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Última actualización web: 08/12/2021

EL PAPEL DE LA PSIQUIATRÍA EN PROTEGER LA SALUD Y PROMOVER EL BIENESTAR DE LA POBLACIÓN

Autor/autores: Luis Rojas Marcos
Fecha Publicación: 09/06/2016
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

Sin duda, cualquier estrategia que trate de mejorar la salud y el bienestar de la población deberá contar con la enérgica colaboración de los profesionales de la salud y las instituciones sanitarias, educativas y sociales tanto públicas como privadas.En los primeros años merece especial consideración la intervención precoz ante problemas del desarrollo infantil, como los retrasos en el lenguaje, las alteraciones de la atención, la irritabilidad o la tristeza continuadas, la impulsividad y las conductas destructivas o antisociales persistentes. El ambiente del hogar debe ser un foco principal de cualquier estrategia de protección de la salud. En la infancia, la motivación y capacidad para aprender se pueden alterar por factores individuales, familiares y escolares. El TDAH es una condición que clama por el debido reconocimiento médico, escolar y social. Todos los centros de enseñanza deben establecer una cultura de "tolerancia cero al acoso y a su encubrimiento".Otras dolencias frecuentes responden a intervenciones preventivas; por ejemplo, los problemas del desarrollo, el estrés postraumático, la depresión reactiva, el suicidio, el abuso de drogas o alcohol y las perturbaciones de la conducta incluyendo los trastornos de la alimentación. La tarea de la psiquiatría que promueve el bienestar de la población no es reemplazar las tan necesarias intervenciones terapéuticas sino suplementarlas con estrategias promotoras de la satisfacción con la vida.Compartir con otros es muy reconfortante en un mundo tan dinámico, diverso y cambiante. Lasolidaridad, que alienta la unión entre los seres humanos, promueve sentimientos de seguridad yesperanza, amortigua el estrés y, en definitiva, protege la satisfacción con la vida.

Palabras clave: TDAH; autoestima; actividad física

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Avances en Salud Mental Relacional
Advances in Relational Mental Health
Vol. 15 - Núm. 1 - 2016
Revista Internacional On-Line / An International On-Line Journal

EL PAPEL DE LA PSIQUIATRÍA EN PROTEGER LA SALUD Y PROMOVER
EL BIENESTAR DE LA POBLACIÓN
THE ROLE OF PSYCHIATRY IN PROTECTING THE HEALTH AND
PROMOTING THE WELLBEING
Luis Rojas Marcos M.D (Profesor de psiquiatría de New York University).
Luis.marcos@nyumc.org

RESUMEN
Sin duda, cualquier estrategia que trate de mejorar la salud y el bienestar de la población deberá contar
con la enérgica colaboración de los profesionales de la salud y las instituciones sanitarias, educativas y
sociales tanto públicas como privadas.
En los primeros años merece especial consideración la intervención precoz ante problemas del
desarrollo infantil, como los retrasos en el lenguaje, las alteraciones de la atención, la irritabilidad o la
tristeza continuadas, la impulsividad y las conductas destructivas o antisociales persistentes. El
ambiente del hogar debe ser un foco principal de cualquier estrategia de protección de la salud. En la
infancia, la motivación y capacidad para aprender se pueden alterar por factores individuales,
familiares y escolares. El TDAH es una condición que clama por el debido reconocimiento médico,
escolar y social. Todos los centros de enseñanza deben establecer una cultura de "tolerancia cero al
acoso y a su encubrimiento".
Otras dolencias frecuentes responden a intervenciones preventivas; por ejemplo, los problemas del
desarrollo, el estrés postraumático, la depresión reactiva, el suicidio, el abuso de drogas o alcohol y las
perturbaciones de la conducta incluyendo los trastornos de la alimentación. La tarea de la psiquiatría
que promueve el bienestar de la población no es reemplazar las tan necesarias intervenciones
terapéuticas sino suplementarlas con estrategias promotoras de la satisfacción con la vida.
Compartir con otros es muy reconfortante en un mundo tan dinámico, diverso y cambiante. La
solidaridad, que alienta la unión entre los seres humanos, promueve sentimientos de seguridad y
esperanza, amortigua el estrés y, en definitiva, protege la satisfacción con la vida.
ASMR. 2016 - Vol. 15 - Núm. 1

