Nunca como ahora, que se está gestando el cauce social del nuevo hombre, se ha hecho tan necesaria la investigación científica —objetiva y sistemática— de la naturaleza humana. Nunca como ahora, también, ha sido tan conveniente que los datos alcanzados por la ciencia se pongan al servicio y beneficio del mayor número posible de personas, para contribuir al alivio de sus pesares.Asi como hay enfermedades hay sufrimientos evitables con sólo observar algunas sencillas normas de conducta. Pero éstas no pueden ser impuestas a nadie, sino que han de ser creadas y adoptadas por cada cual voluntaria y satisfactoriamente, en la medida en que se desgajen de su criterio de acción, de un modo tan sencillo y natural como un fruto maduro se desprende del árbol en que se engendró. De aquí la conveniencia —y casi diríamos la imperativa urgencia— de ilustrar en los fundamentos del autoconocimiento a la mayor cantidad posible de adultos. Éstos alcanzan, espontáneamente o por estudio, una visión aceptable del mundo en que viven, pero ignoran casi todo cuanto hacereferencia a su propio universo personal, del cual aquél no pasa de ser, en definitiva, más que una parte extrapolada.