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La higiene psíquica en la primera mitad de siglo XIX.

Autor/autores: Ángel González de Pablo
Fecha Publicación: 12/07/2010
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

La presente ponencia estudia la consideración de la higiene mental en la primera mitad del Ochocientos, a través de la obra de uno los autores que alcanzó una mayor repercusión en este período: el austríaco Ernst von Feuchtersleben (1806-1849). En la primera parte del trabajo se contextualiza la obra de Feuchtersleben en la medicina y en la sociedad del período Biedermeier (1830-1850) austríaco. En la segunda, se examinan las fuentes que configuran su pensamiento higiénico en el terreno psicológico: la literatura higiénico-dietética tradicional, la obra kantiana y los autores de la Naturphilosophie. Y en al tercera, se analizan las recomendaciones higiénicas contenidas en su Diätetik der Seele (La dietética del alma), las cuales se derivan de la visión del autor sobre cómo se produce la acción del alma en su conjunto sobre el cuerpo y sobre cómo se lleva a cabo la acción específica de las distintas facultades anímicas sobre el cuerpo.

Palabras clave: Psiquiatría del siglo XIX; Historia de la higiene mental; Psiquiatría del Biedermeier austríaco; Feuchtersleben.

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LA HIGIENE PSÍQUICA EN LA PRIMERA MITAD DEL
SIGLO XIX
LA APORTACIÓN DEL BIEDERMEIERZEIT AUSTRÍACO
Autores:
z

Angel González de Pablo
Unidad de Historia de la Medicina, Departamento de Salud Pública e Historia de la Ciencia,
Facultad de Medicina, Universidad Complutense de Madrid.
FUENTE: PSIQUIATRIA.COM 2000; 4(3)

EL BIEDERMEIER AUSTRIACO Y LA OBRA DE ERNST VON FEUCHTERSLEBEN

Entre las figuras más representativas del período Biedemeier austriaco, época entre el romanticismo
y el naturalismo que se extendió de 1830 a 1850, la del barón Ernst von Feuchtersleben (18061849) ocupa un lugar señero. La presente comunicación analiza las aportaciones fundamentales de
Feuchtersleben en el terreno de la higiene psíquica -especialmente su Zur Diätetik der Seele [La
dietética del alma], una de las obras dedicadas a la higiene psíquica más influyentes en la Europa
de los años cuarenta del siglo XIX- en el contexto médico, social y cultural del Biedemeierzeit.
Feuchtersleben, hombre de pensamiento profundamente liberal y vehemente admirador de José II,
tuvo una considerable significación, tanto en el orden intelectual como político, en la Viena de las
dos últimas décadas de la primera mitad del XIX. A lo largo de su existencia, no excesivamente
dilatada, desarrolló una actividad polifacética: fue poeta, ensayista, pedagogo y ,además, médico
del alma. Sus trabajos no médicos -que abarcan desde la poesía hasta diversas contribuciones en el
campo filosófico, pedagógico y político- están reunidos en 7 volúmenes. Pero sus escritos médicos
se encuentran todavía sin recopilar. Entre ellos, los más importantes son: la Doctrina de las
indicaciones terapéuticas (1833), Sobre el primer libro del Régimen hipocrático (1835), Intento de
comprobación de la consideración de la enfermedad como pseudoorganismo (1837), la Dietética
del alma (1838), La certidumbre y dignidad de la medicina (1839), Las corrientes de la medicina
actual (1841) y su Manual de psicología médica (1845).
Sus datos biográficos son bien conocidos gracias, entre otras de menor extensión, a las obras de
Neuburger, Eltz-Hoffmann y Gorceix. El joven Feuchtersleben realizó sus estudios de bachillerato
en el Instituto Imperial María Teresa (el famoso Theresianum), reservado para los hijos de la
nobleza y que constituía el semillero de donde salían los oficiales superiores y los altos
funcionarios del Imperio Austrohúngaro. Los 12 años pasados en la academia, de 1813 a 1825,
marcaron profundamente su carácter. El rechazo a los métodos educativos disciplinarios y
autoritarios tradicionales en el Instituto labraron una personalidad que se distinguió siempre por
aborrecer cualquier forma de fanatismo y dogmatismo.