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El papel de la psiquiatría en
proteger la salud y promover el
bienestar de la población

Los efectos protectores de las actividades físicas, mentales y sociales nos aportan autonomía, nutren
nuestra autoestima, nos ofrecen la oportunidad de aplicar nuestros talentos y promueven eficazmente
nuestro bienestar. Fomentar la práctica de actividades que poseen carácter altruista, como el
voluntariado, aporta efectos beneficiosos incuestionables para la calidad de vida emocional de las
personas
Los numerosos avances logrados en el último siglo, desde el teléfono a Internet, pasando por la
televisión, el automóvil o los electrodomésticos, influyen en nuestra vida de forma muy beneficiosa,
pues facilitan la comunicación, la información, la capacidad de movimiento y el confort. En Medicina,
el ejemplo paradigmático de la calidad de vida es la píldora anticonceptiva, que revolucionó hace más
de medio siglo la existencia de las mujeres de todo el mundo. Otra contribución notable de la medicina
del bienestar tuvo lugar en 1998, cuando los magos de la farmacología de la calidad de vida volvieron
a hacer historia al sintetizar unas pequeñas tabletas azules, compuestas de sildenafilo, conocidas como
Viagra, que restauran el vigor sexual en muchos hombres impotentes. El éxito de esta clase de
medicamentos se deriva de la convicción social de que hacer el amor o practicar el sexo es, en sí mismo,
un ingrediente placentero, saludable y vitalista de la naturaleza humana, algo que está ahí para ser
disfrutado.
Es evidente que el conocimiento de los ingredientes que promueven la satisfacción con la vida ofrece
herramientas eficaces a la hora de desarrollar programas para proteger la salud y promover el
bienestar de nuestras comunidades.
Palabras clave: TDAH; autoestima; actividad física.

ABSTRACT
Without doubt, any strategy that seeks to improve the population's health and welfare must be
energetically supported by the healthcare professionals and public and private healthcare, educational
and social institutions.
In the first years, early intervention deserves special consideration in relation to the problems of child
development, like language delays, attention deficits, constant irritability or sadness, persistent
impulsiveness and destructive or antisocial conducts. The atmosphere in the home must be the main
focus of any strategy for the protection of health. In childhood, the motivation and capacity to learn
can be altered by individual, family and school-related factors. ADHD is a condition crying out for

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proper medical, school and social recognition. All teaching centres must establish a culture of "zero
tolerance for bullying and its cover-up".
Other frequent ailments respond to preventative interventions; for example, the development
problems, post-traumatic stress, reactive depression, suicide, drug or alcohol abuse and the
behavioural disturbances including the eating disorders. The work of psychiatry which promotes
welfare amongst the population does not substitute the very necessary therapeutic interventions, but
rather supplements them with strategies to promote life satisfaction. Sharing with others is very
comforting in such a dynamic, diverse and changing world. Solidarity, which fosters the union between
human beings, promotes feelings of security and hope, reduces stress and, in short, protects the
satisfaction with life.
The protective effects of the physical, mental and social activates which foster autonomy, feed our
self-esteem, offering us the opportunity of applying our talents and effectively promoting our
wellbeing. Promoting activities which are altruistic in nature, like volunteering, provides
unquestionable benefits for the quality of people's emotional life. All of the progress achieved over
the last century, from the telephone to Internet, including televisions, cars or electrical household
appliances, has a very beneficial influence on our lifestyle, as they facilitate communication,
information, movement and comfort. In medicine, the paradigmatic example of quality of life is the
contraceptive pill, which over 50 years ago revolutionised women's existence around the world.
Another notable contribution by medicine to welfare took place in 1998, when the magicians from the
quality of life pharmacology again made history by synthesising some small blue tablets, made up of
sildenafil, known as Viagra, which restored the sexual vigour of many impotent men. The success of
this type of medicine comes from the social conviction that making love or having sex is, in itself, a
pleasurable, healthy and vitalist ingredient of human nature, something which is there to be enjoyed.
It is clear that the knowledge of the ingredients which promote life satisfaction offers effective tools
when it comes to developing programmes to protect health and promote the welfare of our
communities.
Key words: TDAH; self-esteem; contraceptives

