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Artículo para difusión | Post de usuario | 07/01/2024

Alucinación y diagnóstico  

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Alucinación y diagnóstico   Introducción Aprovechando la incitación del curso de revisar la distinción de aquellos cuadros psicoanalíticos  que se hallen en la triple frontera entre neurosis obsesiva, paranoia y melancolía, investigando sobre alucinaciones para la tesis de maestría. Sostengo como una de las hipótes...

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Alucinación y diagnóstico  


Introducción Aprovechando la incitación del curso de revisar la distinción de aquellos cuadros psicoanalíticos  que se hallen en la triple frontera entre neurosis obsesiva, paranoia y melancolía, investigando sobre alucinaciones para la tesis de maestría. Sostengo como una de las hipótesis de la misma que la alucinación y el sueño de angustia son ejemplos de que, respecto a la irrupción de lo Real, lo que resulta verdaderamente imposible es que no se anude en lo inmediato bajo la forma del delirio y de la vuelta a soñar del despertar.Surge indagar acerca de las ventajas que puede aportar, para el diagnóstico de los cuadros límites, una profunda revisión clínica semiológica, tanto sea de los trastornos sensoperceptivos como de las representaciones o creencias que pueden soportarlas.Se requerirá de algún rodeo desde la neurología y las primeras concepciones psiquiátricas, hasta la psiquiatría contemporánea a Freud y  Lacan, para recién estar en condiciones de pensar qué lugar pueden ocupar las alucinaciones en el seno del psicoanálisis respecto de su potencial valor diagnóstico. Desarrollo Hombres de ciencia como Darwin y Foville, pensaban que las alucinaciones eran de origen periférico por espontánea excitación de las terminaciones de los nervios de los sentidos y de allí se propagarían a los centros de percepción.Confrontaban así, con Michea, quien  postulaba el origen puramente central.Esquirol consideraba a las alucinaciones como fenómenos puramente psíquicos. Efectos del reflejarse de las ideas delirantes sobre las funciones sensoriales, sin ser necesaria la intervención del sistema de los sentidos. Pensaba a la alucinación como una percepción, independiente de todo dato sensorial y de todo delirio.En cambio, las alucinaciones  para Leuret y para Lelut fueron definidas como “verdaderas y propias transformaciones de los pensamientos en sensaciones”.Para el grupo más”intelectualista” de Reil-Neumann-Parchappé, las alucinaciones son un “estado del alma en que unas puras imágenes se producen en la conciencia, análogas a las verdaderas sensaciones e independientemente del concurso de los sentidos”A su vez para Griesinger la parte principal y originaria en las alucinaciones atañe a la excitación de los centros de la ideación, pero también a los nervios periféricos del sentido. Se trataría de la excitación espontánea central, que se transmitiría a la periferia, donde reproduciría allí las falsas impresiones. La gran pregunta para mediados del siglo 19 era poder responder, si entre la representación y la percepción, se trata  sólo de una diferencia de grado, y la misma equivalencia para percepción y alucinación.Buchez, Delasiauve, Fairet y Griesinger, sostenían que la alucinación no era más que una representación fuerte y muy viva, independiente de aberración mental y que se puede dar aún con cerebro sano.Esas fueron las ideas de Esquirol y de Lelut. Por el contrario Baillarger, Garnier, Castelnau, opinaron que entre la representación y la alucinación, había  una diferencia de naturaleza. La alucinación siempre era un fenómeno patológico.Esquirol consideraba que el foco de la alucinación debía estar en el centro de la sensibilidad, y que el cerebro se ponía en acción por una causa cualquiera. Causaque desde entonces pasó a ser, la excitación mecánica central. Hemos visto dos posiciones opuestas. Los progresos en los estudios de anatomía  y de fisiología de los centros nerviosos cerebrales, mostrarían que además del sistema periférico de los sentidos y de