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Última actualización web: 26/05/2022

Procesos cognitivos en el trastorno de ansiedad generalizada, según el paradigma del procesamiento de la información.

Autor/autores: S. Arcas Guijarro , A. Cano Vindel
Fecha Publicación: 01/03/1999
Área temática: Trastornos de ansiedad .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

Se revisan las aportaciones de diferentes modelos al explicar las manifestaciones de ansiedad normales (Rasgo General de Ansiedad -RGA- y Rasgos Específicos de Ansiedad -REA) y patológicas (el Trastorno de Ansiedad Generalizada, TAG). Se estudian algunos sesgos cognitivos (SC) específicos del TAG, del RGA y de los REA. Se observa que las distintas orientaciones en el estudio de la ansiedad (nosologías psiquiátricas, psicología de la emoción, modelo rasgo-estado, modelo interactivo, enfoque cognitivo) han evolucionado hacia una mayor consideración de los SC. Se concluye que existen distintos SC específicos para diferentes REA (normalidad), así como para diferentes trastornos de ansiedad (patología), encontrándose un fuerte paralelismo entre los SC característicos de algunos REA y los SC de algunos trastornos de ansiedad. Así, cabría señalar que niveles altos en el REA ante Situaciones de la Vida Cotidiana podría ser un factor de predisposición hacia el desarrollo de un TAG.

Palabras clave: Trastorno de Ansiedad Generalizada; Rasgo General de Ansiedad; Rasgo Específico de Ansiedad; Sesgo Cognitivo; Ansiedad en Situaciones de la Vida Cotidiana.

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REVISTA ELECTRÓNICA DE PSICOLOGÍA
Vol. 3, No. 1, Enero 1999
ISSN 1137-8492

Procesos cognitivos en el trastorno de ansiedad generalizada,
según el paradigma del procesamiento de la información.
S. Arcas Guijarro, A. Cano Vindel*
* Departamento de Psicología Básica II (Procesos Cognitivos).
Universidad Complutense de Madrid (España).
Correspondencia:
Antonio Cano Vindel.
Departamento de Psicología Básica II (Procesos Cognitivos).
Facultad de Psicología. Buzón 23.
Universidad Complutense de Madrid
28223 Madrid (España).
E-mail: canovindel@psi.ucm.es

ARTÍCULO
ESPECIAL
[Resumen] [Abstract]
1. Introducción.
2. Ansiedad y
procesamiento de la
información.
3. Sesgo atencional:
Teoría de la
Hipervigilancia de
Eysenck.
4. Sesgo de memoria.
5. Sesgo de
interpretación del
entorno: las
preocupaciones.
6. Conclusiones.

1. Introducción

La ansiedad ha sido estudiada como respuesta emocional y como rasgo de personalidad.
Como emoción, la ansiedad puede ser entendida como un conjunto de manifestaciones
experienciales, fisiológicas y expresivas, ante una situación o estimulo, que es evaluado
por el individuo como potencialmente amenazante, aunque objetivamente pueda no
resultar peligroso (Cano Vindel, 1989).
Hablamos de emociones para referirnos a ciertas reacciones que se vivencian como
una fuerte conmoción del estado de ánimo. Esta vivencia suele tener un marcado acento
placentero o displacentero y va acompañada por la percepción de cambios orgánicos, a
veces intensos. Al mismo tiempo, esta reacción puede reflejarse en expresiones faciales
características, así como en otras conductas motoras observables. Por lo general, las
emociones surgen como reacción a una situación concreta, aunque también puede
provocarlas información interna del propio individuo (Cano Vindel, 1997, p. 132).
Según el modelo de Lang (1968) las manifestaciones de ansiedad, de miedo, o de
cualquier otra emoción se pueden observar a tres niveles diferentes (experiencia,
cambios somáticos y conducta), pudiendo darse el caso de la falta de concordancia entre
las manifestaciones observadas en los tres canales de respuesta (cognitivo-subjetivo,
fisiológico y motor), por lo que cabe pensar que cada canal obedece a un sistema
conductual diferente. Nos encontraríamos así con tres sistemas de respuesta
parcialmente independientes (Lang, 1968).
Como rasgo de personalidad, la ansiedad se estudia a partir de las diferencias

individuales en la propensión a sentir o manifestar estados o reacciones de ansiedad.
Dicho estado se caracteriza por sentimientos de tensión, aprensión, inseguridad, así
como autovaloraciones negativas; asimismo, en el nivel fisiológico se observan distintas
alteraciones, que pueden reflejar distintos niveles de activación del S.N.A. y de la
tensión muscular; finalmente, se pueden observar distintos índices característicos de la
agitación motora, que interfieren en la conducta normal adaptada.
Para atender a esta doble vertiente (rasgo y emoción), desde la psicología de la
personalidad, ha surgido el modelo rasgo-estado. El rasgo de ansiedad se entiende
como una característica de personalidad o tendencia a reaccionar de forma ansiosa, con
independencia de la situación. En cambio, el estado de ansiedad es un concepto que se
refiere a una situación y un momento. Se trata de un estado emocional transitorio y
fluctuante, determinado por las circunstancias ambientales (Cattell, y Scheier, 1961).
Ambos conceptos (rasgo y estado) son interdependientes, pues las personas con un
elevado rasgo ansioso están más predispuestas al desarrollo de estados de ansiedad, al
interactuar con los estímulos ansiógenos del entorno.
Existen diferentes modelos rasgo-estado que han tratado de explicar las diferencias
interindividuales en las manifestaciones de ansiedad. Dentro de estos modelos cabe
diferenciar entre los modelos de corte fisiológico y los psicológicos. Las teorías
fisiológicas proveen una perspectiva unidimensional del rasgo y poseen una escasa
confirmación experimental. Las teorías psicológicas posibilitan explicaciones más
complejas y multidimensionales, poseen una mayor confirmación empírica y, a lo largo
de su desarrollo, han ido concediendo progresivamente un mayor peso a los factores
cognitivos en la determinación del rasgo.
Las teorías fisiológicas consideran que las diferencias en el rasgo de ansiedad están
afectadas por factores hereditarios. Las personas con un alto rasgo ansioso serían
genéticamente más sensibles a la información potencialmente amenazante del entorno,
experimentando con mucha más frecuencia estados de ansiedad. En este sentido,
Eysenck (1967) planteó el "Visceral Brain", compuesto por hipocampo, cíngulo,
amígdala, septum e hipotálamo, como el mecanismo fisiológico responsable de las
diferencias individuales en "neuroticismo". Para Gray (1982), la ansiedad se activaría a
través de un mecanismo mediacional denominado: sistema de inhibición
comportamental, regido por el septo hipocampal. El hipocampo, responsable de
comparar la información del input estimular con una expectativa creada específicamente
para la situación, con la que el sujeto interactúa, desencadenaría la ansiedad al percibir
una discrepancia entre la situación actual y su expectativa. Las diferencias, en cuanto al
rasgo de ansiedad, estarían provocadas por una mayor activación de este sistema de
inhibición comportamental ante los estímulos aversivos o novedosos.
Pero se ha podido comprobar experimentalmente que la aportación de los factores
genéticos en la determinación del rasgo de ansiedad es, en realidad, muy modesta
(Tongersen, 1983), a partir de las investigaciones llevadas a cabo con gemelos
homocigóticos y dicigóticos. Las teorías fisiológicas proveen una perspectiva
unidimensional del rasgo, altamente simplificada y no estudian los factores
medioambientales, que tienen un peso importante sobre las diferencias individuales en
ansiedad.
Las teorías de corte psicológico, sin embargo, han aportado explicaciones más
complejas, haciendo un especial hincapié en el aprendizaje y la determinación
medioambiental. Desde sus inicios, con Cattell, a su posterior desarrollo hacia el modelo
interactivo-multidimensional, han asumido progresivamente una mayor determinación
de los factores cognitivos en la explicación del rasgo ansioso.

