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Advierten de la utilidad de emplear la Psicología Social contra la radicalización y el terrorismo

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Noticia | 06/04/2016
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4/2016 Investigadores de las universidades de Granada y Córdoba adaptan instrumentos para la evaluación de los procesos de radicalización violenta con el fin de ayudar a neutralizar el fenómeno que ha llevado a cientos de europeos al lado del terrorismo


Los últimos atentados suicidas en París y Bélgica han sido obra de ciudadanos europeos radicalizados. Las últimas muertes en Lahore (Pakistán) fueron igualmente perpetradas por extremistas. La radicalización violenta de una parte de la población está, en definitiva, en el origen del que se ha convertido en el principal problema de seguridad ciudadana en el Mundo: el terrorismo. Comprender el proceso psicológico que lleva a una persona a adoptar posiciones extremas resulta fundamental para poder implementar políticas efectivas, tanto en la fase de prevención como en la identificación de individuos radicalizados y su posterior tratamiento y reinserción.

Hasta ahora, buena parte de las aproximaciones a este fenómeno se hacían desde una perspectiva descriptiva, y en pocas ocasiones tratando de explicar el problema con fines anticipatorios y prospectivos. En esa búsqueda, la Psicología ha desarrollado una de las propuestas teóricas más consistentes para ejemplificar la legitimación y el apoyo a acciones vinculadas a ideologías extremas.

Esa teoría recibe el nombre de modelo de pirámide y consiste básicamente en representar la estructura social de un grupo en una escala que va desde la base, formada por los individuos neutrales, hasta el vértice donde se encuentran los violentos; pasando previamente por activistas y radicales. Para comprender el paso de un escalón a otro de la pirámide los investigadores utilizan una herramienta conocida como “Escala de Intención de Activismo y Radicalismo”, que evalúa la disposición de los individuos a sacrificarse por un grupo o causa desde acciones poco costosas y convencionales, como ofrecer tiempo personal a la causa, hasta comportamientos más costosos y arriesgados, como quebrantar la ley o ejecutar ataques.

Diversidad de contextos

La adaptación de ese modelo al contexto español ha sido obra de un grupo de investigadores de las Universidades de Granada y Córdoba, estudio publicado en la revista International Journal of Social Psychology.

Su trabajo argumenta que la escala es una herramienta breve que puede ser útil para la investigación psicosocial encaminada a indagar en los procesos de movilización de personas y grupos. Su brevedad y versatilidad favorece que las medidas que genera puedan ser utilizadas como variables en gran diversidad de contextos.

El proceso de radicalización violenta, a juicio de los investigadores, debería abordarse “siguiendo una metodología científica, y no mediante prejuicios y especulaciones”. Los autores insisten en subrayar que “por norma general, los terroristas no portan trastornos de personalidad (sociopatía, trastornos paranoides o narcisista) ni otros trastornos clínicos como esquizofrenia, psicosis o paranoia” que pudieran explicar comportamientos tan extremos. Por eso, consideran fundamental “el estudio de factores de riesgo tales como la humillación, la privación relativa, la opresión percibida, la percepción de amenaza, los estados de crisis personal o la búsqueda de significado vital”.

Barreras morales

Los científicos explican que “los seres humanos disponemos de ciertas barreras morales que nos inhiben de utilizar la violencia de forma instrumental contra nuestros semejantes. Y en el caso de la violencia terrorista, estas barreras suelen debilitarse mediante la deshumanización del hipotético enemigo, la atribución de culpa a los agredidos y la glorificación pública de los violentos, especialmente en determinados escenarios”.

Según las investigaciones desarrolladas por los autores de este trabajo, para comprender los procesos de radicalización violenta es fundamental atender a múltiples variables psicosociales que se vertebran en torno a una ideología que ofrece la legitimidad y la identidad social de referencia. Por tanto, conviene anticiparse, implementar medidas preventivas y ofrecer respuestas integrales a corto y largo plazo desde todos los ámbitos de la sociedad.

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