En las últimas décadas, la prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) ha aumentado significativamente, especialmente en mujeres, siendo atribuible a una interacción compleja entre factores biológicos, psicológicos y sociales. Las redes sociales, en particular plataformas como Instagram, han amplificado la presión por alcanzar estándares estéticos específicos, vinculando la aceptación social con la validación pública y exacerbando la insatisfacción corporal, especialmente en poblaciones jóvenes.
Desde una perspectiva neurobiológica, tanto la aceptación como el rechazo social activan circuitos cerebrales asociados con la recompensa y la regulación emocional, incluidos el nucleus accumbens, la ínsula y la corteza orbitofrontal. Este solapamiento en la activación de las mismas regiones cerebrales subyacentes a la percepción de aceptación social y la insatisfacción corporal ofrece una explicación plausible sobre cómo las redes sociales contribuyen al riesgo de desarrollar TCA. Dicho solapamiento refuerza ciclos de retroalimentación negativa, donde la comparación constante y la búsqueda de validación pública perpetúan conductas desadaptativas relacionadas con la alimentación y el control del peso.
Estos hallazgos destacan el rol crítico de los mecanismos neurobiológicos compartidos entre la interacción social en entornos digitales y los trastornos alimentarios, subrayando la importancia de crear futuras intervenciones preventivas y terapéuticas.