Así, Spielberger (1966) describía el Estado de Ansiedad como un estado emocional
transitorio caracterizado por una percepción subjetiva de sentimientos de aprensión y
temor, y una alta activación del Sistema Nervioso Autónomo; aquellas situaciones que
fuesen percibidas como amenazantes, con independencia del peligro real, suscitarían
Estados de Ansiedad. El Rasgo de Ansiedad constituiría una predisposición, por parte
del individuo, a percibir las circunstancias ambientales como amenazantes y por tanto
una tendencia a responder, con frecuencia, con fuertes estados de Ansiedad. Para
Spielberger, el mecanismo fundamental es, pues, la valoración cognitiva de amenaza
que realiza la persona a cerca de los estímulos externos (estresores) e internos
(pensamientos, sentimientos o necesidades biológicas).
Hoy en día los modelos cognitivos de la ansiedad (Lazarus, y Folkman, 1986; Eysenck,
1992, 1997) gozan de general aceptación. Desde los modelos cognitivos de la valoración
(Lazarus, y Folkman, 1986), la situación es percibida por el individuo y sometida a un
proceso de evaluación o valoración de las implicaciones que dicha situación tiene para
el individuo. Si el resultado de la valoración es que dicha situación supone cualquier
tipo de amenaza para el propio individuo, se iniciará una reacción de ansiedad; aunque
dicha reacción estará mediada por otros procesos cognitivos de afrontamiento que
intentarán reducirla (Fernández-Abascal, y Cano Vindel, 1985).
Los modelos cognitivos más recientes del sesgo conciben la ansiedad como fruto de una
serie de sesgos cognitivos (cognitive bias) o tendencias en la interpretación de la
situación. Cuando esta tendencia o sesgo es muy exagerada o errónea tiende a producir
reacciones de ansiedad muy intensas que pueden llegar a ser patológicas (Eysenck,
1992, 1997).
Estas teorías cognitivas se han fundido con las concepciones multidimensionales del
rasgo a partir del modelo interactivo (Endler, y Magnusson 1974, 1976; Endler, 1983).
El modelo interactivo del rasgo de personalidad es un modelo multidimensional, pues
existen diferencias individuales de rasgo asociadas a tipos de situaciones. Surgen de esta
manera diferentes rasgos específicos asociados a tipos de situaciones. Esta nueva
concepción se opone o complementa al constructo de rasgo general que defendía su
unidimensionalidad. La perspectiva interactiva plantea que la explicación del
comportamiento ansioso no se supedita tan solo al rasgo o al estado, sino que está
determinada por una interacción entre las cualidades del individuo y la específica
situación ambiental. Así, los factores cognitivos y motivacionales que predisponen al
individuo a hacer interpretaciones amenazantes a cerca de la situación (rasgo), unidos al
significado psicológico que tienen ciertas características ambientales que se están
produciendo en este momento (situación), son ambos factores determinantes de la
reacción ansiosa (estado).
Endler (1977) propone su hipótesis de la congruencia o diferencial, por la cual para que
la interacción rasgo x situación de lugar al estado de Ansiedad, debe darse una
congruencia entre el rasgo del individuo y el tipo de situación.
Conjugando las aportaciones de este modelo interactivo multidimensional con las del
modelo sobre el triple sistema de respuesta en ansiedad de Lang (fisiológico, cognitivo y
motor), Miguel Tobal y Cano Vindel, construyen el Inventario de Situaciones y
Respuestas de Ansiedad (ISRA), que evalúa el nivel general de ansiedad (rasgo), la
ansiedad en los tres sistemas de respuesta (cognitivo, fisiológico y motor), así como
también cuatro rasgos específicos o áreas situacionales: Ansiedad ante las Situaciones
de la Vida Cotidiana, Ansiedad ante la Evaluación, Ansiedad Fóbica y Ansiedad
Interpersonal. (Miguel Tobal ,y Cano Vindel, 1984, 1988, 1994). De estos cuatro rasgos

específicos de ansiedad, por su definición, el rasgo específico de Ansiedad ante
Situaciones de la Vida Cotidiana probablemente sea el más similar al Rasgo General de
Ansiedad.
Recapitulando lo anteriormente expuesto, el rasgo se definiría atendiendo
prioritariamente a factores cognitivos como: la predisposición cognitiva a interpretar
ciertas situaciones como amenazantes, independientemente del peligro real,
respondiendo con intensos estados de ansiedad.
Desde la concepción multidimensional del rasgo, existirían diversos rasgos de ansiedad
específicos, cada uno caracterizado por su sesgo cognitivo propio. Así por ejemplo, las
personas con Ansiedad Interpersonal presentarían una tendencia a percibir las
situaciones sociales (o cualquier circunstancia que tuviese implícita una evaluación
social) como amenazantes, desencadenando sólo entonces su respuesta emocional
ansiosa. De la misma forma, los sujetos con alta Ansiedad ante Situaciones de la Vida
Cotidiana (situaciones de trabajo, o estudio, "a la hora de ir a dormir", o "por nada en
concreto"), tienen un comportamiento muy similar a los individuos de bajo rasgo en
aquellas situaciones que no sean cotidianas, al contrario de lo que sucedería en aquellas
situaciones que son congruentes con sus preocupaciones, en las que manifestarían una
importante elevación del arousal o activación.
Hasta aquí estamos considerando a la ansiedad como una reacción normal de los seres
humanos, que aparece en determinadas situaciones, dependiendo en buena medida de
cómo interpreten los individuos dichas situaciones. Pero estas reacciones de ansiedad
pueden llegar a ser patológicas en algunos casos, cuando la intensidad de la reacción es
muy alta y desproporcionada a la amenaza que realmente presenta la situación. Los
trastornos de ansiedad son muy frecuentes, tanto, que se calcula que una de cada siete
personas llegará a padecer alguno a lo largo de su vida. De los diferentes trastornos de
ansiedad (APA, 1994/1995) vamos a centrarnos en el trastorno de ansiedad
generalizada.
El DSM-III-R (APA, 1987/1988) definía el Trastorno de Ansiedad Generalizada
(TAG) atendiendo principalmente al componente cognitivo de la Ansiedad, como " una
expectativa aprensiva (ansiedad y preocupación no realistas y excesivas), que se da de
modo permanente (con una antigüedad al menos de seis meses), sobre distintas
circunstancias de la vida cotidiana". Este componente cognitivo se caracteriza por una
"hipervigilancia" en la que se observan una serie de síntomas, tales como sentirse
atrapado o al borde de un peligro, exageración de las respuestas de alarma, dificultad
para concentrarse o situaciones de mente en blanco, irritabilidad...etc. A su vez, el TAG
también se caracteriza por una fuerte sintomatología vegetativa y motora: sensación de
ahogo, palpitaciones, mareos, dolor muscular, temblor, fatigabilidad excesiva, etc.
Hoy en día el DSM IV (1994/1995) recalca aún más el componente cognitivo
desencadenante del trastorno, añadiendo al primer criterio (de ansiedad y preocupación
excesivas a cerca de eventos de la vida cotidiana), un segundo criterio de
incontrolabilidad de estas preocupaciones, y reduciendo la importancia de los
componentes somático y motor en la definición de dicho trastorno (al requerir menos
síntomas de este tipo para que el TAG pueda ser diagnosticado).
El paralelismo entre el sesgo cognitivo específico de las personas con alto rasgo de
ansiedad ante las situaciones cotidianas y el propio de los pacientes con TAG es
evidente. La diferencia estriba en que el sujeto con TAG parece experimentar una
ansiedad patológica casi constante y elevadísima, ante la gran mayoría de las situaciones
con las que interactúa, por nimias que éstas sean. La persona con alto rasgo específico

