Última actualización web: 13/07/2020

Resiliencia y Maternidad Adolescente.

Autor/autores: Norma González-Arratia López Fuentes , José Valdez Medina, Sergio González Escobar
Fecha Publicación: 14/02/2013
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

El objetivo es describir los factores y puntaje general de la variable resiliencia en un grupo de madres adolescentes entre 14 a 19 años de edad (M= 16.74, DE=1.02), con escolaridad primaria, secundaria y bachillerato, del Estado de México. Aplicándose el cuestionario de Resiliencia (González Arratia, 2011). A partir del puntaje total, se encontró que el 50 por ciento de la muestra tiene baja resiliencia, mientras que el 29 por ciento mostró un nivel alto de resiliencia. No se encontraron diferencias estadísticamente significativas por  edad, ni escolaridad. Se concluye que es necesario identificar factores de riesgo y de protección relacionados a la sexualidad y maternidad adolescente a fin de desarrollar programas y posponer la maternidad.  Créditos de la imagen: {I don't wanna be statistic; PAA}, por Charley {like, the girl way}, en Flickr. 

Palabras clave: resiliencia; madres adolescentes; factores de riesgo; factores de protección.


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González-Arratia López Fuentes NI. Psicologia.com. 2013; 17:3.
http://hdl.handle.net/10401/6160

Artículo original
Resiliencia y Maternidad Adolescente
Resilience and Teenage Motherhood

Norma Ivonne González-Arratia López Fuentes1*, José Luis Valdez Medina2, Sergio
González Escobar3

Resumen
El objetivo es describir los factores y puntaje general de la variable resiliencia en un grupo de
madres adolescentes entre 14 a 19 años de edad (M= 16.74, DE=1.02), con escolaridad primaria,
secundaria y bachillerato, del Estado de México. Aplicándose el cuestionario de Resiliencia
(González Arratia, 2011). A partir del puntaje total, se encontró que el 50 por ciento de la
muestra tiene baja resiliencia, mientras que el 29 por ciento mostró un nivel alto de resiliencia.
No se encontraron diferencias estadísticamente significativas por edad, ni escolaridad. Se
concluye que es necesario identificar factores de riesgo y de protección relacionados a la
sexualidad y maternidad adolescente a fin de desarrollar programas y posponer la maternidad.
Palabras claves: Resiliencia, madres adolescentes, factores de riesgo, factores de protección.
Abstract
The objective is to describe the factors and overall score of the variable resilience in a group of
adolescent mothers aged 14 to 19 years of age (M= 16.74, SD= 1.02), with primary, secondary
and high school the State of Mexico. Applying Resilience Questionnaire (González Arratia,
2011). From the total score was found that 50 percent of the sample has low resilience, while 29
percent showed a high level of resilience. There were no statistically significant differences by
age or education. We conclude that is necessary to identify risk factors and protective to
sexuality and teenage motherhood to develop programs postpone childbearing.
Keywords: Resilience, teenage mothers, risk factors, protective factors.

Recibido: 07/09/2012 ­ Aceptado: 04/10/2012 ­ Publicado: 14/02/2013

* Correspondencia: nigalf@yahoo.com.mx
1 Dra. en Invest. Psic. Norma Ivonne González Arratia López Fuentes. Facultad de Ciencias de la Conducta.
Universidad Autónoma del Estado de México.
2 Universidad Autónoma del Estado de México.
3 Universidad Autónoma del Estado de México.
Psicologia.com ­ ISSN: 1137-8492
© 2013 González-Arratia López Fuentes NI, Valdez Medina JL, González Escobar S.

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La adolescencia es una etapa de la vida, que de manera tradicional suele definirse como un
periodo de transición entre la niñez y la edad adulta. Este concepto, considera a los jóvenes
como sujetos carentes de madurez social e inexpertos y por tanto, la fase que atraviesan debe ser
un periodo preparatorio para el futuro. Esta postura de que hay una crisis juvenil, ha sido
reiterada en la literatura y no es hasta el siglo XX con Bloss (1962, citado por Munist, Suárez
Ojeda, Krauskopt & Silbert, 2007) quien presenta a la adolescencia como un período óptimo
para el desarrollo pleno de la personalidad.
La OMS define a la adolescencia como el periodo de la vida en el cual el individuo adquiere la
capacidad reproductiva, transita los patrones psicológicos de la niñez a la adultez y consolida la
independencia socio-económica y fija los límites entre los 10 y 20 años.
El concepto de adolescencia que subyace este trabajo es considerado como un periodo de la vida
entre la niñez y la edad adulta. Como la adolescencia puede ser un concepto variable, éste
estudio consideró adolescente a los individuos participantes que iban desde los 14 a 19 años de
edad.
Por su parte, desde el punto de vista de Munist, et al. (2007) refieren que la adolescencia es un
periodo del ciclo vital durante el cual los individuos toman una nueva dirección en su desarrollo,
deben elaborar la identidad y se plantean el sentido de su vida, de pertenencia, responsabilidad
social y metas orientadoras. Los cambios biológicos, sociales y psicológicos llevan a una segunda
individuación que moviliza procesos de exploración personal y social. Además los jóvenes son
considerados capital humano y aliados estratégicos para el cambio, fortaleciéndose así el
paradigma positivo de la adolescencia (Cardozo, 2005).
Una de las cuestiones sobresalientes referidas en investigaciones sobre el desarrollo adolescente
(Cardozo, 2005; Munist, et al., 2007) son las que están relacionadas con la salud reproductiva y
la sexualidad. El deseo sexual es parte del desarrollo normal, así como el placer y reproducción
de las personas; y es a la educación sexual a la que le corresponde orientar en la canalización de
estos factores, para que sean aprovechados en la construcción de una identidad sexual sana y
responsable. En algunos casos, el despertar sexual precoz, falta de educación suficiente sobre el
comportamiento sexual responsable, ausencia de información clara y específica sobre las
consecuencias del intercambio sexual, aceptación de mantener relaciones sexuales cada vez más
precoces, las conducen a conductas sexuales de riesgo, que pueden conducir a un daño
inmediato; tales como: abuso sexual o relaciones sexuales sin ningún tipo de previsión
representan factores determinantes (Anzola, 2004; Morales, 2009). Además, en algunos
trabajos aparecen asociados a las conductas riesgosas como son: la violencia, baja autoestima y
abandono escolar temprano (Burak, 1998, Páramo, 2011).
Actualmente, el comportamiento adolescente constituye una preocupación de salud pública por
varias razones, entre las que se encuentran: el número creciente de embarazos, matrimonios o
uniones libres a temprana edad, debido a que están involucrados en actividad sexual por
razones de abandono familiar, por ser partícipes directos o indirectos de violencia y por la
adquisición de enfermedades de transmisión sexual (Vinnacia, Quiceno & Moreno, 2007).
Desde un contexto social, el embarazo adolescente es un hecho y un problema preocupante y
que si bien, no es un fenómeno nuevo, por sus características sociales difieren de lo que fue en
décadas anteriores; dado que un embarazo a los 14 ó 16 años era habitual o lo esperado, en la
actualidad, es un hecho complejo y ha significado una creciente preocupación social. Prieto,
Juárez & Ruta (2004), refieren que está acompañado de situaciones adversas que pueden
atentar contra la salud, tanto de las jóvenes como de sus hijos, puesto que la maternidad