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proteger la salud y promover el
bienestar de la población

INTRODUCCIÓN
El primer reto que nos plantea el concepto de salud es semántico. En la definición a menudo influyen
las creencias personales y los valores de la sociedad en que vivimos. No obstante, la definición más
aceptada y la que utilizo en esta ponencia es la concebida por el médico croata Andrija Stampar y el
diplomático chino Szeming Sze que fue adoptada en Nueva York, el 22 de julio de 1946, por la
Organización Mundial de la Salud: "La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social,
y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades"... "La salud es condición básica para la
felicidad, las relaciones armoniosas y la seguridad de todos los pueblos".
Sin duda, cualquier estrategia que trate de mejorar la salud y el bienestar de la población deberá contar
con la enérgica colaboración de los profesionales de la salud y las instituciones sanitarias, educativas y
sociales tanto públicas como privadas.

PROTEGER LA SALUD
Desde su reconocimiento como rama de la medicina, hace poco más de dos siglos, la psiquiatría se ha
centrado en investigar, prevenir, diagnosticar y curar las enfermedades mentales. Los profesionales de
la psiquiatría protegemos la salud de la comunidad cuando prevenimos y tratamos las enfermedades
y reducimos su incidencia o prevalencia. Llevamos a cabo esta misión a través de la prevención
primaria destinada a atajar condiciones de riesgo; la prevención secundaria orientada a la detección y
tratamiento de dolencias; y la prevención terciaria designada para la rehabilitación de las personas
afectadas.
En el campo de la prevención primaria, la psiquiatría y la psicología juegan un papel importante en la
sensibilización de la sociedad sobre la importancia de proporcionar cuidados prenatales a las mujeres
gestantes y asegurar en lo posible un parto sin complicaciones. Hoy sabemos que el sano crecimiento
de los más pequeños requiere como mínimo la satisfacción de tres necesidades esenciales: seguridad,
afecto y estímulo apropiado a la edad. Las criaturas necesitan sentirse seguras y confiar en que van a
comer cuando tienen hambre, a descansar cuando están cansadas, y a ser protegidas de las
inclemencias del ambiente o de las agresiones. Además, necesitan crecer en un ambiente de afecto y
calor humano. Asimismo, los pequeños requieren experimentar estímulos sensoriales y explorar
situaciones nuevas apropiadas para su edad.