de ansiedad ante situaciones cotidianas, mostrará en general niveles algo más bajos de
ansiedad que el sujeto con TAG y, además, requiere la interacción con situaciones
ambientales más precisas, aunque de alta frecuencia, para desencadenar ese intenso
estado ansioso; por otro lado, en un entorno libre de la influencia de sus preocupaciones,
su respuesta emocional, sería muy similar a la de un sujeto con bajo o medio rasgo de
ansiedad.
Desde esta perspectiva, se puede entender con facilidad cómo lo que se denomina
tradicionalmente alto rasgo de ansiedad (que no es más que la tendencia a experimentar
ansiedad ante la mayoría de las situaciones ambientales con las que se interactúa) o
Rasgo de Ansiedad ante las Situaciones de la Vida Cotidiana puede constituirse como
un factor de vulnerabilidad para el desarrollo de un TAG.
Michael W. Eysenck (1992) argumenta, al respecto, que las personas caracterizadas por
un alto Rasgo de Ansiedad padecen una predisposición para desarrollar un Trastorno de
Ansiedad Generalizada; de manera que, según un modelo de diátesis-estrés, los sujetos
de alto rasgo general de ansiedad poseerían un factor de vulnerabilidad latente, activado
únicamente bajo ciertas circunstancias estresoras, consistente en un determinado sesgo
de procesamiento, similar al manifestado en los pacientes con TAG.
Sandín, Belloch, y Ramos (1995) plantean un modelo esclarecedor, a cerca de cómo un
elevado Rasgo de Ansiedad puede predisponer al desarrollo de un futuro Trastorno de
Ansiedad (aunque no especifican concretamente referirse a un TAG). Los autores
postulan un sesgo cognitivo pre-atencional consistente en una asignación de recursos de
procesamiento sobre los estímulos amenazantes, que tendría como consecuencia un
aumento de la activación autonómica. Este sesgo selectivo sobre los estímulos
amenazantes, unido a la fuerte activación fisiológica y al fracaso de determinadas
estrategias controladas para reducir la información amenazante, produciría un
condicionamiento pavloviano de ansiedad hacia dichos estímulos, lo cual facilitaría el
futuro desarrollo de trastornos ansiosos.
Finalmente, cabe decir que el aumento de la activación autonómica del organismo (y la
percepción subjetiva de la misma) puede elevar el Rasgo de Ansiedad y su sesgo
cognitivo característico, generando una espiral de incremento de la Ansiedad que
contribuye a su cronificación y a la aparición de un trastorno psicopatológico.
El sesgo cognitivo fundamental del TAG es, pues, compartido en alguna medida por las
personas de alto rasgo ansioso.
Desde los modelos del procesamiento de la información, toda una serie de teorías han
contribuido a esclarecer las características de este sesgo.

2. Ansiedad y procesamiento de la información
En los años 60 surgen los que se suelen considerar como los primeros modelos
cognitivos de la emoción (Schachter, y Singer, 1962), en los que se empieza a suponer
que hace falta cierta actividad cognitiva (procesos de atribución de causalidad, o
valoración de las consecuencias de la situación, por ejemplo) para que se desarrolle una
reacción emocional. Durante esta década comienza a desarrollarse el enfoque cognitivo
de la psicología como un nuevo paradigma (Cano Vindel, 1989; Fernández-Abascal, y
Cano-Vindel, 1985). Desde los inicios de este nuevo paradigma ha tenido un gran
desarrollo el enfoque del procesamiento de la información que, por analogía con las
computadoras, considera al ser humano como un sistema que procesa información, con

un input, o entrada, una salida, o output, más una serie de procesos intermedios,
principalmente de tipo cognitivo.
Las relaciones entre cognición y emoción se han estudiado fundamentalmente desde dos
perspectivas diferentes:
1. Desde la primera, en el contexto de las teorías cognitivas de la emoción. En los
modelos cognitivos sobre la emoción se destaca que la emoción surge
fundamentalmente como consecuencia de cierta actividad cognitiva. En estos
modelos el término cognición (esta actividad cognitiva) hace referencia a varios
significados:
1. por un lado, a los procesos cognitivos de valoración, atribución, etiquetado,
interpretación, etc., que el sujeto realiza sobre la situación, para dar un
significado a la misma;
2. por otro lado, a los contenidos cognitivos y sus representaciones en
proposiciones, imágenes, esquemas, etc.;
3. por otro, a las creencias, expectativas, valores, objetivos, etc., del individuo
(disposiciones individuales que pueden influir en el procesamiento
cognitivo);
4. finalmente, también se habla de cogniciones calientes, que vendrían a ser
los afectos, los sentimientos subjetivos, etc. (contenidos subjetivos
emocionales).
2. En cambio, desde otra perspectiva, en el contexto de los estudios sobre la
influencia de la emoción en los procesos cognitivos, el término cognición hace
referencia a memoria, juicios, razonamiento, toma de decisiones, etc. (la actividad
cognitiva superior). En estos estudios se investiga cómo la emoción puede afectar
a estos procesos cognitivos.
Pensamos, por lo tanto, que el problema del estudio de las relaciones entre ansiedad y
procesamiento de la información es necesario enfocarlo en esta doble perspectiva: (1) el
estudio de la actividad cognitiva que está en la base de la conducta emocional; y (2) el
estudio de la influencia de la emoción sobre la actividad cognitiva superior. Se trata de
dos campos de investigación bien diferenciados, hasta el punto de que, hasta hace poco
tiempo, quien había estudiado el problema de las relaciones entre cognición y emoción
desde una de las dos perspectivas, había ignorado por lo general la otra.
En general se suele decir que las situaciones son sólo potencialmente ansiógenas porque
no siempre producen reacciones de ansiedad. Lo cual es explicado de muy distintas
formas, pero en general desde los modelos cognitivos se considera que lo que genera la
reacción es el significado o la interpretación de la situación que hace el individuo.
En ocasiones el individuo reconoce (es consciente) que la situación no supone una
amenaza objetiva para él, pero sin embargo no puede controlar voluntariamente su
reacción de ansiedad. De entre todos aquellos factores de tipo cognitivo que se han
estudiado, en el presente artículo nos centraremos en los sesgos en el procesamiento de
la información.