los centros de la ideación, existían en el encéfalo sedes terminales de los nervios sensoriales.Representante de esta nueva adquisición fue Baillanger Para quien  la alucinación se produce por compromiso del centro sensorio cerebral. La excitación se propagaría al órgano del sentido y a su aparato terminal cerebral.Son ideas que van alcanzando plenitud con Schoder-Van der kolk y Kahlbaum, hasta alcanzar su máximo con Hagen y su “Teoría de la alucinación” de 1869. Se trata de la comunicación que localiza a las alucinaciones en estímulos generados en los ganglios basales del cerebro. Lugar donde irían a terminar los nervios de sentido y donde entrarían en contacto con los centros hemisféricos de la ideación  y de concienciaLlegando a admitirse que incluso la lesión de cualquier punto de las vías partícipes puedan generar alucinaciones diferenciadas acorde al compromiso.Luys en 1865, delimita a los centros sensorios cerebrales. Su determinación más calibrada recae en el tálamo óptico (TO).Allí primero se transformarían las impresiones sensoriales en acto psíquico o percepción. El TO sería el límite superior del sistema nervioso sensorial, a partir de él comenzaría la esfera psíquica, desde donde se reenviarían a la corteza cerebral  y volviéndose perceptibles las impresiones.Las últimas conquistas colocaron aún más arriba que en el TO a la terminación central de las vías sensitivas. Ferrier en 1876, localiza el centro cortical de la visión y del oído, que Tamburini intentó aplicar al problema de la alucinación.Así se iba clarificando que la  localización única y principal de las alucinaciones, no podía estar en los sistemas periféricos ni en los órganos de los sentidos, ya que coexistían alucinaciones a su destrucción. Tampoco permanecía en pie un único  origen  intelectual, ya que la excitación de ese centro no daría más que representaciones ideales de los objetos, nunca imágenes  sensoriales complejas y elaboradasPara Tamburini, se trataría de la reproducción o resucitamiento de aquello depositado por un hecho morboso en la sustancia ganglionar de la corteza.Allí están los focos de elaboración de los actos psíquicos.Y establece interesantes consecuencias a partir de concebir a las alucinaciones dependiendo de secuela cerebral local  o por contigüidad a zonas adyacentes.Por vez primera se vinculan fenómenos alucinatorios articulados a la nosografía de los delirios. Dependiendo los mismos, de la simple extensión de la zona morbosa del centro cortical sensorial a la zona de la ideación o, a la inversa, por destrucción segunda de los centros psicosensoriales.La alucinación constituiría un fenómeno transitorio que en general se presenta en el primer período irritativo de las afecciones cerebrales que producen la locura y por ello no habría correlación entre alucinaciones y patología cerebral. Ballet  se consagró a la  psicosis alucinatoria crónica, (PAC) aislada previamente por Séglas, Dupré y Cotard. La PAC, se caracteriza por ideas de persecución ambiciosas con alucinaciones. Cuando no se acompañan de alucinaciones, Ballet los describe como delirios de interpretación.J.Séglas estudió especialmente las alucinaciones psíquicas (AP) de Baillarger.Las AP aparecen con otros nombres en distintos autores: pseudo alucinaciones (Kandinsky, Hagen) o alucinaciones aperceptivas (Kahlbaum).Las primeras AP deben buscarse en los autores místicos, ya que pocos médicos, entre ellos Leuret, las vislumbraron.Es Baillarger quien en 1844 las hace entrar en el terreno de la psiquiatría, aislándolas de las alucinaciones psicosensoriales o verdaderas, y deteniéndose exclusivamente en las “locuciones interiores”.En las verdaderas alucinaciones, el alucinado cree que sus sentidos están impresionados como en la percepción real externa.En cambio en las AP ello no ocurre. Todo es interior o subjetivo.Distingue a las AP en dos grupos: 1º según que las mismas se relacionen con objetos o personas; 2º según revistan un carácter verbal.Los dos tipos se caracterizan por tener la precisión sensorial de la alucinación: detalle, perfección del cuadro, espontaneidad, estabilidad