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Última actualización web: 13/08/2022

Impacto de la búsqueda de la evidencia en la formación universitaria del psicólogo.

Autor/autores: Juan Pascual Llobell
Fecha Publicación: 01/01/2004
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

La investigación y la práctica forman dos elementos clave que permiten el desarrollo del conocimiento sobre los fenómenos. La práctica de la psicología necesita de la investigación como medio de adquisición de conocimiento y la investigación psicológica debe contribuir a la mejora de la práctica, manteniendo ambas un vínculo estrecho que permita la comunicación bidireccional.

Desde el campo de la psicología Clínica las pruebas de los efectos de la intervención se dan a conocer como "terapias apoyadas empíricamente" y su sentido es similar a la práctica basada en la evidencia o en pruebas. La American Psychological Association (APA) revisa y actualiza periódicamente los beneficios de las terapias psicológicas y actualmente facilita un listado de la calidad de los efectos en función de la metodología de investigación empleada. Poco a poco son difundidos los principios que guían la planificación y elaboración de estudios de eficacia entre los profesionales de nuestra disciplina. Sin embargo, la evaluación de su impacto sobre la formación del psicólogo aún es una cuestión pendiente.

Palabras clave: Psicología basada en la evidencia, Tratamientos psicológicos con apoyo empírico


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Impacto de la búsqueda de la evidencia en la formación universitaria del psicólogo.

(Evidence in the university formation of the psychologist.)

María Dolores Frías Navarro; Juan Pascual Llobell; Hector Monterde Bort.

Departamento de Metodología. Facultad de Psicología. Universidad de Valencia.

PALABRAS CLAVE: Psicología Basada en la Evidencia, Tratamientos psicológicos con apoyo empírico.

(KEYWORDS: Evidence Based Psychology, Empirically Supported Psychological Interventions.)

página 1
 
[18/2/2004]


Resumen

La investigación y la práctica forman dos elementos clave que permiten el desarrollo del conocimiento sobre los fenómenos. La práctica de la Psicología necesita de la investigación como medio de adquisición de conocimiento y la investigación psicológica debe contribuir a la mejora de la práctica, manteniendo ambas un vínculo estrecho que permita la comunicación bidireccional. Desde el campo de la Psicología Clínica las pruebas de los efectos de la intervención se dan a conocer como "terapias apoyadas empíricamente" y su sentido es similar a la práctica basada en la evidencia o en pruebas. La American Psychological Association (APA) revisa y actualiza periódicamente los beneficios de las terapias psicológicas y actualmente facilita un listado de la calidad de los efectos en función de la metodología de investigación empleada. Poco a poco son difundidos los principios que guían la planificación y elaboración de estudios de eficacia entre los profesionales de nuestra disciplina. Sin embargo, la evaluación de su impacto sobre la formación del psicólogo aún es una cuestión pendiente.

Abstract

Investigation and the practice form two key elements that permit the development of the knowledge on the phenomena. The practice of the Psychology needs the investigation as knowledge acquisition middle and the psychological investigation should contribute to the improvement of the practice, maintaining both a narrow bond that permit the communication bidirectional. Since the field of the Clinical Psychology the evidence of the effects of the intervention bring to light as "therapies supported empirical" and their sense is similar to the practice based on the evidence. The American Psychological Association (APA) revises and brings up to date periodically the benefits of the psychological therapies and at present facilitates a listing of the quality of the effects in function of the employed methodology of investigation. Little to little they are diffused the principles that guide the planning and elaboration of studies of efficacy among the professionals of our discipline. Nevertheless, the evaluation of its impact on the formation of the psychologist still is a pending question.



Los profesionales de la Psicología Clínica deben tomar decisiones sobre el diagnóstico, el pronóstico o la intervención psicológica más adecuada para el paciente que acude a su consulta. La decisión ante el problema no es fácil y la solución debe tener en cuenta tanto el juicio clínico o experiencia del experto como la evidencia que aportan los datos y las preferencias del paciente concreto que además se encuentra inmerso en un contexto social determinado. Estas consideraciones guían lo que se conoce como Psicología Clínica Basada en la Evidencia (PCBE) (Frías y Pascual, 2003; Frías, Pascual y García, 2002) cuyo objetivo es potenciar la aplicación de los tratamientos psicológicos que han sido sometido a prueba científica.