2.1 Sesgo cognitivo que guía la atención, la interpretación y la memoria.
Aunque en los años sesenta están surgiendo modelos cognitivos de la emoción, los
grandes manuales de "psicología cognitiva" de esta década ignoran la emoción. En
realidad, hasta la década de los setenta los psicólogos cognitivos no comienzan a tratar
la emoción. Es a partir de estos años cuando variables cognitivas, tales como esquemas,

redes asociativas, etc., comienzan a aplicarse al estudio de la ansiedad o la depresión.
Será también a partir de este momento cuando se inicien los primeros estudios sobre
cognición y emoción, como los de estado de ánimo y memoria, en los que se encuentran
relaciones entre el tipo de estado emocional y el tipo de recuerdos, revelando por
ejemplo, que los sujetos con estado deprimido tienen una mayor tendencia a recordar
sucesos tristes.
2.1.1 Esquemas.
Beck (Beck, 1976; Beck, y Emery 1985) propuso un modelo que relacionaba la
Depresión y la Ansiedad con un sesgo cognitivo congruente con el estado emocional.
Así, los sujetos ansiosos y depresivos poseerían esquemas cognitivos inadaptativos de
un modo latente, que constituirían una vulnerabilidad cognitiva para el desarrollo de sus
psicopatologías.
Un esquema es un cuerpo almacenado de conocimientos que interactúa con la
codificación, la comprensión y el recuerdo, de esta manera guía la atención, la
interpretación y la memoria. Los esquemas operarían de modo que, desde un
procesamiento dirigido por los datos, el sistema cognitivo buscaría el esquema que se
acomodase al input estimular y una vez localizado, desde un procesamiento dirigido
conceptualmente, la activación de este esquema dirigiría la atención, la interpretación de
los estímulos y su posterior recuerdo. Es fácil deducir que sólo recibirán procesamiento
aquellos estímulos congruentes con el esquema.
Los esquemas poseen, así mismo, una influencia organizacional sobre la nueva
información, puesto que están estructurados de modo estereotípico. Sólo contienen
información genérica y prototípica; de manera que las instancias específicas de los
estímulos son procesadas según un prototipo semántico, el esquema tiene así la
capacidad de proveer información suplementaria y resolver la ambigüedad estimular.
Tienen, además, una naturaleza de carácter modular, de modo que la activación de una
parte siempre lleva a la activación del todo.
Según este modelo de diátesis-estrés, propuesto por Beck, la aparición de los cuadros
ansioso y depresivo sería consistente con la interacción entre este factor de
vulnerabilidad cognitiva (constituido por los esquemas inadaptativos) y formas
específicas de estrés ambiental. La diferencia entre ambos trastornos radicaría en los
diferentes contenidos de sus sesgos de procesamiento.
Los sujetos con predisposición al desarrollo de trastornos depresivos poseerían una
vulnerabilidad cognitiva en forma de esquemas cognitivos negativos a cerca de uno
mismo, el mundo y el futuro, adquiridos a través de experiencias pasadas negativas y
traumáticas; que permanecerían latentes hasta que ciertos acontecimientos estresantes,
similares a los implicados en la formación del esquema, se hicieran responsables de su
activación.
Las personas con vulnerabilidad para el desarrollo de trastornos de Ansiedad,
dispondrían de una serie de esquemas relativos a la amenaza, sobre todo en torno a tres
temas: aceptación, competencia y control. En situaciones ansiógenas donde estuviera
implícita una evaluación social o un potencial rechazo de los otros, posibles críticas por
la asunción de responsabilidades laborales o una pérdida del control ejercido sobre el
ambiente, se desencadenaría el estado emocional ansioso. Los esquemas ansiógenos
dirigirían el procesamiento hacia los aspectos internos y externos congruentes con ellos,
de manera que el individuo atendería selectivamente a los estímulos amenazantes del
ambiente, daría interpretaciones amenazantes a los estímulos ambiguos y recuperaría de

la memoria información relativa a la amenaza.
2.1.2. Redes asociativas
Anderson y Bower, plantearon también un modelo de red asociativa para explicar la
relación entre el estado emocional y la memoria. En su teoría sobre La Memoria
Asociativa Humana (1973), los hechos se representarían en la memoria como
proposiciones descriptivas, formadas por una serie de redes asociativas entre las
diferentes instancias de un concepto, usadas para describir ese hecho. La activación, a lo
largo de la red, se desencadenaría de un nodo a otro creando nuevos caminos
asociativos. El recuerdo consistiría en ir probando caminos de la red, hasta que el
camino correcto fuese identificado, aquél que fue creado en la fase de activación. Cada
emoción estaría representada por un nodo en la red asociativa, que se conectaría con
otros aspectos de dicha emoción a través de su asociación con otros nodos. De esta
manera, un estado emocional determinado produciría un recuerdo del material
congruente con él, es decir daría lugar a cierto sesgo cognitivo.
Bower (1981, 1987) propuso su teoría de La Red Semántica para el estudio de La
Ansiedad. Según dicha teoría, la activación del nodo emocional de ansiedad facilitaría la
accesibilidad al material congruente con este estado de ánimo, produciéndose un sesgo
en el procesamiento de la información; que afectaría a la atención, la interpretación y la
memoria, dándose una atención preferente para los estímulos amenazantes,
interpretándose el material neutro con un significado de amenaza y recordándose
prioritariamente hechos compatibles con estas ideas amenazantes.
Las teorías de Beck y de Bower tienen en común la predicción de un sesgo congruente
con la amenaza, que estaría constituido por una serie de proposiciones abstractas
almacenadas en la memoria semántica (Recuérdese que la memoria semántica es la parte
de la memoria a largo plazo o permanente que trata con la información de carácter
general y los conocimientos (Tulving, 1972).
Ambas teorías difieren, sin embargo, en la apreciación del mecanismo subyacente que
Beck concebiría como un esquema y Bower como una red asociativa.
2.1.3 Scripts o guiones
Según Shank, y Abelson (1977) un guión o script es una cadena de sucesos,
temporalmente organizados y causalmente conectados, en la memoria episódica. Es la
representación de las rutinas diarias en la memoria como consecuencia de las
experiencias pasadas. Contienen información almacenada sobre lo que es probable que
pase en situaciones familiares. Los scripts ofrecen la posibilidad de planificar la acción,
de anticipar una futura secuencia de acontecimientos y de abortar una cadena de sucesos
que se dirige irremisiblemente a un resultado no deseado. Los scripts son activados por
los sucesos ambientales que más se asemejan a los primeros eslabones de su cadena. A
menudo se piensa en los guiones como un tipo especial de esquemas.
Riskind y sus colaboradores (Riskind, Kelly, Moore, Harman, y Gaines, 1992; Riskind,
1997; Riskind, en prensa), al igual que Beck y Bower consideran que las personas
ansiosas sesgan hacia la amenaza todo su procesamiento de la información.
El autor afirma, sin embargo, que los sujetos ansiosos perciben la estimulación
amenazante no como un objeto estático e inerte, en el sentido postulado por las teorías
de Beck y Bower, sino como un cuerpo en movimiento que rápidamente va
incrementando su proximidad física y temporal. Por ello, los estímulos estáticos

