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Benzodiacepinas: eficacia, riesgos del uso prolongado y claves para una desprescripción segura



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Artículo | Fecha de publicación: 04/09/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

  Introducción Las benzodiacepinas mantienen un papel relevante en psiquiatría y otras áreas de la medicina por sus propiedades ansiolíticas, hipnóticas, sedantes, relajantes musculares y anticonvulsivantes. Su rapidez de acción explica buena parte de su utilidad clínica, especialmente cuando es necesario controlar síntomas intensos en...

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Introducción


Las benzodiacepinas mantienen un papel relevante en psiquiatría y otras áreas de la medicina por sus propiedades ansiolíticas, hipnóticas, sedantes, relajantes musculares y anticonvulsivantes. Su rapidez de acción explica buena parte de su utilidad clínica, especialmente cuando es necesario controlar síntomas intensos en un periodo breve.


Sin embargo, esa misma eficacia inmediata puede favorecer que tratamientos inicialmente planteados como temporales se prolonguen durante meses o años. El problema adquiere especial relevancia en España, donde el consumo de ansiolíticos e hipnóticos se sitúa entre los más elevados de Europa. Una revisión publicada en 2025 señala que el consumo español alcanzó un máximo de 93,3 dosis diarias definidas por 1.000 habitantes y día en 2021, tras una tendencia ascendente observada desde 2010.


Para los profesionales de salud mental, la cuestión ya no es únicamente determinar si una benzodiacepina resulta eficaz, sino identificar cuándo sus beneficios siguen superando a los riesgos y cuándo conviene revisar la continuidad del tratamiento.


¿Por qué las benzodiacepinas producen un efecto tan rápido?


Las benzodiacepinas potencian la actividad inhibitoria del ácido gamma-aminobutírico (GABA) mediante su acción sobre el receptor GABA-A. El resultado es una reducción de la excitabilidad neuronal que puede traducirse clínicamente en disminución de la ansiedad, sedación, relajación muscular y aumento del umbral convulsivo.


Una de sus principales ventajas frente a tratamientos de inicio más lento es precisamente la rapidez con la que pueden reducir determinados síntomas agudos. Esta característica explica su utilización en situaciones clínicas concretas relacionadas con ansiedad intensa, insomnio o determinados cuadros neurológicos.


No obstante, rapidez de acción y utilidad clínica no equivalen a idoneidad para un tratamiento indefinido. En el insomnio, por ejemplo, la literatura reciente destaca sus posibles beneficios durante periodos breves y cuestiona el mantenimiento prolongado debido a la aparición de efectos adversos y dependencia.


El problema aparece cuando el tratamiento se cronifica


El principal desafío clínico no suele encontrarse en una utilización puntual correctamente indicada, sino en la continuidad del tratamiento sin una reevaluación periódica de su necesidad.


La exposición prolongada puede asociarse a tolerancia y dependencia física. La tolerancia implica que algunos efectos disminuyen tras una administración repetida, mientras que la dependencia física hace posible la aparición de síntomas de retirada cuando la dosis se reduce con excesiva rapidez o el medicamento se interrumpe bruscamente.


Por este motivo, resulta importante diferenciar dependencia física, trastorno por consumo y uso terapéutico prolongado. No son conceptos equivalentes y utilizar indistintamente términos como “adicción” puede dificultar la comunicación clínica con pacientes que han seguido correctamente una prescripción médica.


La revisión española publicada en Frontiers in Pharmacology destaca entre los problemas relacionados con el uso prolongado la dependencia, alteraciones de memoria y atención, accidentes de tráfico y aumento del riesgo de caídas, especialmente entre las personas mayores.


Personas mayores: una población especialmente vulnerable


La relación entre benzodiacepinas y seguridad adquiere particular importancia en edades avanzadas. Los cambios farmacocinéticos y farmacodinámicos asociados al envejecimiento pueden aumentar la susceptibilidad a sedación, alteraciones psicomotoras y otros efectos adversos.


Además, la exposición a benzodiacepinas aumenta con la edad en España y es más frecuente entre las mujeres. La literatura revisada por Roncero y colaboradores señala que aproximadamente un tercio de los adultos mayores que viven en la comunidad utilizan benzodiacepinas, una proporción elevada dentro del contexto europeo.


Desde la perspectiva clínica, esto refuerza la importancia de evaluar variables como caídas previas, deterioro cognitivo, polifarmacia, capacidad funcional y duración acumulada del tratamiento.


