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Noticia | 09/11/2023

La obesidad aumenta el riesgo de sufrir un infarto de miocardio, ictus o muerte cardiovascular



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La obesidad o la “pandemia del Siglo XXI”, según la OMS, es un problema de salud pública a nivel mundial. Se trata de una enfermedad crónica compleja en la que un exceso de grasa corporal (adiposidad) perjudica la salud, incrementa el riesgo de complicaciones médicas a largo plazo, como las enfermedades cardiovasculares, y reduce la esperanza de vida.


Esta enfermedad está causada por la compleja interacción entre factores genéticos, metabólicos, conductuales y ambientales. Además, el cerebro juega un importante papel en ella y en el equilibrio energético, al no estar completamente bajo control voluntario.


Lo cierto es que, en estos momentos, hay 988 millones de pacientes adultos con obesidad en el mundo y estas cifras aumentan anualmente: se estima que en 2030 la población con obesidad a nivel mundial será de 1.556 millones de adultos, lo que supone, aproximadamente, el 20% de la población adulta mundial.


“El Informe Regional Europeo sobre Obesidad 2022 realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela que casi dos tercios de los adultos y 1 de cada 3 niños en la región europea de la OMS viven con sobrepeso u obesidad, y estas tasas están aumentando”, señala Juan José Gómez Doblas, jefe de Sección Cardiología del Hospital Universitario Virgen de la Victoria (Málaga) y vicepresidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).


Pero no todo es negativo, ya que incluso una modesta pérdida de peso puede mejorar o prevenir los problemas de salud relacionados con esta patología.


¿VIVES CON OBESIDAD?


¿Cómo se lleva a cabo el criterio de detección de la obesidad? En la práctica clínica se utilizan medidas antropométricas como el índice de masa corporal (IMC), que debe calcularse en cualquier visita médica y de enfermería, teniendo en cuenta la importante prevalencia de la enfermedad y sus consecuencias.


Hay que tener en cuenta que, aunque el IMC está fuertemente correlacionado con el porcentaje de grasa corporal en todas las poblaciones, existen limitaciones en su capacidad de predicción para estimar la grasa corporal de un individuo determinado, con una variación considerable según el sexo, la edad y la raza o etnia.


Precisamente por ello, una medición de circunferencia de cintura (CC) alta, incluso en personas con peso normal, puede desenmascarar un mayor riesgo de ECV porque la CC es un indicador de la grasa corporal abdominal, que se asocia con enfermedades cardiometabólicas.


“La obesidad se diagnostica con el peso y talla del paciente. Un IMC igual o mayor de 30 es diagnóstico de obesidad, e igual o mayor de 25 es de sobrepeso. No obstante, se trata de una medida que puede confundir en pacientes con mucha masa muscular: el IMC estaría alto, pero no por grasa sino por músculo o al contrario.


Por eso es mejor hablar de adiposidad, y el perímetro abdominal es un parámetro excelente para estimar la grasa visceral que es la más deletérea. En población occidental, la medida que indica mayor riesgo es a partir de los 88 centímetros en mujeres y 102 centímetros en hombres”, aclara Almudena Castro.


¿Qué factores influyen en el desarrollo de la obesidad? Para el vicepresidente de la SEC, no se puede tener una concepción simplista de la etiología de la obesidad, ni se debe culpabilizar a la persona con obesidad como si todo fuera responsabilidad de su estilo de vida.


“Es fundamental hacer una valoración integral del paciente, ya que en el desarrollo de la obesidad existen factores ambientales, socioeconómicos, nutricionales… pero no son los únicos. Así, la genética puede jugar un papel en la forma en que el cuerpo de una persona almacena y procesa la grasa, así como en la regulación del apetito. Y hay otros factores, como enfermedades asociadas, medicación o calidad del sueño, pueden influir en el desarrollo de la obesidad. Tampoco nos podemos olvidar los factores psicológicos, que tienen un papel fundamental”.


En este aspecto, Castro explica que la aparición de la ECV en las personas jóvenes tiene mucho que ver con el estilo de vida, “ya que en estas edades lo que más impacta aún es el tabaco”.


IMPACTO CLÍNICO Y SOCIAL


El impacto de la obesidad es muy alto a nivel clínico debido a sus complicaciones. De hecho, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo, con alrededor de 17,9 millones de muertes anuales.


Precisamente por ello, el manejo del peso continúa siendo parte integral del manejo del riesgo cardiovascular.


Los expertos aseguran que la obesidad está fuertemente relacionada con los principales factores de riesgo cardiovascular, como la presión arterial elevada, la intolerancia a la glucosa, la diabetes tipo 2 y dislipidemia. El sobrepeso y la obesidad, de hecho, causan efectos metabólicos adversos sobre la presión arterial, el colesterol, los triglicéridos y la resistencia a la insulina.


