Perder a un perro querido puede sentirse como perder a un miembro de la familia. En este artículo exploraremos cómo transitar ese duelo, qué estrategias ayudan, y cómo retomar la vida con sentido, sin negar el dolor.
Desde el inicio, el vínculo con una mascota no es trivial: implica rutinas compartidas, comunicación silenciosa, protección mutua y una compañía constante en las alegrías y las tristezas. Cuando se rompe ese lazo, se altera no solo la ausencia física, sino también el sentido de pertenencia, la rutina emocional y muchas veces nuestra identidad como guardián o cuidador.
En psicología del duelo —inspirándonos en modelos como el de Kübler-Ross y posteriores adaptaciones— sabemos que el duelo por mascotas puede recorrer etapas similares a otros duelos humanos: negación, rabia, negociación, tristeza profunda, y aceptación. Pero estos esquemas no se viven linealmente; muchas veces se cruzan o regresan.
No hay plazos fijos: algunas personas sienten una mejora significativa en meses, otras tardan más de un año. Lo importante no es “cuándo pasa”, sino cómo caminamos ese proceso.
A continuación, algunas herramientas que pueden facilitar el tránsito del dolor:
Marta adoptó a Luna cuando ésta tenía un año, y con el tiempo ambas desarrollaron un lazo muy estrecho. Cuando Luna empezó a mostrar síntomas graves, Marta evitó aceptar la gravedad. Tras el fallecimiento, experimentó una culpa intensa —“no hice lo suficiente”—, insomnio y aislamiento social. Con apoyo psicológico, pudo trabajar en distinguir lo que estaba bajo su control, perdonarse y crear un ritual simbólico de despedida (plantó un rosal en su jardín). Con el tiempo, integró ese vacío como parte de su historia, en vez de luchar contra él.
Cuando el perro de Miguel murió súbitamente, su hijo de 8 años preguntaba repetidamente cuándo volvería. Miguel inicialmente evitó el tema para “protegerlo”, pero luego, guiado por orientación psicológica, decidió tener una conversación honesta: explicó que “el cuerpo dejó de funcionar” y permitió que el niño hiciera un dibujo y escribiera una carta. Juntos llevaron a cabo una pequeña ceremonia en el jardín con flores, palabras compartidas y un abrazo final. Esa experiencia favoreció que el niño expresara tristeza, pero también reconociera el cariño que hubo.
La forma de la pérdida importa psicológicamente:
¿Cuánto tiempo “normal” dura el duelo? No existe una duración universal. Se puede observar una mejora sustancial en 3–6-12 meses, pero eso no significa olvido, sino que el dolor deja de estar tan presente en el día a día.
¿Cuándo es adecuado adoptar otra mascota? Es una decisión muy personal y no hay un “momento ideal”. Se recomienda esperar hasta que ya no haya una emoción dominante de pérdida, para evitar comparaciones automáticas o sentimientos de traición.
¿Es necesario hacer terapia profesional? No siempre, pero si el duelo interfiere en tu funcionamiento diario —trabajo, relaciones, sueño, ánimo— es una señal para buscar acompañamiento especializado.
La muerte de un perro representa una herida emocional que merece respeto y acompañamiento. No se trata de “superarla” borrando el recuerdo, sino de **integrarla** en nuestra historia con sentido y compasión hacia uno mismo. Cada persona vive el duelo de modo distinto, y no hay una fórmula universal. Sin embargo, aceptar el dolor, construir rituales personales, contar con redes de apoyo y recurrir a la ayuda profesional cuando sea necesario pueden marcar una diferencia profunda en el proceso.
Recordar con cariño no es vivir en el pasado: es honrar lo que fue y abrirse a lo que aún puede venir. Y aunque el vacío nunca desaparezca por completo, su intensidad puede transformarse en gratitud por lo vivido.
Universidad de Salamanca