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¿Es la espiritualidad una fuente de salud mental o de psicopatología?

Autor/autores: Mª Isabel Rodríguez Fernández
Fecha Publicación: 02/12/2011
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

La espiritualidad, parece ser un tema de actualidad dentro de la Psiquiatría, de la Psicología e incluso dentro de la Medicina. Cada vez son más las investigaciones, artículos, libros, congresos, etc. En estos ámbitos de conocimiento, se tocan aspectos relacionados con la espiritualidad o con la religiosidad, para tratar de dilucidar si éstas pueden ser o no fuente de beneficios o de perjuicios para la salud mental de las personas. El interés en estos temas parece ser creciente y hay una mayor inquietud por la búsqueda de una salud integral, que incluya lo espiritual, para conseguir un modelo de salud que tenga una antropología más global y adaptada a la auténtica realidad humana. También parece que la demanda de tocar estos temas, por parte de los pacientes, va en aumento en el ámbito de la psicoterapia. ¿Debemos los psicoterapeutas dejar este tema aparte? ¿Hay que abordarlo en una psicoterapia? ¿Estamos capacitados para ello? ¿Por qué hay un interés creciente en estas cuestiones? Estas son algunas de las muchas preguntas que trataremos de contestar o al menos proponer para la reflexión, haciendo una revisión del estado de la cuestión en la actualidad, en publicaciones científicas relevantes actuales y en autores relevantes que han estudiado sobre ello en otros tiempos.

Palabras clave: Espiritualidad; salud mental; psicopatología.


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Rodríguez Fernández MI. Psiquiatria.com. 2011; 15:65.
http://hdl.handle.net/10401/4928

Revisión teórica
¿Es la espiritualidad una fuente de salud mental o de
psicopatología?
Spirituality is a source of mental health or it is a source of psychopathology?

Rodríguez Fernández, Mª Isabel.

Resumen
La espiritualidad, parece ser un tema de actualidad dentro de la Psiquiatría, de la Psicología e
incluso dentro de la Medicina. Cada vez son más las investigaciones, artículos, libros, congresos,
etc. En estos ámbitos de conocimiento, se tocan aspectos relacionados con la espiritualidad o
con la religiosidad, para tratar de dilucidar si éstas pueden ser o no fuente de beneficios o de
perjuicios para la salud mental de las personas. El interés en estos temas parece ser creciente y
hay una mayor inquietud por la búsqueda de una salud integral, que incluya lo espiritual, para
conseguir un modelo de salud que tenga una antropología más global y adaptada a la auténtica
realidad humana. También parece que la demanda de tocar estos temas, por parte de los
pacientes, va en aumento en el ámbito de la psicoterapia. ¿Debemos los psicoterapeutas dejar
este tema aparte? ¿Hay que abordarlo en una psicoterapia? ¿Estamos capacitados para ello?
¿Por qué hay un interés creciente en estas cuestiones? Estas son algunas de las muchas
preguntas que trataremos de contestar o al menos proponer para la reflexión, haciendo una
revisión del estado de la cuestión en la actualidad, en publicaciones científicas relevantes
actuales y en autores relevantes que han estudiado sobre ello en otros tiempos.
Palabras claves: Espiritualidad, salud mental, psicopatología.
Abstract
Spirituality seems to be a hot topic in Psychiatry, Psychology and even within Medicine. There
are more and more investigations, articles, books, conferences, etc. In these fields of knowledge,
touching aspects related to spirituality or religiosity, to try to determine whether or not, they can
be a source of profit or damages for mental health of people. The interest in these issues seems
to be growing and there is greater concern about the search for an integral health, including
spiritual, to get a health model that has a more global anthropology and adapted to the actual
human reality. It also appears that the demand to raise these issues on the part of patients is
increasing in the field of psychotherapy. Psychotherapists should we leave this issue aside? Is
there to be addressed in psychotherapy? Are we trained for it? Why there is growing interest in
these issues? Here are some of the many questions we will try to answer or at least offer ideas
for thought, reviewing the state of the question today, current relevant scientific publications
and relevant authors who have studied about it at other times.
Keywords: Spirituality, mental health, psychopathology.

Recibido: 09/12/2010 ­ Aceptado: 10/01/2011 ­ Publicado: 02/12/2011

* Correspondencia: maribelrodriguezpsiq@hotmail.com

Psiquiatria.com ­ ISSN: 1137-3148
© 2011 Rodríguez Fernández MI.

Rodríguez Fernández MI. Psiquiatria.com. 2011; 15:65.
http://hdl.handle.net/10401/4928

