Actualizado 22/11/2018

Ansiedad social: algo más que timidez

Noticia | Trastornos infantiles y de la adolescencia | 07/11/2018

RESUMEN

Las personas pueden ser tímidas, introvertidas pero también padecer del trastorno de ansiedad social. El médico psiquiatra José A. Posada Villa explica cuáles son las diferencias entre cada una y cómo educar niños con habilidades sociales.

La timidez puede ir desde la sutil torpeza en las interacciones sociales hasta el evidente sonrojo y la repentina incapacidad para hablar con otras personas. A veces los llaman raros, aburridos e incluso maleducados. La timidez obstaculiza el contacto social por miedo al rechazo. Al menos el 40 por ciento de las personas se perciben como tímidas.

Sin embargo, las investigaciones también muestran que las personas tímidas a menudo son más confiables, concienzudas, escuchan más y muestran altos niveles de empatía. De hecho, muchas personas tímidas escogen profesiones humanitarias, y trabajan en roles que generalmente no son de carácter protagónico o dominante.

La aceptación social de la timidez depende de la cultura en la que se vive. En algunas de occidente la gente suele reaccionar ante el comportamiento tímido con decepción. En otras, principalmente orientales, el comportamiento inhibido es alentado porque favorece la organización social.

No se debe confundir la timidez con la introversión. Las personas introvertidas generalmente son reflexivas y se sienten bien si están en un segundo plano y pueden evitar situaciones sociales complejas. En cambio, las tímidas anhelan la actividad social, pero tienen que luchar con sus miedos que a menudo tienen un costo físico, mental y social muy alto. La percepción errónea de la timidez como aparente seriedad, rudeza o indiferencia afecta a las personas tímidas, pero de hecho generalmente anhelan socializar.

Patologizar o psiquiatrizar la timidez no hace ningún bien a quienes reciben esta etiqueta o a aquellos con un trastorno mental realmente importante que necesita todos los recursos y la atención que se pueda ofrecer como por ejemplo quienes sufren un Trastorno de ansiedad social, también conocida como Fobia social y que es mucho más que simple timidez.

La ansiedad social es el miedo a ser juzgado y evaluado negativamente por otras personas, lo que lleva a sentimientos de inadecuación, inferioridad, timidez, vergüenza, humillación y en ocasiones a depresión y consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas.


Existen dos tipos de ansiedad social. La específica, que es el miedo a hablar frente a un grupo y la generalizada, en la que la persona está ansiosa, nerviosa e incómoda en casi todas las situaciones sociales.

Las personas con este trastorno suelen experimentar mucha angustia en las siguientes situaciones:

  • Ser presentado a otras personas
  • Ser molestado o criticado
  • Ser el centro de atención
  • Ser observado mientras hace algo
  • Relacionarse con personas importantes
  • Los encuentros sociales, especialmente con extraños
  • Las relaciones interpersonales, ya sean amistosas o románticas
  • Las manifestaciones fisiológicas que acompañan a la ansiedad social incluyen aceleración del corazón, rubor, sudoración excesiva, sequedad de garganta y boca, temblor, tragar con dificultad y tensión muscular, especialmente en la cara y el cuello

El trastorno de ansiedad social puede tener un impacto devastador en el desempeño académico, el éxito laboral, la independencia financiera o las relaciones personales y a menudo lleva a un estilo de vida aislado. Sin tratamiento adecuado, el trastorno de ansiedad social puede durar muchos años o toda la vida e impedir que una persona alcance su máximo potencial.

La buena noticia es que una terapia adecuada es generalmente exitosa. Si cree que su timidez es en realidad este trastorno, resulta importante consultar un profesional de salud mental. Dejar a la persona sin tratamiento durante un período prolongado puede empeorar su ansiedad y ocasionar otros problemas, como depresión o abuso de alcohol o drogas.

La niñez es el momento en que las habilidades sociales se desarrollan en preparación para los desafíos de la adolescencia y la vida adulta. Los niños que sufren de timidez a menudo no desarrollan comportamientos sociales apropiados y a medida que crecen pueden acostumbrarse a tener miedos sociales y una vida basada en la evitación con el riesgo de desarrollar un trastorno de ansiedad social.

Algunas recomendaciones para padres y cuidadores sobre cómo ayudar a los niños tímidos:

  • Reconozca y valore integralmente al niño, sus fortalezas, sentimientos e intereses
  • El comportamiento tímido no debe definir al niño. Una vez que un niño lleva la etiqueta de temeroso o tímido, es difícil de superar. Cuidadoso o cauteloso son términos y características más positivos
  • Respete el nerviosismo y la ansiedad del niño y no intente minimizarlo ni reaccionar de manera exagerada. (No lo ponga en evidencia)
  • No proteja al niño contra personas o situaciones nuevas. En lugar de tratar al niño como frágil o vulnerable, reconozca que simplemente necesita un poco más de tiempo para adaptarse a la situación y asumirla a su propio ritmo
  • Genere situaciones sociales con familiares, amigos, o grupos pequeños para ayudar a los niños a practicar las habilidades sociales en un entorno seguro.
  • Organice actividades lúdicas para ayudar a los niños tímidos a practicar sus habilidades sociales y hacer nuevos amigos

 



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