Última actualización web: 21/11/2019

Locura y Crimen: Psiquiatria y Ley

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Autor/autores: Antonio Medina
Fecha Publicación: 01/04/2018
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo: 

Fundación española de Psiquiatría y Salud Mental

Madrid 2018

Libro exclusivamente disponible en formato digital - PDF descargable

RESUMEN

La décimo segunda edición de los Encuentros Jurídico-Psiquiátricos de Córdoba estuvo dedicada a debatir sobre “Locura y Crimen: Psiquiatría y Ley. La locura como el crimen suscitan de inmediato, en el imaginario social, el inevitable temor a la imprevisible reincidencia del horror contemplado. En toda sociedad, y mucho más en una como la nuestra, en la que los riesgos, cuales fueren, están ilusoriamente controlados y asegurados, no es fácil hacer entender al «hombre corriente» que los códigos penales, de su avanzada sociedad del bienestar, deben ser aquellos que se fundan en la máxima libertad de acción de sus individuos y que ello solo se asegura a través de los principios de mínima intervención punitiva con el máximo de garantías procesales. De otro lado, la Psiquiatría actual se afana en proponer terapéuticas farmacológicas y psicológicas, que procuren a sus enfermos el máximo de integración y de rehabilitación social posible. Sin embargo, en medio de los dos, emergen con toda su fuerza los miedos ancestrales de los miembros de la sociedad a la conducta imprevisible de los desconocidos que nos rodean. La inmediata difusión, que los medios de comunicación social que existen hoy día hacen de este tipo de sucesos incrementan muy notablemente esta alarma social. Siempre ha existido miedo al criminal y al loco, pero, muy especialmente, a una mezcla de ambas subespecies que es la del criminal loco. El estudio de la peligrosidad de estos sujetos ha sido una constante desde los inicios de la alianza jurídicopsiquiátrica en los tribunales de justicia en el siglo XVIII. De distintas formas, y no siempre siguiendo criterios estrictamente científicos, se ha abordado el tema de la peligrosidad del criminal con algún tipo de enfermedad mental. Los elementos que confluyen en los intereses de control y delimitación de este problema, cuando se analizan con perspectiva histórica, llevan a la comprensión de que los cambios de posición responden más a lo que la sociedad quiere y cree que son las cosas, a lo que representan para ella, que a lo que realmente son. El tiempo histórico cualifica la existencia de los hombres hasta el punto de que estos son solo el producto de su tiempo. Los elementos, que en cada momento histórico definen al hombre, son referentes de lo que la persona es, como se cuestiona a sí misma y la forma en como ella lo hace. Interesa dar cuenta en los estudios que sobre el tema de la peligrosidad puedan hacerse no solo el qué histórico, sino el por qué y el cómo. Teniendo todas estas premisas en cuenta, en las ponencias y en su ulterior discusión y conclusiones, se hizo especial hincapié en la explicitación y depuración de las motivaciones subyacentes que han existido en los avatares de su recorrido histórico; así como, en clarificar la actualidad no solo de los peritajes psiquiátricos, sino también de su repercusión en la prevención de la peligrosidad post delictual. Del mismo modo, se analizaron las carencias que tanto el sistema penitenciario como el de la asistencia psiquiátrica tienen para abordar, tanto el contingente de criminales enfermos mentales como el de enfermos mentales que cometen un crimen. De todo ello, creemos tiene respuesta en este libro

Palabras clave: psiquiatria y ley,


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LOCURA Y CRIMEN:
Psiquiatría y Ley
Documentos Córdoba 2016

Antonio Medina
María José Moreno
Rafael Lillo
Julio Antonio Guija
(Editores)

Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental

LOCURA Y CRIMEN: PSIQUIATRÍA Y LEY

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© FEPSM

LOCURA Y CRIMEN: PSIQUIATRÍA Y LEY

© Del prólogo: Los editores
© De la obra: Los autores
© De la edición:
Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental
C/ Arturo Soria, nº 311, 1º B
28033 Madrid (España)
Tel. 91 383 41 45
fepsm@fepsm.org
www.fepsm.org

Editado por psiquiatria.com
C/ Félix Martí Alpera, 74, 5-B
30204 Cartagena
Murcia, España.
e-mail: info@psiquiatria.com
Primera edición 2018
Nº de páginas: 117
ISBN: 978-84-945449-3-4

Queda rigurosamente prohibida sin la autorización correspondiente escrita de los titulares del
copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra
por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático y la
distribución de ejemplares.
La Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental no se hace responsable de las opiniones
vertidas por los autores de los capítulos del libro.