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bienestar de la población

En los primeros años merece especial consideración la intervención precoz ante problemas del
desarrollo infantil, como los retrasos en el lenguaje, las alteraciones de la atención, la irritabilidad o la
tristeza continuadas, la impulsividad y las conductas destructivas o antisociales persistentes. Los
programas protectores más eficaces son aquellos que van dirigidos a los pequeños antes de los doce
o trece años de edad, cuando sus hábitos y rasgos de la personalidad aún no se han consolidado y
todavía existe la oportunidad de reforzar el desarrollo de la autoestima saludable, las funciones
ejecutivas como el autocontrol y la fuerza de voluntad, la introspección, la sociabilidad y la empatía.
El ambiente del hogar debe ser un foco principal de cualquier estrategia de protección de la salud. Por
ejemplo, la identificación precoz de factores de riesgo como la desorganización familiar, los malos
tratos, y el aislamiento físico o emocional. Estas experiencias interfieren con el desarrollo saludable. El
daño a la autoestima de los niños atrapados en ambientes de abandono, abusos sexuales o violencia
es especialmente devastador. Por el contrario, la presencia de adultos comunicativos, cariñosos,
racionales y benévolos en un entorno familiar entrañable, protector y estimulante, facilita el
crecimiento saludable, la autoestima, la confianza, el pensamiento positivo, la autonomía y la
iniciativa.
La capacidad para aprender de los pequeños es otra área de atención fundamental. En la infancia, la
motivación y capacidad para aprender se pueden alterar por factores individuales, familiares y
escolares. Un ejemplo es el trastorno por déficit de atención, con o sin hiperactividad (TDAH).
Reconocido oficialmente en 1994, el TDAH es una alteración neuropsicológica con un componente
hereditario, que suele hacerse evidente antes de los ocho años de edad. El TDAH es una condición que
clama por el debido reconocimiento médico, escolar y social.
El contexto escolar también debe ser atendido. Por ejemplo, el acoso de alumnos por compañeros es
una realidad, aunque casi siempre está encubierta por una espesa nube de silencio. El acoso escolar
socava el equilibrio emocional a corto y a largo plazo. Los efectos más comunes incluyen fobia al
colegio, aislamiento social, baja autoestima y depresión. No son pocos los niños y adolescentes
acosados que son llevados por la desesperación al suicidio o a la revancha violenta. Todos los centros
de enseñanza deben establecer una cultura de "tolerancia cero al acoso y a su encubrimiento".
Si bien la prevención primaria de enfermedades mentales cuya etiología aún permanece en la
oscuridad, como la enfermedad bipolar, la esquizofrenia, el trastorno obsesivo-compulsivo o ciertas
demencias presentan un gran desafío, otras dolencias frecuentes responden a intervenciones
preventivas; por ejemplo, los problemas del desarrollo, el estrés postraumático, la depresión reactiva,

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el suicidio, el abuso de drogas o alcohol y las perturbaciones de la conducta incluyendo los trastornos
de la alimentación.

PROMOVER EL BIENESTAR
Dado que la misión principal y tradicional de médicos y psiquiatras ha sido identificar factores de
riesgo, evitar enfermedades y mantener el sufrimiento de las personas afectadas al mínimo posible ­
y la verdad es que hasta hace poco no daban abasto-, la idea de promover activamente el bienestar
emocional y la satisfacción con la vida o la felicidad de la población no entraba en su labor. Esto explica
el que, con muy pocas excepciones, hasta finales del siglo XX, psicólogos y psiquiatras prestaran más
atención a la psicosis que a la cordura, al miedo que a la confianza, a la fobia que al valor, a la
melancolía que al entusiasmo.
Sólo en los últimos veinte años, los avances en psiquiatría y psicología, en psicoterapia,
psicofarmacología y demás tratamientos, permitieron que apareciesen clínicos e investigadores
interesados en estudiar las cualidades y conductas que ayudan a las personas a fomentar las
emociones positivas en el día a día, en las relaciones con los demás, en el trabajo y en el tiempo de
ocio. Ciertamente, la psiquiatría es la rama de la medicina ideal para promover el bienestar de la
población, dado que más que ninguna otra especialidad estudia y trata con las emociones, las
actitudes, los pensamientos y las conductas de las personas. La tarea de la psiquiatría que promueve
el bienestar de la población no es reemplazar las tan necesarias intervenciones terapéuticas sino
suplementarlas con estrategias promotoras de la satisfacción con la vida.
En 2000, un grupo de psicólogos investigadores, encabezado por Martin Seligman, de la Universidad
de Pensilvania, crearon la asignatura de Psicología Positiva. Esta nueva materia reconocida
oficialmente en las facultades estadounidenses, incluye el estudio de las experiencias y los rasgos del
carácter que ayudan a las personas a sentirse dichosas, a sacarle a la vida lo mejor que ofrece. Como
resultado, cada día contamos con más profesionales de la psiquiatría y psicología que investigan los
ingredientes de la confianza, la seguridad, el placer, las relaciones gratificantes, y la ilusión por vivir.
En palabras de Seligman, "Los científicos de la mente del nuevo milenio no sólo se preocuparán por
corregir lo peor de la condición humana, sino que también se dedicarán a identificar y promover lo
mejor en las personas" (Seligman, Martin E.P. y Cskszentmihalyl, Mihaly, 2000). De esta forma, la
misión de la psiquiatría se ha ampliado más allá de la frontera de atajar factores de riesgo y aliviar el
sufrimiento e incluye la promoción del bienestar emocional.