e incoercibilidad.Además aparecen por sí solas, sin la participación activa y consciente del enfermo, quien asiste pasivo y receptivo a las mismas sin poder modificarlas a su antojo. El segundo grupo- las AP de carácter verbal- presenta locuciones intelectuales o voces interiores, es más complejo que el primero y se divide a su vez en dos subcategorías psicopatológicas. La primera es la que se compone de alucinaciones verbales motrices o kinestésicas. Se trata de una percepción patológica, no sensorial, de palabras oídas o leídas bajo forma kinestésica de palabras articuladas (movimiento labial sin articular nada).La segunda subcategoría de AP verbales, está constituida por fenómenos que no tienen, como la precedente, carácter alucinatorio y que en 1900 las llamó Séglas pseudo alucinaciones verbales  (PAV).Se trata de la percepción del propio pensamiento bajo forma verbal. Las palabras son captadas con mucha precisión, con timbre y resonancia interior muy diferente a la sonoridad de las palabras pronunciadas externamente.  Los críticos a las AP y adversarios a Baillarger decían que las AP son alucinaciones banales y no habría necesidad de distinguirlas, otros dicen que las AP son interpretaciones.Para Séglas, estas apreciaciones no han distinguido a las alucinaciones psicosensoriales de las psíquicas, debido a que no han diferenciado que la objetividad de una representación mental, comporta tanto la objetividad psicológica como la objetividad espacial. La objetividad psicológica, pertenece en común al mecanismo de la pseudo alucinación y a la verdadera alucinación.En cambio la objetividad espacial, sola se observa exclusivamente en la verdadera alucinación.El pseudo-alucinado se queja antes que nada del carácter ajeno a su yo y también de lo déspotas de las voces. Traduce así un sentimiento íntimo de automatismo y de dominación, pero las voces son interiores.En el eco del pensamiento, el pensamiento percibido del exterior pertenece al yo y son los demás que lo repiten como en eco. Los fenómenos descriptos como pseudo-alucinaciones, son  para muchos autores, la alucinación por excelencia (Clérambault, Dupouy).Se observa un deslizamiento progresivo de la idea de alucinación, desde percepción sin objeto u objetivación de la representación a la idea de fenómeno xenopático.El fenómeno xenopático puede ser un error del juicio, una simple sensación real pero ya no integrada al yo, u opuesta a él. La forma típica de las PAV es fácil de reconocer. El sujeto habla de voces, que a la vez distingue de las voces exteriores reales y de su propio pensamiento.Son voces interiores y mudas, con timbre familiar. Las distingue de su propio pensamiento porque son mucho más claras (hiperendofasia) mientras que el pensamiento personal es endofásico.Juntamente con esto, se percata que no es su dueño ni posee voluntad sobre ellas. Las voces le hablan de cosas de poco interés, indiferentes o frívolas a veces enigmáticas. Se oponen a las costumbres, deseos y a la voluntad, y dio pie a Séglas para que le reconozca al psicoanálisis autoridad para explicar el origen y el carácter de las PAV. En los paranoicos, con o sin negativismo, la PAV son muy frecuentes.También en los psicasténicos, escrupulosos, incrédulos y en quienes para describir lo que sienten emplean neologismos o frases incomprensibles, en ellos se sospechará de la existencia de PAV.Ciertas ideas de persecución se asocian generalmente con alucinaciones auditivas verdaderas (insultos, calumnias).Las PAV  traen ideas particulares sin intermediario sensorial, o de influencia directa. Hablan de posesión, hechizo, espiritismo, telepatía, magnetismo etc. Se debe buscar la presencia o ausencia del estado alucinatorio (EA).En el estado alucinatorio, se encuentra al unísono el automatismo y la confusión.Es característico de las psicosis tóxicas e infecciosas, de los delirios oníricos, también de los períodos de excitación emocional de las psicosis crónicas.El EA resulta favorable para la eclosión de las verdaderas alucinaciones. En ausencia de este EA,  o en caso de duda, es razonable pensar más en las