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LOCURA Y CRIMEN: PSIQUIATRÍA Y LEY

LOCURA Y CRIMEN:
Psiquiatría y Ley
Antonio Medina, Mª José Moreno, Rafael Lillo y Julio Antonio Guija
(Editores)

XII Jornadas Jurídico-Psiquiátricas.
Córdoba, 30 de septiembre y 1 de octubre de 2016

Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental
Madrid, 2018

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LOCURA Y CRIMEN: PSIQUIATRÍA Y LEY
RELACIÓN DE PARTICIPANTES
1.

Alcalá Pérez, Visitación. Profesora Contratada Doctora en Psiquiatría. Sevilla.

2.

Anglada, Enrique. Magistrado. Tribunal Superior Justicia. Barcelona.

3.

Arcos Pérez, Luis de. Magistrado Vigilancia Penitenciaria. Córdoba.

4.

Arce Bordón, Rosario. Profesora Asociada de Psiquiatría. Madrid.

5.

Arsuaga, José. Magistrado. Presidente de la Audiencia. Santander.

6.

Baca Baldomero, Enrique. Catedrático Psiquiatría. Madrid.

7.

Barrera Hernández, Guillermo. Letrado.Asesor Jurídico FEPSM. Madrid.

8.

Berenguer Mellado, Alicia. Forense. IML. Córdoba.

9.

Bernardo Arroyo, Miguel. Profesor Titular de Psiquiatría. Barcelona.

10. Blanco Picabia, Alfonso. Catedrático Psiquiatría. Sevilla.
11. Caballero Andaluz, Rafaela. Profesora Titular Psiquiatría. Sevilla
12. Camacho Laraña, Manuel. Profesor Titular Psiquiatría. Sevilla.
13. Cano Valero, Julia. Profesora Asociada Psiquiatría. Cádiz.
14. Carrasco Perera, José Luis. Catedrático Psiquiatría. Madrid.
15. Casas Barquero, Nieves. Profesora Asociada Psiquiatría. Sevilla.
16. Cervilla López, Jorge. Catedrático Psiquiatría. Granada.
17. Colmenero Colmenero, Miguel. Magistrado del Tribunal Supremo. Madrid.
18. Conejero Olmedo, Mª del Mar. Profesora Asociada de Derecho. Córdoba.
19. Díaz Marsá, Marina. Profesora Asociada Psiquiatría. Madrid.
20. Escudero Rubio, Víctor. Magistrado de la Audiencia. Córdoba.
21. Ezcurra, Jesús. Profesor Asociado Psiquiatría. Vitoria.
22. Fernández, Juan Manuel. Magistrado. CGPJ. Madrid.
23. Ferreiros Marco, Carlos. Fiscal. Alicante.
24. Flores Prada, Ignacio. Profesor Titular de Derecho Procesal. Sevilla.
25. Franco Fernández, Mª. Dolores. Profesora Titular Psiquiatría. Sevilla.
26. Giner Jiménez, Lucas. Profesor Contratado Doctor en Psiquiatría. Sevilla.
27. Giner Ubago, José. Catedrático de Psiquiatría. Sevilla.
28. Gibert Rahola, Juan. Catedrático de Farmacología. Cádiz.
29. Girela López, Eloy. Profesor Titular Medicina Legal. Córdoba.
30. González-Pinto Arrillaga, Ana. Profesora Titular de Psiquiatría. Vitoria.
31. González Ruz, Juan José. Catedrático Derecho Penal. Córdoba.
32. González Tapia, Mª Isabel. Profesora titular (Hab) de Derecho Penal. Córdoba.
33. González Torres, Miguel Ángel. Profesor Titular de Psiquiatría. Bilbao.