Introducción
La espiritualidad, así como la religiosidad, parecen ser temas de actualidad dentro de la
Psiquiatría, de la Psicología, e incluso dentro de la Medicina. Cada vez son más las
investigaciones, artículos, libros, congresos, etc., dedicados a investigar sobre estas cuestiones,
que acaparan un interés creciente, en ámbitos científicos (1). Fenómeno que quizás está
influenciado por una mayor inquietud por la búsqueda de una visión de salud más integral, que
incluya también lo espiritual, para llegar a un modelo de salud basado en una antropología más
global y adaptada a la auténtica realidad humana, que es compleja y multidimensional.
En los citados ámbitos de conocimiento, se tocan aspectos relacionados con la espiritualidad o
con la religiosidad, para intentar averiguar si éstas pueden ser o no fuente de beneficios o de
perjuicios para la salud mental de las personas. Encontrándose hallazgos aparentemente
contradictorios.
También parece que la demanda de tocar estos temas, por parte de los pacientes, va en aumento
en el ámbito de la psicoterapia. De ahí que nos planteemos diversas preguntas acerca de cómo
considerarlo dentro de una psicoterapia. ¿Debemos los psicoterapeutas dejar este tema aparte?
¿Hay que abordarlo en una psicoterapia? ¿Estamos capacitados para ello?
Sabemos que hoy en día encontramos que hay diferentes posturas ante lo religioso, dentro del
ámbito de la Salud Mental. Algunas personas que afirman que ser religioso es mejor que no
serlo, y sostienen que las personas religiosas son más felices y más equilibradas. Pero también
encontramos, que hay quienes afirman lo contrario. Pues, para éstas, ser religioso es algo
perteneciente a mentalidades primitivas e incluso enfermas, llegando a afirmar que las creencias
son ideas absurdas o incluso delirantes, que mantienen personas infantiles, o llenas de miedos e
inseguridades. Ambas posturas parecen contrapuestas, pero también parecen hablar de
fenómenos distintos o quizás de diferentes perspectivas de un mismo fenómeno, puesto que
parece tener una gran complejidad.
Desde que existen las religiones, se han dado formas sanas y enfermas de vivir la religiosidad.
Dentro de las diferentes tradiciones religiosas encontramos a personas con buena y mala salud
mental. Además, las personas religiosas, pueden tener equilibrio o desequilibrio en su manera
de experimentar su propia religiosidad. Pero ¿cuáles son los criterios para apuntar en una u otra
dirección? Éstos no parecen estar del todo claros, y en un sentido u otro, parecen estar imbuidos
de la ideología del investigador. ¿Es esta una cuestión opinable o demostrable? ¿Nos dice algo la
investigación en Psicología y la Psiquiatría acerca de esto? ¿Los métodos que nos proporciona
nuestra ciencia son adecuados para entrar en el etéreo terreno de lo espiritual? Las respuestas
no parecen del todo claras, aunque sí hay datos que muestran información interesante.
En los últimos años se han multiplicado el número de investigaciones, que estudian aspectos
que buscan las relaciones entre la salud psíquica y la religiosidad y la espiritualidad (1). Dentro
de la Psicología y la Psiquiatría, se está tomando este tema más en serio, como un elemento a
tener en consideración, al estudiar la psique de las personas. Por ejemplo, nos encontramos con
que dentro de la Psicología se ha creado el área de Psicología de la Religión, que ocupa una
sección dentro de la Asociación Americana de Psicología y dentro de la Psiquiatría, hay una
sección, dentro de la Asociación Mundial de Psiquiatría, dedicada Psiquiatría y Religión. Sobre
ambas cuestiones, se celebran diversos congresos y actividades todos los años, en diversos
países del mundo. Por ejemplo, en nuestro país, en Ávila, se han celebrado este año dos
congresos en torno a estas temáticas. El primero sobre Antropología, Psicología y Espiritualidad
y el segundo de ellos, sobre Psiquiatría y experiencia religiosa.

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Otro dato a tener en cuenta, es que en Estados Unidos, se incluyen en la formación de los
residentes de Psiquiatría, temas relacionados con factores religiosos y espirituales que influyen
en el desarrollo psicológico, en parte porque diversos trabajos de investigación, han mostrado
en las últimas dos décadas que la influencia de las religiones no es necesariamente patogénica,
sino que puede ser fuente de salud mental y de bienestar (1).
En investigación, los diversos estudios están tratando de dilucidar si la religiosidad o la
espiritualidad, nos benefician o nos perjudican, y se están buscando los factores que influyen en
uno u otro sentido, ya que tanto la religiosidad como la espiritualidad son fenómenos complejos
y multidimensionales.
Podemos resumir las aportaciones más importantes en dos bloques fundamentales:
I.- La religiosidad y la espiritualidad se relacionan con un mejor estado psíquico.
II.- La religiosidad y la espiritualidad se relacionan con algunos problemas psíquicos.

La religiosidad y la espiritualidad, se relacionan con una mejor salud psíquica
Según distintos estudiosos y resultados de investigaciones, hay elementos que tienen que ver
con las religiones y con potenciar lo espiritual, que favorecen que las personas tengan más
equilibrio interior. Dichos elementos serían:

Relación entre religiosidad/espiritualidad y una mejor salud mental
Tanto la religiosidad como la espiritualidad, pueden dar una orientación positiva a la vida,
proporcionan esperanza, sentido y favorecen el conocimiento de uno mismo, a la vez que con
frecuencia estimulan una actitud introspectiva y de profundización en el interior de uno mismo.
Existen elementos comunes entre ciertas prácticas psicoterapéuticas y ciertas prácticas
religiosas de diversas tradiciones, que podrían explicar esta relación. Otro factor, que parece
influir de forma positiva, es que las religiones o la espiritualidad, pueden estimular a alcanzar la
libertad interior y el desarrollo integral del ser humano, siempre y cuando se enfoquen
adecuadamente. Pues también hay ejemplos en los que desde diversas tradiciones se ha influido
en un sentido contrario.
Las religiones también pueden proporcionar una fuente de fuerzas y estímulos, que facilitan que
las personas se sientan apoyadas y reconfortadas, ante distintas dificultades de sus vidas.
Estos planteamientos se ven avalados por los hallazgos de diversos estudios empíricos, en los
que se ha encontrado que hay una asociación entre la espiritualidad y/o la religiosidad con:
-

Menor gravedad de una depresión y menor incidencia de depresión (1-5). Siendo la
asociación mayor si las personas participantes en el estudio, se hallaban en una
situación estresante (6). De más de 100 estudios publicados antes del año 2000, se
ha encontrado que en 93 de ellos se confirmaba esta asociación, en 34 no se
encontraba y en 4 se encontró que la religiosidad de asociaba con más depresión (1).
La asociación era mayor si las personas estaban sufriendo situaciones estresantes
(1).

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-

Recuperación más rápida de una depresión (7). Los pacientes más religiosos se
recuperaban antes, o bien, cuando se integraban elementos relacionados con la
espiritualidad dentro de una intervención psicoterapéutica, la recuperación era más
rápida (1).