PAV que en las alucinaciones verdaderas, puesto que son mucho más frecuentes. Para los partidarios de las AP como interpretaciones: la PAV sólo sería la interpretación errónea de un hecho psíquico particular. Así piensan Francotte, Patini, Stransky y Masselon, inspirados a su vez en Fairet y en Taine.El elemento primordial necesario en la PAV es la no coordinación  psíquica con el sentimiento de automatismo. Efectivamente en algunos casos se agregan interpretaciones, pero son juicios secundarios resultado de un análisis más o menos exacto del fenómeno, justificativo a sus causas, origen o finalidadRespecto de la frecuencia, las AP, especialmente en su forma PAV, son un fenómeno muy frecuente, especialmente en las formas crónicas.En cambio las alucinaciones verdaderas están ligadas a un estado agudo.Ahora bien, si las AP son frecuentes en las formas crónicas de la locura, no debemos considerarlas  en sí mismas  con significación de cronicidad.Porque las AP se encuentran, episódicamente en ciertas formas curables como la melancolía, las obsesiones, los delirios psicasténicos transitorios. Tal como fueron  evidenciadas por: Janet, Meuriot, Mignard, Barat y el mismo Séglas.Pero donde más se encuentran las AP son en los delirios sistematizados crónicos, de entrada o luego de remisiones, especialmente el grupo de los llamados delirios paranoicos. Janet halló en el obsesivo psicasténico, sentimientos de automatismo y de dominación. Bleuler encontró en los delirantes paranoicos- que él llama esquizofrénicos- análogos estigmas de los psicasténicos de Janet.Para Séglas, todos los síntomas no son más que los símbolos y las etapas de un mismo proceso del que la PAV sólo ha representado uno de los primeros momentos.Las teorías mecánicas tomaron nuevas formas: la tesis de Lelong 1928, la subducción mental de Mignard, el pensamiento orgánico de Hesnard, la cenestopatías distónicas de Guiraud, las polifrenias de Revault d’Allonnes.Pero  es la teoría de Clérambault, la que representa el último término más completo de esta evolución.Para él las alucinaciones, las ideas delirantes, incluso el propio pensamiento de los alucinados, expresan los trastornos neurológicos primordiales. El cerebro está enfermo y muele error. Así se constituye en el seno de la personalidad sana una personalidad mórbida y con su cara psicológica provoca repeticiones groseras y estériles, comparables a las de los obsesivos (Lelong. La idea de persecución no es constante, y en todo caso secundaria.Tanto en Francia como en Alemania hubo violentas reacciones contra esta concepción.Algunos quisieron conservar el carácter esencial sensoespacial de la alucinación y llamaron pseudo alucinación a los fenómenos que no tenían ese carácter.Otros quisieron mostrar que la alucinación, como percepción sin objeto, podía concebirse sólo por la integración del fenómeno en un “conjunto” psíquico que lo condicione.Respecto de los críticos a la teoría mecánica de la alucinación, fue muy respetable el esfuerzo por integrar la alucinación al delirio por parte de: Fairet, Magnan, Chaslin, Séglas, Blondel, Massellon Specht, Kronfeld, Krueger.Specht en 1915, ataca la incidencia mecánica por obra de la excitación específica de los nervios. Niega que la imagen, por fuertemente excitada que esté a través de un proceso cerebral, pueda tomar los caracteres de la percepción y advierte que  no se debe confundir impresión sensorial nerviosa y percepción.Schroder, retomó el vínculo entre  alucinaciones y afecciones cerebrales.Contra las opiniones negadoras de la alucinación respecto de que no habría diferencias entre las alucinaciones verdaderas y las pseudo alucinaciones, porque en definitiva en los dos tipos, no habría percepción sin objeto, reaccionaron Jaspers Quercy y K.Schneider.Jaspers intentó mostrar que la imagen alucinada no es una simple representación  ya que tiene caracteres sensoriales de corporeidad,  vivacidad y de proyección espacial.Quercy, abogó a favor de caracteres sensoriales de  la alucinación que no deben confundirse con imágenes, ensueños o error. Habla de que en toda percepción, aún en