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adolescente provoca en ellas y en sus hijos un alto riesgo relacionado a aspectos psicológicos,
socioeconómicos y demográficos (Black & Ford-Gilboe, 2004; Ortiz, Borré, Carrillo & Gutiérrez,
2006).
Al respecto, Restrepo (1991), clasifica las consecuencias que el embarazo trae a las madres
adolescentes en: médicas, sociales y psicológicas. Brevemente se explica cada una de ellas.

Consecuencias Médicas:
Entre las consecuencias médicas se encuentran las debidas a la inmadurez física y pueden
presentar: anemia, hipertensión inducida por el embarazo, preeclamsia, eclampsia, toxemia,
abortos espontáneos e inducidos, trauma cervicouterino, trabajo de parto prolongado. En el
niño, puede presentarse: prematuridad, bajo peso al nacer, anormalidades físicas que se
relacionan con altos índices de muerte neonatal. Además, la alimentación deficiente, escasa o
nula atención prenatal, complicaciones del parto, recién nacidos con otras complicaciones
(Hayes, 1987; Morales, 2009).

Consecuencias Sociales:
Respecto a las consecuencias sociales, el embarazo en la adolescencia generalmente es
desaprobado por la familiar y la sociedad. Puede haber pérdida de autonomía debido a la
dependencia económica de la familia y relaciones tensas entre la familia. De manera general, las
situaciones a las que se enfrenta la madre adolescente son esencialmente un proceso de sanción
social y luego uno individual (culpa), además del estrés derivado de un embarazo no planeado,
ajuste de roles y normas al interior de la familia, pérdida de la pareja, y la falta de madurez para
enfrentar todas las dificultades que implica la crianza de los hijos. Otro riesgo, se relaciona con
la interrupción de oportunidades educacionales y ocupacionales que podrían afectar
negativamente su futuro (Prieto, Juárez & Ruta, 2004). Por su parte, el niño se podría ver
expuesto a las ausencias del progenitor o figura paterna estable, así como a una autoridad
materna difusa y cuidados insuficientes.

Consecuencias Psicológicas:
En cuanto a las consecuencias psicológicas, brevemente se refieren a las demandas del cuidado
del niño, pérdida de opciones sociales, profesionales y laborales, junto con las restricciones
económicas, crean un ambiente desfavorable que puede desencadenar intensos trastornos
afectivos posparto y además de los cambios físicos y emocionales adicionales del embarazo,
alteraciones importantes en su imagen corporal y autoestima, posibilitando un cambio negativo
en la autopercepción de la competencia social. Además, cuando los embarazos son resultado de
violencia sexual o abuso, es probable que haya efectos psicológicos y físicos a largo plazo con
consecuencias en la demanda del servicio a la salud (Burt, 1998; Crawford, et al., 2011) Por estas
razones, el embarazo adolescente es de hecho un embarazo riesgoso. Sin embargo, con
programas especializados en esta población muchas jóvenes madres y sus bebés consiguen
establecer relaciones saludables (Ortíz, et al., 2006).