-

Relación entre nivel de práctica religiosa y menor incidencia de depresión y
trastornos psiquiátricos (8).

-

Menor ansiedad (2, 9) en la mayoría de los estudios (1). De 76 estudios realizados
antes del año 2000, en 35 se da esta asociación, en 24 no se encuentra y en 10 se
encuentra más ansiedad en personas religiosas (éstos últimos fueron todos estudios
transversales (1).

-

Menor ansiedad ante la muerte: La menor ansiedad fue de los sujetos que eran muy
o poco religiosos, siendo mayor entre quienes se hallaban en posiciones intermedias
(1).

-

Reducción de la ansiedad con intervenciones de índole religiosa o espiritual, tanto
de tipo Occidental como Oriental (1).

-

Menores tasas de suicidio (1, 10-11). Antes del año 2000, 68 estudios han
investigado esta relación. Entre ellos 57 encontraron menores tasas de suicidio entre
los más religiosos, 9 no encontraron relación. En 2 de ellos hay resultados con datos
mixtos.

-

Menores deseos de muerte en enfermos oncológicos (12).

-

Mayor bienestar subjetivo (13).

-

Menor impacto de eventos vitales traumáticos o estresantes, seguramente mediante
el afrontamiento religioso (4, 13-15), utilizándose lo que se ha llamado formas
positivas de afrontamiento religioso (1).

-

Efectos positivos en el crecimiento postraumático (1).

-

Menores tasas de depresión en cuidadores (1).

-

Menor consumo de drogas (4, 16-17).

Es importante señalar, que en la mayoría de estos estudios, cuando se medía la religiosidad, la
que se relacionaba con más resultados positivos, era la religiosidad intrínseca que sería la que se
vive con madurez, coherencia, profundidad y autonomía y que supone la fuente de las propias
motivaciones, siendo el origen de las propias motivaciones, siendo por tanto una religiosidad
más experiencial y más profunda. Dicha religiosidad intrínseca también se ha relacionado con
una mayor satisfacción en la vida, mejor autoestima y mayor sentido de la vida. Frente a esta,
estaría la religiosidad extrínseca, que consistiría en las prácticas externas de la religión para
buscar relación social, seguridad o status, es decir, cuando se instrumentaliza para fines
personales (1, 7).
Esa religiosidad intrínseca o profunda sería la más frecuente en personas más equilibradas y
maduras, que a su vez suponemos que podría ayudarles a mantener su propio equilibrio en
condiciones, pues ayudaría a reforzar el mundo interior de las personas.

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La religiosidad/espiritualidad como recurso para afrontar el sufrimiento
Por ejemplo, se ha comprobado que las personas con diversas enfermedades físicas, recurren
con frecuencia a prácticas de tipo religioso y/o espiritual, para afrontar el estrés que supone su
situación, siendo según ellos, este tipo de prácticas de gran ayuda para ellos, teniendo quienes
las realizan menos estrés, depresión, dolor y aislamiento social, con respecto a los que no lo
hacen. A su vez, los enfermos que recurren a lo religioso y/o espiritual, refieren tener más
sentimientos positivos que los demás, a pesar de estar enfermos (18-23).
Otra cuestión a tener en cuenta es que las personas que se enfrentan a la muerte, expresan
necesidades de tipo espiritual o trascendente (24-25), pues la religiosidad o las creencias de tipo
espiritual, ayudan a encontrar sentido y orientación ante la muerte (26).

La religiosidad y la espiritualidad, pueden complementar la psicoterapia, aportando elementos
positivos a la misma.
Diversos autores, entre los que podemos nombrar a Viktor Frankl y Carl Gustav Jung han
señalado que la religiosidad y la espiritualidad, pueden aportar elementos beneficiosos, para los
pacientes, dentro del ámbito de una psicoterapia (27-28). De hecho, los propios pacientes
señalan con frecuencia su necesidad de encontrar respuestas o plantear cuestiones relacionadas
con lo espiritual y/o lo religioso. Por lo que parece adecuado tener en consideración estas
cuestiones en el ámbito de una psicoterapia, algo que también es preciso si partimos de una
visión antropológica no reduccionista y global.
También podemos encontrar paralelismos entre la psicoterapia, y algunos aspectos de la vida
religiosa, como la confesión, la dirección espiritual, las prácticas meditativas o de oración y los
ejercicios espirituales.
La cuestión que deberíamos considerar a continuación es si, en función de los planteamientos de
las principales psicoterapias, estamos capacitados para abordar estas cuestiones en el ámbito
psicoterapéutico. Muchas de las escuelas psicoterapéuticas reconocidas, dejan de lado estas
cuestiones y el psicoterapeuta que quiera abordarlas ha de buscar autónomamente fuentes de
información al respecto. Las excepciones que podemos encontrar, son la Logoterapia de Viktor
Frankl y la Psicología Analítica de Jung, así como algunas otras propuestas dentro de las
psicoterapias humanistas y algunas de las llamadas Transpersonales o Integrales, aún no bien
definidas o conocidas.

La religiosidad y la espiritualidad y el sentido de la vida.
Para muchos autores el "sentido" tiene una dimensión espiritual o trascendente, ya que buscarlo
puede implicar la búsqueda de un orden superior (24, 27, 29-41), o incluso hay quién plantea
que el sentido de la vida es una necesidad espiritual (27, 35-36, 39, 42-43).
Viktor Frankl, nos da numerosos ejemplos, de cómo la religiosidad y la espiritualidad, ayudan a
encontrar más sentido a la vida, pues ambas son fuente de significados y nos ayudan a
orientarnos en qué es lo más importante en la vida y en cómo vivirlo (27, 35-36). Y es bien
sabido que encontrar sentido en la vida, es un factor de estabilidad mental (43-45), según
demuestran diversos estudios, en los que se halla relación entre un mayor sentido de la vida y
menores alteraciones psicopatológicas como ansiedad y depresión (26, 46-53), estrés (54),
malestar psicológico (48, 54-55), neuroticismo (56) y abuso de drogas y alcohol (53).

