La esperanza, representada por el ancla, símbolo de firmeza ante las dificultades de la vida, expresa la voluntad de no abandonarse a la deriva, incluso ante el azote de la enfermedad.La espiritualidad, ni se ve ni se oye, pero armoniza todos los ámbitos de la vida, contribuyendo a la homeostasis fisiológica de la salud.La esperanza implica espera y confianza en la realidad vivida. La espiritualidad integra y trasciende la realidad del mundo.En esta ponencia, intentaremos reflexionar si es, realmente la esperanza lo último que se pierde en el contexto de la enfermedad, cuando se trasciende el mero optimismo de que las cosas se solucionarán. Son esos momentos en los que, más necesitamos despertar para ver, y disponer de oído para escuchar, para poder, como san Pablo: “asirnos a la esperanza propuesta, que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma”.