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34. Guija Villa, Julio. Jefe del Servicio de Psiquiatría Forense del IML. Sevilla.
35. Ibáñez Guerra, Elena. Catedrática de Personalidad. Valencia.
36. Jaén Moreno, Mª José. Psiquiatra. Córdoba.
37. Jiménez Martín, Jorge. Juez de Menores. Escuela judicial. Barcelona.
38. Lillo Roldán, Rafael. Profesor Titular Psiquiatría. Córdoba.
39. Lledó González, Carlos. Magistrado de la Audiencia. Sevilla.
40. López Ebri, Gonzalo. Teniente Fiscal de la Comunidad de Valencia.
41. Losantos Pascual, Rufino. Profesor Psiquiatría Escuela Sanidad Militar. Madrid.
42. Magaña Calle, José Mª. Magistrado de la Audiencia. Córdoba.
43. Marín Fernández, Antonio. Magistrado de la Audiencia. Cádiz.
44. Medina León, Antonio. Catedrático Psiquiatría. Córdoba.
45. Moreno Díaz, Mª José. Profesora Titular Psiquiatría. Córdoba.
46. Morera Pérez, Blanca. Psiquiatra. San Sebastián.
47. Núñez Bolaños, María. Magistrada. Sevilla.
48. Oliveras Valenzuela, Angustias. Profesora Asociada Psiquiatría.
49. Palma Herrera, José Manuel. Profesor Titular de Derecho Penal. Córdoba.
50. Pijuan Canadell, José María. Magistrado de la Audiencia. Barcelona.
51. Roca Bennasar, Miguel. Profesor Titular Psiquiatría. Palma de Mallorca.
52. Sáez Rodríguez, José. Forense. Director IML. Córdoba
53. Saiz Ruiz, Jerónimo. Catedrático de Psiquiatría. Madrid.
54. Saiz Martínez, Pilar Alejandra. Profesora Titular Psiquiatría. Oviedo.
55. Sánchez Zamorano, Francisco. Magistrado. Presidente Audiencia. Córdoba.
56. Sanmartín Roche, Arturo. Profesor Titular Psiquiatría. Sevilla.
57. Segura Tamajón, José Miguel. Médico Forense. IML. Córdoba. P.
58. Seoane Rey, Julio. Catedrático de Psicología Social. Valencia.

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LOCURA Y CRIMEN: PSIQUIATRÍA Y LEY

ÍNDICE

Relación de participantes.
Prólogo.
Ponencias:
1.

La psiquiatría y el crimen: la locura en los tribunales penales. Antonio Medina, Mª. José
Moreno, Mª. José Jaén y Rafael Lillo.

2.

Psicopatías y sociopatías. Actualidad psiquiátrica y perfil forense de su peligrosidad social.
Julio Antonio Guija Villa.

3.

Neuroderecho: implicaciones para el Derecho Penal. Mª Isabel González Tapia.

4.

El espacio de reclusión y/o tratamiento de los responsables peligrosos. Luis de Arcos
Pérez.

5.

Prevención del riesgo delictivo derivado de ciertos estados de trastorno mental y secreto
médico: los casos Tarasoff y Germanwings. Ignacio Flores Prada.

Conclusiones.

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Prólogo
"El proceso de redistribución del proceso punitivo, que propician los nuevos códigos penales, es el
que facilita la relación entre alienistas y jueces."
M. Foucault. "Vigilar y castigar". 1976

La décimo segunda edición de los Encuentros Jurídico-Psiquiátricos de Córdoba estuvo dedicada a
debatir sobre "Locura y Crimen: Psiquiatría y Ley. La locura como el crimen suscitan de inmediato, en
el imaginario social, el inevitable temor a la imprevisible reincidencia del horror contemplado.
En toda sociedad, y mucho más en una como la nuestra, en la que los riesgos, cuales fueren, están
ilusoriamente controlados y asegurados, no es fácil hacer entender al «hombre corriente» que los
códigos penales, de su avanzada sociedad del bienestar, deben ser aquellos que se fundan en la
máxima libertad de acción de sus individuos y que ello solo se asegura a través de los principios de
mínima intervención punitiva con el máximo de garantías procesales. De otro lado, la Psiquiatría
actual se afana en proponer terapéuticas farmacológicas y psicológicas, que procuren a sus enfermos
el máximo de integración y de rehabilitación social posible. Sin embargo, en medio de los dos,
emergen con toda su fuerza los miedos ancestrales de los miembros de la sociedad a la conducta
imprevisible de los desconocidos que nos rodean. La inmediata difusión, que los medios de
comunicación social que existen hoy día hacen de este tipo de sucesos incrementan muy
notablemente esta alarma social. Siempre ha existido miedo al criminal y al loco, pero, muy
especialmente, a una mezcla de ambas subespecies que es la del criminal loco. El estudio de la
peligrosidad de estos sujetos ha sido una constante desde los inicios de la alianza jurídicopsiquiátrica en los tribunales de justicia en el siglo XVIII.
De distintas formas, y no siempre siguiendo criterios estrictamente científicos, se ha abordado el tema
de la peligrosidad del criminal con algún tipo de enfermedad mental. Los elementos que confluyen en
los intereses de control y delimitación de este problema, cuando se analizan con perspectiva
histórica, llevan a la comprensión de que los cambios de posición responden más a lo que la
sociedad quiere y cree que son las cosas, a lo que representan para ella, que a lo que realmente son.
El tiempo histórico cualifica la existencia de los hombres hasta el punto de que estos son solo el
producto de su tiempo. Los elementos, que en cada momento histórico definen al hombre, son
referentes de lo que la persona es, como se cuestiona a sí misma y la forma en como ella lo hace.
Interesa dar cuenta en los estudios que sobre el tema de la peligrosidad puedan hacerse no solo el
qué histórico, sino el por qué y el cómo.
Teniendo todas estas premisas en cuenta, en las ponencias y en su ulterior discusión y conclusiones,
se hizo especial hincapié en la explicitación y depuración de las motivaciones subyacentes que han
existido en los avatares de su recorrido histórico; así como, en clarificar la actualidad no solo de los
peritajes psiquiátricos, sino también de su repercusión en la prevención de la peligrosidad post
delictual. Del mismo modo, se analizaron las carencias que tanto el sistema penitenciario como el de
la asistencia psiquiátrica tienen para abordar, tanto el contingente de criminales enfermos mentales
como el de enfermos mentales que cometen un crimen.
De todo ello, creemos tiene respuesta en este libro.