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Evidentemente, el sentido de la vida, a través de la religiosidad, sería para las personas que son
religiosas y esto siempre de una visión equilibrada de las propias creencias.
A muchas personas la religiosidad les ayuda a encontrar significados más profundos de la
realidad, les da un mapa de valores, en el que aprenden a diferenciar lo importante de lo que no
lo es, entre otros marcos de referencia o mapas para vivir, que ayudan a tener actitudes más
positivas y constructivas, ante la vida.

La religiosidad/espiritualidad es importante en la vida de muchas personas.
Desde tiempos remotos de la historia de la humanidad, el fenómeno religioso ha jugado un
papel importante en la vida de muchas personas, de diferentes culturas y lugares geográficos. De
lo que podemos deducir, que la religiosidad está unida, en algún sentido, a la naturaleza
humana, aunque no se exprese dentro del ámbito de una religión institucionalizada.
Para muchas personas la religiosidad y la espiritualidad son aspectos importantes en sus vidas,
pues refieren que les confiere sentido, sensaciones positivas de bienestar, paz interior, sensación
de un sentido último de todo, más capacidad para amar a los demás, esperanza, etc. (26).

Las personas religiosas encuentran un mayor apoyo social.
El hecho de pertenecer a una comunidad religiosa, o de compartir rituales o prácticas, facilita el
encuentro interpersonal y que las personas compartan diferentes aspectos de sus vidas (22, 34).
Es sabido, que el apoyo social, beneficia psíquicamente, a las personas, en numerosos aspectos
de sus vidas.
Esta posibilidad de apoyo social, se ve reforzada con que en las religiones, se favorece que se
ame a los demás, que se les ayuda y que se establezcan relaciones genuinas y comprometidas
con los demás, además, además de estimularse actitudes de reconciliación y perdón.

Relación entre religiosidad y mejor salud física
En distintos estudios, se ha encontrado relación entre pertenecer a una determinada religión y
tener una mejor salud física. Esto se ha relacionado con tener estilos de vida más sanos y
experimentar los aspectos positivos de una religión que ayudan a soportar mejor el estrés (57),
lo cual, a su vez se relaciona con una mejor salud mental, pues ya se sabe lo de mens sana in
corpore sano.

Las prácticas religiosas como fuente de bienestar y estabilidad psíquica
Los momentos de meditación y oración ayudan a tener un mayor bienestar psicológico (58), paz
interior y amor (59), a encontrarse con uno mismo y a buscar la trascendencia, ayudan a
compensar vacíos de relaciones humanas, pues por ejemplo, proporcionan un apoyo en forma
de una figura paterna y materna.

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Las propias prácticas religiosas proporcionan con frecuencia un sentido de comunidad y
sensación de compañía y de pertenencia, así como emociones positivas como sentimientos de
esperanza, mayor autoestima y compasión (59).
También es sabido que la confesión y la dirección espiritual estimulan a verbalizar conflictos, lo
que en sí, alivia el malestar por los mismos.

La religiosidad y la espiritualidad se relacionan con problemas psíquicos
Frente a los planteamientos señalados previamente, hay posturas dentro de la psicología y la
psiquiatría, que afirman que las creencias religiosas están relacionadas con problemas
psíquicos. Estas ideas surgen a partir de los postulados del psicoanálisis, de hallazgos de
estudios empíricos y de la experiencia derivada de la clínica psiquiátrica. Con aportaciones que
confirman la afirmación expuesta. Los datos más relevantes que se han encontrado, tienen que
ver con los elementos siguientes:

Relación entre religiosidad/espiritualidad y una peor salud mental
El psicoanálisis, ha relacionado la religiosidad con un pensamiento más regresivo e infantil, con
ciertas alteraciones psicopatológicas o que ambas están ligadas a sufrir más trastornos
psíquicos. Esta ha sido, por ejemplo, la postura del psicoanálisis de Freud, que asocia
religiosidad con la neurosis y con la histeria. Freud afirma lo siguiente, con respecto a la relación
entre religiosidad y neurosis: "podríamos arriesgarnos a considerar la neurosis obsesiva como
la pareja patológica de la religiosidad: la neurosis, como una religiosidad individual, y la
religión, como una neurosis obsesiva universal. La coincidencia más importante sería la
renuncia básica a la actividad de instintos constitucionalmente dados".1
Posteriormente, en su libro Totem y Tabú, establece el complejo edípico, como una fuente
común de neurosis y de lo religioso; siendo la religión para Freud una sublimación del complejo
de Edipo, mediante la proyección de la imagen del padre en la imagen de Dios (60).
Freud también considera la religión como una ilusión, que evita el displacer a un alto precio, que
es la falta de veracidad y posteriormente, al descubrirse la ilusión, la decepción. Las ilusiones
que generaría la religión serían las de protección, amparo, cuidado, inmortalidad, consuelo; así
como una compensación de las privaciones de esta vida (60).
Sabemos que la psicopatología tiene manifestaciones de tipo religioso, como los rituales de los
enfermos con trastorno obsesivo compulsivo, los delirios místico-religiosos de personas con
psicosis o trastorno delirante, algunas histéricas, la rigidez de algunos planteamientos de tipo
religioso, el excesivo moralismo o rigorismo al que se puede llegar, comportamientos
irracionales, sectarismos, actitudes intolerantes, culpa patológica, pensamiento mágico,
superstición, etc. Hechos, que en cierto sentido podrían dar la razón a los planteamientos
freudianos.
Con respecto a estudios empíricos, que relacionan religiosidad y/o espiritualidad con
alteraciones psicopatológicas hemos encontrado que en algunos de ellos se ha encontrado que
en algunas personas religiosas hay más alteraciones psicopatológicas (20). Los datos obtenidos
sobre la relación positiva entre religiosidad y psicopatología son:
1

S. Freud. Los actos obsesivos y las prácticas religiosas. En Obras completas I. Nueva Hélade, 1995.

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-

Relación entre tener una mayor religiosidad y sufrir más síntomas de trastorno
obsesivo compulsivo (61).