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bienestar de la población

A la hora de promover el bienestar de la población, la autoestima de las personas se alza como un
factor decisivo. La autoestima empieza a desarrollarse durante el primer año de la vida y se nutre al
principio del afecto de sus padres y demás cuidadores. La sensación de que dominan su cuerpo y las
cosas que les rodean cultiva en los niños las semillas de la confianza en sí mismos y en los demás. A
medida que crecen, la autoestima se configura poco a poco por las experiencias que viven y por el
mérito que se asignan a sí mismos o reciben de las personas de su entorno. Una autoestima saludable
estimula la confianza, la fuerza de voluntad, la esperanza y constituye un poderoso aliciente para
perseguir metas y vencer desafíos. Son muchos los estudios que demuestran una conexión entre la
autoestima saludable y la satisfacción con la vida en general. Concretamente, las personas que
reconocen sus cualidades propias también tienden a sentirse valoradas por los demás, se conectan
más fácilmente y desarrollan mejores relaciones que aquellas que se infravaloran. Todas las relaciones,
sean del tipo que sean, requieren adaptación y flexibilidad. Necesitan atención y voluntad para superar
las vicisitudes y adaptarse a los cambios que acompañan al paso del tiempo. Un buen concepto de uno
mismo ayuda pues estimula la confianza, la seguridad y la fuerza de voluntad.
Otro componente esencial del bienestar emocional es el pensamiento positivo y la capacidad de
contemplar las vicisitudes de la vida a través de una lente que acentúe los aspectos más favorables y
minimice los negativos. Esta perspectiva no solo nutre directamente la satisfacción con la vida, sino
que vigoriza y fortifica las conexiones afectivas gratificantes y la autoestima. Además, facilita la
búsqueda de un significado positivo de la vida y ayuda a las personas a acumular motivos para vivir.
Una visión favorable del pasado alimenta la seguridad en uno mismo y predispone a confiar en el
presente y en el futuro.
El ingrediente más eficaz del pensamiento positivo es la esperanza. La esperanza nos hace confiar en
que nos van a ir bien las cosas y nos predispone a conseguir las metas que nos planteamos, por lo que
nos motiva a luchar para conseguirlas. Las expectativas favorables nutren la determinación y la
confianza. Las actitudes positivas facilitan las conexiones afectivas con otras personas, las cuales, como
sabemos, además de promover la satisfacción con la vida, proporcionan momentos felices concretos.
El pensamiento positivo también fomenta una perspectiva esperanzadora del futuro de la humanidad.
Otro elemento fundamental del bienestar emocional es la tendencia firme a localizar y mantener el
centro de control dentro de uno mismo. Las personas que piensan que dominan razonablemente sus
circunstancias se enfrentan y superan más eficazmente las situaciones adversas. Además, actúan con
más seguridad y determinación. Estas personas responden con mayor vigor y defienden mejor su
bienestar que quienes sienten que no controlan la situación o que sus decisiones no cuentan, por lo