También conviene ser prudentes al interpretar la relación entre benzodiacepinas y deterioro cognitivo. Las alteraciones agudas de atención, memoria o rendimiento psicomotor están bien reconocidas, pero establecer relaciones causales con trastornos neurodegenerativos a largo plazo resulta considerablemente más complejo. Por tanto, es preferible evitar afirmaciones categóricas que atribuyan directamente demencia al uso de estos fármacos.


Desprescripción: mucho más que retirar un medicamento


Cuando se considera que los riesgos del mantenimiento superan a sus beneficios, aparece otro reto: cómo reducir o retirar una benzodiacepina utilizada durante un periodo prolongado.


La suspensión brusca puede producir síntomas de retirada y, en determinadas circunstancias, complicaciones relevantes. Por ello, las estrategias contemporáneas de desprescripción se plantean como procesos graduales, individualizados y supervisados clínicamente. La planificación debe considerar el fármaco utilizado, la dosis, la duración de la exposición, las comorbilidades y el motivo original de la prescripción.


Un aspecto particularmente relevante es explorar qué función cumple actualmente el medicamento. Tras años de utilización, una benzodiacepina puede estar vinculada no solo al control de síntomas, sino también a expectativas sobre el sueño, miedo a la recaída o percepción de incapacidad para afrontar determinadas situaciones sin medicación.


Por ello, la conversación clínica forma parte de la propia desprescripción.


El papel de las intervenciones psicológicas


La reducción farmacológica aislada no aborda necesariamente el problema que motivó la prescripción inicial. Si persisten insomnio, ansiedad o estrategias poco adaptativas de afrontamiento, aumenta la dificultad para modificar tratamientos mantenidos durante años.


Aquí cobran relevancia las intervenciones psicológicas basadas en la evidencia, especialmente los abordajes cognitivo-conductuales cuando están indicados. En el caso del insomnio, por ejemplo, un enfoque multidisciplinar que combine revisión farmacológica, educación y estrategias no farmacológicas puede facilitar un manejo más sostenible.


Esto implica un cambio importante de enfoque: desprescribir no consiste únicamente en disminuir una dosis, sino en revisar de forma global el problema clínico que sostiene su utilización.


¿Qué cambia para la práctica clínica?


La evidencia disponible apunta hacia una utilización más selectiva de las benzodiacepinas y hacia una revisión sistemática de los tratamientos prolongados.


En la práctica asistencial, resultan especialmente relevantes cuatro cuestiones:



  • Documentar la indicación original y los objetivos del tratamiento.

  • Reevaluar periódicamente la relación entre beneficios y riesgos.

  • Identificar precozmente tratamientos que se han cronificado sin una revisión específica.

  • Integrar alternativas farmacológicas o psicológicas cuando sean apropiadas al contexto clínico.


España representa además un escenario particularmente relevante para investigar estrategias de optimización del uso de benzodiacepinas debido a su elevada exposición poblacional. Los autores de la revisión española plantean actuaciones dirigidas tanto a profesionales como a pacientes, farmacia comunitaria y responsables sanitarios.


Conclusiones


Las benzodiacepinas continúan siendo herramientas terapéuticas útiles, especialmente por su rapidez de acción en situaciones clínicas seleccionadas. El problema aparece cuando un tratamiento inicialmente temporal se transforma en una exposición prolongada sin reevaluación suficiente.


Dependencia física, tolerancia, alteraciones cognitivas, caídas y dificultades durante la retirada justifican una vigilancia particularmente cuidadosa en tratamientos crónicos y en poblaciones vulnerables.


Para los profesionales sanitarios, el objetivo no debería ser plantear una oposición simplista entre prescribir o no prescribir benzodiacepinas. La cuestión central es utilizarlas cuando existe una indicación adecuada, revisar periódicamente su necesidad y disponer de estrategias estructuradas para modificar el tratamiento cuando la relación beneficio-riesgo haya cambiado


Resumen y adaptación editorial: María Dolores Asensio Moreno (Cibermedicina / Psiquiatria.com).


Fuente original: Adaptado de Roncero C, Armenteros L, Bellido-Cambrón C, Bonilla-Guijarro A, Gómez-Cibeira E. Benzodiazepine use in Spain: risks and perspectives on the current situation and proposals for their rational use. Front Pharmacol. 2025;16:1547488. DOI: 10.3389/fphar.2025.1547488. Licencia CC BY 4.0. Texto adaptado y modificado para fines editoriales.


Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales. Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.


 

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