Esta orientación marcadamente liberal de su carácter, unida a una débil salud desde la infancia,
fueron decisivas a la hora de escoger la medicina como profesión, actividad por entonces casi
inconcebible para un noble y cuya elección generó un verdadero escándalo familiar. La época en la
que Feuchtersleben emprendió los estudios médicos en Viena se corresponde con la última parte
del período llamado por Lesky 'Stifft-Zeit' (1803-1836), a causa del por entonces protomédico y
director de la facultad de Medicina Joseph Andreas von Stifft. Stifft, hombre de mentalidad
conservadora, no pudo evitar que la corriente empírico-humoral, domimada por el hipocratismo de
Stoll y Hildenbrand, característica hasta entonces de la escuela vienesa, sufriese el influjo de las
nuevas corrientes como el brownismo y la doctrina filosoficonatural schellingiana. La
impregnación por las ideas románticas se produjo tanto en las materias prácticas -especialmente en
cirugía, oftalmología y pediatría- como en las más teóricas, cual fue el caso de la patología general.
La cátedra de Patología General, Terapéutica y Materia Médica, por la propia naturaleza de los
conocimientos que abordaba, estaba predestinada, junto con la de fisiología, a ser el receptáculo
obligado de las teorías filosoficonaturales. Según Lesky, fue la intención de mitigar este
asentamiento lo que llevó a Stifft a elegir a Philipp Carl Hartmann (1773-1830) como titular de la
cátedra. Hartmann compartía, en gran medida, las ideas filosoficonaturales, pero paralelamente se
había mostrado también muy crítico frente al brownismo, había atacado la carencia de fundamentos
empíricos de algunos postulados apriorísticos de los filósofos naturales y había desarrollado
además una importante actividad clínico-empírica, especialmente en la lucha contra la fiebre
tifoidea durante las guerras napoleónicas. Con todo, cuando en 1811 tomó posesión de la cátedra,
Hartmann puso en práctica un programa científico perfectamente acorde con la medicina romántica.
No concibió nunca la práctica médica como algo que tenía que ver únicamente con la recogida de
síntomas y signos y con la mera recopilación de experiencias individuales más o menos disconexas
entre sí. Para él, la actividad del médico no podía entenderse sino desde el contexto de una totalidad
que abarcara todos los aspectos del hombre en su relación con el mundo.
Desde el comienzo de sus estudios, Feuchtersleben se convirtió en un ferviente discípulo de
Hartmann. De él se serviría como modelo principal en esa combinación, constante a lo largo de
toda su obra médica y muy característica de la medicina del Biedermeier, entre empirismo y
teorizaciones más o menos globalizantes tomadas del pensamiento romántico, auque siempre
situando la experiencia práctica como paso previo de la teoría y no a la inversa: 'la teoría no es la
raíz sino la floración de la praxis'.
Los estudios de Feuchtersleben no se limitaron a la medicina, también abarcaron la orientalística, la
filología y la filosofía. Esta amplitud de campos de formación originó que pensadores como Platón,
Pascal, Spinoza, Kant, Herbart, Goethe, Bolzano y Jacobi fueran dejando en él su impronta en su
mente. Durante la década que duró su época estudiantil (1825-1834) su interés por las diversas
facetas del arte le llevó también a trabar contacto con los círculos artísticos del Biedermeier vienés.
Frecuentaba asiduamente el Silbernes Kaffeehaus, reuniéndose allí con el músico Franz Schubert,
los poetas Bauernfeld, Mayrhofer y Schober y el pintor Moritz von Schwind. Fue en este círculo,
agrupado en torno a Bauernfeld, donde Feuchtersleben se impregnó de las ideas liberales y
reformadoras en contra del régimen policial de Metternich.
Con estos fundamentos fue elaborando su obra. En 1834 presentó su tesis, Lineamenta isagoges in
doctrinam de indicationibus, concebida como un intento de reglar los procederes clínicos del
hipocratismo mediante bases racionales elaboradas a partir de nociones de la Naturphilosophie.
Esta tendencia ecléctica -la renovación del hipocratismo con hipótesis inspiradas en la filosofía
natural- se sigue manteniendo claramente en su segundo escrito médico, Über das erste
hippokratische Buch von der Diät (1835).
Feuchtersleben utilizó siempre las nociones filosoficonaturales desde una perspectiva crítica,
intentando liberarlas de todos aquellos aspectos que más flagrantemente se contradecían con su
experiencia clínica. Esta actitud le llevó a la publicación de su tercera contribución médica,

Versuch einer Prüfung der Ansicht von Krankheit als Afterorganismus (1837). Rechazó aquí,
siguiendo la opinión por entonces mayoritaria, la teoría del ontologismo nosológico, mantenida
entre otros -aunque en desigual medida- por Kieser, Stark, Schönlein, Hoffmann, Ringseis y Jahn,
que dotaba al proceso patológico de una individualidad propia y un proceso vital diferente de aquel
del organismo que la sufría, comparándolo con formas de vida vegetales o animales. La
enfermedad en esta teoría -la llamada Parasitenlehre- era concebida como un pseudoroganismo
(Afterorganismus) parásito del organismo afecto que, en muchos casos, suponía una regresión
filogenética de aquel. Feuchtersleben aprovechó de paso la argumentación de este rechazo para
apoyar su concepción de la enfermedad dentro del llamado por Rothschuh 'Reiz-ReaktionDenken' (pensamiento del estímulo-reacción).
Tras su doctorado, Feuchtersleben se estableció a las afueras de Viena, atendiendo a una clientela
mayoritariamente de origen humilde. En los años siguientes iría verificando allí con su experiencia
clínica su presunción acerca de la importancia de la sugestión en el campo terapéutico, a
consecuencia de lo cual la necesidad de perfilar una medicina del alma fue tomando forma. El
resultado fue la publicación de su Zur Diätetik der Seele en 1838, obra que gozó de un más que
considerable éxito de público, pues se hicieron rápidamente varias ediciones (1841, 1845, 1846,
1848) y se tradujo a los principales idiomas europeos. Su autor se convirtió a partir de entonces en
un personaje conocido. Siguiendo la estela de su maestro Hartmann y de su Glückseligkeitslehre für
das physische Leben des Menschen (Preceptos de felicidad para la vida física del hombre) de 1808,
Feuchtersleben buscó con esta pequeña obra no tanto la postulación de una macrobiótica, a la forma
de Hufeland, cuanto una kalobiótica, esto es, una forma de alcanzar una vida más hermosa, perfecta
y verdadera.
Al año siguiente, 1839, escribió una pequeña disquisición sobre Die Gewissheit und Würde der
Heilkunst. Allí quedó expuesta su visión de cómo debía llevarse a cabo la popularización de las
nociones y aplicaciones médicas, especialmente en el terreno de la higiene y en el de los accidentes,
a fin de mejorar la salud de la población y aligerar la tarea del médico.Este período de su
producción médica se completaría en 1841 con la publicación de Die Richtungen der jetztigen
Medizin. Feuchtersleben resaltaba en este trabajo la importancia de la investigación analítica, en
especial en relación con las prácticas disectivas y microscópicas, pero sin dejar de señalar la
ineludible necesidad de organizar de forma efectiva las diversas corrientes presentes en la medicina
-la anatómica, la microscópica, la química, la física, la fisiológica- para ponerlas al servicio de un
todo mediante la guía del pensamiento filosófico.
Su nombramiento como profesor de la Facultad de Medicina, a resultas de la fama alcanzada por
sus obras, se produjo en 1844. Emprendió ese año un serie de lecciones sobre la ciencia del alma
desde el punto de vista médico, al objeto de formar futuros especialistas en la 'ciencia del alma'. Las
conferencias alcanzaron un considerable éxito y fueron publicadas en forma de libro en 1845 con el
título de Lehrbuch der ärztlichen Seelenkunde. El texto fue traducido dos años más tarde al inglés
con el título de The Principles of the Medical Psychology y fue utilizado por las facultades inglesas
como libro de texto para la formación de estudiantes. En este manual Feuchtersleben se propuso
superar la dicotomía existente en la patología mental entre somáticos y psíquicos, situando su
interés prioritario no en el hallazgo de las causas o las sedes de las enfermedades mentales sino en
la delimitación de los mecanismos de interrelación entre el cuerpo y la mente. Su Lehrbuch fue,
según Lesky: 'una síntesis del concepto romántico de totalidad y el método de investigación
científico-natural dentro de una sinopsis psicosomática fundamentada en la inducción'.
La popularidad que alcanzó el Lehrbuch fue uno de los factores determinantes para su
nombramiento como decano de la Facultad de Medicina en 1845. A partir de entonces las tareas de
orden político y pedagógico pasaron a situarse en el primer plano de su actividad. Sus ideas
políticas liberales le llevaron a exigir en su época de decano ante el canciller Metternich la reforma
universitaria y la total libertad de enseñanza (en un momento en el que los profesores debían
someter a censura los contenidos de sus cursos al comienzo de cada semestre) y le llevaron también