estado normal, hay un “complemento” que llama a la creencia en la objetividad.Para Joffroy no existirían alucinaciones aisladas sino un estado alucinatorio que comprende toda la inteligencia, mientras que Gilbert  habla de desagregación o dislocación material de la personalidad.Bleuler también critica la teoría mecánica de la alucinación y atribuye a ésta  complejos trastornos psíquicos.También Claude insistió en el carácter global del trastorno cuya consecuencia es la alucinación, así como en la importancia de los estados oniroides en la génesis de las psicosis alucinatoriasSchneider da a los trastornos psicosensoriales un carácter fenomenológico autónomo respecto de la percepción normal. Distingue entre la  presencia y la realidad de los fenómenos intuitivos sensibles y de los fenómenos in intuitivos de la percepción.Concluye que el fenómeno alucinatorio depende de graves trastornos del pensamiento.En esa línea Janet, piensa al fenómeno como expresión de una impotencia psíquica general.Ya en bisagra con el psicoanálisis, el mecanismo psicogenético para las alucinaciones de Charcot, aproxima a Freud tanto a las alucinaciones como a las neurosis.Según Charcot, si uno hipnotiza al histérico, le despierta el vívido recuerdo alucinatorio. De allí la tan conocida frase de que los histéricos padecen  de reminiscencias. Que aprovechó Breuer, en 1881 para su terapia catártica.La alucinación y el soñar han sido desde el comienzo del pensamiento freudiano, mecanismos incipientes del aparato psíquico en lo ontogenético y pareciera que en lo filogenético también.La mayoría de la elaboración clásica sobre las alucinaciones en el psicoanálisis, ha sido tomada desde esta doble pertenencia: 1º como connatural al aparato psíquico y 2º apoyándose en las alucinaciones oníricas.Esta primera actividad psíquica, como nos dice Freud desde el “Proyecto...·y  la Interpretación...” apuntaba a una identidad perceptiva.Pero también, que esa identidad perceptiva, no podía cancelar el estímulo real porque la necesidad perduraba.Por ende Freud estima necesario que el aparato psíquico se avenga  a las diferencias entre investir imágenes propias o investir el exterior por la sensopercepción. De ese discernimiento, Freud compara distintos mecanismos alucinatorios....“Para que la investidura interior tuviera el mismo valor que la exterior, debería ser mantenida permanentemente, como en la realidad sucede en las psicosis alucinatorias y en las fantasías de hambre”.Y a  diferencia de la psicosis alucinatoria, en el sueño ”...se hace necesario detener la regresión completa de suerte que no vaya más allá de la imagen mnénica y desde esta pueda buscar otro camino que lleve, en definitiva, a establecer desde el mundo exterior la identidad perceptiva deseada ”.En el colmo de su racionalismo, deduce  Freud que habría imposibilidad alucinatoria si la regresión está inhibida y  la excitación se desviara a un segundo sistema –el pensamiento-.Sueño y  alucinación, como arcaísmos de una vida pasadaEl aparato psíquico que piensa Freud es un aparato de alucinar. Y el deseo es el motor de ese aparato, deseo que originaria y fundamentalmente alucina su objeto por vía retrógadaY a propósito de nuestro indagar, dice” el sueño pertenece en efecto a la misma serie de formaciones psicopatológicas que la idea fija histérica, la obsesión y la idea delirante.”De esta manera, junta y mezcla neurosis y psicosis. Es importante saber por qué Freud, en esta enumeración en serie, en lugar de cifrar a la alucinación a la cual se estaba refiriendo respecto del sueño, ubica en ese lugar a las ideas delirantes. Si se  trata de un desliz, o es su posición, es decir que piensa al delirio como forma o proceso que en algún momento concierne al mecanismo alucinatorio.En la “Adición metapsicológica “Freud  retoma las comparaciones del sueño con los estados patológicos afines, observa que la formación de la fantasía de deseo y su regresión en la alucinación  son los elementos más importantes del sueño, pero extensibles también a dos estados patológicos: la demencia aguda  alucinatoria o amencia de Meynert