-

Las personas con más problemas psiquiátricos recurren con más frecuencia a la
religión, para afrontar una situación de enfermedad (20).

-

Relación entre religiosidad intrínseca y más ansiedad (62, 63), en contradicción con
datos señalados anteriormente.

-

Relación entre la religiosidad y los sentimientos de culpa (64).

-

Relación entre factores de tipo religioso y peor adaptación a la enfermedad (65, 66).

-

Relación entre más síntomas depresivos y el "afrontamiento religioso negativo", que
tendría que ver con considerar a Dios como castigador, sentirse abandonado por él o
la propia comunidad espiritual, creer en fuerzas demoniacas, rezar por una
intercesión directa y expresar descontento espiritual (1, 21).

-

Mayores niveles de depresión en madres solteras adolescentes católicas o afiliadas a
grupos religiosos más conservadores (67).

En otros estudios no se encuentra relación entre ambos factores (68, 69).
Todos estos planteamientos y datos no nos dan la respuesta a la pregunta de por qué no todas
las personas religiosas sufren algún tipo de alteración psicopatológica. Es posible que una
mezcla compleja de elementos de las religiones y de los propios sujetos que las practican,
ayuden a explicar estos fenómenos.

Aspectos relacionados con la religiosidad que pueden perjudicar a la salud mental:
Una posibilidad de generar psicopatología es mediante la represión de los instintos, como ya ha
señalado reiteradamente el psicoanálisis, o bien mediante un mal manejo de las pulsiones
instintivas. En los contextos religiosos, de diferentes tradiciones encontramos ejemplos claros
de esta represión, que acaban degenerando en un descontrol de impulsos, que se manifiesta con
agresividad o con sexualidad exagerada, que puede llevar a diversos tipos de abusos sexuales.
Esa represión, puede originar también diversas alteraciones neuróticas, en la línea que Freud
señaló.
Cuando uno se ha esforzado por evolucionar en el control de sus propios impulsos, a veces deja
a un lado a sus elementos más primitivos, a cosas pendientes de las fases de antes. ¿Y qué
ocurre? Que se tiende a ver, lo que no se sabe manejar en el interior de uno mismo, en los
demás. Entonces, una persona con ese problema de no reconocimiento de los propios
problemas, los tiende a ver en los demás, mediante lo que se ha llamado una proyección. Y la
manera de ver los conflictos proyectados, es sintiendo, por ejemplo, un odio o rechazo visceral,
hacia personas que identificamos con lo que rechazamos. Por ejemplo, un hombre con una
fuerte represión sexual, sentirá odio y rechazo hacia mujeres que resulten atractivas, porque le
pondrán nervioso, o bien, dirá que todas las mujeres le quieren provocar, cuando es él mismo
quién tiene una parte de sí reprimida o disociada. Otra opción, son las personas que no soportan
a los de culturas más primitivas, o a quienes son supersticiosos y les generan auténtico rechazo.
No los pueden soportar ni comprender, porque ni soportan ni comprenden esa parte de sí

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mismos. Y otra alternativa es la idealización, cuando uno rechaza ciertos elementos, de la propia
cultura o religiosidad. Es el caso de personas decepcionadas o enfadadas con las instituciones
religiosas, a las que demonizan, considerándolas la causa de todos los males. Estas personas,
ven todo lo negativo de la religión de su cultura y consideran que las religiones de lugares
exóticos no tienen ningún defecto o problema, pues son perfectas. Así, pueden someterse a
rituales extenuantes que duran horas o días, pero en su lugar de origen no pueden soportar una
ceremonia religiosa más sencilla o breve. Seguramente, tendrán su parte de razón, por haber
sufrido las consecuencias de los elementos insanos de la religión de su cultura, pero su actitud
muestra que tienen el tema ni bien elaborado, ni bien canalizado, para poder madurar y sanarse
interiormente.
Otra manifestación de falta de equilibrio psíquico es el excesivo dogmatismo, e incluso
intolerancia, de algunas personas religiosas, cuya rigidez les hace sufrir a ellos mismos y a
quienes les rodean. La manifestación extrema de estas actitudes, puede llevar al fanatismo, con
sus terribles consecuencias, e incluso a pensamientos que rozan los delirios psicóticos. Es
importante señalar, que aunque se de dogmatismo dentro de los contextos religiosos, éste no es
una característica única de dichos contextos, sino que parece afectar a diversos ámbitos de la
vida humana, como la política, el fútbol, etc.
Un fenómeno que se ha relacionado con las actitudes dogmáticas e irracionales, que existen en
las religiones, ha sido lo que Ken Wilber (70) ha llamado "confusión línea-nivel", en el que se
confunde la línea o dimensión de la persona que podemos llamar espiritual, con lo que es un
determinado nivel de evolución de la misma. Dicho de otra manera, es cuando se confunde la
espiritualidad, con una determinada manera de vivirla que ya no pertenece a nuestro tiempo, y
así, dentro y fuera de las religiones, las personas creen que hay que mantenerse en posturas
dogmáticas y cerradas para preservar o combatir la fe, según la perspectiva que se adopte.
A veces en las religiones se cae en actitudes sectaria del grupo, o etnocéntricas, en las que los
pertenecientes a una misma religión o cultura, se creen en posesión de una verdad absoluta o
superior a la de otros.
Fomentar excesivos miedos o prestar una mayor atención a aspectos negativos. Hay quienes
han fomentado, en las tradiciones religiosas, ciertos aspectos de la religión, que se pueden vivir
de forma negativa, como la idea de la culpa o la idea del infierno.
La visión idealizada inalcanzable de lo que ha de cumplir la religión o uno mismo, también
puede ser una fuente de malestar psíquico. En estos casos es posible vivir la religiosidad o
espiritualidad, de forma negativa, por ejemplo, a raíz de que la persona sufra experiencias
desagradables, como un diagnóstico de una enfermedad muy grave o bien, por haber cometido
un error que se considera imperdonable. Esto supone, que algunas personas tengan crisis de fe,
pérdida de fe, incertidumbre o desesperanza, en relación con la dimensión trascendente, cuando
viven algo que les genera sufrimiento o frustración (34), pues habían asumido que un Dios
bueno iba a satisfacer sus propios deseos o a hacerles perfectos e invulnerables.
Otro aspecto a tener en cuenta, en psicopatología, es lo que en lenguaje religioso se llaman
"fases de oscuridad" o de prueba, en las que las personas se pueden sentir desprovistas de sus
creencias, desmotivadas o sufrir diversas dudas. Aunque esto en sí no sea una alteración
psíquica, puede derivar en diversas alteraciones psicopatológicas, como ansiedad, estrés o
depresión.