a intervenir activamente en los acontecimientos revolucionarios del 48.
Los sucesos de marzo de 1848 provocaron la huida de Mettenich y la proclamación de la
Constitución. En esos momentos Feuchtersleben se convirtió en el mediador de los estudiantes y en
el portavoz de las reivindicaciones de la Universidad. Rechazó el cargo ofrecido por el gabinete
liberal de ministro de Instrucción Pública, pero aceptó el de subsecretario de estado para la
educación, emprendiendo desde él la reforma de la enseñanza. Dicha reforma se quedó sólo en
proyectos e intenciones. Tras la radicalización de los acontecimientos en octubre de ese mismo año
que ocasionaron la huida del Emperador y el asesinato del ministro de la Guerra, Feuchtersleben
abandonó también la capital refugiándose en casa de su hermano. Calmados los ánimos, intentó
volver a la capital para reiniciar sus actividades. Pero las enemistades generadas por su reforma
educativa inacabada le pasaron factura y le fue impedido reintegrarse en la facultad. Desengañado y
moralmente hundido, empeoró de su transtorno digestivo crónico que además se vio complicado
con un grave desorden nervioso. Afecto de parálisis, murió en 1849.

LA REPERCUSION DE LA OBRA DE FEUCHTERSLEBEN
La obra de Feuchtersleben gozó en la década de los 40 de una enorme popularidad. Las reediciones
y las diversas traducciones de la Diätetik y del Lehrbuch así lo atestiguan. A partir de mediados de
siglo, sin embargo, su influencia en la medicina universitaria se apaga rápidamente y sus
concepciones pasaron a servir de inspiración y modelo sobre todo a obras de carácter divulgativo o
de orientación metafísica. Un ejemplo en el contexto español de este acontecer lo tenemos en el
libro de Call, aparecido en 1888, más de treinta años después de la traducción castellana de la
Diätetik realizada por Monlau en 1855, y que muestra, tanto en los contenidos como en la forma de
ordenación de los mismos, amplias huellas de los conceptos del médico vienés, aderezados con
frecuentes citas de Victor Hugo.
En la psiquiatría universitaria, debido a la mutación de problemas tenidos por fundamentales para
su desarrollo, la obra de Feuchtersleben, como se acaba de decir, entró en un rápido olvido. El
cambio de expectativas psiquiátricas se mostró abiertamente con la aparición, en el mismo año que
el Lehrbuch de Feuchtersleben, de la Pathologie und Therapie der psychischen Krankheiten (La
patología y la terapéutica de las enfermedades psíquicas) de W. Griesinger. En él Griesinger, como
es sabido, buscaba equiparar la patología psíquica a la cerebral, aceptando la primacía de las
aproximaciones psicológicas sólo cunado los abordajes fisiológicos o patológicos no fueran todavía
posibles. La sede de las enfermedades mentales, dejada por Feuchtersleben al margen de sus
preocupaciones, pasaba así al primer plano.
En el caso concreto vienés, el dominio del nuevo rumbo psiquiátrico lo marca la aparición de la
Anatomische Klinik der Gehirnkrankheiten (La clínica anatómica de las enfermedades cerebrales)
de Joseph Dietl un año después de la del Lehrbuch de Feuchtersleben. Con él la orientación
psiquiátrica antropológico-psicológica dejó paso en Viena a la de carácter anatómico-mecaniscista.
Tampoco en el campo de la higiene Feuchtersleben tuvo una presencia preponderante a partir de la
década de los 50. Si en psiquiatría, el pujante positivismo había dado al traste con su actualidad, en
higiene la sustitución del simple empirismo y de la higiene individual por las observaciones
basadas en la estadística y el predominio de la higiene colectiva, como ejemplifican el Traité de
l´hygiène publique et privée (1845) de Michel Lévy en Francia y el Handbuch der Hygiene für den
Einzelnen und für die Bevolkerung (1851) de Friedrich Oesterlen en Alemania, condujeron la obra
de Feuchtersleben a un progresivo ostracismo en los círculos universitarios.

A finales de siglo, la obra médica de Feuchtersleben había caído ya en la sima del olvido. Incluso
en los tratados psiquiátricos vieneses en donde se tratan cuestiones presentes en los trabajos de
Feuchtersleben (p. ej., la sugestión), como es el caso de La psiquiatría como ciencia empírica pura
de Moritz Benedikt, sus aportaciones fueron completamente omitidas. No resulta extraño, pues, que
tampoco apareciera siquiera mencionado en los Hundert Jahre Psychiatrie (1918) de Kraepelin.
A partir de entonces las diversas historias de la psiquiatría han mostrado un interés bastante escaso
por la obra de Feuchtersleben. Su presencia en los libros de Ackerknecht, Ellenberger y Howells no
pasa de ser meramente testimonial. Un poco más de espacio se le dedica en el de Zilboorg y en de
Postel y Quétel. Pero su total ausencia resulta especialmente conspicua en los trabajos en torno a
los fundamentos filosóficos de la medicina psicosomática y en las historias de la medicina
psicosomática, incluso en las más recientes como las de Shorter o Kamieniecki.
Dejando aparte los libros generales o de consulta y algunas contadas excepciones, una relativa
atención por Feuchtersleben sólo comienza a despertarse en los años 50 de la actual centuria. En
esta década aparecieron la monografía ya citada de Eltz-Hoffmann y algunos breves trabajos, como
los de Creuz y Burns sobre la significación de sus aportaciones en el campo psiquiátrico.
Pero es sobre todo a partir de los 60, y especialmente a raíz de su cita por Thomas Szasz en el
prefacio a la edición alemana de 1972 de su libro The Myth of Mental Illness (1961), en donde le
sitúa como un predecesor de su conocida tesis de que la llamada enfermedad mental no es un
problema médico sino moral, cuando la figura del médico y poeta vienés adquiere un renovado
interés. La consideración de Feuchtersleben por parte de Szasz, aunque sea muy discutible la
adscripción de aquél como un antecesor de sus ideas, actuó directa o indirectamente como un
acicate para la toma en cuenta del Dichterarzt en lo tocante a su clasificación de las enfermedades
mentales, su concepción global de la psiquiatría, la influencia de su teoría de los sueños sobre la de
Freud o su noción de enfermedad mental.
Por último, si a estos trabajos les sumamos los de Lesky en relación con su contextualización
dentro de la psiquiatría vienesa del periodo prerrevolucionario y de la Escuela Médica Vienesa y el
de Marx sobre su relación con la psiquiatría romántica alemana, tendremos ante los ojos el
panorama completo de la evolución de la repercusión de Feuchtersleben.