y la fase alucinatoria de la esquizofrenia.La primera como delirio alucinatorio ordenado, a veces como un bello sueño diurno, y la fase alucinatoria esquizofrénica, como intento restitutivo.Pudiendo hablarse para  el sueño y  para la amencia de una psicosis de deseo alucinatorio (el sueño junto a la psicosis).La psicosis alucinatoria de deseo, onírica o no, traería a la conciencia deseos ocultos y los figuraría con creencia plena, es decir, como cumplidos.Le intriga comprender esa relación y nos dice  “la creencia en la realidad se anuda a la percepción por los sentidos. Toda vez que un pensamiento ha hallado el camino de la regresión hasta las huellas mnémicas inconcientes de objeto, y de ahí hasta la percepción, admitimos su percepción como real”.Por tanto, la percepción conlleva la creencia en la realidad y Freud en su reflexión se propone averiguar la condición para que sobrevenga una alucinación.Alcanza algún grado de respuesta en la regresión, pero no le convence, porque se da cuenta que reemplazó el problema del origen de la alucinación por el del mecanismo de la regresión. Si fuera así, toda regresión suficientemente intensa habría de producir alucinación con creencia en su realidad. Entonces “La alucinación tiene, pues, que ser algo más que la animación regresiva de las imágenes mnémicas, inconcientes en sí. “Considera de gran importancia práctica distinguir las percepciones de las ideas. Al momento de la interpretación de los sueños, al sistema de la percepción o P, lo hacía coincidir con el sistema Cc, de quien dependía el devenir conciente. Pero no todo lo que llega a hacerse conciente coincide enteramente con ese sistema.Averigua Freud que pueden” notarse” ciertas imágenes mnémicas sensoriales a las que es imposible atribuir un lugar psíquico dentro del sistema Cc o P.Define a la alucinación como una investidura del sistema Cc P, que no vendría desde afuera como sería el caso normal, sino desde adentro, y en donde la regresión  hubo avanzado y excitado  a dicho sistema y saltado así al examen de realidad.Hace la salvedad que, después de una desorganización patológica grave del psiquismo, la discriminación entre un adentro y un afuera será en exclusividad patrimonio del sistema Cc-P.La patología descripta cancelaría el examen de realidad. La psicosis alucinatoria es, para Freud, la reacción frente a una pérdida que el yo desmiente -Verleugnung - por serle insoportable.A raíz de ello el yo rompería el vínculo con la realidad, sustrayendo la investidura al sistema Cc de las percepciones y extrañándose de la realidad y por ende del examen de realidad, admitiendo así a las fantasías de deseo.” Una sustracción así puede ponerse en el mismo rango que los procesos de la represión”. Algo que, como veremos luego, no compartirá Lacan.Y jerarquiza la importancia del proceso represivo en las distintas perturbaciones.”En el sueño, la sustracción de la investidura recae sobre todos los sistemas en igual medida; en las neurosis de transferencia es retirada la investidura prcc; en la esquizofrenia, la del Icc, y en la amentia, la de la Cc.”Distancia el mecanismo onírico y alucinatorio, pero sólo a nivel cuantitativo.Además de comparar los mecanismos de curación entre las dos psicosis, -proyección para la paranoia y alucinación para la esquizofrenia-, compara  la  alucinación esquizofrénica con el mecanismo puesto en juego en la histeria (condensación, sobreinvestimiento, aproximando esquizofrenia a histeria.Sostiene que ese intento de recuperación se serviría del mecanismo alucinatorio, que las sucesivas traducciones dieron por histérico ¿?. Apareciendo así la histeria como desarrollo neurótico desde el mecanismo alucinatorio esquizofrénico.Se observa que, para Freud, la alucinación en sí misma nunca fue tomada como índice claro y preciso de estructura psicótica. El mecanismo alucinatorio recupera  una nueva dimensión a través del miramiento lacaneano del Hombre de los lobos.Para Freud la génesis del reconocimiento y el no reconocimiento de la castración de su paciente, pasaba por una actitud de rechazo –Verwerfung- consistente en ver