La preocupación por la aplicación de la evidencia a la práctica profesional comenzó hace siglos, buscando en última instancia la replicación de los datos y asegurando de este modo el conocimiento de las relaciones entre las variables estudiadas. En un primer momento se buscaba la presencia del efecto de la intervención, tratando de demostrar que un tratamiento era más eficaz que otro, para pasar después a la búsqueda del tratamiento que provoca mayor efecto.

La aparición del meta-análisis y su aplicación al estudio de los efectos de la terapia psicológica (Shapiro y Shapiro, 1982; Lipsey y Wilson, 1993) y el trabajo pionero de Smith y Glass (1977) permitieron la consolidación del efecto del tratamiento psicológico. Smith y Glass (1977) encontraron que el grupo experimental que recibió terapia psicológica excedía en términos medios el percentil 75 respecto al grupo de control. El meta-análisis llevado a cabo por Lipsey y Wilson (1993) de 302 meta-análisis publicados sobre intervenciones psicológicas, educativas y conductuales concluyó con un tamaño del efecto medio de 0.40 para los estudios con alta calidad metodológica (diseños con grupo de control equivalente) y 0.37 para los de menor calidad como los diseños pretest-posttest. En red se puede consultar un listado de 254 estudios de meta-análisis de psicoterapia compilado por Glenn A. Phillips y William R, Shadish (faculty.ucmerced.edu/wshadish/psychotherapy.htm) cuya última actualización es de 11/11/2003.

En el trabajo clásico de Eysenck (1952) se llevo a cabo la comparación entre el grupo de pacientes sometidos a psicoterapia y el grupo de control concluyendo que no existían diferencias estadísticamente significativas entre los grupos, provocando un movimiento de debate que perdura. Durante años los investigadores desearon demostrar la superioridad del tratamiento psicológico sobre el placebo. Los resultados de los meta-análisis apoyan la superioridad del tratamiento psicológico sobre el placebo, en ocasiones sobre el fármaco así como el efecto de interacción con el fármaco potenciando la recuperación del paciente cuando se administran conjuntamente (Barlow, 1994, 1996; Barlow y Hoffman, 1997; Dobson y Craig, 1998). Los resultados del estudio de Luborsky, Singer y Luborsky (1975) donde afirmaban que el efecto positivo de las distintas psicoterapias era semejante (“todos han ganado y todos tienen premio”) abrió de nuevo un frente de investigación cuyos esfuerzos estaban dirigidos hacía el descubrimiento del efecto propio de cada psicoterapia potenciando la distinta eficacia de la intervención clínica (Beutler, 2002).

Con el deseo de determinar la eficacia de los tratamientos psicológicos en función del tipo de trastorno psicológico y elaborar guías de tratamiento adecuadas a situaciones clínicas concretas, la división 12 (Clinical Psychology), presidida entonces por David Barlow, de la American Psychological Association (APA) y a instancias de la Sección III (Society for a Science of Clinical Psychology, pantheon.yale.edu/~tat22/) crea en 1993 un grupo de trabajo sobre promoción y difusión de los procedimientos psicológicos dirigido por Dianne Chambless (Task Force on Promotion and Dissemination of Psychological Procedures, pantheon.yale.edu/~tat22/ empirically_supported_treatments.htm). En estos momentos se abre un nuevo movimiento en el campo clínico: terapias psicológicas con apoyo empírico (Chambless y Hollon, 1998).