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Por otro lado, se debe entender que la maternidad es un rol de la edad adulta. Cuando ocurre en
el periodo cuando la mujer no puede desempeñar adecuadamente ese rol, el proceso se perturba
en diferente grado. Es habitual que asuman responsabilidades impropias de esta etapa de su
vida y privadas de actividades propias de su edad, confundiendo su rol dentro del grupo,
comportándose como hija-madre, cuando deberían de asumir su propia identidad superando la
confusión en que crecieron (Morales, 2009).
Estudios recientes con madres adolescentes sobre los efectos de la maternidad temprana en el
desarrollo de los niños, han mostrado que las madres adolescentes tienen dificultades en la
regulación de sus estados emocionales, lo cual se evidencia en altas tasas de depresión y de
cambios afectivos. (Weinman, 2003). Dichos estados hacen que estas madres sean menos
sensitivas con sus niños, estén menos disponibles emocionalmente y promuevan el
establecimiento de vínculos afectivos inadecuados con sus hijos, en particular durante la niñez y
los años preescolares. Además, en el caso de las madres adolescentes está en juego el desarrollo
socioemocional de un ser que sin concluir su periodo básico de formación, se toma responsable
de otro que está en pleno desarrollo inicial (Carrillo, 2004).
Adquiere especial relevancia la crianza de los hijos, ya que constituye una tarea difícil para la
madre adolescente, puesto que ésta, al ser percibida como un elemento central de sus vidas, les
dificulta la satisfacción de necesidades propias de su edad como son las fiestas, participación en
grupos, pareja, entre otras. De este modo, los hijos generan sentimientos contradictorios en las
madres adolescentes estableciendo una relación ambivalente; provocando conductas que van
desde la sobreprotección, maltrato verbal o físico, produciendo así sentimientos de culpa (Assef
& Traversa, 1996).
Por lo que contar con el apoyo del padre del niño y de agentes como la familia o las
instituciones, constituyen para las adolescentes una base fundamental de su competencia
materna y favorecen la adaptación de la joven a su embarazo y posibilitan a su afrontamiento
(Vazquez & Piñeros, 1997).
Entre las explicaciones que dan cuenta del embarazo adolescente expresan que, muchas
adolescentes llegan al embarazo como una manera de llenar sus carencias, ya que, el hecho de
ser requeridos sexualmente, las hace sentirse valoradas y se entregan a una relación sexual sin
que necesariamente sea esto lo que desean. Dan este cariño no tanto por satisfacción personal,
sino por satisfacer a la persona que quieren mantener a su lado (Fuentes y Lobos 1991, en Assef
& Traversa, 1996). En este sentido, un estudio reportó que las mujeres embarazadas preferían
arriesgarse a quedar embarazadas, antes que aparecer como conocedoras de asuntos de sexo
como lo es la anticoncepción (Assef & Traversa, 1996).
Otra explicación refiere que aunque no siempre sea una decisión consciente, muchas chicas
desean un hijo. Este deseo se une a muchas expectativas y necesidades (Rüttimann, 2003) sentir
la atención y la ternura que no han recibido, conseguir un rol adulto, pero sin separarse de la
madre, e incluso desarrollar la propia identidad o ver reconocido un estatus social. Además,
entre los elementos propios de la adolescencia está el sentido que adquiere la sexualidad, así
como los comportamientos asociados con la búsqueda de identidad, es decir, que el inicio de la
sexualidad no sólo tiene que ver con la sexualidad, sino con la incorporación al mundo adulto,
ya no se sienten niños(as), y es una expresión de su creciente autonomía; por lo que en algunos
casos desean el embarazo e incluso lo buscan debido a que consideran que la sexualidad es
parte de la afectividad, sin esperar el matrimonio (Olavarría & Molina, 2012).

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Por otro lado, varios autores han planteado que el embarazo y maternidad en edades tempranas
se presenta en todos los sectores económico-sociales. Las razones varían por sector, según
Villanueva, Robles & Galicia (2010) en la clase media: si se llega a dar las chicas no truncan su
trayectoria académica ni su proyecto de vida profesional; generalmente este evento se mantiene
más en al anonimato y su desenlace poco conocido suele ser resuelto en el contexto familiar. En
los sectores rural y marginal la estructura social suele ser más endeble y puede tener serias
implicaciones sociales, económicas y culturales. Incluso la estructura familiar suele ser poco
estable, pocas oportunidades de empleo, bajos salarios, puede presentarse violencia
intrafamiliar, alcoholismo y drogadicción, entre otros. Muchas adolescentes crecen en estos
ambientes en los que reciben poca o nula atención (Stem, 2004). Por otro lado, desde el
contexto cultural, las premisas de género conducen a que la maternidad sea considerada como
un destino único, y el embarazo se convierte en la salida a situaciones problemáticas que viven
las chicas en su casa. Estudios en México indican que el embarazo adolescente es una evidencia
de una sexualidad ilegítima (premarital) y la pérdida de la virginidad fuera del contrato
matrimonial acarrea estigma, pérdida de estima de la familia y agresiones diversas, además de la
discriminación que inicia en el hogar (Nuñez & Ayala, 2012). Además, investigaciones reportan
que el embarazo precoz se asocia con la falta de espacio propio, de trabajo y de oportunidad
educativa y estas jóvenes encuentran en la maternidad, como único proyecto de vida (Greco,
2001).
Si bien, los estudios coinciden en que la edad, aunque es muy importante, no es el principal
factor de riesgo para embarazos adolescentes, en cambio, se considera tiene gran influencia el
conjunto de circunstancias económicas, afectivas, familiares y culturales (Benatuil, 2001). Por lo
que es importante señalar que las variables que aparecen en la literatura como aquellas que
determina o influyen en el embarazo adolescente no operan de forma aislada, sino que es una
combinación e interacción entre varios elementos y circunstancias lo que explica que tiene a
haber un mayor número de embarazos adolescentes en algunos sectores sociales que en otros y
es lo que Stem (2004), denomina como vulnerabilidad social, la cual está relacionada a la
pobreza en los embarazos tempranos que se han observado particularmente en México.
En cuanto a estadísticas, los adolescentes en América Latina conforman un 30% de la población
total. La tasa de embarazo adolescente en México ha ido disminuyendo a lo largo de los últimos
veinte años, pero aún es relativamente alta. Se estima en las cifran oficiales que la maternidad
en mujeres menores de 20 años fue de 445. 775 nacimientos los cuales representaban 16 por
ciento de los nacimientos en 2005. Para 2007, se registraron 447.051 partos de madres menores
de 20 años que representaron el 16.8% del total de nacimientos registrados en ese año.
Específicamente en el Estado de México lugar donde se lleva a cabo la investigación, para el
2008 los nacimientos de madres adolescentes fue del 18.3% (Instituto Nacional de Estadística
Geografía e Informática, (Disponible en http://www.inegi.org.mx/sisept. Información
al 13 de noviembre del 2009. Fecha de descarga 25/01/2011).
Si bien, el embarazo adolescente se da en todos los estratos sociales como ya se mencionó,
impacta significativamente en los sectores más empobrecidos, aumentando la morbilidad y
deteriorando la calidad de vida. Según Fenucci, et al., (2008), son las adolescentes más pobres,
las que habitan áreas rurales y las menos educadas las que tienen tasas de natalidad mayores.
Además, existe una relación significativa entre el nivel de escolaridad y embarazo; cuanto menor
es el nivel de instrucción, mayor es la tasa de fecundidad.
Al respecto, es interesante lo que también refieren las estadísticas en México y que al parecer
está vinculada al embarazo adolescente, nos referimos al nivel educativo, ya que se ha observado

