El denominado suicidio racional se centra en la posibilidad de que un sujeto sano pueda tomar la determinación de acabar con su vida en ausencia de condicionantes sobre su libertad de decisión, como sucede en el contexto de una enfermedad mental. La calificación de racional aplicada al acto suicida señala una conducta que puede entrar en el ámbito de decisión libre de la persona, al margen de consideraciones de orden ético, moral, o legal que pueden afectar al ejercicio de esa decisión. La cuestión del suicidio racional, (suicidio filosófico, suicidio existencial o suicidio soberano) ha sido motivo de reflexión desde hace siglos desde la filosofía, la medicina o el derecho. Desde el punto de vista de la psiquiatría ortodoxa, se supone una relación establecida entre el deseo de muerte y la presencia de enfermedad mental, lo que hace que la decisión de morir proceda de un estado mental patológico, esto es, una decisión irracional. Las dificultades en la valoración de la racionalidad de la ideación suicida incluyen su carácter dimensional y la evidencia de que la racionalidad no está siempre ausente en la depresión y la ausencia de depresión no implica siempre racionalidad.La situación actual presenta cambios significativos que afectan a este punto de vista, entre los que destaca la mayor cronificación de patologías graves que produce estados más prolongados en las enfermedades terminales, donde cada vez más enfermos quedan expuestos a supervivencias muy dilatadas con limitaciones severas y donde pueden emerger deseos de muerte como solución.