Han transcurrido casi dos décadas desde los descubrimientos relacionados con la capacidad de la clonidina para antagonizar la hiperactividad noradrenérgica a nivel del locus coeruleus, consecuente al síndrome de abstinencia a opiáceos. Eran los primeros 14 casos, publicados por Gold (1), los que permitían deducir, a partir de sus evidencias, que existía la posibilidad de contrarrestar el síndrome de abstinencia con sustancias alfa-2 agonistas.