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LOCURA Y CRIMEN: PSIQUIATRÍA Y LEY
1
La psiquiatría y el crimen: la locura en los tribunales penales

ANTONIO MEDINA, Mª JOSÉ MORENO, Mª JOSÉ JAÉN Y RAFAEL LILLO

I. PSIQUIATRÍA Y DERECHO PENAL
La psiquiatría es la única especialidad médica que no es el producto de una necesidad de parcelación
de contenidos doctrinales del corpus medico cuando estos contenidos alcanzan singular complejidad,
sino que es una disciplina que se conforma como elemento necesario de la puesta en práctica de las
ideas ilustradas y de la forma de vida en sociedad que con ellas se construyen. Las nuevas ideas
sobre el hombre, que habían propugnado los pensadores del liberalismo anglosajón, culminan en el
proceso cultural de la Ilustración. La idea roussoniana de un hombre bueno en una sociedad que
puede corromperlo, y con ello llegar a producir la ruptura del "ser del Estado" que es el contrato
social, es el fundamento ideológico que sustenta la conformación del Nuevo Régimen, de sus
mecanismos de control y de defensa social. La primera expresión práctica del nuevo Estado estaba
contenida en la Declaración de Independencia de los EE. UU complementada con la Declaración de
Derechos (Bill of Rights). Sin embargo, fue con la Revolución Francesa cuando se internacionalizan y
asientan estos principios que venían pujando desde fin de la Edad Media 1, y que representaran la
consolidación definitiva de las instituciones políticas, los valores sociales y las relaciones económicas
que caracterizaran a la burguesía. Es el Estado burgués el que va a propiciar los mecanismos de
control necesarios del nuevo hombre-ciudadano para su propia supervivencia y es con la burguesía
cuando se instaura el principio de libertad como capacidad inherente a todo individuo integrado en las
normas de convivencia y de producción de riqueza. La individualidad de los miembros de la sociedad
será salvaguardada por el derecho positivo, que habrá de proteger la vida privada de los ciudadanos
con el mínimo de interferencia en ella, salvo para protegerla y fomentarla. El bienestar social, la
felicidad, por primera vez, se convierten en el objetivo práctico de los Gobiernos, y ello comienza a
actuar como fuerza moral para que se produzcan en forma creciente subsiguientes demandas
populares que irán conformando una estructuración cada vez más compleja del Estado. Uno de los
elementos cruciales para la salvaguarda de estos valores de enriquecimiento de la individualidad
burguesa es la creación de un Derecho Penal acorde, en fondo y forma, con estos principios
fundamentales de liberalismo político y económico que, a su vez, son la salvaguarda de los derechos
de la privacidad. Pero la noción de privacidad no nace de la conjunción entre igualdad y libertad sino
de la centralidad ética de esta última, la libertad, que toma su referente en la salvaguarda de la
libertad de los componentes de todos los miembros de la sociedad. Es por esto, por lo que el
liberalismo que nace de la toma del poder por la burguesía deduce de la noción de privacidad
individual la defensa de las intrusiones ajenas.
De esta manera, tanto la psiquiatría como los códigos penales nacen en el momento oportuno
cuando, más allá de su ser práctico, se extiendan como elementos de control, de higiene y
prevención social. La locura siempre ha provocado rechazo y marginación en los que son poseídos
por ella. La imprevisibilidad de sus actos y lo extraño de ellos, ha hecho de aquellos que la padecen
1

La primera revolución de corte y pretensiones burguesas en España es la de los Comuneros de Castilla (15201522) al principio del reinado de Carlos I. Sin embargo, el poder de influencia de la burguesía en España se produce
más tarde que en otras naciones de Europa retrasando con ello la creación de un Estado moderno. No se puede
hablar del "poder de la burguesía" en nuestro país hasta el reinado de Isabel II.