difícilmente suscitan ansiedad y, sin embargo, los objetos en movimiento sí elicitan un
aumento de la activación fisiológica.
Con este sentido de la amenaza "como un cuerpo en movimiento", Riskind et al. (1992),
desarrollan su Teoría acerca de la Vulnerabilidad a la Amenaza en los sujetos ansiosos,
apelando a los scripts cognitivos almacenados en la memoria episódica. La memoria
episódica se englobaría dentro de la memoria permanente y sería la encargada de
almacenar, retener y recuperar la información relativa a episodios con una referencia
autobiográfica, es decir: contextualizados en el tiempo (Tulving, 1972).
Según Riskind, las personas tenemos una serie de secuencias de acción o scripts, a cerca
de los estímulos amenazantes, almacenadas en nuestra memoria episódica. Las personas
no ansiosas predicen una trayectoria de los acontecimientos amenazantes más basada en
las propiedades objetivas de los estímulos, que la de los sujetos ansiosos (Riskind, et al.,
1992, estudio 3). Así, los individuos ansiosos requieren una información estimular
mínima (e incluso relativamente estática) para que toda la cadena de sucesos,
almacenados en la memoria episódica, se active; presentan, además, un mayor número
de eslabones intermedios en sus secuencias de acción y, según se avanza en estos
eslabones de la cadena, se incrementa la aceleración con la que los acontecimientos se
abocan a un desenlace fatal. La posibilidad de generar guiones o scripts con más
eslabones intermedios en los sujetos ansiosos, hace que su sentido de la amenaza sea
prácticamente impredecible y de difícil habituación.
Los estímulos ambientales, que activan los guiones o scripts de la memoria y son
similares a los primeros eslabones de su cadena, son objetos en movimiento, estímulos
intensos o bien estímulos que cambian de intensidad. Así, un animal acercándose, la
viveza de un color, o el incremento en la intensidad de un sonido, se asocian con un
aumento de los niveles previos de Ansiedad; de modo que el sentido de la amenaza
como un cuerpo en movimiento (entendiendo el movimiento en un sentido amplio,
también como un cambio en la intensidad del estímulo) es inherente a la idea de peligro
(Riskind et al., 1992, estudio 3).
Llegado a este punto, continúa Riskind, cabe preguntarse:
1. Es fácil imaginar un estímulo fóbico como un objeto en movimiento, que aumenta
su proximidad espacio-temporal respecto a mí. ¿Pero que ocurre con aquellas
amenazas más abstractas y cognitivo-sociales?.
2. Por otro lado, la aceleración de los acontecimientos, a medida que se progresa en
los eslabones de la secuencia de acción, ¿aporta algo al concepto de "inminencia",
propuesto por Rachman en 1984?.
Como respuesta al primer interrogante, Riskind argumenta que cuando un individuo
ansioso se enfrenta a un estímulo temido, de carácter difuso y cognitivo, predice una
rápida aceleración hacia un desenlace fatal, en la secuencia de acontecimientos
encabezada por dicho estímulo. Es decir: un sujeto que, por ejemplo, padeciese un
miedo intenso a "contaminarse", tendría la capacidad de imaginar una rápida
proliferación de gérmenes a su alrededor.
Respecto al segundo interrogante, el autor establece que la estimación de la amenaza,
como un objeto en movimiento, contribuye a la aparición de la Ansiedad de forma
independiente a otro tipo de valoraciones cognitivas tales como: la probabilidad
percibida de amenaza, su inminencia etc. (Rachman, 1984). En este sentido, Riskind
afirma que la amenaza, como "un cuerpo que crece, se desarrolla y viene hacia mí," se
puede medir indirectamente a través de un aumento de la probabilidad subjetiva de

peligro y un incremento de su inminencia; dada la alta correlación encontrada entre este
tipo de valoraciones cognitivas y el sentido de "la amenaza en movimiento". (Riskind et
al., 1992). Por tanto, "amenaza en movimiento" e inminencia son dos conceptos
distintos, a pesar de su aparente similaridad. El autor propone un ejemplo esclarecedor:
una persona con miedo a desarrollar un cáncer hereditario, podría pensar que todavía la
enfermedad está lejos de producirse (no es inminente) y, sin embargo, sería capaz de
imaginar una rápida expansión de las células cancerígenas por todo su cuerpo.
La Teoría sobre la Vulnerabilidad a la Amenaza asume, además, la perspectiva
multidimensionalidad del rasgo, al afirmar que cada trastorno de ansiedad poseería su
sesgo propio y característico a cerca de la amenaza en movimiento. De manera que los
sujetos con TAG tienen un sentido especial de "amenaza en movimiento" para una
multiplicidad de estímulos difusos y de carácter cognitivo, y no obstante no sobrestiman
la velocidad con la que, por ejemplo, un estímulo fóbico rápidamente se aproximaría en
el espacio-tiempo, más propia de la Ansiedad Fóbica. (Riskind, en prensa).
Este sentido de la amenaza sería, además, para Riskind un factor clave en el diagnóstico
diferencial entre la Ansiedad y la Depresión. El sesgo, basado en las propiedades activas
de la estimulación amenazante, caracterizaría a la ansiedad, produciéndose por la
activación de los guiones o scripts almacenados en la memoria episódica. Los
depresivos procesarían la información del entorno a través de un esquema cognitivo
negativo almacenado en su memoria semántica, originando un sesgo disfórico de
interpretación de la realidad, consistente en la rumiación sobre hechos pasados
percibidos como inertes o estáticos. Así, en un experimento llevado a cabo por Riskind
et al. (1992, estudios 1 y 2) se pidió a los sujetos que crearan ejemplos de
acontecimientos que les suscitasen Ansiedad y Depresión; los sucesos relacionados con
la Ansiedad se referían a objetos activos, con una alta velocidad de aproximación; la
Depresión, sin embargo, se asoció a la percepción de pequeños cambios en
acontecimientos aversivos ya pasados
Este sesgo, específico de la Ansiedad, guiaría el procesamiento de la información en su
conjunto; produciendo una hipervigilancia para todos los estímulos ambientales
potencialmente amenazantes, desencadenando una mayor preocupación a cerca de estos
estímulos y redundando en un posterior recuerdo mucho más preciso para este tipo de
material.
2.2 Priming vs Elaboración
Scheneider, y Shiffrin (1977), diferenciaron entre un procesamiento automático y otro
estratégico. Según los autores, el procesamiento automático opera rápidamente, es ajeno
a la conciencia, tiene una capacidad ilimitada y se realiza en paralelo. Por el contrario, el
procesamiento estratégico es relativamente lento, de naturaleza consciente, y tiene una
capacidad limitada, pues se realiza de modo secuencial o serial (no paralelo).
Graf, y Mandler (1984), apuntaron una distinción entre dos procesos: priming o
integración y elaboración. El priming es un proceso automático, por medio del cual la
exposición a un estímulo implica la activación automática de los componentes
constitutivos de su representación, haciéndolo más accesible. En cambio, la elaboración
es un proceso estratégico que requiere que la representación activada se relacione con
representaciones asociadas, para crear una relación entre distintos estímulos-palabra; de
esta manera, este tipo de procesamiento hace a la palabra más recordable y la relaciona
con un contexto determinado.
De asumir las teorías de Beck, Bower y Riskind, existiría un sesgo en el procesamiento