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que ponen sus esperanzas en poderes ajenos a ellos, como Dios, el destino o la suerte. Interiorizar la
capacidad de dirigir nuestro programa de vida ayuda a tomar la iniciativa y a protegernos. Está
comprobado que quienes sienten que el rumbo de su barco está en sus manos, tienden a proteger su
felicidad con más fuerza que quienes creen que el resultado no depende de ellos. Pensar que dirigimos
nuestro destino es un componente esencial de nuestra satisfacción con la vida; fortalece la confianza
en nuestras aptitudes y forma la base de nuestra conciencia de futuro, un factor indispensable del
entusiasmo vital.
Hablar, compartir y comunicar protege el bienestar emocional. Las palabras son fundamentales para
conectarnos con el mundo que nos rodea, forjar nuestras relaciones, los lazos de amistad y disfrutar
de la convivencia solidaria. Los vínculos más gratificantes se crean y mantienen a través del lenguaje.
La comunicación vigoriza nuestra capacidad para adaptarnos a los cambios y nos permite invertir en el
llamado capital social o en recursos como la reciprocidad y la conectividad con los demás. Las personas
que se sienten parte de un grupo protegen su felicidad mejor que quienes se encuentran aislados o
carecen de una red social de soporte emocional. Compartir con otros es muy reconfortante en un
mundo tan dinámico, diverso y cambiante. A tal fin son especialmente relevantes las redes sociales.
Hoy en día, gracias a Internet, es posible conectar con toda clase de grupos para intercambiar
información. No estamos solos, podemos compartir nuestras preocupaciones con otros y recibir
apoyo, como demuestra el surgimiento en Europa de grupos solidarios a raíz de la crisis económica. La
solidaridad, que alienta la unión entre los seres humanos, promueve sentimientos de seguridad y
esperanza, amortigua el estrés y, en definitiva, protege la satisfacción con la vida.
Las relaciones afectivas son el medio primordial para vivir los momentos más dichosos. La fuente más
habitual de gratificación es la conexión entre las personas, bien sea en el contexto de la pareja, bien
en la familia, con las amistades o con quienes compartimos alguna actividad o interés. En suma,
podemos decir que la predisposición natural a relacionarnos alimenta el motor de la felicidad y
contribuye a la pasión por vivir. La familia es la institución básica de la sociedad. Se ha transformado,
pero no es probable que desaparezca. Las personas que disfrutan genuinamente de sus relaciones no
solo viven más felices, sino que, además, viven más tiempo.
Promover el bienestar también requiere enfocar la memoria y los recuerdos. La memoria humana es
selectiva y evoca más fácilmente las alegrías que las penas, los éxitos que los fracasos. Gracias a la
capacidad para olvidar, la memoria nos ayuda a distanciarnos de los daños que sufrimos y nos anima
a perdonar y pasar página. Numerosos estudios demuestran que pasar página es bueno para la salud:
beneficia al corazón, a la presión arterial, al sistema inmunológico y a la tensión nerviosa, como

