En el campo de los trastornos neurocognitivos han aparecido estrategias diagnósticas que aportan validez y precocidad al diagnóstico basado en los síntomas cognitivos y no cognitivos.Se trata de detectar los fenómenos neuropatológicos que están en la base de estos trastornos mediante la determinación de biomarcadores entendidos como “características objetivas (no sujetas a consideraciones personales) y cuantificables (medibles exacta y repetidamente) de procesos biológicos que dan indicaciones de una determinada situación clínica”.Los biomarcadores más utilizados pueden ser evidenciados a través, fundamentealmente, de la exploración del cerebro por neuroimagen y por análisis del líquido de cefalorraquídeo: Actualmente se dispone de técnicas de neuroimagen con distintos niveles de complejidad que permiten detectar: cambios en la estructura cerebral, alteraciones en la función de determinadas áreas cerebrales o la presencia de moléculas patológicas en el cerebro. El análisis del LCR, por su parte, permite orientar el diagnóstico a partir de la presencia de determinadas proteínas en el mismo.La precisión diagnóstica de los trastornos neurocognitivos, mejora con el uso de biomarcadores de neuroimagen o LCR y, por ello, su conocimiento es una necesidad para los clínicos implicados en la atención a estos procesos.