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unos seres a los que hay que estigmatizar y mantener controlados2. Sin embargo, la nueva
ordenación de la sociedad basada en los principios de la ciudadanía exige que los individuos que se
escapan de los elementos rectores de ella: vagos, lunáticos, prostitutas, criminales o
contrarrevolucionarios, sean o castigados o custodiados separadamente de los que sí cumplen con
los deberes básicos de la convivencia. El alienismo (así se denomina en sus comienzos a la
psiquiatría) nace para la clasificación y posterior custodia de unos individuos que no tienen capacidad
para disfrutar de los derechos de ciudadanía, porque no pueden tampoco cumplir sus deberes como
tales. La psiquiatría aparece como una forma, la primera, de higiene social. Históricamente se ha
fijado en la propia Revolución francesa el nacimiento del alienismo.3
El alienismo se constituye en especialidad con el fin de proporcionar el estudio, tratamiento y custodia
permanente de estas personas que son diferentes de las "normales" porque carecen de la
"razonabilidad", requisito esencial del hombre libre, que lo es por ser responsable de sus actos. Así
pues, desde el primer momento en que los hechos tipificados por las leyes son merecedores de
castigo y, por ello, han de dirimirse en los tribunales de justicia, tribunales que desde el nuevo
régimen se fundamentan en principios de legalidad y de protección de los derechos individuales, y en
códigos penales que derivan de científicas políticas criminales, el alienismo está llamado a ser parte
fundamental en la dilucidación del principio de culpabilidad de los hechos reprobables a través de la
declaración, en el sujeto en cuestión, de su responsabilidad o irresponsabilidad que es la esencia
filosófica de los actos antijurídicos, mediante el estudio de sus capacidades de conocer y de querer.
Han nacido, en este momento, los peritajes psiquiátricos en los tribunales de justicia. En coherencia
con la ideología de la Ilustración y con la estructura del Estado moderno, la esencia jurídica de los
actos delictivos y por ello punibles son los que atentan con romper el pacto social, sustento no solo de
ese Estado, sino también de las garantías de seguridad y privacidad de las personas y de sus bienes.
Desde 1780 a 1900 se consolida el Estado burgués de una forma definitiva, la judicatura y la
psiquiatría adquieren prominencia en el reparto del poder estatal y en presencia social. La ciudad se
convierte en el espacio de convivencia por excelencia, es el centro de la producción de la riqueza, de
la proliferación de medios materiales para el confort de la vida y de su ostentación, por medio del
dinero y de los objetos que con él se pueden obtener. Como ocurrió en el Renacimiento se produce
un cambio en la forma de entender la vida, ya no solo hay que sobrevivir, sino procurarse la forma de
vivir felizmente.4 Pero si el cambio del campo a la ciudad, como espacio primordial de vida, procura
2

En el Antiguo Régimen y desde tiempos inmemoriales el loco o insensato había sido tratado en la comisión de
delitos con cierta benevolencia. Este comportamiento con los "insensatos" tenía las excepciones de las blasfemias y
los atentados hacia la persona del Rey. Se consideraba que los lunáticos habían sido suficientemente castigados
por Dios para que su pobre vida fuese agravada con castigos por sus conductas arbitrarias y por ello se les enviaba,
en su caso, a centros asilares de caridad o de filantropía por medio de ordenes administrativas sin intervención
judicial alguna.
3
Se considera a Phillips Pinel (1745-1826) la figura señera del comienzo del alienismo, aunque por la misma época
hubo otros médicos en Europa y EE.UU que emprendieron parecidas reformas asilares fundadas en los mismos
principios sensualistas de la enajenación mental. Pinel consiguió en 1794 autorización de Couthon, presidente de la
Comuna, para liberar de las cadenas a los dementes internados en La Salpetriere. El mismo Couthon, escéptico con
este acto, se hizo llevar (estaba impedido por haber sufrido una apoplejía) para presenciarlo. Este acto fue
inmortalizado en un famoso cuadro de Tony Robert Fleury (1876) que se encontraba al lado del anfiteatro de las
presentaciones clínicas de Charcot y que hoy día está colocado en la entrada del moderno edificio del hospital de la
Salpetriere junto a la biblioteca conservada de Charcot. Pinel publicó el primer tratado sistemático del alienismo en
1801 con el título de Tratado médico-filosófico de la alienación mental o manía.
4