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demuestran las investigaciones realizadas en la Universidad de Stanford por el psicólogo Fred Luskin.
Además, quienes perdonan tienen más posibilidades de recuperar la paz interior, abrirse al mundo y
controlar su propia suerte. El perdón no cambia el ayer pero alumbra el mañana; o como escribe
Desmond Tutu, el obispo anglicano de Sudáfrica, premio Nobel de la Paz en 1984: "Sin perdón no hay
futuro".
Las funciones ejecutivas de las personas constituyen un centro de atención muy importante en la
promoción del bienestar. El departamento ejecutivo se encarga de gestionarnos la vida. Las funciones
ejecutivas nos ayudan a informarnos y analizar racionalmente los mensajes internos y del entorno.
Además, nos asisten a la hora de regular nuestros pensamientos, emociones y comportamientos, así
como a programar nuestras decisiones con miras a tomar medidas que faciliten nuestro bienestar.
Estas funciones mentales nos permiten también administrar nuestra energía, programar estrategias,
anticipar las consecuencias de nuestros actos y controlar los impulsos que puedan interferir con
nuestra felicidad. No cabe la menor duda de que el funcionamiento razonable de las capacidades
ejecutivas es condición necesaria para superar los desafíos que surgen en el día a día, conseguir metas
gratificantes y defender nuestro bienestar.
Hace ya un par de siglos, el naturalista francés Jean-Baptiste Lamarck estableció que "el uso continuado
de cualquier órgano lo fortifica poco a poco y le da una potencia proporcional a la duración de dicho
uso. Por el contrario, la falta de uso de cualquier órgano lo debilita y lo atrofia hasta hacerlo
desaparecer". Los efectos protectores de las actividades físicas, mentales y sociales son un buen
ejemplo de este principio biológico. Las actividades que nos gratifican, nos aportan autonomía, nutren
nuestra autoestima y nos ofrecen la oportunidad de aplicar nuestros talentos, promueven eficazmente
nuestro bienestar. El trabajo, en su sentido más amplio, a menudo protege nuestra satisfacción con la
vida. En él se incluyen todas las ocupaciones, remuneradas o no, que requieren poner a prueba
nuestras aptitudes intelectuales, sociales o físicas. Las mejores labores son aquellas que nos plantean
un desafío superable, nos absorben, nos comprometen y nos involucran con la vida. El efecto protector
que ejercen nuestras ocupaciones se hace más significativo cuando expresamos nuestra creatividad a
través de ellas y llevamos a la práctica nuestros valores sociales. Precisamente por eso, para mucha
gente la parte más gratificante de su trabajo es el componente social. Cuando consideramos en
conjunto los beneficios del trabajo intelectual, físico y social, enseguida podemos comprobar las
ventajas de vivir inmersos en la laboriosidad.
Fomentar la práctica de actividades que poseen carácter altruista, como el voluntariado, aporta
efectos beneficiosos incuestionables para la calidad de vida emocional de las personas. En efecto, las

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tareas que canalizan la solidaridad y bondad hacia los demás no solo son una valiosa ayuda para sus
receptores, sino que también son muy saludables para quienes las llevan a cabo, pues nutren su
satisfacción personal. Está demostrado que las personas que practican el voluntariado, aunque solo
sea una hora a la semana, muestran menos estrés, duermen mejor, superan los inconvenientes de su
vida cotidiana y tienen una autoestima más alta que quienes no lo hacen. Estas actividades repercuten
favorablemente en la identidad personal y social, nos hacen más proclives a mantener una perspectiva
optimista de las cosas. Precisamente, en un magistral trabajo de investigación, Steven Pinker, profesor
de psicología en la Universidad de Harvard, demuestra que a lo largo de los siglos se ha producido un
aumento cuantitativo de la convivencia racional, pacífica y solidaria en el mundo, y una paralela
disminución de las actitudes que toleran o glorifican la violencia. Esta es una buena noticia, porque las
sociedades más pacíficas y unidas tienden a ser más sanas, mejor educadas, más prósperas, mejor
gobernadas y más felices.
Una estrategia muy eficaz para nutrir el bienestar y la esperanza es diversificar las parcelas de la vida
de las que las personas extraen la felicidad y compartimentarlas o separarlas. Lo mismo que los
inversores evitan colocar todo su capital en un único negocio, no es conveniente depender de una sola
fuente para abastecer la satisfacción con la vida. Es evidente que una vida diversificada aporta más
seguridad y equilibrio, pues quienes centran la fuente de su bienestar exclusivamente en una única
parcela de su vida son más vulnerables a los efectos nocivos de los infortunios. Por eso es
recomendable desarrollar intereses variados y cultivar relaciones diversas. Está demostrado que las
personas que desempeñan varios cometidos diferentes defienden mejor su satisfacción con la vida a
la hora de hacer frente a las adversidades inevitables.
Para mantener la vitalidad y el entusiasmo no tenemos más remedio que vivir con las alas de la
adaptación, pues todo se halla en constante transformación y movimiento. Como ya concluyó Charles
Darwin hace algo más de siglo y medio en El origen de las especies (Charles Darwin, 1859), "No son los
más fuertes de la especie los que sobreviven, ni los más inteligentes; sobreviven los más flexibles y
adaptables a los cambios". Sin duda, la capacidad para adaptarnos a los cambios es un protector muy
eficaz de la felicidad. Esta habilidad forma parte de nuestra naturaleza y es posible gracias a la gran
plasticidad de nuestro cerebro y su capacidad para responder a la necesidad de renovarnos
continuamente. Es razonable pensar que quienes logran adaptarse a los cambios sienten reforzadas
su autoestima y su confianza. El sentido de haberse sobrepuesto y adaptado es, además, un poderoso
estimulante que nos gratifica y nos capacita para superar futuros desafíos. La mezcla natural de
resistencia y flexibilidad que forma la resiliencia humana es un protector formidable del bienestar y
abunda en las personas mucho más de lo que imaginamos.
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bienestar de la población

