La enfermedad de Alzheimer (EA) consiste en un cuadro clínico neurodegenerativo, insidioso y progresivo con manifestaciones cognitivas, conductuales y del funcionamiento global de la persona que la padece. En la actualidad la EA constituye la causa de demencia más importante a nivel global. La afectación en el lenguaje en la EA se trata de una de las manifestaciones más descritas y tiene un amplio peso diagnóstico, pudiendo encontrarse desde fases tempranas de la EA. El lenguaje en la EA sufre un deterioro generalizado, gradual e irreversible, que puede ser explicado en tres fases: fase leve o inicial, fase moderada o media, y fase severa o avanzada. A lo largo de estas fases se asiste a un empobrecimiento progresivo del lenguaje, con dificultades crecientes en la expresión y comprensión, así como la instauración del déficit afaso-apraxo-agnósico, entre otros déficits, que culminan con la pérdida de la capacidad comunicativa de la persona que padece EA.