LA HIGIENE PSIQUICA DE FEUCHTERSLEBEN
Una vez situada su obra en el contexto social y médico del Biedermeierzeit y perfilada su
repercusión, vamos a ver ahora el pensamiento de Feuchtersleben en relación con la higiene mental,
principalmente a través de su Diätetik der Seele, tomando como hilo conductor el análisis de tres de
las nociones nucleares que sirvieron para su configuración: la de organismo, la de totalidad y la de
oscilación.
La utilidad del seguimiento de estos conceptos, procedentes del aparato teórico romántico, reside en
que Feuchtersleben, adoptando un pauta habitual entre sus contemporáneos, llevó a cabo todo un
proceso de reelaboración de los mismos, intentando de esta manera liberarlos de aquellos aspectos
que contradecían su experiencia clínica. A través de este proceso adaptativo fue tomando cuerpo su
higiene psíquica.
Por otro lado, en el estudio de estas nociones se pondrá también de manifiesto que la Diätetik der
Seele no puede ser vista tan sólo como un mero epígono de la 'tradición dietética de la

medicina' (consistente en la reglamentación de la vida humana en función de las seis cosas no
naturales), tal y como se ha sostenido por algunos autores. Cierto es que recoge toda una tradición
'dietética', en especial la de la consideración de la influencia del cuerpo sobre el espíritu y del
espíritu sobre el cuerpo. Pero además esta obra -junto con otras de Killian, Hartmann, Burdach,
Heinroth e Ideler- ofreció una nueva aproximación global a la persona humana y una consideración
sintética de la enfermedad en donde se apuntan ya una serie de vías de superación del abordaje
tradicional de la cuestión mente-cuerpo y se ofrecen los primeros esbozos de lo que casi un siglo
después empezaría a recibir el nombre de medicina psicosomática.

La noción de organismo (Organismus)
La delimitación de la higiene mental como cuestión científica a resolver va muy ligada al
desarrollo de la noción de organismo, uno de los conceptos centrales en la medicina romántica y
del período Biedermeier.
La consideración de los seres vivos como organismos quedó establecida nítidamente por Kant a
partir de la publicación de la Crítica del juicio (1790). Los seres vivos, en tanto organismos,
pasaron entonces a ser vistos como un todo formado por un conjunto de partes interrelacionadas,
pero cuya naturaleza era cualitativamente superior a la de la mera suma de las partes y qu estaba
dotado de una finalidad natural (Naturzweck).
El concepto de organismo, perfilado a continuación Schelling, Hegel y Goethe, entre otros, se
incorporó rápidamente a la medicina, convirtiéndose en uno de los puntos de referencia obligada
en la delimitación de las cuestiones teóricas sobre la salud, la enfermedad o la terapéutica. La
discusión en torno a esta cuestión presente en las obras de Reil, Röschlaub y Kieser ofrece un buen
ejemplo de dicha implantación.
No resulta extraño, por tanto, que la noción de organismo pasara a ser también una de los
conceptos programáticos de las obras de carácter higiénico-dietético escritas por autores afines a la
Naturphilosophie, como es el caso de la Glückseligkeitslehre für das physische Leben des
Menschen (1808) de Hartmann o de la Diätekik für Gesunde (1811) de Burdach, en donde se
define de la siguiente manera: 'El hombre es un ser orgánico, esto es, un todo, cuya actividad en su
conjunto se determina mediante la continua interacción entre las distintas actividades parciales, de
tal manera que cada una es medio y al mismo tiempo fin de todas las demás, manteniéndose en su
integridad la actividad total mediante dicha interacción'.
La consideración del cuerpo desde la perspectiva del organismo desembocó en la del ser humano
mismo como una unidad psico-física: 'Por eso -afirmaba también Burdach-, no puede considerarse
sólo el cuerpo humano como orgánico, sino que el hombre en su conjunto es esencialmente un todo
y su organismo abarca tanto la actividad inmaterial como la material. Injustamente se han
desgajado hasta ahora las actividades mentales de la noción de organismo. Que esto ocurriera entre
los antiguos fisiólogos era completamente normal porque no poseían la correcta noción de lo que
es un organismo (...) Dado que nosotros contemplamos actualmente el organismo desde una
perspectiva dinámica, la cual también abarca simultáneamente la mecánica, hay que dejar
definitivamente de lado aquella unilateralidad. El hombre es un todo, cuyas actividades conjuntas,
materiales e inmateriales, se encuentran en incesante interrelación. El alma determina el cuerpo,
pues la agudeza o la torpeza del espíritu, la pureza o la impureza del ánimo, dejan su impronta
externa en el cuerpo. El cuerpo, a su vez, determina el alma, puesto que las influencias mecánicas o
químicas favorecen o impiden la formación y el desarrollo de las facultades anímicas'.