Entre los principales objetivos del Grupo de Trabajo destaca desarrollar criterios que describan a los tratamientos psicológicos que tienen validez empírica y recomendar los mejores métodos de intervención, destacando la necesidad de una constante revisión de la eficacia. Además cada año se incluye en el informe un preámbulo donde se detallan ciertas reacciones al trabajo. Por ejemplo en 1996 el informe destaca que seguramente el término tratamiento empíricamente validado puede no ser el más adecuado y lo sustituye por “empíricamente apoyado” o con apoyo empírico. En el informe de 1998 se comenta que sólo la eficacia de los tratamientos psicológicos y no su efectividad puede ser evaluada con los criterios que han desarrollado. De este modo, destacan el impacto clínico del tratamiento en ensayos clínicos aleatorizados (eficacia) pero se desconoce la generalización de los hallazgos al ámbito aplicado (efectividad).

La definición de los criterios que describen el grado de apoyo empírico de la intervención tiene su base en el diseño y metodología empleada en la investigación. Se plantean dos tipos de tratamientos: el tratamiento bien establecido y el tratamiento probablemente eficaz (véase Tabla 1).

 


TABLA 1. Criterios para tratamientos validados empíricamente

 

Un análisis de los criterios formulados por la División 12 del APA al definir los tratamientos con apoyo empírico permite concluir que el mayor grado de validez corresponde a los estudios realizados con una metodología experimental como los ensayos clínicos aleatorizados, los ensayos controlados o estudios de eficacia con al menos dos grupos, el propiamente denominado experimental o de tratamiento y otro grupo de comparación ya sea el tratamiento farmacológico, el placebo u otro tipo de intervención.

El informe provocó una enorme controversia hasta el punto que en 1994 el mismo grupo de trabajo tuvo que añadir un epílogo al informe destacando los errores de interpretación que se habían formulado sobre su primer trabajo. Entre otros aspectos se pone de relieve que la lista de tratamientos era preliminar e incompleta. Finalmente en 1995 el informe se publica en la revista de la División 12 The Clinical Psychologist (Task Force on Promotion and Dissemination of Psychological Procedures, 1995). El informe inicial incluye un listado de 18 tratamientos con apoyo empírico y 7 como probablemente eficaces. El informe más reciente de 1998 (Chambless, Baker, Baucom, Beutler, Calhoun, Crits-Christoph y cols., 1998) lista 16 tratamientos con apoyo empírico y 56 como probablemente eficaces. La lista de los tratamientos con apoyo empírico representa un amplio abanico de orientaciones, incluyendo la conductual, la cognitiva, la interpersonal o la familiar, siendo las más comunes la cognitivo-conductual y la conductual. Además subrayan que la ausencia de un tratamiento en dicho listado no significa que no sea eficaz sino que hasta el momento no ha aportado las pruebas suficientes que apoyen su eficacia.

Una de las últimas reacciones al informe de la División 12 se produce desde la División 29 (Psychotherapy) del APA donde también se ha creado un Grupo de Trabajo dedicado a estudiar el impacto de las relaciones terapéuticas con apoyo empírico (Empirically Supported Therapy Relationships) (Norcross, 2000). Sus intereses son diferentes ya que a una división le interesa analizar las contribuciones del terapeuta a la relación y la respuesta del paciente (Ackerman, Benjamin, Beutler, Gelso, Goldfried, Hill, Lambert, Norcross, Orlinsky y Rainer, (2001) y la otra, como ya hemos señalado, se centra en el estudio del efecto de los diferentes tratamientos para cada trastorno concreto. Sin embargo, ambas divisiones tiene aspectos en común como compartir miembros en sus grupos de trabajo (Paul Crits-Christoph y Larry Beutler), editorial (Oxford University Press) y el principal objetivo que guía su trabajo, a saber, identificar y dar a conocer prácticas basadas en la evidencia. Desde la División 29 se destaca la efectividad demostrada de la alianza terapéutica, la cohesión en la terapia de grupo, la empatía y la búsqueda del consenso y colaboración.

En España, la Sociedad Española de Psicología Clínica y de la Salud (SEPYS) ha elaborado un documento con el objetivo de divulgar qué son los tratamientos psicológicos y de qué opciones se dispone (Labrador, Vallejo, Matellanes, Echeburúa, Bados y Fernández-Montalvo, 2003), proporcionando una lista de los tratamientos que tienen apoyo empírico para diferentes trastornos en adultos y para trastornos en niños y adolescentes, destacando especialmente la eficacia del tratamiento cognitivo-conductual. El trabajo de Labrador, Echeburúa y Becoña (2000) ofrece un análisis detallado de los resultados obtenidos dentro del ámbito de la eficacia de los tratamientos psicológicos.

