La inactividad es uno de los principales factores de riesgo en muchas enfermedades crónicas o degenerativas.
En el caso de la enfermedad de Alzheimer se ha demostrado que las personas que se encuentran en peor forma física incrementan notablemente su deterioro cerebral. Además, los pacientes con esta patología suelen presentar acortamientos musculares, anquilosamiento de las articulaciones y una hipertrofia sanguínea.
Un programa de ejercicio físico sistematizado y personalizado contribuye al mantenimiento de la capacidad funcional (flexibilidad, coordinación, agilidad, equilibrio, fuerza y resistencia) y de las funciones cognitivas (atención, concentración y memoria reciente, entre otras).
Muchos de los problemas y patologías, comentados anteriormente, se pueden mitigar y paliar mediante el uso de técnicas como la cinesiterapia activa en el estadio I de la enfermedad, la cinesiterapia activo-asistida en el estadio II, la cinesiterapia pasiva en el estadio III y la masoterapia a lo largo de toda la evolución de la enfermedad.
En definitiva, mediante terapias físicas sencillas, se consigue mejorar de forma notable la calidad de vida de los pacientes con demencia de Alzheimer.
Universidad de Jaén
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