Esta precisión de considerar al organismo humano en particular no sólo como un todo
teleológicamente orientado sino también como una completa unidad psicofísica es una de las
premisas fundamentales de la obra de Feuchtersleben, tal y como se encuentra señalado en su
Lehrbuch: 'la idea de un organismo en general consiste en esto, en que puede ser entendido
teleológicamente, esto es con referencia a un objetivo al cual todas las partes están supeditadas;
mientras que la idea del organismo humano en particular sólo puede ser correctamente entendida en
relación con el destino más alto del hombre y de su naturaleza espiritual. Incluso su naturaleza
material no es totalmente material ya que su misma organización esta pensada para un destino más
elevado (...) El cuerpo y la mente están entrelazados íntimamente en cada una de las partes de la
estructura del individuo viviente. Así, de la misma manera que los desórdenes mentales son
sanados a menudo mediante remedios farmacéuticos, de idéntico modo las enfermedades del
cuerpo requieren con frecuencia la ayuda del médico psicólogo'.
La conceptuación del ser humano desde la perspectiva del organismo posibilitó un cambio
considerable en la configuración de las obras higiénico-dietéticas. La disposición de sus contenidos
dejó de hacerse a la forma tradicional, en función de las seis cosas no naturales más o menos
modificadas, para pasar a realizarse en función de dos apartados íntimamente entrelazados: uno
dedicado al cuerpo y otro dedicado a la mente, tal y como se ejemplifica en las de Hartmann y
Burdach. Con lo cual, la importancia de la mente en estas dietéticas creció considerablemente en
comparación con el carácter secundario que tenía, por ejemplo, en la Makrobiotik de Hufeland,
aparecida a finales del XVIII, y ello no sólo cuantitativamente sino también y sobre todo
cualitativamente, pues la mente se convirtió en el aspecto principal a tener en cuenta en la
conservación y mejora de la salud del hombre, ya que se partía de la idea de que determinadas
enfermedades no podían afectar al cuerpo si la mente las rechazaba.
La significación que alcanzó por entonces el cuidado de la mente se potenció por la aparición
simultánea de una serie de obras dedicadas de forma específica al estudio de la mente. Las más
influyentes fueron la del propio Hartmann, Der Geist des Menschen in seinen Verhältnissen zum
physischen Leben oder Grundzüge zu eiener Physiologie des Denkens (La mente del hombre en su
relación con la vida física o principios fundamentales para un fisiología del pensamiento) (1820), y
la de Michael Lenhossék, otro representante de la filosofía natural en Viena, Darstellung des
menschlichen Gemüthes in seinem Beziehungen zum geistigen und leiblichen Leben (Descripción
de la mente humana en relación con la vida espiritual y corporal) (1824-25), con las que
propiamente se inició de hecho la psicología y la psiquiatría austriaca.
La creciente consideración de la mente desembocó, finalmente, en la aparición de una obra
higiénico-dietética dedicada específicamente a la mente, como fue el caso de la Dietética del alma
de Feuchtersleben, consagrada a servir de guía en el manejo del poder de las fuerzas del propio
psiquismo para la evitación de las enfermedades. Esta higiene mental, aun manteniendo cuantiosos
aspectos tradicionales propios de la literatura dietética, no estaba ya concebida, al modo de las
obras anteriores dedicadas a este campo, como mero recetario dirigido a corregir los malos efectos
de las pasiones, cual era, por ejemplo, el caso de la escrita por Clément-Joseph Tissot de finales del
XVIII. La obra de Feuchtersleben tenía una mayor ambición intelectual y propiciaba la utilización
unitaria y conjunta de todas las potencias del alma en el objetivo de la conservación de la salud.
Desde esta concepción, la higiene del alma quedaba definida por nuestro autor como 'la doctrina en
torno a la facultad que tiene el espíritu para conjurar los males que amenazan al cuerpo' o como 'el
arte de emplear el poder que tiene el alma para preservar, mediante su acción, la salud del cuerpo'.
Partiendo de perspectivas kantianas, como es la del organismo, Feuchtersleben intentó ir con su
higiene mental un paso más allá de donde había ido el propio Kant en su opúsculo titulado 'Sobre el
poder del ánimo para hacerse dueño, mediante el simple propósito, de sus sentimientos morbosos',
escrito como respuesta a la Makrobiotik de Hufeland. Kant trató aquí de poner de relieve
únicamente, basándose en su propia experiencia, el arte de dominar la sensación de enfermedad,
Feuchtersleben busca ahora atajar no solamente la sensación sino también, en donde es posible, la

enfermedad misma.
A partir de estos objetivos, tres son las fuentes fundamentales que se pueden detectar en la
elaboración de los principales contenidos de su higiene mental y que posteriormente, en su
Lehrbuch, alcanzarían una expresión más visible: Der Geist des Menschen de Hartmann, en
relación con la fisiología del sistema nervioso; Darstellung des menschlichen Gemüths de
Lenhossék, en referencia a la interacción psicofísica; y Vom Baue und Leben des Gehirns (Sobre la
estructura y vida del cerebro) (1818-1819) de Burdach, en lo tocante a la acción del cerebro y de
los nervios.

La noción de totalidad (Totalität)
Una segunda noción primordial en el pensamiento de Feuchtersleben, y en gran medida derivada de
la de organismo, es la de totalidad, cuya presencia se deja sentir a todo lo largo de su obra.
La totalidad se sitúa en el fundamento de su concepción antropológica. Para Feuchtersleben, 'el
cuerpo (Leib) es la sustancia material animada (der begeisterte Körper) y el alma (Seele) el espíritu
corporizado (der verkörperte Geist)'. El hombre era visto así, con una perspectiva unitaria e
indivisible, desde la interrelación entre cuerpo y el espíritu.
La totalidad aparece también en su conceptuación holística de la enfermedad: 'debemos considerar
la enfermedad como una reacción de la fuerza vital (Lebenskraft) frente a los estímulos morbosos
(Krankheitsreize) externos; los cuales (...) determinan las distintas manifestaciones'. Esta alteración
integral del organismo en el proceso morboso llevaba también aparejada su especificidad personal,
pues todo estímulo daría lugar siempre a una respuesta específica en función de las peculiaridades
de los distintos organismos vivos afectados. Esta concepción de la enfermedad, a la que Rothschuh
ha denominado genéricamente, como se ha señalado más arriba, con el nombre de Reiz-ReaktionDenken, había sido sostenida previamente, con distintos matices, por Haller, Brown, Schelling y v.
Walther, y fue el modo de pensamiento habitual en el período Biedermeier, sobre todo a raíz de su
defensa por algunos de sus principales representantes, como fue el caso de J. Müller.
De igual forma, la noción de totalidad se muestra en la concepción de la enfermedad mental, a la
que Feuchtersleben, denominaba con los términos de psicosis o psicopatía, concebida como un
defecto de la totalidad psicofísica del hombre: 'las psicopatías (...) o enfermedades de la
personalidad (locura, en su sentido más abarcativo) es el nombre que damos a esas condiciones
complejas, en las cuales la interrelación psicofísica enferma en varias direcciones, de tal forma que
la personalidad empírica del individuo aparece desordenada'.
No resulta extraño, por tanto, que la noción de totalidad también dejara su impronta en la forma
misma de proyectar sus obras más enjundiosas, como es el caso del Lehrbuch, pensado como una
sinopsis completa del conocimiento del momento en torno a la mutua relación entre la psique y el
soma.
La visión totalizadora tuvo igualmente su expresión en la Diätetik der Seele, especialmente cuando,
en su aseveración sobre la acción configuradora del espíritu sobre el cuerpo, mantiene que ésta
siempre debe considerarse como un todo conjunto. En su defensa de la capacidad modulativa del
espíritu, en tanto unidad, sobre el cuerpo, Feuchtersleben utilizó dos argumentos analógicos muy
característicos de la orientación filosoficonatural: el paralelismo macro-microcosmos y las
conclusiones de la fisiognomónica.
En relación con el primero, Feuchtersleben postulaba la supeditación a nivel macrocósmico de la