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que la fecundidad de las mujeres es más alta en la medida en que su escolaridad es baja. En el
periodo de 1992-1996 la tasa de fecundidad de mujeres entre 15 y 19 años de edad que no tenían
instrucción escolar fue de 213.16 nacimientos por cada mil mujeres, mientras que en las
mujeres de la misma edad pero con instrucción media superior y superior la tasa fue 8 veces
menor. Además, de los nacimientos registrados en 2007 en el grupo de mujeres de 15 a 19 años,
en la mayoría de los casos se trataba del primer hijo (78.3%), el 18 por ciento de los casos se
trataba del segundo hijo y el 2.9% del tercer hijo (Sistemas de indicadores de género,
2007.Disponible
en:
http://www.estadistica.inmujeres.gob.mx/Madres_adolescentes.
Recuperado el 20 enero 2011).

Resiliencia en adolescentes
Los antecedentes respecto al estudio en adolescentes generalmente tienen la tendencia de
reflejar una preocupación constante por el embarazo adolescente, olvidando que algunos de esos
embarazos pueden ser deseados, incluso aunque no sean intencionados. Así, una importante
área de investigación que tiene que ver con el papel de la resiliencia en la adolescencia es la de
Villanueva, Robles & Galicia (2010) quienes reportan diferencias sobre las ventajas o
desventajas de ser madre adolescente encontrando que el embarazo da sentido a la vida de
algunas jóvenes; mientras que otras le dan un significado negativo, lo cual cobra forma de
depresión en la fase de posparto, con el riesgo de que desarrollen conductas maternales
problemáticas.
Como lo ha sugerido Stem (2004) existe la necesidad de una aproximación diferente a este
tema. Por un lado, el embarazo adolescente necesita ser ubicado y comprendido también como
un proceso de cambio social y cultural que están ocurriendo en determinados países y contextos
sociales.
No obstante esto, interesa hacer énfasis en que aun existiendo estas condiciones de que en
algunos casos el acontecimiento del embarazo se debe considerar un gran riesgo para el
desarrollo, en otros casos, será para asumir la responsabilidad ante la propia vida. Superando
los obstáculos y adaptándose de modo saludable a esta situación. Esta resistencia ante la
adversidad y la capacidad para construir conductas vitales positivas, de modo de alcanzar
niveles de calidad de vida adecuados, es lo que se le conoce como resiliencia.
La resiliencia es un concepto complejo de definir y puede ser entendido de diferentes formas.
Una de ellas explica que es un conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos que posibilitan
tener una vida "sana" en un medio insano (Rutter & Rutter, 1992). Estos procesos se realizan a
través del tiempo, dando afortunadas combinaciones entre los atributos del niño y su ambiente
familiar, social y cultural. Otras definiciones, distinguen la resiliencia destacando el crecimiento
personal, como Higgins (1994), se refiere al proceso de autoencausarse y crecer; Wolin & Wolin
(1993), la describen como la capacidad de sobreponerse, de soportar las penas y de enmendarse
a uno mismo. Por otro lado, se encuentran las definiciones que hacen alusión a que la resiliencia
es una capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e,
inclusive, ser transformado por ellas (Grotberg, 1995a).
Se ha mencionado a la resiliencia como la adaptación exitosa ante los cambios del medio,
también se cataloga como el conjunto de características de fortalecimiento y más recientemente
se ha conceptualizado como un proceso dinámico que involucra la interacción entre los procesos

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de riesgo y protección tanto internos como externos del individuo que se ponen en juego para
modificar los efectos de los sucesos adversos de vida (González Arratia, 2011).
También es necesario destacar que existe la postura que indica que no se nace resiliente, ni se
adquiere naturalmente en el desarrollo, depende de ciertas cualidades del proceso interactivo
del sujeto con los otros seres humanos, responsable de la construcción del sistema psíquico
humano (Melillo & Suárez, 2003). Pues hoy se tiende a ver la resiliencia como una interacción
entre lo innato y lo adquirido (Walsh, 2004).
Esta última postura es central en nuestra concepción para el estudio de la resiliencia en donde
también se ha retomado el modelo ecológico de Bronfenbrenner (1979). Puesto que el individuo
precisa de condiciones biológicas, socioafectivas y socioculturales, más el aporte y la ayuda de
otro significativo para ser resiliente (González Arratia, 2011).
Es decir, se considera que el ambiente es crucial para la resiliencia del individuo, por dos
motivos. En primer lugar, los factores protectores que ayudan a un individuo a ser resiliente
frente a una tensión o una amenazan suelen ser resultado de determinadas condiciones
ambientales que promueven el desarrollo de estas características. En segundo lugar, las
condiciones ambientales existentes contribuyen a amortiguar las respuestas del individuo,
pasando de las de inadaptación o disfunción a la de homeostasis o resiliencia.
Con base en lo anterior, es que la resiliencia es entendida en esta investigación como: el
resultado de la combinación y/o interacción entre los atributos del individuo (internos) y su
ambiente familiar, social y cultural (externos) que lo posibilitan superar el riesgo y la adversidad
de forma constructiva (González Arratia, 2007).
Brevemente, un factor de riesgo hace referencia a la presencia de situaciones contextuales o
personales que al estar presentes, incrementan la probabilidad de desarrollar problemas
emocionales, conductuales o de salud (Rutter, 1993). Especialmente el concepto de riesgo en el
periodo juvenil se destaca por la posibilidad de que las conductas o situaciones específicas,
pueden conducir a daños en el desarrollo y afectar tanto al conjunto de sus potencialidades
como deteriorar su bienestar psicológico y salud mental (Córdova, 2006)
Respecto a los factores protectores, son entendidos como las condiciones que impiden la
aparición del riesgo, por lo que disminuye la vulnerabilidad y favorecen la resistencia al daño.
Implica variables genéticas, disposiciones personales, factores psicológicos, situacionales y
sociales.
Los diferentes factores protectores al igual que los de riesgo, no actúan de manera aislada, sino
ejerciendo un efecto conjunto donde se establecen complejas relaciones funcionales, que traen
como resultado la atenuación de los efectos de las circunstancias adversas y eventos estresantes,
este proceso de amortiguadores del estrés y su conocimiento es imprescindible para comprender
los mecanismos que subyacen a los factores protectores y a la resiliencia en general (González
Arratia, Valdez, Oudhof & González, 2012).
De manera complementaria y partiendo de la idea de que existen factores de riesgo y protección
que actúan simultáneamente sobre el desarrollo de las jóvenes en estas condiciones, la evidencia
indica que algunos individuos pueden ser más vulnerables que otros (Paludo & Koller 2005) por
lo que cabe preguntarse acerca de las características de resiliencia en una muestra de
adolescentes en situación de maternidad precoz.

