En los últimos años, tanto en Europa como en los Estados Unidos, se viene haciendo patente la necesidad de gestionar los servicios de salud mental de un modo más eficiente. Para ello, se llevan a cabo experiencias consistentes en descentralizar las responsabilidades (y los riesgos) a entidades locales, incrementar la autonomía de los hospitales, servicios y otros dispositivos asistenciales (especialmente en la organización del día a día) e involucrar a los profesionales de la salud mental en la gestión clínica.