materia (el mundo) a la idea como referente para mantener una similar supeditación del cuerpo
frente al espíritu. Señalaba, así, la existencia de una 'atmósfera moral' que circundaría la tierra de la
misma manera que la atmósfera material. En esta atmósfera inmaterial habría un flujo y reflujo de
ideas y sentimientos que el hombre respiraría, asimilaría y trasmitiría sin ser consciente de ello.
Ninguna esfera social se libraría de los efectos del secreto influjo de este 'alma exterior del mundo',
que tendría su reflejo en el llamado 'espíritu del siglo' y su apariencia en la moda, pues 'la
naturaleza no es mas que un eco del espíritu, y la ley suprema que la rige es que la idea es la madre
del hecho, y la idea amolda al mundo a su imagen y semejanza'. Este medio moral que obra en los
individuos podría además ser modificado por la acción de un fuerza individual; de ahí la
importancia de determinadas actitudes consideradas modélicas, en el sentido amplio del término, y
de las obras que, cual era del caso de la Diätetik der Seele, tenían la finalidad de fomentarlos.
El otro punto de apoyo analógico para el convencimiento de la influencia de la mente sobre el
cuerpo lo constituye la teoría fisonómica de Johann Lavater, un pastor espiritualista suizo que tuvo
una significativa implantación en el pensamiento romántico, especialmente a partir de 1790.
Lavater había sostenido en los 4 vols. de sus Fisiognomonische Fragmente (1775-1778) que la
belleza física era la expresión de una belleza moral subyacente y que, debido al poder formativo
del espíritu, se podía conseguir la belleza física mediante el perfeccionamiento moral.
Feuchtersleben, basándose en estos asertos, llevó la teoría de Lavater a su terreno, de tal manera
que lo que el fisonomista dirigía especialmente a la modulación del aspecto físico, él lo hace
extensivo a todas las funciones corporales. De esta manera, el perfeccionamiento moral no
proporcionaría tan sólo una mayor belleza corporal, sino que además pasaba a ser el condicionante
básico de la salud: "No penséis -sostiene el fisonomista- embellecer al hombre sin mejorarlo. Y no
penséis, añado yo con total convencimiento, mantenerlo en salud si no lo mejoráis' .
Sólo dentro de este contexto de la acción de la mente como un todo sobre el cuerpo,
Feuchtersleben distinguía las tres facultades anímicas comúnmente mantenidas en la psicología del
Biedermeierzeit: la de pensar, la de querer y la de sentir. Entendidas como manifestaciones de una
única e indivisible fuerza espiritual, cada una de estas facultades ejercería unas determinadas
acciones, siempre vinculadas entre sí, sobre la corporalidad.
La primera, la facultad de la sensibilidad, podía expresarse de forma activa (la imaginación o
fantasía) o pasiva (el sentimiento). De la importancia, cuantitativa y cualitativa, de la imaginación
para Feuchtersleben, hablan suficientemente los hechos de haber dedicado un capítulo de su
opúsculo a la hipocondría y de que sea precisamente allí, en la imaginación, donde, en tanto
terreno en donde se entrecruzan y anudan el cuerpo y el espíritu, localizara la sede de las
enfermedades mentales (o psicosis).
Merced a esta importancia, la imaginación, y en general la esfera emocional, adquiría el rango de
ser el motor del psiquismo, el 'pulmón del alma', pues las otras dos facultades se expresarían a su
través. Y, en tanto tal, podría ser, correctamente encauzada por la voluntad y el intelecto, tanto un
arma curativa de las distintas afecciones -probado analógicamente con la existencia del efecto
placebo y de las curaciones por el magnetismo animal-, como preventiva, dirigiendo por un lado la
imaginación hacia lo bello y lo agradable, y por otro alimentando el sentimiento con lo sereno, lo
grande y lo verdadero.
La segunda potencia, la voluntad, también tendría una serie de efectos sobre la salud del cuerpo, ya
que para Feuchtersleben la enérgica voluntad de estar sano contribuiría decisivamente a restablecer
el equilibrio orgánico propio de la salud. Esta voluntad es entendida al modo kantiano como la
'facultad práctica del hombre (...) cuyo desenvolvimiento origina el carácter'. Según la visión
unitaria del alma, a la que Feuchtersleben es como sabemos afín, la voluntad sería la potencia
intermedia: mueve la imaginación y a su vez es controlada por la razón y la inteligencia. La
dietética del alma, en este plano del psiquismo, trataría de combatir los tres males que inhiben el