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Las investigaciones sobre adolescencia y resiliencia han avanzado y señalan la importancia que
tiene dar un soporte teórico y afectivo a las madres adolescentes a fin de que facilite la crianza
de sus hijos. Al respecto, la investigación de corte cualitativa de Anzola (2006), refiere que las
madres prematuras han vivido inmersas en las dificultades que conlleva vivir en la pobreza y
concluye que es a través de la intervención donde es posible fomentar rasgos de resiliencia no
sólo en la madre, sino en consecuencia en sus pequeños hijos.
Asimismo, se ha observado que el embarazo adolescente tiene efectos positivos promoviendo el
acercamiento de la futura madre con la familia extendida y a los amigos. El embarazo suele ser
evaluado por la joven dando sentido a su vida, la posibilidad de ser alguien y la esperanza de
tener un futuro mejor, pues es posible considerar que la maternidad conlleva aspectos positivos
para el crecimiento personal (Piñero, 2001).
Además, pareciera que sólo se está entendiendo el fenómeno de la maternidad precoz en sus
manifestaciones más visibles (daños, consecuencias), perdiéndose de vista tanto los
adolescentes de esos comportamientos, como los fines positivos que pudieran tener al servir al
logro de metas propias del desarrollo.
En concordancia con lo anterior, la presente investigación pertenece a un proyecto mayor sobre
resiliencia en adolescentes en situación de riesgo psicosocial, en la que además de incluir los
denominados factores de protección, los cuales resultan fundamentales para entender por qué
algunos adolescentes expuestos a condiciones adversas no llegan necesariamente a desarrollar
comportamientos de riesgo; y si lo hacen, pueden abandonar rápidamente dichas conductas.
Desde este enfoque, la finalidad de este estudio es describir y comparar el puntaje general y por
factores de la variable resiliencia en madres adolescentes a través de la prueba de González
Arratia (2011) considerando que el embarazo adolescente y la maternidad precoz no planificada
es una situación de riesgo. En estudios previos se ha comprobado que los factores que
componen la escala son: factores protectores internos, externos y empatía, los cuales se han
identificado como características del perfil del individuo resiliente (González Arratia & Valdez,
en prensa). Adicionalmente este estudio pretende aportar el análisis de variables
sociodemográficas a fin de indagar las posibles diferencias de la resiliencia en función de la edad
y escolaridad, ya que hasta el momento en México son escasos los estudios que incluyen estas
variables y los resultados son inconsistentes y se espera que estos resultados sirvan de base para
la implementación de estrategias de intervención posteriores, así como aportar elementos
empíricos al estudio de la resiliencia en ésta etapa de la vida.

Método

Participantes
Se trabajó con una muestra intencional compuesta por un total de 34 mujeres adolescentes
entre 14 y 19 años de edad (M= 16.74, DE=1.02). Respecto a la escolaridad son: de primaria
(11), secundaria (14) de bachillerato (7) y no contestó (2). Todas son de la Ciudad de Toluca,
Estado de México y en el momento de la investigación su hijo(a) tenía entre 6 y 12 meses de
edad. Como criterio de inclusión, fue el haber sido madre entre los 14 y 19 años, con embarazo
precoz no planificado, con al menos un hijo, además reportaron que no existe la figura paterna
por motivo de abandono, por lo que ellas se hacen cargo de la crianza de los hijos(as) y cuentan

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con el apoyo de la familia de origen. La clase social a la que se consideran pertenecer es media
baja (35%) y baja (65%). Las adolescentes que indicaban otra condición no participaron en el
estudio.

Instrumento
La resiliencia fue medida con el Cuestionario de Resiliencia (González Arratia, 2011) el cual es
un instrumento de autoinforme previamente desarrollado en México con niños y adolescentes
que mide factores específicos de la resiliencia basada en los postulados de Grotberg (1995b)
organizados en cuatro categorías: yo tengo (apoyo), yo soy y estoy (atañe al desarrollo de
fortaleza psíquica) yo puedo (remite a la adquisición de habilidades interpersonales). Consta de
32 reactivos con un formato de respuesta tipo Likert de cinco puntos (el valor 1 indica nunca y el
5 siempre) (varianza 37.82% Alpha de Cronbach total= .9192). Del análisis factorial exploratorio
con rotación ortogonal (varimax) se cumple el criterio de Kaiser (KMO=.90, p=.001). La
consistencia interna con los 32 ítems para esta investigación es alta (=0.857). Las dimensiones
del cuestionario son tres:
1.

Factores protectores internos. Mide habilidades para la solución de problemas (= .8050
con 14 reactivos).

2. Factores protectores externos. Evalúa la posibilidad de contar con apoyo de la familia y/o
personas significativas para el individuo (= .7370 con 11 reactivos).
3. Empatía. Se refiere a comportamiento altruista y prosocial (= .7800, con 7 reactivos).