A la hora de promover el bienestar de la población, es importante tener en cuenta el hecho de que la
gran mayoría de los adelantos tecnológicos hacen nuestra vida diaria mucho más manejable, facilitan
el bienestar y ofrecen más opciones para experimentar momentos de dicha. Los numerosos avances
logrados en el último siglo, desde el teléfono a Internet, pasando por la televisión, el automóvil o los
electrodomésticos, influyen en nuestra vida de forma muy beneficiosa, pues facilitan la comunicación,
la información, la capacidad de movimiento y el confort. En medicina, el ejemplo paradigmático de la
medicina de la calidad de vida es la píldora anticonceptiva, que revolucionó hace más de medio siglo
la existencia de las mujeres de todo el mundo. Otra contribución notable de la medicina del bienestar
tuvo lugar en 1998, cuando los magos de la farmacología de la calidad de vida volvieron a hacer historia
al sintetizar unas pequeñas tabletas azules, compuestas de sildenafilo, conocidas como Viagra, que
restauran el vigor sexual en muchos hombres impotentes. El éxito de esta clase de medicamentos se
deriva de la convicción social de que hacer el amor o practicar el sexo es, en sí mismo, un ingrediente
placentero, saludable y vitalista de la naturaleza humana, algo que está ahí para ser disfrutado.
Ciertamente la psiquiatría puede jugar un papel importante en promover el bienestar de la población
con estrategias destinadas a fortificar la autoestima, el pensamiento positivo, las relaciones afectivas
gratificantes, las funciones ejecutivas, el sentido de control del programa de vida y la diversificación
de las fuentes de satisfacción. Y no olvidemos que la promoción del bienestar psicológico también
contribuye a la protección de la salud. Por ejemplo, un alto nivel de satisfacción con la vida es una
fuerza motivadora para adoptar hábitos de vida saludables y protegernos de las enfermedades o
superarlas una vez que las padecemos. Cada día más investigaciones confirman los beneficios para la
salud de las emociones positivas al estimular los dispositivos curativos naturales. Por ejemplo, está
demostrado que las personas que a los sesenta años se sienten contentas con la vida en general evalúan más
positivamente su salud y tienen una expectativa de vivir veinte meses más que la media de la población.
Asimismo, la perspectiva optimista alarga la vida de pacientes con esclerosis múltiple, afecciones
cardiovasculares, insuficiencia renal, hipertensión y protege la calidad de vida de pacientes de asma y
artritis (Glenn Affleck, 1999).
Es evidente que el conocimiento de los ingredientes que promueven la satisfacción con la vida ofrece
herramientas eficaces a la hora de desarrollar programas para proteger la salud y promover el
bienestar de nuestras comunidades. Afortunadamente, cada día son más los convencidos de que el
mejor negocio es el bien común. En este sentido, la psiquiatría ha sobrepasado su misión tradicional
de diagnosticar y curar enfermedades, para interesarse cada vez más por proteger la salud y promover
el bienestar de la población. Y este es precisamente el objetivo marcado por la Organización Mundial

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de la Salud cuando en el verano de 1946 estableció que la salud no es solamente la ausencia de
enfermedad, sino el estado de completo bienestar físico, mental y social.

BIBLIOGRAFÍA
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Zeidner, Wiley, Nueva York, 1996.
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