obrar del hombre: la indecisión, la distracción y el mal humor. Retomando el pensamiento estoico
de Zenón, Séneca, y Marco Aurelio, Feuchtersleben sostiene que la forma de luchar contra estas
calamidades sería sobre todo el fomento del dominio de sí mismo mediante el establecimiento de
una disciplina que mantuviera bajo control las fuerzas más oscuras de la propia naturaleza
psíquica.
La tercera potencia psíquica, la inteligencia, tendría funciones rectoras de la voluntad y de la
imaginación. Sería precisamente con esta actividad dirigente como la inteligencia ejercería su
influencia sobre el cuerpo. La higiene del alma a este nivel psíquico no iba dirigida al estímulo
para la adquisición de saber enciclopédico, sino que, sobre todo, debía servir, primero, para que el
sujeto descubriera su propia naturaleza y la siguiera o al menos no la hiciera violencia; y, segundo,
para que se reconociera como parte de un todo de un orden superior: 'Si el hombre culto llega al
conocimiento de sí mismo, es tan sólo porque ha sabido comprenderse como parte del todo, y
desenvolver su afinidad con las demás partes del mismo todo. Con esta disposición puede decirse
que empieza la verdadera cultura intelectual, a la par que un estado de satisfacción positiva, así en
lo físico como en lo moral'. La consideración teleológica kantiana de la vida no como don recibido
pasivamente sino sobre todo como tarea a cumplir y el anhelo de totalidad propio de la
Naturphilosophie se conjunta, así, en esta utilización higiénica del pensamiento.

La noción de oscilación (Oszillation)
La tercera noción tomada del aparato conceptual romántico y que resulta especialmente
significativa en el pensamiento higiénico-mental de Feuchtersleben es la de oscilación.
Según el médico vienés, para que las recomendaciones generales señaladas en torno a la acción del
espíritu y de sus facultades sobre la corporalidad -las cuales adereza con la cuantiosa casuística
habitual en la literatura dietética- puedan dar lugar a una auténtica higiene psíquica, tienen que ser
modulados por el propio individuo para dotarlas de verdadera efectividad. La importancia de este
pensamiento no reside tanto en la enunciación de esta necesidad de personalización, que es un
motivo tan antiguo como la literatura dietética, como en la forma de postular su puesta en práctica.
Esta adaptación personal pasaría, para Feuchtersleben, por el entendimiento de la vida según el
'principio de la oscilación'. Este principio está en estrecha relación con la ley de polarización, uno
de los pilares del pensamiento filosóficonatural de Hartmann, autor que se sirvió de esta ley para
establecer una considerable cantidad de analogías entre al vida cósmica y la orgánica. El
fundamento de dichas analogías consistía en considerar que, tras las experiencias de Galvani,
Ritter, Steffens, A. v. Humboldt, Autenrieth y Reil, estaba demostrado empíricamente que la vida
era un proceso galvánico que se mostraba en una continua oscilación entre la tendencia a la
expansión (en la electricidad positiva) y la tendencia a la contracción (en la electricidad negativa)
o, en otros términos, en un perpetuo círculo entre la 'reproducción' y la 'desorganización'.
Paralelamente, para Feuchtersleben, de la misma forma que el andar es un continuo caer, 'la vida
del hombre, como la de la naturaleza toda, consiste en una sucesión de contrastes que se
equilibran'. La apropiación personal de las reglas de la higiene mental debía hacerse, pues,
estableciendo un equilibrio personal y siempre oscilante entre los opuestos de nuestra naturaleza.
El progreso armonioso de la vida resultaría del equilibrio individual de esos contrastes que se
suceden perpetuamente en el seno de las tres potencias: en la del sentimiento, entre placer y dolor;
en la de la voluntad, entre la presteza y el abandono; en la inteligencia, entre la razón y el desvarío:
'La existencia humana es una mezcla de luz y de tinieblas; es una especie de crepúsculo formado
por la combinación del día y de la noche. Quien quiera que haya aprendido a conocerse, en vez de
meditar sin fruto acerca del origen del mal, se esforzará (...) no sólo por escuchar, sino hasta

evocar, voluntariamente y con valor, en medio de sus más plácidas alegrías, la misteriosa y
saludable voz del dolor. He aquí el apogeo del arte de vivir, y el punto culminante de la higiene
moral'.
Por tanto, para Feuchtersleben, el desarrollo de la personalidad sería el resultado del encauzamiento
armónico, y siempre específico para cada individuo determinado, de una serie de oscilaciones
consustanciales a la propia naturaleza. La noción de oscilación quedaba, así, ligada a otro concepto
muy presente en la Naturphilosophie, el de intensificación (Steigerung), entendida como
consecución de un progresivo perfeccionamiento derivado del gobierno de una serie de contrastes
del dinamismo ciego de su naturaleza.
Las nociones de oscilación y de intensificación (muy relacionadas ambas, a su vez, con la de
metamorfosis, el concepto posiblemente nuclear de la biología de la Naturphilosophie), tal como
las emplea Feuchtersleben, tienen una inspiración clara en la obra de Goethe. En la carta de mayo
de 1828 dirigida a von Müller, en la que se extiende en algunos temas presentes en el Himno a la
naturaleza, Goethe señalaba muy explícitamente los dos principios motores de la naturaleza: la
polaridad y la intensificación, concebidos como la oscilación entre los contrastes más extremos, el
primero, y como la continua aspiración hacia cualquier cosa más alta o, más específicamente, como
una sublimación que ordena el dinamismo interno de la naturaleza, el segundo.
Contemplada desde la perspectiva que ofrecen estas nociones, la salud buscada por la higiene
mental de Feuchtersleben, en tanto 'kalobiótica', consiste en 'la unión de lo bello, lo bueno y lo
verdadero', pero sin olvidar que bajo esta declaración subyace un cierto sentido trágico que
contrasta con la perspectiva optimista de las dietéticas de la Ilustración, pues la consecución de esta
salud pasa por luchar permanente con todas las fuerzas activas para evitar el despertar de la semilla
de insania -esto es, lo feo, lo malo y lo falso de la naturaleza- que toda persona alberga en sí y hacia
lo que oscila continuamente.