 

La aportación de la metodología

Los deseos de la división 12 del APA de potenciar los diseños de investigación sobre intervención clínica con metodología experimental, tipo ensayo clínico aleatorizado, tienen un punto clave en el análisis de los datos que ofrecen al investigador. Históricamente, los científicos sociales y especialmente los psicólogos han confiado en la “comprobación de la significación estadística” como el instrumento por excelencia de análisis de datos. Desde el ámbito de la metodología, también ha existido y existe un debate abierto sobre el uso y abuso de las pruebas de significación estadística (un análisis detallado de la cuestión se puede consultar en Harlow, Mulaik y Steiger, 1997; Levin, 1998 y Nickerson, 2000). El aumento de las criticas ha ido asociado al creciente reconocimiento de las limitaciones asociadas a los tests de significación como único criterio de interpretación de la significación de los resultados.

Ante ese ir y venir de críticas, réplicas y contrarréplicas y el escaso eco que las recomendaciones del Manual de Publicación del A.P.A. (1994) tuvieron sobre los usos estadísticos de los investigadores, la American Psychological Association toma la decisión de crear un grupo de trabajo sobre inferencia estadística (APA Task Force on Statistical Inference) con el mandato prioritario de clarificar los temas importantes que están relacionados con la práctica estadística contemporánea en Psicología (Azar, 1999). En Marzo de 1996 se constituye formalmente el grupo. Una de las cuestiones propuestas a la comisión con carácter de urgencia era analizar el uso que se realiza de las pruebas de significación estadística en la práctica habitual de los científicos. El primer informe del grupo de trabajo aparece en Diciembre de 1996. La comisión informa que no se trata de rechazar la práctica de la comprobación de la hipótesis nula y el valor p. Sin embargo, se sugiere la necesidad de acompañar la presentación, análisis e interpretación de los datos con otros estadísticos como la estimación del tamaño del efecto o los intervalos de confianza. Es decir, la evidencia de los datos no sólo se proporciona con la significación estadística sino que la magnitud del efecto debe acompañar a la interpretación del valor p de probabilidad (Frías, Pascual y García, 2000).

En Agosto de 1999 el grupo de trabajo sobre inferencia estadística del A.P.A. publica su informe final en la revista American Psychologist (Wilkinson y Task Force on Statistical Inference, 1999) y se pone a disposición de los lectores en internet (www.apa.org/journals/amp/amp548594.html). Los autores señalan que no se trata de que las pruebas de significación deban ser eliminadas de los trabajos de publicación aunque sí es necesario que se produzcan una serie de reformas en la práctica analítica contemporánea. Entre sus recomendaciones destacan especialmente tres consideraciones que marcarán las directrices de la quinta edición del Manual de publicación del A.P.A. que se publicará dos años después de su informe (Wilkinson y APA Task Force on Statistical Inference, 1999):

1. Informar del tamaño del efecto. No se recomienda un índice concreto pero se destaca que “always present effect sizes for primary outcomes ... It helps to add brief comments that place these effects sizes in a practical and theoretical context … We must stress again that reporting and interpreting effect sizes in the context of previously reported effects is essential to good research” (Pág. 599).

2. Informar de los intervalos de confianza: “Interval estimates should be given for any effect sizes involving principal outcomes. … Comparing confidence intervals from a current study to intervals from previous, relates studies helps focus attention on stability across studies. … Collecting intervals across studies also helps in constructing regions for population parameters” (Pág. 599).

3. Utilizar procedimientos gráficos ya que mejoran la interpretación y la comunicación de los resultados: “ways to include data or distributions in graphics ... Many of these procedures are found in modern statistical packages. It is time for authors to take advantage of them and for editors and reviewers to urge authors to do so” (Pág. 602). Además recomiendan “Include graphical representations of interval estimates whenever possible”(Pág. 601).