Procedimiento
La presente investigación se llevó a cabo en un Hospital público de Ginecología y Obstetricia
(Materno-infantil) de la ciudad de Toluca, Edo. de México, al cual se acudió para solicitar
permiso a las autoridades de la institución para la realización de la investigación. Una vez
autorizado el proyecto por el Comité de Enseñanza Investigación Capacitación y Ética del
Hospital, se inició con las aplicaciones del instrumento. Cabe mencionar que los médicos de
dicha institución, fueron los que refirieron a las participantes que contaban con los criterios de
inclusión mencionados anteriormente. Las aplicaciones se realizaron por parte de los
investigadores, las cuales fueron de manera individual en la sala de espera de consulta externa,
durante los meses de octubre a diciembre de 2010. Explicándose el objetivo de la investigación y
las adolescentes accedieron a participar de forma voluntaria, anónima y confidencial. La tasa de
respuesta fue del 100 por ciento y la aplicación fue en un tiempo aproximado de 35 minutos
para cada caso, aclarando las dudas que surgieran en el momento y siguiéndose los estándares
éticos que indica APA.
Se realizaron análisis descriptivos en donde se obtuvo la media y desviación estándar para el
total y para cada una de las dimensiones que componen el instrumento. Se utilizó la prueba
Kolmogorov-Smirnov y posteriormente se la prueba U de Mann-Whitney para observar
diferencias de acuerdo a la edad y escolaridad. Los datos fueron procesados en el programa
estadístico SPSS (versión 18).

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Resultados
Primero se obtuvo el ajuste a la curva normal del cuestionario de resiliencia, los cuales fueron
obtenidos a través de la prueba de Kolmogorov-Smirrnov e indicaron valores K-S Z no
significativos, por lo que se concluye que se aproximan a la curva de distribución normal. En la
Tabla 1, se muestran los valores obtenidos en cada factor del cuestionario de resiliencia, en
donde se observa, en primer lugar se encontró que la media más alta corresponde al factor
protector interno, seguido del factor empatía y por último el factor protector externo (ver tabla
1).

Tabla 1
Estadísticos Descriptivos de Resiliencia
Cuestionario
Resiliencia

de

Media

DE

Mínimo

Máximo

Z
de
KolmogorovSmirnov

p

Factores
internos

protectores

4.05

.44

3.14

4.71

.78

.56

Factores
externos

protectores

3.74

.68

2.36

5.00

.57

.90

3.88

.70

2.70

5.00

.90

.39

16.62

100

158

.72

.67

Empatía
Resiliencia total

128.9

Nota: p<-05

Posteriormente se obtuvo el nivel de resiliencia, con base en criterios considerados por el autor;
el cual fue a partir de la obtención de los puntajes totales del cuestionario de resiliencia. Para lo
cual se sumó el puntaje bruto de la escala, donde a mayor puntaje indica mayor resiliencia y a
menor puntaje menos resiliente. Se utilizaron los puntajes correspondientes a los percentiles 25
y 75 como punto de corte de la variable resiliencia. En esta investigación los puntajes fueron de
mínimo 100 a máximo 158, a partir de esto se consideró una puntuación de 100 a 126 como baja
resiliencia, de 133 a 144 puntos moderada resiliencia y de 145 a 158 puntos alta resiliencia. Con
base en estos criterios hay participantes clasificados con un nivel bajo de resiliencia que
corresponde al 50 por ciento de los casos (M= 114.35, DE= 8.60) el 21% presentó resiliencia
moderada (M= 137.85, DE= 3.89), mientras que el 29% se encuentran en el nivel de alta
resiliencia (M= 147.60, DE= 4.55). Asimismo, se llevó a cabo la comparación entre las
participantes pertenecientes al grupo de alta y baja resiliencia, la cual se hizo con la prueba U de
Mann-Whitney, que indica que si hay diferencia entre el grupo de alta y baja resilienca (Z=-4.27,
p.001, rango alta resiliencia=22.5; rango baja resiliencia= 9).

De forma específica, también se obtuvo el nivel para cada uno de los tres factores que componen
el instrumento, lo cual también se hizo a partir de los percentiles 25 y 75. En el caso del factor

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protector interno se encontró que son 12 de las 34 participantes que puntúan con un nivel bajo
(11 participantes en el nivel medio y alto respectivamente); en el caso del factor protector
externo, fueron 12 adolescentes que obtuvieron un nivel bajo (12 nivel medio y 10 nivel alto),
mientras que en el factor empatía, se agruparon 13 participantes con un nivel bajo y el resto
puntuaron en el nivel medio (n=10) y alto (n=11). Respecto a los datos descriptivos se aprecian
valores altos de la media en el grupo de alta resiliencia en los tres factores del instrumento (ver
tabla 2).

Tabla 2
Estadísticos descriptivos nivel de Resiliencia por factor
Factores de Resiliencia

Nivel Bajo

Nivel Medio

Nivel Alto

Media

DE

Media

DE

Media

DE

Factores protectores internos

3.57

.20

4.07

.16

4.56

.10

Factores protectores externos

2.99

.27

3.83

.23

4.55

.21

Empatía

3.10

.31

4.07

.23

4.63

.22

A partir de estos puntajes y para conocer si existían diferencias estadísticamente significativas
en cuanto a la variable resiliencia según la edad, se utilizó la prueba de U de Mann-Whitney con
un nivel de significación de .05. En la Tabla 3 se presentan los datos descriptivos que indican
que no hay diferencias en los factores y resiliencia total en función de la edad. Respecto a las
medias, las adolescentes entre 17 y 19 años de edad presentan una media ligeramente mayor en
los factores protectores internos, externos, y en resiliencia total, mientras que las adolescentes
de 14 a 16 años presentan mayor empatía (ver Tabla 3).