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La mística también ha estado en la lista de las sospechas psiquiátricas, habiéndose considerado
a muchos místicos de lunáticos, psicóticos, epilépticos o descerebrados. A su vez, las aparentes
semejanzas entre los delirios de tipo místico-religioso y las experiencias de los místicos, ha
aumentado las sospechas de que existe una relación entre la insania psíquica y la experiencia
mística. Para poder diferenciar la mística de la psicopatología, es útil hacer una valoración
multidimensional, en la que además de los fenómenos místicos, se tenga en consideración el
funcionamiento global de la persona, sus relaciones interpersonales, su capacidad para resolver
conflictos, capacidad de adaptación, capacidad de crecimiento y evolución, capacidad de
adquirir autonomía mental, poder integrar los diversos aspectos personales con unidad y
coherencia, establecer relaciones interpersonales positivas y satisfactorias para ambas partes, y
poder obtener goce en la consecución de objetivos vitales, aunque no siempre se satisfagan (71).
Parece ser que muchos de los considerados místicos, han podido llevar a cabo con normalidad,
estos aspectos de sus vidas, en contraste con las personas que sufren cuadros psicóticos o
delirantes. No obstante, sí parece haber algunos factores que se pueden superponer entre
"locos" y místicos, como un cierto narcisismo y megalomanía en algunos casos, o incluso
comportamientos irracionales. Esto no parece querer decir que misticismo y psicosis sean un
mismo fenómeno, salvo que se haga un enfoque de ambos desde una perspectiva reduccionista y
unidimensional. Por contrarrestar esta idea de la relación existente entre psicosis y misticismo,
algunos estudios, muestran que las personas más religiosas tienen menos tendencia a sufrir
cuadros psicóticos, aunque en otros estudios no se ha encontrado relación alguna (1). Aunque
también se ha encontrado que las personas con delirios de tipo místico-religioso sufren
síntomas más severos, o que incluso tienen peor pronóstico (1). Por otra parte, se ha encontrado
que los pacientes psicóticos que tienen creencias y prácticas religiosas, no delirantes, tienen
mejor pronóstico (1).
Se han señalado algunos aspectos de las religiones, que pueden generar alteraciones psíquicas,
pero también hay que tener en cuenta, que la ausencia de creencias trascendentes puede generar
sufrimiento y desorientación. Incluso se ha dicho que la religiosidad y/o la espiritualidad, son
aspectos de la vida que pueden ser susceptibles de represión. Frankl y Jung, afirman que seamos
o no conscientes de ello, religiosos o no, creamos o no en la dimensión espiritual, en todo ser
humano, hay una dimensión espiritual, que al menos se vive a nivel inconsciente. Pero para
ambos, si se reprime este aspecto, en la vida del hombre y no se vive conscientemente, puede ser
fuente de sufrimientos y diversos problemas. Así que reprimir este aspecto de la vida, o
rechazarlo, puede acarrear diversos tipos de alteraciones psíquicas. Frankl y Jung cuentan
varios casos en los que las personas experimentan una transformación positiva de sus vidas,
cuando aceptan la posibilidad de que haya una dimensión espiritual, la hacen consciente y se
ocupan de profundizar en ella (27-28).
Aparte de los problemas referidos, es importante señalar, que éstos no repercuten solamente a
nivel individual, sino que también, a nivel colectivo, somos testigos de diversos procesos
enfermizos, en relación con lo religioso. Lo que se manifiesta, por ejemplo, mediante diversas
histerias colectivas o contagios emocionales entre quienes profesan una misma religión o
ideología.

Aspectos de la persona que pueden perjudicar a la manera de vivir la religiosidad
La religión parece tener relación con problemas mentales cuando es vivida por personas que ya
presentan alteraciones psicopatológicas (1). Esta es la postura defendida por quienes piensan
que la religión, en sí, no es el origen de ninguna enfermedad mental. Más bien sería la
enfermedad mental la que distorsionaría la religión y esa distorsión, transmitida a otros, es la

