Tercero de BUP y COU del Instituto de Bachillerato
Canarias Cabrera Pinto, de la ciudad de La Laguna, en la provincia de Santa Cruz de
Tenerife.
Como se puede ver en la Tabla 1, el 98% de las edades se sit√ļan en el rango
comprendido entre los 16 y los 17 a√Īos, siendo la edad m√°s frecuente los 17 a√Īos.
Tabla 1 - Distribución del grupo, por edades
EDAD

N

%

%
ACUMULADO

15

3

2

2

16

73

47.7

49.7

17

77

50.3

100

TOTAL

153

100

En la Tabla 2, se observa que las chicas suponen el 60.8% del grupo.
Tabla 2 - Distribución de la muestra, por género
%

SEXO

N

%

ACUMULADO

MUJER

93

60.8

60.8

HOMBRE

60

39.2

100

TOTAL

153

100

4. Resultados
Como puede verse en la Tabla 3, encontramos que el 72.5% (n=111) del grupo no ha
jugado nunca con dinero, un 14.4% (n=22) juega con dinero aunque no tienen
problemas con el juego, el 5.3% (n=8) son jugadores de riesgo, y el 2.6% (n=4) son
clasificados por el SOGS como posibles jugadores patológicos. El 5.2% (n=8) restante
son cuestionarios no v√°lidos. Para este grupo, encontramos, por tanto, que un 7.9% de
los chicos tienen problemas respecto al juego.
Tabla 3 - Proporción de personas incluidas en cada
punto de corte del SOGS
MENORES DE 18 A√ĎOS
N

%

JUGADORES
SIN
PROBLEMAS

22

14.4 %

JUGADORES
DE RIESGO

8

5.3 %

POSIBLES
JUGADORES
PATOL√ďGICOS

4

2.6 %

TOTAL DE
POSIBLES
JUGADORES
CON
PROBLEMAS

12

7.9 %

Cuando se comparan las puntuaciones obtenidas en el cuestionario SOGS (Lesieur, y
Blume, 1987) de los chicos clasificados por este instrumento como jugadores
patológicos, con las puntuaciones obtenidas por jugadores patológicos en tratamiento
por este problema, se observa que las puntuaciones de estos √ļltimos son muy superiores
(Tabla 4)
Tabla 4 - Puntuaciones en el SOGS de las personas
identificadas como probables jugadores patológicos en
nuestro trabajo, y de un grupo de jugadores
patológicos en tratamiento
Muestra del estudio
N

Puntuación

Muestra de consulta
N

Puntuación

SOGS

SOGS

1

5

2

14

2

6

1

15

1

8

2

16

5. Discusión
Antes de llegar a conclusiones definitivas respecto a la proporción de jugadores
patológicos existentes en estas edades, creemos que hay que tener en cuenta críticas al
SOGS (Lesieur, y Blume, 1987) de autores como Culleton (1989) y Dickerson (1993).
Estos autores se√Īalan que este instrumento falla en explicar el incremento en falsos
positivos cuando se usa con una muestra de la población general como opuesto a los
grupos de validación originales.
A la vista de los resultados de nuestro estudio, creemos que este instrumento sobrestima
la proporción del problema en población normal. En el caso de realizarse el estudio en
población adolescente, esta sobreestimación se incrementa, ya que a estas edades no se
tienen ingresos propios y casi siempre juegan con dinero de sus padres, de sus
familiares, de amigos o de la pareja, con lo cual la puntuación global en el test se verá
incrementada independientemente de si existe percepción del control del impulso de
jugar o no.
Si comparamos las puntuaciones en el SOGS de los sujetos identificados como posibles
jugadores patológicos en nuestro grupo, y las de cinco personas ya identificados como
jugadores patológicos (datos recogidos en consulta), comprobaremos la diferencia
cuantitativa de un grupo a otro (Tabla 4).
Como se puede ver, parece arriesgado catalogar de jugador patológico a alguien que
obtiene puntuaciones tan alejadas del grupo criterio, aunque dado el numero de personas
que lo forman, s√≥lo es posible se√Īalar lo observado, sin poder llegar a conclusiones
categóricas. Además, sólo en el caso del chico que puntuó 8 en el cuestionario, se
encontró una respuesta afirmativa respecto a si consideraba que había tenido o tiene
actualmente problemas de juego, contestando en este caso, que con anterioridad sí había
tenido problemas para controlar su impulso de jugar.
Un chico entrará en el grupo de jugadores patológicos, habiendo jugado alguna vez más
dinero del que tenia pensado, habiendo sido criticado en alguna ocasión por jugar,
habiéndose sentido culpable por jugar y contestando afirmativamente a si obtiene el
dinero de casa y de los familiares. En este caso de ejemplo, es muy probable que la
√ļnica posibilidad de conseguir dinero para cualquier cosa, sea el pedirlo a padres o
familiares, el jugar m√°s de lo que se tiene pensado es algo que ocurre posiblemente a la
mayoría de las personas que juegan (así como comer más de lo que se tenía pensado en
la mayoría de las personas y en ocasiones...), y la crítica de los demás hacia una
conducta propia es algo a lo que nadie es ajeno. Es importante tener en cuenta que
solamente contestando afirmativamente a tres de las preguntas referidas a la procedencia
de dinero para juego, el muchacho ya entra en el grupo de jugadores de riesgo.