de las personas con alto rasgo de ansiedad que operaría en todos los niveles del
procesamiento de la información afectando a la atención, la interpretación y la memoria.
Pero los datos extraídos a partir de la moderna investigación experimental proporcionan
tan sólo una confirmación parcial de estos presupuestos. Efectivamente, las personas
ansiosas manifiestan una atención selectiva para los estímulos amenazantes e interpretan
los estímulos neutros en dirección a la amenaza pero, sin embargo, muestran una
inhibición para recuperar de la memoria este material ansiógeno (Williams, y
Broadbent, 1986). Estos efectos diferenciales de la ansiedad sobre la atención y la
memoria, tan sólo pueden ser comprendidos desde la consideración de diferentes fases
de procesamiento relativas al priming y a la elaboración. En este sentido, Williams,
Watts, McLeod, y Mathews (1988) formulan una teoría capaz de suplir las deficiencias
de los anteriores modelos.
Williams, considerando las distintas fases en los estadios de procesamiento apuntadas
por los autores anteriores, estableció que diferentes trastornos emocionales podrían
producir sesgos distintos en el priming y en la elaboración. Es decir: unos estarían
afectados por un sesgo en el priming y no en la elaboración y otros, de forma inversa, se
caracterizarían por un sesgo elaborativo, conservando intactos los mecanismos preatentivos. De esta manera, de acuerdo con distintos niveles de procesamiento, se daría
una disociación en los sesgos cognitivos, no predecible a partir de las teorías de La Red
Semántica de Bower, El Esquema de Beck y la Vulnerabilidad a la Amenaza de Riskind,
que consideran todo el procesamiento de la información en su conjunto.
En el estadio pre-atentivo, según Williams, un mecanismo de decisión afectiva asignaría
valencia emocional a los estímulos ambientales y en base a esta decisión el organismo
conferirá o no recursos de procesamiento pre-atencional hacia dichos estímulos. Los
sujetos con bajo Rasgo de Ansiedad, en este temprano estado de procesamiento, asignan
recursos fuera de los estímulos valorados por el mecanismo de decisión afectiva como
amenazantes, como una forma de protección que limita el incremento de la ansiedad.
Sin embargo, los ansiosos, aportan recursos pre-atentivos de modo prioritario a los
estímulos amenazadores, con lo que focalizan su atención preferentemente en ellos y
desambiguan los estímulos neutros en dirección a la amenaza Así, la ansiedad, afectaría
al aspecto más pasivo y automático del procesamiento, haciendo a las representaciones
mentales de amenaza mucho más accesibles debido a su mayor integración.
En el estadio elaborativo, se asignan recursos adicionales para codificar los estímulos
elegidos por el mecanismo de decisión afectiva, dada su valencia emocional. Y, en este
estadio, esos recursos son procesados de un modo más estratégico y consciente. En la
ansiedad, existe una tendencia a no elaborar el material amenazante, de modo que se
impide la asociación de las representaciones mentales de las palabras amenazantes con
otras representaciones relacionadas. Los recursos del procesamiento elaborativo se
dirigen fuera del material amenazante y por ello, los estímulos amenazantes, suponen un
material de difícil recuperación y recuerdo.
Las diferencia fundamental entre la depresión y la ansiedad consistiría en que, uno y
otro, afectan de forma distintiva al aspecto pasivo del procesamiento y al estratégico.
La ansiedad implica sesgos de procesamiento en la fase más automática de la
codificación y el recuerdo, de manera que activa con más frecuencia las
representaciones mentales amenazantes, dándolas una mayor integración y produciendo
una atención selectiva hacia la amenaza. Sin embargo este trastorno emocional no
afectaría al procesamiento controlado y por esta razón se inhibiría el recuerdo de la
información ansiógena.

La depresión produce sesgos de procesamiento en la fase estratégica de la codificación y
el recuerdo. Así, una mayor elaboración de las cogniciones de tipo depresivo haría que
este material se recordase mejor. Pero como este trastorno emocional no afecta a la fase
del procesamiento automático, no se daría una atención preferente sobre los estímulos
que implicasen pérdida.
El autor estructura su teoría de acuerdo con un modelo de diátesis-estrés. De forma que
las personas con alto rasgo de ansiedad presentarían una predisposición, tras la
valoración realizada por su mecanismo de decisión afectiva, a orientar recursos hacia los
estímulos amenazantes, en la fase pre-atentiva y a inhibir la búsqueda relacional, en la
fase de elaboración. Estas personas, de rasgo ansioso, serían vulnerables al desarrollo de
estos sesgos cognitivos cuando se encontrasen bajo fuertes condiciones de estrés,
mostrando poco o ningún signo de patología cuando las condiciones ambientales no
implicasen grado alguno de amenaza.
La teoría de Williams, más compleja y elaborada que las formulaciones anteriores, no
está sin embargo exenta de críticas. De alguna manera, el autor parecía intuir sus
limitaciones al afirmar: "Parece improbable que la ansiedad nunca afecte a la memoria
elaborativa y la depresión al estadio pre-atencional. De otro modo, La ansiedad y La
depresión pueden co-ocurrir y tampoco arrojamos luz sobre esta comorbilidad." (p.
183).
2.3 Confluencia de los Procesamientos: Automático y Estratégico
La intuición de Williams de que podrían encontrarse sesgos automáticos en depresivos
como estratégicos en ansiosos, es defendida por teorías posteriores. Beck, y Clark
(1997), plantean una reformulación de la teoría de 1985 que, aunque adopta la
diferenciación automático-estratégico, encuentra que esta distinción se ha defendido con
demasiada rigidez y postula que entre los estadios más pasivos y elaborativos del
procesamiento existe cierta interdependencia. Por eso no sólo establece que la Ansiedad
tiene implicaciones a nivel de sesgos cognitivos en el procesamiento automático, sino
que estudia como una serie de procesos estratégicos se ven también afectados.
Para defender la interdependencia entre ambos estadios del procesamiento Beck recurre
a los estudios de McNally (1995). Este autor afirma que toda tarea experimental se ve
afectada, en diversos grados, por el procesamiento automático y por el estratégico;
siendo prácticamente imposible encontrar una tarea que afecte a uno sólo de estos
estadios de forma pura. Ejemplifica la interdependencia entre ambas fases del
procesamiento de la información, alegando que las tareas automáticas son susceptibles
de hacerse conscientes como las controladas de adquirir automatismo con la práctica.
Partiendo de estas consideraciones, Beck, y Clark (1997), defienden un modelo del
procesamiento de la información en Ansiedad, basado en la distinción de tres estados,
afectados diferencialmente por un mayor o menor grado de intervención de los procesos
automáticos y estratégicos:




Estado 1 de Registro Inicial: Es la primera fase del procesamiento de la
información caracterizada por un modo de orientación y representa el
procesamiento automático por excelencia. La Ansiedad produce un sesgo en este
estado, que redunda en una excesiva orientación dirigida hacia la amenaza o el
sesgo selectivo atencional.
Estado 2 de Preparación Inmediata: Es la segunda fase del procesamiento definida
por un modo principal, que aunque se corresponde con mecanismos cognitivos
automáticos, también afecta en menor medida al procesamiento estratégico. Los



estímulos ambientales son procesados desde un cluster formado por una serie de
esquemas interrelacionados, a cerca de los patrones de respuesta de la Ansiedad:
cognitivos, fisiológicos y comportamentales. Estas respuestas se desencadenan
automáticamente, con un valor adaptativo para la supervivencia. A nivel
fisiológico: se incrementa el arousal; se aprecian conductas de huida, defensa o
inhibición; y las cogniciones se caracterizan por sentimientos de irrealidad e
hipervigilancia, bloqueos en el pensamiento y dificultades en la concentración, así
como distorsiones cognitivas, imágenes amenazantes y pensamientos automáticos.
Como consecuencia de la activación de estos procesos automáticos, el sujeto
otorga un significado de amenaza a su entorno, que constituye su primer análisis
semántico y consciente. Producto de él, son toda una serie de pensamientos
automáticos, de contenido amenazante, susceptibles de hacerse conscientes. De
esta forma este estado quedaría caracterizado por un procesamiento automático
prioritario y una serie de procesos estratégicos emergentes que se derivan de
asignar a la estimulación ambiental un significado de amenaza o daño potencial.
Estado 3 de Elaboración Secundaria: El procesamiento, desde este último estado,
es semántico y elaborativo y se lleva a cabo desde un modo metacognitivo. Desde
este estado, el sujeto, evalúa la situación ansiógena, en su contexto, apareciendo
dos tipos de cogniciones: la preocupación, en torno a los sucesos desencadenantes
de la Ansiedad y la valoración de las señales de seguridad disponibles, frente a la
amenaza. La preocupación, tal y como es definida por Borkovec, Robinson,
Pruzinsky y De Pree constituye una respuesta adaptativa, caracterizada por la
búsqueda de solución a un problema; en el caso de los trastornos de ansiedad, se
vuelve excesiva e incontrolable, anticipando comportamientos disfuncionales, que
redundan en un incremento de la ansiedad. La valoración de las señales de
seguridad depende, según Rachman (1984), de la probabilidad percibida de que
un suceso amenazante ocurra y las estrategias de afrontamiento, que el sujeto cree
disponer, para resolver la situación. En este sentido, los ansiosos se caracterizan
por sobrestimar la probabilidad de que un evento dañino suceda y subestimar sus
capacidades de afrontamiento.

La Ansiedad se explica, entonces, desde la conjunción de los estados segundo y tercero.
La prevalencia del estado 2 sobre el 3 desencadena un incremento de la Ansiedad al
fallar los procesos estratégicos y no producirse una revaloración más realista de la
situación; aunque en ocasiones también puede hacer descender la Ansiedad si el sujeto
opta por una respuesta de evitación o escape. La preponderancia del estado 3 sobre el 2
puede disminuir los niveles de Ansiedad, desde la consideración de una baja
probabilidad de aparición de la amenaza y un alto grado de capacidad de afrontamiento.
Este hecho tiene importantes implicaciones en el tratamiento. Pues al activar el modo
metacognitivo, mediante terapias cognitivas, se desactivaría el modo principal
automático. De esta manera, disminuiría la ansiedad, al producir un sesgo positivo de
interpretación de la realidad, reductor de las preocupaciones y potenciador de las señales
de seguridad.
Todos los modelos teóricos revisados, en este capítulo, proporcionan una visión
integradora a cerca del sesgo cognitivo característico de las personas ansiosas,
basándose en el paradigma del procesamiento de la información. Estas teorías se
subdividen en dos grandes grupos: aquellas que intentan dilucidar los procesos
automáticos y/ o estratégicos que se ven interferidos por la ansiedad y las que estudian
la interferencia de la ansiedad en todo el conjunto del procesamiento de la información,
sin pararse a diferenciar entre procesos pasivos y elaborativos. Pero todas ellas tienen en
común el proporcionar un marco de referencia teórico, abarcativo y globalizador, en el
estudio de dicho sesgo.

Recientemente, un amplio conjunto de investigaciones, se han focalizado
específicamente en algún aspecto parcial de este sesgo. Algunas, han generado teorías
especializadas en el aspecto atencional del sesgo, otras han dado lugar a diversos
modelos explicativos del sesgo de memoria y del sesgo de interpretación del entorno.
Dichas teorías presentan una mayor confirmación experimental que las expuestas hasta
el momento, esclarecen el carácter latente del sesgo en los sujetos con alto rasgo de
ansiedad (aumentando así su probabilidad de un futuro desarrollo del TAG), pero dejan
importantes interrogantes en cuanto a la forma como la ansiedad afecta a los procesos
automáticos o estratégicos.

3. Sesgo atencional: Teoría de la Hipervigilancia de Eysenck
Las principales líneas de investigación experimental en torno al sesgo atencional, de los
sujetos ansiosos, han sido llevadas a cabo por dos equipos investigadores: el grupo
inglés, actualmente en Cambrigde (M. Eysenck, Mathews, Mogg, May, Richards, Klug
y Williams) y el grupo de McLeod en Australia (McLeod, Cohen y Hagan).
Todos ellos buscan la confirmación experimental de un sesgo selectivo atencional,
dirigido hacia la amenaza, en los pacientes con Trastorno de Ansiedad Generalizada,
responsable también de la interpretación de los estímulos ambiguos como amenazantes.
Su pretensión es demostrar, que este sesgo atencional, se refiere al procesamiento
automático de la información y no al elaborativo (en la línea propuesta por Williams y
compatible, también, con la reformulación de Beck y Clark; que da una preponderancia
del procesamiento automático sobre el estratégico, en ansiosos, que es la causa del fallo
en sus mecanismos elaborativos).
También quieren dilucidar cuales serían las relativas contribuciones del Rasgo y Estado
de Ansiedad en la determinación de este sesgo. Apostando a priori por un modelo de
diátesis-estrés que establezca, el alto Rasgo de Ansiedad, como un factor de
vulnerabilidad al desarrollo del sesgo cognitivo, que sólo aparecería bajo situaciones
fuertemente estresantes y ansiógenas.
Intentan aclarar, a su vez, si dicho factor de vulnerabilidad puede definirse como
manifiesto o latente.
Si fuese manifiesto, la distorsión cognitiva estaría presente, en los sujetos de alto rasgo,
la mayor parte del tiempo, tanto en los momentos de estrés como bajo circunstancias
emocionalmente menos demandantes; y no se darían diferencias, en el procesamiento
cognitivo, entre los sujetos ansiosos y los pacientes con TAG. Por tanto, la distinción
entre el alto rasgo de ansiedad y el Trastorno de Ansiedad Generalizada se debería a las
respuestas motoras o fisiológicas, lo cual parece improbable y resulta contraintuitivo.
Si fuese latente, los sujetos con alto rasgo, tendrían un funcionamiento cognitivo muy
similar al de los normales; diferenciándose sólo en circunstancias ansiógenas, donde
desarrollarían el sesgo atencional que caracteriza a los pacientes de TAG. Los autores
apuestan, fuertemente, por esta hipótesis que es la que mejor explica la predisposición
del alto rasgo de ansiedad a degenerar en un TAG.
Pero también podría ocurrir que el sesgo fuese característico, únicamente, de los
pacientes con ansiedad clínica y que, por tanto, altos y bajos en Rasgo de Ansiedad no
experimentaran esta distorsión cognitiva bajo ninguna circunstancia (estresante o
neutra). De demostrarse esta hipótesis el alto rasgo de ansiedad no evolucionaría hacia el