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que generaría sufrimiento, malestar y neurosis. Así, si el responsable de una comunidad
religiosa, si tuviera alteraciones psíquicas, dañaría a los que dependieran de su orientación, por
hacerles tener una visión estrecha de la realidad, y no permitírseles madurar a visiones más
globales y abiertas.
Sabemos que hay personas que se estancan en fases de pensamiento mágico o mítico, que llevan
a actitudes dogmáticas e incluso violentas. Estas formas de pensamiento adquieren perspectivas
egocéntricas (en las que uno es el único que se cree en posesión de la verdad) o etnocéntricas (en
las que los miembros de la propia religión o cultura se consideran los poseedores de la única o
de la mejor verdad). En este tipo de personalidades es donde los planteamientos psicoanalíticos
pueden tener más validez, pues el infantilismo de personas en estas fases, lleva a distorsionar la
visión de la realidad y a transmitir una visión distorsionada a otros seres humanos.
El egocentrismo y el narcisismo que llevan a pensar que la visión de uno es la única verdadera o
la mejor, transmitirían una visión insana de la religión en la que quienes la practican
consideraran que ellos son el centro de la creación y Dios está para satisfacer sus deseos
personales. Cuando se piensa así hay un predominio del pensamiento mágico y la superstición y
por lo tanto, una gran inmadurez. Otra vía en la que se expresa el narcisismo es la de la
inconsciencia de las propias limitaciones, pues uno tiene una visión idealizada de sí mismo y a la
vez irrealizable, se frustra constantemente y esto le impide tener un mínimo de equilibrio
mental.
Las personas que reprimen sus emociones e instintos, que sufren de rigidez, dogmatismo,
perfeccionismo y obsesividad, son quienes también, se alterarían en un contexto religioso,
alterando, a su vez, el funcionamiento de dicho contexto. Esta rigidez y dogmatismo, se asocia a
la fase mítica de la evolución del pensamiento religioso, en la que, se tiene una visión
conformista y ritualista, en la que las cosas se repiten, porque siempre se han hecho así (70). El
sujeto actuaría movido por lo que le demanda el grupo y se sentiría como si fuera una pieza más
en una comunidad y no un sujeto que colabora libre y autónomamente. La persona que está en
esta fase, puede caer en una rigidez neurótica, donde todo lo que sea diferente, a la propia visión
se convierte en amenaza, pues se vive como una amenaza a la propia identidad, que es la
identidad grupal. Incluso, se puede olvidar el origen de la vivencia religiosa, es decir Dios, para
centrarse uno en cumplir compulsivamente los rituales, las normas, etc. Sería una manera de
pensar de muchas las personas que pertenecen a una religión y no tienen un sentido crítico y
una madurez que les permite identificarse como personas completas y no como piezas de una
maquinaria colectiva.
Esta actitud mítica también se da en muchos personas que aún teniendo un pensamiento
racional, emocionalmente mantienen elementos infantiles (algo que también puede suceder con
elementos de tipo mágico y supersticioso), que les hacen actuar de forma irracional, fanática e
irreflexiva. Por ejemplo, cuando intentan dialogar con una persona que tiene una ideología
diferente, se sienten amenazados y no son capaces de mantener un tono sereno en la discusión.
Superada la fase mítica, se pueden entrar en una fase más racional, en la que incluso de
manifieste una actitud rebelde hacia las creencias religiosas, existiendo, si no se vive sanamente
esta fase, la posibilidad de un nuevo narcisismo, que tiene que ver con un individualismo y una
soberbia de pensar que el no seguir el "borreguismo" del resto del grupo le hace a uno ser mejor
y que no tiene por qué ser corregido por nadie, ni aprender nada de nadie, y puede caer en creer
que su punto de vista es el mejor y adoptar una actitud soberbia en la que nadie le diga lo que
tiene que hacer. Esta persona se puede sentir más evolucionada, y creer que piensa por sí
misma, pero si tiene alguna parte de sí sin madurar, puede ser intolerante con los de los niveles
anteriores, mostrándose excesivamente crítico o queriendo romper todo lo que suene a

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tradición, porque en su autonomía llena de soberbia (en el caso de que no esté del todo sano
mentalmente y maduro), pretenderá tener siempre razón y mucha más razón que sus mayores.
No obstante, es necesario pensar por uno mismo, asumir la realidad desde la propia vivencia y
no desde lo que a uno le dicen los demás. Por poner un ejemplo, es muy diferente creernos que
existe el amor, porque nos lo cuentan los demás, que experimentarlo. Es esta fase, cuando las
cosas se equilibran, se trataría de vivir sanamente la propia experiencia personal, siendo uno
mismo crítico, racional y manteniendo la calma y serenidad ante los que no piensen como
nosotros, porque no nos entiendan o porque ya estamos de vuelta de todo.
Esta es una fase necesaria, de tipo adolescente, en la que es necesario tomar una cierta distancia
para que se pueda reconocer lo que realmente se tiene, para retomarlo, si se quiere, de una
forma más madura y profunda, a través de una experiencia religiosa más personal, que a la vez
llegue a ser capaz de tener en cuenta a otras personas y estar en comunidad con ellas. O bien,
adoptando una actitud independiente de las religiones, pero con la humildad de poder aprender
de quienes pueden pensar diferente.