Desde el punto de vista del diseño de investigación también se destaca la importancia del análisis de la fiabilidad de los instrumentos de medida utilizados en los estudios (“Reliability is a property of the score on a test for a particular population of examines”, Pág. 596) así como la comprobación de los supuestos estadísticos requeridos por la prueba empleada en el la fase de análisis de la investigación (“You should take efforts to assure that the underlying assumptions required for the analysis are reasonable given the data”, Pág. 598).

En 2001 se publica la quinta edición del Manual de Publicación de la American Psychological Association. Su énfasis queda patente al señalar “for the reader to fully understand the importance of your findings it is almost always necessary to include some index of effect size or strength of relationship” (Págs. 25-26).

Podríamos concluir, en definitiva, que por un lado se requiere elegir entre las terapias con un buen fundamento empírico, científicamente validadas con apoyo empírico y, por otro lado, los metodólogos han propuesto nuevas vías de evaluación: ya no basta con comparar grupos de tratamiento y obtener el valor p de significación estadística. Además hay que estimar tamaños del efecto y sus intervalos de confianza. La estimación de dichos efectos va a permitir otro nuevo avance metodológico, a saber, la introducción del meta-análisis y con él la posibilidad de construir “revisiones sistemáticas” de los efectos asociados a la intervención psicológica que informen al psicólogo de cuál es el estado empírico actual de una determinada terapia. En definitiva, se cierra el bucle informativo sobre el que se sostiene la ciencia: se informa al profesional del estatus científico de sus procedimientos clínicos y con su aplicación se establecen nuevas evidencias que habrá que sistematizar e integrar en lo ya conocido.

 

Psicología Clínica Basada en la Evidencia

El punto de unión entre las reformas de la Psicología Clínica y los cambios del diseño de investigación se encuentran en lo que conocemos como Psicología Clínica Basada en la Evidencia cuyo principal propósito es facilitar el tratamiento psicológico concreto que es más efectivo para el problema específico sometido a examen, destacando la experiencia del terapeuta y las características del paciente como variables que también contribuyen a la decisión de seleccionar el mejor tratamiento, aumentando con ello el éxito de la terapia.

El éxito final de la terapia psicológica está, por supuesto, modulada por la adecuada relación terapéutica que se establezca con el paciente. Seleccionar el tratamiento psicológico que ha demostrado su eficacia en situaciones de máximo control con una metodología experimental no significa que la experiencia del profesional y sus habilidades para establecer una conexión con el paciente deban ser olvidadas. La ciencia psicológica avanza con evidencias, la práctica de la psicología necesita del saber hacer del profesional.

Problemas psicológicos y patologías susceptibles de tratamiento hay muchos y terapias psicológicas propiamente dichas abundan. El número de terapias psicológicas diferentes ha ido aumentando con el tiempo, por ejemplo Bergin en 1967 estimaba en 36 el número de sistemas de psicoterapia disponibles. Posteriormente Herink (1980) recoge más de 250 y Kazdin (1986) menciona casi 400. Ni todas las terapias tienen el mismo predicamento ni el mismo soporte empírico ni la misma validación científica.

Ante tal diversidad de aproximaciones y teniendo en cuenta que la evidencia acumulada (Beutler, Williams, Wakefie y Entwistle, 1995) indica que la mayoría de las teorías no tienen pruebas científicas de sus efectos, sólo cabe una postura, elegir aquel tratamiento psicológico que está respaldado por pruebas científicas con apoyo empírico y, ante igualdad de condiciones, seleccionar el más breve (Labrador, Echeburúa y Becoña, 2000).

Del mismo modo que cuando tomamos un medicamento confiamos en que su eficacia ha sido sometida a prueba científica también los tratamientos psicológicos deben pasar unas pruebas y controles científicos que determinen si es más eficaz que no hacer nada o que utilizar otro tipo de terapia que en principio es menos o nada eficaz. Evidentemente no deberíamos tomar un fármaco de eficacia no demostrada y tampoco deberíamos someternos a un tratamiento psicológico que no se sabe si funciona, al menos cuando sí que existan tratamientos alternativos de eficacia demostrada. El psicólogo es el responsable de su formación y debe garantizar que está preparado profesionalmente para abordar la intervención de los problemas psicológicos con la mayor calidad disponible, optando por tratamientos que hayan sido contrastados científicamente.