sólo la sexualidad desde el ángulo de su teoría infantil. Para Freud no se trata de una represión, pues una represión es algo distinto de un rechazo.Lacan encuentra en la Verwerfung algo nuevo y radicalmente distinto a la represión.Pero a esta inteligencia llega Lacan después de cierto recorrido e influencias, como el trabajo de Maurice Merleau Ponty “Fenomenología de la percepción”que Lacan comentó con Hyppolite en 1954. A partir de entonces introduce como equivalente francés de Verwerfung la palabra retranchement, traducida a su vez por supresión. Dos años más tarde Lacan retoma la distinción freudiana entre neurosis y psicosis.En la psicosis la realidad no es nunca verdaderamente escotomizada.El término escotomización designaba al mecanismo de ceguera inconsciente mediante el cual el sujeto”cegaba” hechos desagradables de su memoria o su conciencia. Al punto que esa importación generó, en 1925, una polémica entre Freud y René Laforgue. Laforgue traducía por escotomización tanto la renegación (Verleugnung) como otro mecanismo, propio de la psicosis y sobre todo de la esquizofrenia. Freud se opuso y distinguió la Verleugnung respecto de la Verdrüngung (represión). Para Laforgue, se trataba  lisa y llanamente de la anulación de la percepción, mientras que  Freud caracterizó siempre a la renegación como la negativa del sujeto a reconocer la realidad de una percepción negativa: por ejemplo, la ausencia de pene en la mujer. Es decir, mantenía la percepción  pero en el marco de una negatividad.La polémica revelaba que faltaba crear un término específico para designar el mecanismo de rechazo propio de la psicosis.Ése era el estado de cosas cuando Édouard Pichon y Damourette publican en 1928  un artículo titulado "Sur la signification psychologique de la négation en français". Se trataba de tomar del discurso jurídico para significar que el segundo miembro de la negación en francés se aplica a hechos que la persona que habla ya no encara como formando parte de la realidad. En febrero de 1954 Lacan actualiza estas cuestiones de lo forclusivo y la escotomización en  ese debate con Hyppolite.Con el término forclusión, introducido en la última clase de su seminario dedicado a la psicosis, conceptualiza un mecanismo específico de la psicosis por el cual se produce el rechazo de un significante fundamental, expulsado del universo simbólico del sujeto. Este significante forcluído no estaría integrado en el inconsciente, como en la represión, pudiendo retornar en forma alucinatoria. Después de haber comentado intensamente la paranoia de Schreber, y elaborado el concepto de nombre del padre, propone traducir como significante metafórico a  Verwerfung por forclusión.Ciñendo así, desde la paranoia, el mecanismo específico de la psicosis. Lo distinguió de la represión, subrayando que en la forclusión el significante forcluido o los significantes que lo representan no pertenecen al inconsciente, sino que retornan en lo real con una alucinación o delirio que invade la palabra o la percepción del sujeto.Lacan, algunos años después, en ocasión de dictar su sexto seminario, dará un enfoque distinto en relación a la alucinación. Parte de examinar en la conducta animal aquello que lo mueve e impulsa, llamado instinto, que descompone en dos fases. La primera de búsqueda inespecífica y la segunda de desencadenamiento específico, donde bastaría la aparición de un señuelo (trapo de color) para desencadenarlo, y después bastarse por sí mismo por haber sido destacado en lo real. A esto Lacan lo llama conducta alucinada distinguiéndola de la conducta autoguiada, accionada desde el investimento regresivo.Mecanismo éste que supondría la experiencia acaecida alguna primera vez  con el  ánimo de reproducir. Si faltase  esa vivencia, se dispararía el mecanismo de la búsqueda cuyo colofón sería el fenómeno alucinatorio.La posibilidad regrediente - de la cual Lacan no parece estar del todo de acuerdo-se basaría en la ensambladura entre los procesos primario y secundario, articulada por Freud como un comportamiento de prueba a una conducta de juicio. Proceso sólo posible