Discusión
En el presente trabajo se han presentado resultados de diferentes trabajos de investigación en
los que se estudia la relación entre religiosidad y espiritualidad con la salud mental de los
individuos. En muchos de ellos se encuentran datos que apoyan la tesis de que la salud mental
se ve beneficiada por la espiritualidad y la religiosidad. En otros, que son menos numerosos, hay
datos que apoyan la tesis contraria. No obstante, hay más estudios y datos que apuntan en el
primer sentido que en el segundo.
El fenómeno espiritual y religioso tiene diversas manifestaciones y es complejo, por lo que no
podemos afirmar, que todos los que han hecho los estudios han evaluado el mismo aspecto de la
cuestión. Incluso a veces, parecen estar enfocando cuestiones bien diferentes, que apuntan en
direcciones opuestas. Resulta, por ello complicado, saber a ciencia cierta cuál es la respuesta
exacta a la pregunta de si la religiosidad y la espiritualidad benefician o perjudican a la salud
mental. Podemos hacernos la pregunta de ¿cómo es posible afirmar, desde la ciencia, que el
mismo fenómeno beneficia y perjudica la salud mental? ¿No se tratará de diferentes
manifestaciones de un mismo fenómeno? Si además, hay numerosas personas que afirman
sentirse beneficiadas por sus experiencias religiosas y espirituales, ¿podemos negar sus
experiencias porque haya algunos aspectos de este tipo de experiencias que hayan resultado
negativos para otras personas?
Quizás se trate de explorar qué es lo que beneficia o perjudica, dentro de la dimensión espiritual
y de las religiones, y de tener en cuenta cómo influye la psicopatología o cómo influyen ambas
en la psicopatología, puesto que parece difícil saber porque para unos este tipo de experiencias
colman de sentido a sus vidas, y para otros son fuente de traumas y de sufrimiento. ¿Dónde está
la respuesta? ¿En las religiones? ¿En las personas? ¿En una compleja interrelación entre
ambas?
En función de los datos recopilados y reflexiones señaladas, parece ser que las relaciones entre
religiosidad/espiritualidad y salud mental son complejas. Es posible que los instrumentos que
nos proporciona la ciencia, sean insuficientes para poder evaluar con suficiente objetividad este
tipo de fenómenos, que aunque se dan dentro de la vida psíquica, parecen sobrepasarla.

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Parece ser que, en base a los datos revisados, la religiosidad y la espiritualidad aportan más
elementos positivos para la salud mental de las personas, que negativos, pues hay más estudios
que confirman la primera asociación. Seguramente siempre y cuando uno mismo también se
responsabilice por seguir creciendo, desarrollando su flexibilidad y humildad, a la vez que
supera su propio egocentrismo. Quizás las discrepancias se deban a haber abordado diferentes
aspectos de la realidad estudiada, sin haber discriminado suficientemente las variables
implicadas, que por ser múltiples, dificultan una evaluación objetiva del fenómeno. No obstante,
estos estudios nos señalan que tanto espiritualidad como religiosidad son aspectos importantes
de la vida de muchas personas, que pueden tener repercusiones positivas o negativas en su salud
mental y por lo tanto, han de ser tenidas en cuenta y estudiadas desde la psicología y la
psiquiatría.
Los aspectos positivos y negativos, relacionados con la espiritualidad/religiosidad, parecen tener
que ver con lo que es el ser humano y sus maneras de reaccionar ante la vida. Se puede hacer un
buen o un mal uso de la religión, como se puede hacer un buen o un mal uso de la política. En
todo ello, el sujeto y su propia responsabilidad y salud mental son importantes para restablecer
el equilibrio individual y colectivo.
Sabemos que Freud ha tenido una influencia importante en la visión negativa que se tiene
dentro de la psiquiatría, de la religiosidad, pero posteriormente a él, se han generado diversas
reacciones, ante sus ideas. Por ejemplo, hay quién se ha defendido de estos postulados
apoyándose en el planteamiento de que Freud estaba haciendo afirmaciones sobre una fe
inmadura, frente a la posibilidad de una fe adulta en la que existiera la posibilidad de mantener
la salud mental y ser religioso, a un tiempo (71). Esta idea nos empuja a pensar que puede haber
formas maduras de vivir la religión y la espiritualidad, que a su vez, aporten beneficios a la salud
psíquica de los individuos. Quizás, se pueden vivir de una forma sana e integrada, que aporte
más beneficios que perjuicios.
En la perspectiva, de asociar religiosidad y psicopatología han influido las visiones racionalistas
y reduccionistas del ser humano, que han reducido su idea de persona, a la idea de lo que es un
organismo biológico, descartándose cualquier otro factor de la vida humana y muy
especialmente los que no fueran tangibles o medibles (27-28). Así, que cualquier perspectiva
que considerase lo espiritual, se consideraba mágica, sospechosa o incluso patológica. Pese a
estos planteamientos, ya hemos mostrado en líneas anteriores como se están teniendo más en
consideración las cuestiones relacionadas con la religiosidad y de la espiritualidad.
Quienes inculcan una religión, son quienes parecen tener más responsabilidad en que ésta se
viva de una forma saludable. El estado psíquico de los líderes espirituales de nuestro tiempo,
parece vital, para no transmitir la religión desde el dogmatismo, transmitir empatía hacia
necesidades ajenas, tolerancia hacia quienes piensan diferente, superar actitudes represivas e
irracionales o impedir que se hagan proyecciones de las propias limitaciones o alteraciones a
otros. Si no se corrigen estas actitudes, es más probable que se encuentre una relación
significativa entre religiosidad y/o espiritualidad, y alteraciones psíquicas y no al revés.
De estos datos podríamos suponer que la manera en la que se vive la religiosidad y la
espiritualidad tiene que ver con la madurez personal. La persona más inmadura vive la realidad
egocéntricamente, pensando que su visión es la mejor de todas. En la etapa más evolucionada la
persona es capaz de entender otras posiciones ante lo espiritual y considera igualmente dignos a
todos los seres humanos aunque no compartan las mismas creencias.

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Conclusiones
1.- La espiritualidad y la religiosidad son fenómenos complejos y multidimensionales.
2.- La espiritualidad y la religiosidad, parecen aportar más beneficios psíquicos que perjuicios
para la salud mental. Pues hay más estudios que muestran el efecto beneficioso de ambas que
los que muestran el efecto perjudicial de ambas.
3.- No está claro por qué en unos casos la religiosidad y la espiritualidad parecen ser
beneficiosas para la salud mental, y en otros, provocar el efecto contrario. Sería preciso
investigar más al respecto y tener en cuentos diversos factores que forman parte de la
experiencia religiosa y espiritual.
4.- La religiosidad y la espiritualidad han de ser tenidas en cuenta dentro de la psiquiatría y de la
psicología.

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