El Código Deontológico del Psicólogo destaca la responsabilidad del psicólogo como profesional que debe ofrecer tratamientos eficaces a sus pacientes. En sus artículos 17 (“La autoridad profesional del Psicólogo/a se fundamenta en su capacitación y cualificación para las tareas que desempeña. El/la Psicólogo/a ha de estar profesionalmente preparado y especializado en la utilización de métodos, instrumentos, técnicas y procedimientos que adopte en su trabajo. Forma parte de su trabajo el esfuerzo continuado de actualización de su competencia profesional. Debe reconocer los límites de su competencia y las limitaciones de sus técnicas”) y 18 (“Sin perjuicio de la legítima diversidad de teorías, escuelas y métodos, el/la Psicólogo/a no utilizará medios o procedimientos que no se hallen suficientemente contrastados, dentro de los límites del conocimiento científico vigente.

En el caso de investigaciones para poner a prueba técnicas o instrumentos nuevos, todavía no contrastados, lo hará saber así a sus clientes antes de su utilización”) se detallan con claridad la necesidad de formación continua del psicólogo así como trabajar con tratamientos con apoyo empírico que garanticen la validez de sus efectos. Por lo tanto, la búsqueda de información válida, su lectura crítica y la incorporación del saber que paulatinamente se va adquiriendo con la práctica del profesional son tareas que forman parte de la formación constante del especialista clínico. Hay un vínculo obligatorio entre ciencia y profesión. En este sentido, el Código Ético de la American Psychological Association que ha entrado en vigor el 1 de Junio de 2003 afirma que los psicólogos deben mantener y desarrollar su competencia (2.03) y su trabajo debe estar basado en el conocimiento profesional y científico establecido de la disciplina (2.04).

El profesional de la Psicología se enfrenta día a día a un cúmulo de información difícilmente manejable que dificulta la búsqueda exhaustiva de las mejores pruebas. La solución se encuentra en la consulta de estudios de revisión sistemática y meta-análisis. Disponer de organizaciones que avalen y estudian detenidamente los resultados de dichos estudios permiten un control de la calidad de las aportaciones que ofrecen al profesional. En concreto la Colaboración Campbell (www.campbellcollaboration.org/), creada en el año 2000, se dedica específicamente a la producciónde revisiones sistemáticas (sobre los efectos) dentro de las ciencias sociales, educativas y del comportamiento (Sánchez-Meca, Boruch, Petrosino. y Rosa, 2002).

Recientemente el Ministerio de Sanidad y Consumo ha puesto a disposición gratuita La Cochrane Library Plus (www.update-software.com/clibplus/clibplus.htm), elaborado por la Colaboración Cochrane (cochrane.de), donde se ofrecen revisiones sistemáticas que periódicamente son actualizadas y cuando este tipo de estudios no está disponible entonces se proporcionan revisiones de la evidencia más fiable derivada de otras fuentes.

La creación de revistas específicas dedicadas a la valoración crítica de trabajos primarios y posteriormente a la difusión de los artículos que son relevantes para la práctica del profesional, introduciendo comentarios de expertos o notas de aclaratorias constituyen en estos momentos una necesidad que cambiaría la falta de actualización que en general sufre el profesional de la Psicología dado que no dispone del tiempo necesario y en muchas ocasiones tampoco tiene a su disposición los recursos necesarios. Dentro del ámbito de la Medicina destaca los ejemplo de Bandolier producida por Oxford cuyo acceso es gratuito en Internet en la dirección www.jr2.ox.ac.uk:80/Bandolier (existe una versión realizada por profesionales españoles en www.infodoctor.org/bandolera/), las revistas de resúmenes ACP Journal Club, editada por American College of Physicians (ACP) y la revista Evidence Based Medicine publicación conjunta de ACP y British Medical Journal (BMJ). Otra fuente de información publicada por el grupo de BMJ (www.bmjpg.com) que también incluyen evidencia para los profesionales de la salud es Clinical Evidence (www.clinicalevidence.com). Los redactores de POEMs from the Journal of Family Practice (www.infopoems.com/) revisan cada mes un amplio número de revistas e identifican los artículos más importantes. Desde el ámbito de la Medicina Basada en el Evidencia hay una página web muy completa de Rafael Toledo (www.infodoctor.org/rafabravo/) y en concreto de Psiquiatría Basada en la Evidencia hay que destacar PsyBECA. David Bussé. (www.psybeca.freeservers.com/).