“La obesidad se relaciona de forma directa o indirecta con numerosas enfermedades del sistema cardiovascular, como ictus, enfermedad tromboembólica venosa, hipertensión pulmonar, enfermedad ateroesclerótica, insuficiencia cardiaca, arritmias, fibrilación atrial, entre otras. Y el riesgo de enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular y diabetes mellitus tipo 2 se incrementan a mayores valores de IMC”, asegura el vicepresidente de la SEC.La obesidad también tiene un impacto social, por las limitaciones en la vida de los pacientes.


Sin embargo, prevenir y tratar la obesidad reduce el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares y, por lo tanto, el riesgo de infarto de miocardio, ictus o muerte cardiovascular. Así, la modificación del estilo de vida y la posterior pérdida de peso mejoran la inflamación sistémica y la disfunción endotelial asociadas.


¿Qué impacto tiene la obesidad sobre la calidad y la esperanza de vida de las personas que viven con la enfermedad? “Está claro que confiere consecuencias negativas, tanto en los aspectos físicos como psicosociales, especialmente entre las personas con obesidad grave. Se ha demostrado que la pérdida de peso mejora la calidad de vida en personas con obesidad, independientemente del tipo de estrategia utilizada”, señala Juan José Gómez Doblas.En su opinión, el abordaje emocional es un componente crítico en el tratamiento de la obesidad y puede ser tan importante como la dieta, el ejercicio físico o los tratamientos médicos en el camino hacia la pérdida de peso.


“Este abordaje emocional requiere no estigmatizar a la persona con obesidad y buscar una comunicación empática y efectiva que permita un apoyo psicológico, sin el cual no tendremos éxito en la pérdida de peso.


Es fundamental que el paciente y el profesional sanitario entiendan la conexión emocional y los hábitos alimenticios, y abordar esta interconexión para mejorar dichos hábitos. Es importante, además, no marcar metas inalcanzables: una reducción del 5 % del peso en un paciente con obesidad ya tiene un beneficio en salud. En ocasiones, esto supone objetivos de no más de 5 o 6 kilos que son abordables. Adoptar posturas maximalistas, como decir que pierda 25 kilos y hasta entonces no vuelva a consulta, solo llevan a la frustración del individuo con obesidad y al fracaso de las estrategias utilizadas”, asegura.


Para la coordinadora del grupo Diabetes y Obesidad de la SEC, esta patología afecta de lleno a la calidad de vida de las personas por la incapacidad funcional que genera, las enfermedades que desencadena, la carga de culpabilidad que conlleva y la sensación de fracaso que genera. “Requiere un abordaje en las diferentes esferas del paciente: física, psíquica, social y emocional”.


¿CUÁNTO CUESTA LA OBESIDAD A LOS ESPAÑOLES?


El impacto económico mundial de la obesidad y el sobrepeso superará los cuatro billones de dólares anuales para 2035, un año en el que se estima que el 51% de la población del mundo vivirá con estos dos problemas, según un informe del Atlas Mundial de Obesidad publicado por la Federación Mundial de Obesidad (World Obesity Federation).


¿Qué supone para la sanidad pública el sobrepeso y la obesidad desde el punto de vista económico? ¿Cuánto les cuesta a los españoles?Son muchas las complicaciones asociadas a la obesidad: 1,2 millones de personas con enfermedad cardiovascular tienen obesidad, aproximadamente 2 millones de adultos con obesidad sufren también de prediabetes y alrededor de 3 millones son diabéticos. También hay que destacar que hay unos 2,2 millones de personas con apnea del sueño y 650.000 con enfermedad renal crónica que, además, tienen obesidad.


A tenor de estos datos, Castro Conde apunta que la obesidad genera una alta carga económica al Sistema Nacional de Salud (SNS) y que es responsable del 9,7% del gasto sanitario. “En España, la obesidad tiene un impacto económico del 2,09% del producto interior bruto (PIB) y se ha demostrado que, por cada euro invertido en la prevención de la obesidad, se recuperarían seis”, asegura.


También hay que tener en cuenta que el gasto sanitario asociado a la obesidad ya asciende a 2.000 millones de euros anuales en el SNS20 y se espera que alcance más de 3.000 millones en 2030.


“Las personas con obesidad de grado II o superior consumen hasta 36% más de medicación respecto a las personas con normopeso (p < 0,05). Y la obesidad, además, implica elevadas tasas de absentismo escolar y laboral, reduciendo la producción del mercado de trabaja en una cuantía equivalente a 479.000 trabajadores a tiempo completo cada año”, explica Castro Conde.


Y para Juan José Gómez Doblas, además, el manejo de las enfermedades asociadas a la obesidad (enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, varios tipos de cáncer, trastornos del aparato locomotor, y problemas psicológicos, entre otros) conllevan costos significativos en términos de recursos sanitarios.


“Estos costes pueden ser directos, como el tratamiento de la propia obesidad o de alguna de sus complicaciones, o indirectos relacionados con la pérdida de productividad, costes de oportunidad, etcétera. No hay estudios bien definidos, pero se estima que la obesidad representa un porcentaje del gasto total en salud de España, que podría variar entre el 2% y el 7%, dependiendo del año, la metodología del estudio, y otros factores”, concluye el experto.


 

Fuente: Diario Médico
Palabras clave: obesidad, infarto, ictus
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