por las distintas huellas e inscripciones del aparato (Wiederschreiben).Verdadera topología de significantes, que se desprendería de la carta 52 a Fliess. En ella Freud llega a suponer idealmente un origen, cuya verdad sería alcanzable.Lacan siempre criticó que se pueda capturar la realidad del comportamiento instintivo primero. No cuestiona a esos significantes evocados del proceso primario -Wiederschreiben- por si mismos, sino porque Freud lo complica al connotar índices de realidad, que para Lacan no son más que del orden significante.El proceso primario no apunta a la búsqueda de un objeto nuevo, sino de un objeto a reencontrar por la vía de la representación –Vorstellung- reevocada.Es necesaria la reserva significante,  en este caso el proceso secundario.La pérdida del poder metafórico de las palabras es reemitida a una carencia primordial que constituye la definición estructural de la psicosis: la deficiencia de la metáfora paterna, el Nombre-del-Padre. Sólo esta metáfora permite precisamente el borramiento de la cosa y le da su poder al símbolo, su capacidad de irrealizar y de trasponer las cosas del orden real al orden simbólico, haciéndonos capaces de tratar con su ausencia, es decir, con su presencia simbólica. Poder de irrealización que es el que falta en la psicosis. Lacan debate y polemiza con el órgano dinamismo de Ey acerca de la creencia delirante, creencia que para Lacan es antinómica, porque desconocer supone un reconocimiento previo, tal como se manifiesta en el desconocimiento sistemático.Ey convalida  la pertenencia del fenómeno alucinatorio al sujeto, e insiste en lo evidente: la alucinación es un error. Admite que, bajo los sentimientos de influencia y de automatismo, el sujeto no reconoce sus propias producciones en calidad de suyas.Pero lo que Lacan se pregunta, no es que tenga que saberlo, sino cómo conocer de su delirio sin reconocerse allí.Como sea, la realidad que el sujeto confiere a tales fenómenos, la creencia que les asigna aunque el sujeto los viva con alguna extrañeza, son fenómenos que le incumben, que lo desdoblan y le responden.Y así como los identifica e interroga, los provoca y los descifra. Quedando perplejo cuando no llega a  tener medio de expresarlos. Su perplejidad nos manifiesta que la locura es vivida íntegramente en el registro del sentido.El fenómeno de la locura no sería separable del problema de la significación del  ser en general, en el caso del hombre, del ser del lenguaje.“El lenguaje del hombre, ese instrumento de su mentira, está atravesado de parte a parte por el problema de su verdad “Por eso Lacan, en una especie de estocada final a Ey, nos confiesa que fue Clérambault el que más hizo en pro de la tesis psicogenética.  Conclusión: Este relevamiento parcial sobre las alucinaciones , da cuenta de la multiplicidad de criterios expuestos relativos a la génesis alucinatoria, basados en concepciones y puntos de vista tan disímiles sobre saber, realidad y verdad, como también de nociones de espacio, tiempo, interior y exterior que en muchos casos forcluyen la subjetividad en juego. En aquellos casos de diagnóstico límite, la presencia clara y evidente del fenómeno alucinatorio,  especialmente las pseudo alucinaciones, no hace más que aumentar las sospechas de psicosis paranoica.Su ausencia o la imposibilidad de registrarlas, aminoran obviamente las posibilidades de que se trate de una psicosis desencadenada, pero no de una psicosis estructural,  debido a  la  presencia de otros  fenómenos más elementales aún.Resumiendo, frente a los casos de la triple frontera, la alucinación cierta, corroborada y por sí misma,  parece zanjar el problema del diagnóstico de estructura, entre psicosis y neurosis, y en menor grado entre paranoia y melancolía, que requerirá una nueva y fina disquisición semiológica.Finalmente, la alucinación cobra  toda su potencia diagnóstica si se acompaña de otros elementos propios de cada organización.                                                                FIN


Palabras clave: Alucinación y diagnóstico  
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