desarrollo de un Trastorno de Ansiedad Generalizada.
Y desde la multidimensionalidad del Rasgo de Ansiedad, quieren demostrar
empíricamente que sólo es posible experimentar una atención selectiva hacia aquellos
estímulos ambientales que son congruentes con el entorno de las preocupaciones del
sujeto (rasgos específicos).
De la revisión de gran parte de estos trabajos experimentales, realizados por ambos
grupos, y de la puesta en práctica de nuevos estudios empíricos que confirman las
conclusiones por ellos extraídas, M. Eysenck (1992), construye la Teoría de la
Hipervigilancia para explicar las características de este sesgo atencional.
La Hipervigilancia consistiría, inicialmente, en un constante rastreo de los estímulos
ambientales, con motivo de la detección de cualquier posible amenaza. En esta primera
fase, el espectro de atención es muy amplio, es fácil que el sujeto evalúe un sin fin de
estímulos neutros como potencialmente amenazantes y que su procesamiento se vea
interferido por numerosos estímulos irrelevantes, redundando en una elevada
distracción.
Posteriormente, una vez que el individuo focalizase su atención en los estímulos
amenazantes, el sesgo selectivo atencional, centrado en la amenaza, impediría que
pudiese fijar su atención en cualquier otro aspecto del input sensorial más positivo, que
hubiese ayudado a solventar las actuales circunstancias. En esta segunda fase, se
aprecia, entonces, un estrechamiento del espectro de atención, con una fuerte
focalización sobre el peligro y la imposibilidad de redirigir la atención a cualquier otra
parte del campo estimular.
La ampliación del espectro atencional, en sujetos ansiosos, que les hace más
susceptibles a la distracción, encontró su confirmación experimental en una serie de
trabajos, en los que se pedía a los sujetos el procesamiento de ciertas tareas primarias en
presencia de otras secundarias o distractoras. Cuando los individuos eran sometidos a
shocks eléctricos (inducción de un estado emocional ansioso) y las tareas distractoras
eran relevantes para el procesamiento de la principal, se producía una ampliación del
espectro de atención, en un intento de maximizar la probabilidad de captar todos los
estímulos importantes, que redundaba en un alto grado de distracción (Cornswet, 1969).
La focalización de la atención, en los estímulos amenazantes, obtiene confirmación
empírica, principalmente, a través de las investigaciones llevadas a cabo con los
paradigmas de stroop modificado, escucha dicótica, detección de puntos...
El Paradigma de Escucha Dicótica: supone la presentación simultánea de dos mensajes
auditivos en cada oído, debiendo el individuo atender selectivamente a uno de ellos y en
ese caso repetirlo (sombrearlo), mientras que ignora el otro. Si se presentan palabras
amenazantes en el oído no atendido y se tiene un sesgo selectivo hacia la atención de la
amenaza, entonces se producirá una interferencia en el sombreamiento. Por el contrario,
si las palabras amenazantes se dan en el oído atendido, se manifestará una facilitación de
este sombreamiento.
La prueba de detección de puntos: es una prueba de procesamiento visual que elimina
los problemas asociados al procesamiento verbal del anterior paradigma, como los que
se derivan de procesos múltiples: como la respuesta verbal o la memoria verbal. La
prueba consiste en que son presentadas, en la pantalla de ordenador, dos palabras
(superior e inferior) separadas verticalmente por 3 cm. El sujeto debe leer la superior y,
de esta manera, focalizar la atención en ella; así se estaría controlando un posible sesgo

de respuesta responsable de que atendiese, tan sólo de entrada, a la palabra amenazante.
Tras esta presentación, las palabras desaparecen de la pantalla y un pequeño punto
podría aparecer, en algunos ensayos, en el lugar de una u otra. Entonces el sujeto
respondería pulsando la barra espaciadora del teclado, tan pronto como fuese capaz de
detectar el punto. Se predice una menor latencia de respuesta, en los sujetos ansiosos, en
la detección del punto, cuando este ocupa el lugar donde antes se encontraba una palabra
amenazante. Esto se produciría como consecuencia de dirigir su atención hacia los
estímulos amenazantes.
La Prueba de Stroop Modificada: es una adaptación de la prueba de Stroop (1935)
original al estudio del sesgo atencional selectivo, sobre las palabras de significado
amenazante. La prueba original consistía en decir el color de una palabra que no
coincide con su significado, por ejemplo: la palabra "rojo" estaría impresa en tinta azul y
se preguntaría a los sujetos a cerca del color con el que la palabra estaría pintada. En
este caso se produciría un incremento en el tiempo de reacción conocido como
interferencia de stroop, que no se daría en el caso de que el color nombrado y el impreso
coincidieran.
En el stroop modificado, habría que nombrar el color en el que están impresas ciertas
palabras con valencia positiva, negativa (o amenazante) o neutra. Un sujeto que
manifestase una atención diferencial hacia los estímulos amenazantes, enlentecería sus
tiempos de reacción al nombrar el color de una palabra con significado de amenaza,
hecho que no ocurriría si no estuviese tan predispuesto a atender el contenido
amenazante de la palabra. Si el sesgo atencional de este sujeto se refiriese a palabras
emocionales, en general, entonces la interferencia de stroop sucedería con aquellas
palabras tanto de valencia positiva, como de valencia negativa.
Existe una fuerte similitud entre todas aquellas conclusiones recabadas desde estos
paradigmas experimentales. Citarlas todas, resultaría una labor reiterativa, que
incrementaría considerablemente la extensión de este trabajo. Por ello, se exponen sólo,
a continuación, los resultados obtenidos con pruebas de stroop modificado. Tómense, las
conclusiones sobre el paradigma de stroop, como una representación del conjunto de las
conclusiones extraídas en estos tres paradigmas:
1. Los sujetos altos en Rasgo de Ansiedad muestran una atención selectiva hacia las
palabras amenazantes; manifestada a través de un enlentecimiento en sus tiempos
de reacción en la denominación del color, con el que estas palabras están
impresas. Los sujetos con bajo Rasgo de Ansiedad no manifiestan la interferencia
de stroop con palabras amenazantes y sus tiempos de reacción, con este tipo de
palabras, son los mismos que hacia las palabras neutras. El alto Rasgo de
Ansiedad opera como un factor de predisposición, al sesgo atencional dirigido
hacia la amenaza; pues solo muestra esta interferencia en situaciones estresantes,
capaces de generar un intenso Estado de Ansiedad (Richards, y French, 1990;
Richards y Millwood, 1989).
2. Los pacientes con TAG evidencian una interferencia de stroop con palabras
amenazantes. (Mogg, Mathews, y Weimman, 1989).
3. El sesgo forma parte de un proceso pre-atencional; ya que el mayor tiempo de
reacción, en nombrar el color de las palabras amenazantes, se produce también
con la presentación subliminal de estas palabras (McLeod, 1990; Mathews,
McLeod, y Tata, 1992).
4. Se da una multidimensionalidad en el Rasgo de Ansiedad, al producirse una
interacción entre el rasgo específico, poseído por el sujeto, (ej.: Ansiedad
Interpersonal) y la situación en la que se encuentra (evaluación social). De esta
manera los sujetos, con ese rasgo específico, tienen una interferencia de stroop,

referente a las palabras congruentes con las preocupaciones de dicho rasgo
(Mogg, Mathews, y Weimman, 1989).
Para finalizar y, a la luz de lo anteriormente expuesto, podríamos resumir las
características de la Teoría de la Hipervigilancia, de M. Eysenck, en seis puntos
fundamentales:
1. Parte de la recopilación de aquellas conclusiones extraídas, por los dos principales
grupos investigadores, a cerca del sesgo atencional en ansiosos.
2. Esclarece

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