La Psicología carece de revistas resúmenes de la evidencia disponible pero conviene destacar las revisiones que se realizan en revistas como Annual Review of Psychology donde cada volumen es preparado por un Comité editorial que invita a autores consolidados a elaborar un artículo crítico en el que deben repasar los desarrollos significativos que han tenido lugar dentro de su disciplina. Revisiones de tipo meta-analítico aparecen de modo sistemático en la revista Psychological Bulletin donde se desarrollan las más diversas cuestiones psicológicas de carácter teórico y aplicado. Contemporary Psychology es una revista de revisiones de diversos materiales principalmente libros recién publicados aunque también recoge por ejemplo medios audiovisuales.

Dos monográficos sobre los tratamientos psicológicos con apoyo empírico hay que resaltar. Uno de ellos publicado en el Journal of Consulting and Clinical Psychology (1998, Vol. 66). El otro monográfico es en español y ha sido editado por la revista Psicothema (2001, Vol. 13, nº 3) recogiendo las principales aportaciones que hasta el momento se han dado a conocer sobre la eficacia de los tratamientos psicológicos. El ejemplo de este tipo de monográficos y la creación de revistas secundarias es un elemento clave que garantiza la difusión del conocimiento científico que se dispone sobre la eficacia de los tratamientos psicológicos. Tal y como queda reflejado en el título del Grupo de Trabajo del APA, hay que promover procedimientos psicológicos eficaces cuya difusión es tan necesaria como su valoración ya que con ella se facilita la implementación de las terapias que han demostrada la calidad de sus efectos. Desde nuestra unidad de investigación hemos desarrollado en nuestra página web un lugar dedicado a la Psicología Basada en la Evidencia (www.uv.es/~friasnav/PBE.html) que, poco a poco, irá cubriendo los aspectos más destacados de su concepto y método y tiene como objetivo ser un punto de información y formación para el psicólogo.


Reflexiones finales

La Psicología, en concreto la Psicología Clínica, tiene que desarrollar todos los esfuerzos que sean necesarios para aplicar la ciencia psicológica a la identificación y difusión de la práctica profesional efectiva, incluyendo las variables de tratamiento, terapeuta y cliente. No es una cuestión de opinión, es una cuestión de ética. El científico debe desarrollar investigación empírica válida, respaldada por el uso adecuado del proceso del diseño de investigación y el profesional debe mantener la actualización de sus conocimientos para ofrecer a sus clientes las mayores garantías de éxito en el menor tiempo posible.

Sólo hay una psicología clínica aceptable, aquella que está basada en los principios del método científico. Como consecuencia, los servicios psicológicos sólo deben ser administrados a los pacientes cuando han sido tienen validez y han demostrado con pruebas científicas sus efectos.

La formación académica que reciben los estudiantes de Psicología tiene que cubrir de forma detallada los elementos metodológicos que están implicados en el proceso del diseño de investigación y ofrecer los resultados que hasta el momento se conocen sobre las pruebas o evidencias de cada tratamiento psicológico, entrenándolos en los elementos que facilitan la relación terapéutica más efectiva. Posteriormente y ya como profesionales tienen la obligación de la formación continua. La comunidad científica debe proporcionar los medios adecuados para difundir los conocimientos científicos que nuestra disciplina va desarrollando y velar por la calidad de los procedimientos y diseños de investigación que ofrecen las pruebas. Profesores, investigadores, editores y profesionales tenemos responsabilidad sobre el buen hacer de la ciencia psicológica.


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