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Tabla 3
Diferencias Resiliencia y Edad. Prueba U de Mann-Whitney
Cuestionario
Resiliencia

de

Media

De

edad
14 a
años

16

Media
edad 17 a
19 años

De

U

Z

Rango
promedio

P

.44

129

-.266

16.92

.790

(n=21)

(n=13)
Factores protectores
internos

3.97

.45

4.09

17.86
Factores protectores
externos

3.54

.78

3.83

.59

108

-1.01

15.31

.316

18.86
Empatía

3.94

.70

3.85

.74

123

-.480

18.54

.631

16.86
Resiliencia total

126.16

17.5

130

16

125

-.408

16.62

.683

18.05
Nota: p<.05

Discusión
Los datos descriptivos obtenidos en la presente investigación, indican que los puntajes del factor
protector interno hallados en esta muestra de madres adolescentes, son similares a los factores
encontrados por Cardozo & Alderete (2009) en el que indagan tanto los factores de riesgo como
de protección en jóvenes en condiciones de riesgo psicosocial. Además de que en la literatura se
ha reportado que las habilidades para la solución de problemas, que son las que mide ésta
dimensión, son una característica de la resiliencia de los individuos (Rodríguez, Pereyra, Jofré,
de Bortoli & Labiano, 2009; González Arratia, 2011).
En segundo lugar, se observó que el factor empatía también resultó ligeramente por arriba de la
media teórica, lo cual exhibe la disposición empática y por tanto de la conducta prosocial que se
deriva de ella. Al respecto Hoffman (1977, en Mestre, Sampur & Tur, 2008) sugería que las
mujeres adolescentes tienen una tendencia mayor a imaginarse en el lugar de otro, ya que se ha
reportado ausencia de empatía en el caso de los hombres. Además de que la respuesta empática
es una de las habilidades sociales que resulta indispensable para hacer frente a las situaciones
estresantes, e incluso es una de las dimensiones reiteradas dentro del perfil del niño y del
adolescente resiliente (Suárez Ojeda, 1997).
En cuanto al factor protector externo, este resultó tener un puntaje menor, el cual se refiere a las
redes de apoyo (ejemplo la familia, amigos, entre otros) con las que cuenta el individuo para

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superar las dificultades y en diferentes estudios se ha constado la importancia especialmente de
la familia para la resiliencia (Walsh, 2004). Dado que las relaciones que fomentan vínculos
cálidos y apoyos entre ambos, progenitores y prole, estimulan una atmósfera apropiada que
estimula el sentido de la eficacia personal, en este sentido, la familia actuaría como un factor de
protección que mediatiza el daño.
Respecto al puntaje total de resiliencia, los resultados indican que el 50% de las madres
adolescentes puntúan con baja resiliencia, por lo que al parecer la mayoría de las adolescentes
bajo estudio, tienen indicios de mayor vulnerabilidad ante la situación concreta que es de la
maternidad. Además de que los individuos que presentan bajos puntajes en resiliencia, indica
un déficit de la variable estudiada y se consideran que requieren de mayores habilidades
congnitivas, interpersonales y emocionales a fin de sobreponerse a la situación de adversidad en
este caso de ser una madre adolescente (González Arratia, 2011). Por lo que, se hace necesario
identificar a estas jóvenes pues se encuentran en situación de riesgo, y que si no es atendido
conlleva a una serie de implicaciones sociales trasmitidas de la madre al nuevo hijo(a) y
reproducidas por ellos(as).
En cuanto a las madres que obtuvieron puntajes medios en resiliencia, no tienen una clara
necesidad de aprender auto-control, pero se beneficiarían enormemente de esto; es decir, sería
recomendable avanzar en la promoción de su nivel de resiliencia, al enriquecer vínculos sociales
y enseñar habilidades para la vida a fin de que puedan fortalecer su autonomía (Vargas &
Villavicencio, 2011; Saavedra & Villalta, 2008; González Arratia, 2011).
Además, estos datos llevan a considerar una propuesta inicial de que cuando se investiga la
resiliencia de la madre adolescente, esta no debe ser estudiada exclusivamente por la condición
de la maternidad, sino también considerar el contexto inmediato, que es el hogar. En el sentido
de que, un elemento fundamental a considerar es la familia, en la cual probablemente existen
carencias de tipo material y/o socio-afectivas. Si bien es cierto, el embarazo adolescente no es
privativa de una clase social en particular, afecta a aquellos que poseen menos recursos
personales, culturales y económicos para hacer frente a las circunstancias, por tanto, tiende a
concentrarse y ver agudizados sus efectos en los sectores marginales de la sociedad. Y en este
caso, incluso el niño que nace puede representar la evolución social de ambos, o el fracaso de los
dos (Stem, 2004; Prieto, et al., 2004; Anzola, 2006).
Por otro lado, resulta también importante mencionar que se encontró un 29% de las
participantes clasificadas como resilientes, ya que presentan alto puntaje en los tres factores que
integran el instrumento, lo cual indica que poseen habilidades para la solución de problemas,
cuentan con redes de apoyo para la superación de los problemas así como comportamiento
altruista y prosocial los cuales son componentes indispensables para la resiliencia. Además las
puntuaciones altas en las tres dimensiones, que en caso de una situación de estrés, podrían
favorecer a los individuos para desenvolverse en el ámbito social y relacionarse con estilos de
enfrentamiento directo, autoestima y locus de control interno las cuales están estrechamente
relacionadas a la resiliencia (González Arratia, 2011). Al respecto, este pequeño grupo de madres
que muestran una tendencia hacia la alta resiliencia, resultaría pertinente llevar a cabo un
mayor análisis de tal forma que nos permitan reconocer aún más aquellos factores de protección
en cada una de ellas y que posiblemente están influyendo para superar la situación actual; ya
que, al parecer se distinguen por ser más resistentes, las cuales según Siebert (2007), se
caracterizan por ser más flexibles al cambio y se adaptan rápidamente a las circunstancias
nuevas.