6. Conclusiones
A la luz de los resultados expuestos, y siendo conscientes del limitado alcance de

nuestro trabajo, llegamos a la conclusión de que efectivamente la incidencia del juego
patol√≥gico en edades inferiores a los 18 a√Īos es muy elevada si se considera que los
porcentajes en poblaci√≥n normal se sit√ļan entre el 1 y el 2 % (Cayuela, 1990; Beco√Īa,
1991, 1993; Legarda, Bobio, y Abreu, 1992)
La elevada proporción de jugadores problemáticos encontrada en nuestro trabajo, es
similar a la encontrada en el estudio de Arbinaga (1996), aunque creemos que puede ser
debida a problemas metodológicos del instrumento utilizado.
El estudio de la incidencia y prevalencia del juego patológico en población adolescente,
debe tener en cuenta la realidad socioeconómica de dicha población. Se deben adaptar
los instrumentos utilizados, ya que de lo contrario, es posible , que todo el cuadro que
define a un ludópata en muestras de jugadores patológicos identificados mediante
procedimientos similares al de nuestro estudio, sea com√ļn a alguien que no lo es
(Dickerson, 1993; Marlatt, 1979).

Referencias
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(3ª ed.). Washington, D. C.: American Psychiatric Association (trad. cast. en
Barcelona: Masson, 1984).
American Psychiatric Association. (1987). Diagnostic and Statistical Manual.
(3ª ed. rev.). Washington, D. C.: American Psychiatric Association (trad. cast.
en Barcelona: Masson, 1988).
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Londres.
Beco√Īa, E. (1993). El juego compulsivo en la comunidad Gallega. Santiago de
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Cayuela, R. (1990, Agosto). Characteristics and situation of gambling addiction
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Cullenton, R. P. (1989). The prevalence rates of pathological gambling: A look
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Dickerson, M. (1993). Aproximaciones alternativas a la medición de la
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Labrador, F.J., y Beco√Īa, E. (1994). Juego Patol√≥gico: aspectos
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Legarda, J. J., Babio, R., y Abreu, J. M. (1992). Prevalence estimates of
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Lesieur, H. R., y Blume, S. B. (1987). The South Oaks gambling Screen (The

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Lesieur, H. R., Cross, J., Frank, M., Welch, M., White, C. M., Rubenstein, G.,
Moseley, K., y Mark, M. (1991). Gambling and pathological gambling among
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Marlatt, G. A. (1979). Alcohol use and problem drinking: a cognitive
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Mor√°n, E. (1979). An Assessment of the report of the Royal commission on
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Villa, A., Beco√Īa, I. E, y Vazquez, F. L. (1997). Juego patol√≥gico con m√°quinas
tragaperras en una muestra de escolares en Gijón. Adicciones, 9, 195-208.

Referencia a este art√≠culo seg√ļn el estilo de la APA:
Castro Rodríguez, J. (1999). Estudio de la proporción de jugadores patológicos en un grupo de menores, mediante el
South Oaks Gambling Screen. El problema de los falsos positivos. Psicologia.COM [Online], 3 (1), 33 p√°rrafos.
Disponible en: http://www.psiquiatria.com/psicologia/vol3num1/art_3.htm [1 Febrero 1999]
NOTA: la fecha indicada entre corchetes será la del día que se haya visualizado este artículo.

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