CONCLUSIONES
La Diätetik der Seele de Feuchtersleben puede verse como un producto característico del
Biedermeierzeit, período en el que las tendencias innovadoras del romanticismo pierden, si no en su
totalidad sí al menos en parte, su fuerza reformadora. De hecho, las nociones morales sobre las que
reposa la Diätetik, como ha estudiado Gorceix, están muy estrechamente ligadas a la de respeto a la
autoridad - a la subordinación a un principio de carácter superior-, lo que conlleva inevitablemente
una tendencia a la adecuada conformación dentro de un correcto orden burgués.
La Diätetik der Seele es también un fruto de un período y un lugar muy concretos: la Austria del
Vormärz, anterior a los acontecimientos revolucionarios de marzo de 1848, en donde la opresión
política del régimen autoritario del canciller Metternich, al cercenar las posibilidades de cambio
exterior, habría forzado a la elaboración de una serie de mundos interiores donde expresar esas
anhelos de metamorfosis. La Diätetik, siguiendo esta línea de argumentación, sería una expresión
más de la imposibilidad de cambiar ese mundo externo con la correspondiente concentración en el
ahondamiento en uno mismo.
Situada en el contexto del 'nihilismo terapéutico' que forzaba a que los esfuerzos se dirigiesen a la
mejora de los procedimientos preventivos dada la carencia de recursos terapéuticos realmente
efectivos, la Diätetik der Seele es, asimismo, una expresión de las concepciones higiénico-dietéticas
sobre el influjo del espíritu sobre el cuerpo y del cuerpo sobre el espíritu mantenidas
tradicionalmente en la literatura en torno al régimen de vida, las cuales Feuchtersleben acicala
mejor o peor con una serie de analogías y globalizaciones procedentes del pensamiento

filosoficonatural.
Pero, además, los contenidos de la Diätetik der Seele -y, en general, el pensamiento de nuestro
autor sobre la higiene psíquica presente en el conjunto de su obra médica- suponen, al menos en
algunos de sus aspectos, un precedente de la medicina psicosomática. Este carácter precursor se
pone de manifiesto si tenemos en cuenta las tres nociones nucleares de su pensamiento estudiadas
en las páginas anteriores y las comparamos con algunas aportaciones teóricas fundamentales para
la configuración de la medicina psicosomática, surgidas a partir de los años veinte de la actual
centuria. En aquellas nociones y en sus desarrollos se atisban ya determinados aspectos de estas
teorías posteriores, que, reelaboradas, han ayudado a establecer los cimientos de la medicina
psicosomática en sus diversas orientaciones.
Así, en primer lugar, en el concepto de organismo empleado por Feuchtersleben en donde se
entrelazan estrecha e inseparablemente cuerpo y mente, intentado conjuntar el materialismo y el
idealismo, se vislumbra la noción de Bertrand Russell (1872-1970) del 'monismo neutral', filosofía
de la mente que Russel desarrolló hacia la mitad de su vida y que elaboró en The Analysis of Mind
(1921), especialmente, y en The Analysis of Matter (1927) y que partía de la negación de una
diferencia irreductible entre lo mental y lo físico, intentando erigir un mundo tanto mental como
físico a partir de componentes que no fueran en sí mismos ni físicos ni mentales, sino neutrales.
Igualmente, en segundo lugar, en su noción de totalidad y en la de enfermedad en ella contenida,
incardinada
dentro
del
Reiz-Wirkungs-Denken,
se
divisa
la
de
'mutación
funcional' (Funktionswandel) de Viktor v. Weizsäcker (1886-1957). Para v. Weizsäcker, el
organismo no reaccionaría a la lesión local sólo de forma circunscrita y medible cuantitativamente,
sino con un cambio cualitativo conjunto del modo de responder a los estímulos, del cual el déficit o
exceso de una determinada función sería únicamente una circunstancia puntual. A esta imagen de
la respuesta patológica, v. Weizsäcker la denominó Funktionswandel.
Paralelamente, el concepto de Feuchtersleben de enfermedad mental como enfermedad de la
personalidad -o, si se prefiere, de la totalidad psico-física empírica del hombre- deja traslucir otras
nociones básicas del entramado conceptual de la medicina antropológica de v. Weizsäcker, como
son el 'círculo figural' (Gestaltkreis) y el 'principio de la puerta giratoria' (Drehtürprinzip), según
los cuales la psique y el soma no serían dos realidades separadas que actúan recíprocamente de
forma causal, sino modos de expresión sucesivos y alternativos de la personalidad del sujeto. En
esta personalidad residiría la enfermedad, la cual se mostraría alternativamente desde la
perspectiva psíquica o somática.
Por último, en la noción de oscilación de Feuchtersleben, según la cual la vida del hombre, como la
de la naturaleza toda, oscilaría permanentemente entre los más agudos contrastes -entre el placer y
el dolor, la diligencia y el abandono, la razón y el desvarío- en un ciego dinamismo, en el gobierno
del cual, entendido como una continua intensificación o perfeccionamiento, radicaría la salud,
puede encontrarse también una primera aproximación al 'Ello' (das Es) de Georg Groddeck (18661934). En este Ello se concretaría -tras el desarrollo del inconsciente y la consiguiente conversión
del ligero pesimismo de Feuchtersleben sobre la condición humana en sombría desesperanza- esa
incesante oscilación de cuyo control dependería que la 'semilla de insania' que todos llevamos
dentro no se desarrollara o -empleando la terminología de Groddeck- no se simbolizara en
enfermedad.. A este inconsciente insondable, oscilante entre el dolor y el placer, Groddeck le da el
nombre de Ello, del cual el hombre y la enfermedad no serían sino una manifestación, un síntoma.
Así pues, tres son, a mi entender, las formas -complementarias e inseparables- de considerar
comprensivamente la psicohigiene de Feuchtersleben: como expresión de un contexto sociopolítico
y científico muy determinado (el del Vormärz austriaco y del nihilismo terapéutico) propio de los
años 30 y 40 del s. XIX; como epígono de una tradición ancestral higiénico-dietética; y como
representante de una estación intermedia entre la forma tradicional de entender la relación entre lo

psíquico y lo mental (como dos instancias que actúan causalmente una sobre otra) y la propia de la
medicina psicosomática (como formas alternativas de una misma realidad).

REFERENCIAS
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Como citar esta conferencia:
González de Pablo, A. LA HIGIENE PSÍQUICA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX. LA
APORTACIÓN DEL BIEDERMEIERZEIT AUSTRÍACO. Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero - 15 de
Marzo 2000 [citado: *]; Conferencia 34-CI-I: [29 pantallas]. Disponible en:
http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa34/conferencias/34_ci_i.htm
* La fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este artículo.

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