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Esto puede deberse a que ante la situación de la maternidad precoz, esta se resuelve de diferente
manera por las adolescentes. Para unas, posiblemente esté representando un reto negativo,
mientras que para otras, pudieran estar mostrando mayores habilidades para resistir a la
situación, y estas últimas tienen una ventaja significativa frente a aquellas que se sienten
desamparadas o que reaccionan como víctimas (Siebert, 2007). Lo anterior, no significa que la
maternidad en la adolescencia sea deseada ni conveniente (Anzola, 2006), sino que los
individuos resolverán similares situaciones adversas de diferentes formas, algunas veces con
más indicios de vulnerabilidad y en otros momentos de protección (Heise, Pitanguy & Germain,
1994; González Arratia, 2011). No se trata únicamente de aprender a resistir el impacto de la
adversidad, sino de re-dirigirla hacia el crecimiento personal (Páez, Bilbao & Javaloy, 2008).
Así, los hallazgos de la presente investigación llevan a considerar de manera general que las
madres adolescentes consideradas resilientes poseen mayores factores de protección internos
(habilidades para la solución de problemas) factores externos como lo es el caso de la familia y
de empatía. Estos tres factores que disponen, posiblemente les ayudan a contrarrestar el efecto
de un factor de riesgo, en este caso, definido como la maternidad adolescente. Es decir, que al
parecer son más capaces de aprovechar sus recursos para hacer frente a la situación (Rüttimann,
2003). Mientras que en el caso de las madres clasificadas como no resilientes, es posible
suponer que el riesgo se incrementa, debido al déficit o ausencia de alguno de estos factores
(Cardozo et el., 2009).
Por lo tanto, podemos decir que la resiliencia es producto de la interacción de múltiples factores
(individuales, sociales y familiares) y se trata de un proceso de interacción dinámica entre cada
una de estas variables, lo cual ha quedado demostrado en estudio previos (González Arratia,
2007, González Arratia, 2011).
Por otro lado, en el presente estudio no se encontraron diferencias significativas respecto a la
edad como se esperaba, lo que indica que la edad no hace más o menos resiliente a una persona,
y que se corrobora con los hallazgos de Álvarez & Hernández (2010) ya que puede haber adultos
poco resilientes o jóvenes muy resilientes. También es necesario mencionar que estos
resultados difieren de investigaciones como la de Saavedra & Villalta (2008) y la de Villalobos
(2009), quienes apuntan a que conforme aumenta la edad, tiene a aumentar también el locus de
control interno y la presencia de afectos negativos a pesar de que también aumenta el sentido
del humor. Esto puede relacionarse con el desarrollo de una conciencia social más crítica y una
autonomía más definida conforme se acerca a la edad de la adultez.
Si bien estos resultados son generales, resultaría útil considerar un análisis individual de la
resiliencia, cuyo abordaje sea desde el enfoque cualitativo a fin de ampliar nuestra comprensión
sobre este tema. Por el momento, los hallazgos del estudio nos permiten tener un primer
acercamiento al fenómeno de la resiliencia en este periodo de la vida y en particular en el caso
de este grupo de madres adolescentes, por lo que sería recomendable tomar en cuenta lo
siguiente. En primer lugar, ampliar la muestra y obtener evidencia empírica que confirme ésta
tendencia. En segundo lugar, resulta conveniente indagar información en relación a la elección
de la maternidad en estas edades, y bajo qué condiciones se dio, lo cual en este estudio no fue
posible de explorarlo en todas las participantes; pero resulta relevante abordarlo en
investigación ya que puede ser un indicador del comportamiento resiliente. Como un tercer
punto, se sugiere la inclusión de variables de personalidad para determinar la relación entre la
resiliencia y ansiedad y depresión materna, autoestima, estilos de enfrentamiento locus de
control, entre otras, con el objetivo de tener mayor comprensión sobre la resiliencia en madres
solas. Otro elemento a considerar es la inclusión de los jóvenes padres de tal forma que nos

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permitan también abordar con mayor profundidad la resiliencia en los varones, lo que resultaría
interesante de analizar en futuras investigaciones.
En suma, estos resultados, son útiles en el sentido de que son un primer acercamiento acerca de
la resiliencia en estas madres adolescentes, lo cual, puede ser un inicio que nos permite contar
con bases para el diseño e implementación de un futuro programa de intervención para las
mismas, con el fin de promover bienestar psicológico óptimo. Al mismo tiempo, de comenzar a
ampliar nuestras expectativas respecto a la necesidad de contar con evidencia empírica sobre la
evolución de estrategias de intervención desde la Psicología Positiva. Al respecto se ha referido
que dar sentido a una experiencia a priori negativa, entender el porqué de lo sucedido e
integrarlo en la vida propia parece un elemento clave de la resiliencia (Vázquez & Hervás,
2008).
Cabe mencionar que algunos indicadores pueden ser útiles para identificar factores tanto de
riesgo o vulnerabilidad y factores de protección en el adolescente. En lo individual el factor
protector que significa mantenerse en la escuela a lo largo del período de la adolescencia y tener
aspiraciones en la vida que incluye la importancia del desarrollo personal más allá de ser esposa
y madre (Stupp & Cáceres, 2001). La importancia de las redes de apoyo estables como la familia
(González Arratia, Valdez & González, 2008), en el contexto económico, nos referimos a las
oportunidades laborales y en términos de políticas públicas salud sexual y reproductiva ­
previniendo los embarazos no deseados o posponiendo la maternidad- y las implicaciones que
se deriven de esto, son las políticas y los programas deben ser diseñados tomando en cuenta las
diferentes necesidades y posibilidades (Stem, 2004; Assef, & Traversa, 1996, Benatuil, 2001;
Salvatierra, Aracena, Ramírez et. al., 2005).
Finalmente, resulta importante pensar que en algunos ámbitos la maternidad adolescente
seguirá presente e incluso puede ser la principal opción a seguir por algunas jóvenes, por lo que
aún nos falta por comprender el significado y el rol social de la mujer en la adolescencia.

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