Última actualización web: 20/05/2019

La felicidad, un sinónimo de salud

Noticia | Psicología general | 22/02/2019

RESUMEN


Una revisión de más de 160 estudios llevada a cabo por un equipo de Princeton liderado por el Dr. Ed Diener constata de forma clara y evidente que los individuos que reconocen ser felices viven más y con mejor salud.

Y esto, ¿por qué es así? Cuando somos felices segregamos menos hormonas de estrés como adrenalina o cortisol, aumentamos la función inmune y se favorece una pronta recuperación después  de un esfuerzo. Por lo tanto, podemos aventurarnos a decir que la longevidad y la salud están influenciadas por nuestro estado de ánimo.

En referencia al tema del cortisol, es importante remarcar que segregarlo en exceso puede ser dañino para la mielina o sustancia blanca, encargada de proteger las neuronas (sustancia gris).

Por lo tanto, la felicidad previene el deterioro cognitivo, aspectos como la memoria, la atención o concentración.

En este sentido, ser feliz es sinónimo de estar sano. Cuando somos felices, segregamos más endorfinas que contribuyen a un mejor funcionamiento del organismo. Por ejemplo, estimulan la creación de serotonina, neurotransmisor encargado de regular nuestro humor.


Por lo tanto, si la felicidad depende en parte de nosotros y además nos ayuda a estar más sanos, ¿cómo podemos hacerlo? ¿Cómo podemos ser más felices? Pues a grandes rasgos con gestos aparentemente simples como por ejemplo sonreír más o realizar hábitos positivos, como abrazarnos más a menudo con las personas que queremos, felicitarnos por los pequeños logros alcanzados, ser capaces de disfrutar de los placeres cotidianos de la vida o relajarnos descansando y gozando de una buena conversación.

Un estudio estadounidense desvela la receta de la felicidad: Experiencias nuevas y cambios positivos. Por otro lado, aprender a apreciar lo que tenemos en lugar de desear muchas cosas.

Aquí os expongo algunas de los muchos consejos que podéis seguir para intentar ser un poco más felices:

– Cuando os sintáis mal, tristes, rabiosos o con miedo, pensad enseguida qué os está provocando estas emociones. Si es una distorsión cognitiva, buscad enseguida pensamientos alternativos para sentiros mejor.

– Sed conscientes de vuestros gestos y postura. Caminad erguidos y orgullosos, no os encojáis. No frunzáis el ceño, sonreíd, relajad los músculos de la cara y no apretéis la mandíbula. No estéis en tensión, fijaros que los hombros y el cuello estén distendidos.

– Fijaros y prestad atención a las pequeñas cosas y a los detalles, os pueden dar pequeños placeres. Permitiros disfrutar del simple hecho de comer una manzana, de estar sentados en un banco bajo el sol o del abrazo que os da vuestro hijo.



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