La idea de alcanzar a vivir una vida feliz también es una consecuencia de la forma de entender la vida la
burguesía. La transformación de los bienes en riqueza tangible y en ostentación es una forma de producción
secundaria de riqueza. Benjamín Franklin en su "Almanaque del pobre Ricardo" (1732 a1758) ejemplariza esta
nueva visión del vivir a través de ingeniosos refranes y aforismos. El principio de felicidad es el mismo que el de
utilidad que propugnaba Jeremías Bentham y que fue "la base de la autenticidad y bondad de toda legislación y toda
política". Bentham creía que el principio de "máxima felicidad que había sido enunciado por Helvecio y otros muchos

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mayor bienestar, en este lugar nuevo y común se van a mezclar muy diversas gentes. Junto a las
clases acomodadas estarán sus trabajadores, una nueva muchedumbre que recibirá el nombre de
proletariado, y con ellos los indigentes, los vagos, los locos, las prostitutas y los criminales que se van
a ver sorprendidos por esa cercanía de riqueza y de felicidad ajena. El proceso de consolidación de la
producción de riqueza en la sociedad burguesa es un factor determinante del aumento de la
criminalidad. La esencia de la vida, el goce de ella se halla en la esfera privada y ésta, para encontrar
su esencia, debe anclarse en la intimidad. La intimidad, paradójicamente, necesita de la sociedad y, a
su vez, el respeto de ella mediante unas fronteras que permitan el necesario aislamiento. La libertad
en la sociedad ha de tener en cuenta la existencia de los otros que se constituyen en los límites de mi
propia libertad. Se hace pues necesario un sistema que regule las libertades, la libertad de poder
hacer y la de abstenerse de hacer. Por ello, es un hecho que es la sociedad burguesa la que reclamó
la creación de un derecho penal coercitivo una vez que la justicia se transformó por la influencia de
las filosofías humanitarias del Iluminismo, y que condujeron a la creación del derecho penal liberal.
De otro lado, el alienismo, cuando pasados unos años modificó sus primeros postulados nosológicos
en unas formulaciones nosotáxicas más cercanas a las de la medicina clínica positivista en auge,
cuando ha de enfrentarse a la observación y estudio de la criminalidad se erige con contundencia en
especialista de ella, ya que, está convencido que debe de enfocarse por medios científicos de
entendimiento causal y que la aplicación o no del derecho penal va a depender de la declaración,
entre otros elementos jurídicos, de la culpabilidad del sujeto y ella se va a erigir exclusivamente desde
la capacidad de ser o no responsable. La declaración de irresponsabilidad, en el caso de los
presuntos alienados, dicen los alienistas, es de su exclusiva competencia ya que son los únicos
entendidos en estos menesteres. De confirmarse esta incapacidad de ser responsables, les parece
que no solo no deben ser juzgados o condenados, sino que la custodia de ellos será de la
competencia de los alienistas, como forma de facilitar el especial y técnico cuido que requieren y
como la mejor manera de protección del propio alienado y de la sociedad, todo ello en función de su
potencial peligrosidad social que se derivaría de las posibilidades de reincidencia criminal 5.
De esta manera, la determinación de responsabilidad, tipo y lugar de custodia y tratamiento en caso
de irresponsabilidad, medidas de detección y de prevención de peligrosidad postdelictual,
determinación de perfiles de peligrosidad predelictual han tenido diversos avatares en el periodo que
llevamos transcurrido en esta unión de la psiquiatría y el derecho, y ellos son los que vamos a
analizar, no solo desde una óptica descriptiva sino interpretativa, en el marco metodológico de la
psicohistoria, reseñando las tendencias doctrinales de los agentes sociales implicados con los
movimientos ideológicos o pragmáticos de estos agentes y que en cada momento histórico han
propiciado los cambios de metodología práctica en los dos campos de estudio, el penal y el
psiquiátrico. Esta metodología se basa en, no solo la historia de los hechos, sino también de las ideas
y la ideología que acompaña a los hechos sustentando y conexionándose con las formas de vida que
caracterizaron a cada periodo temporal. Nada en la historia es casual ni gratuito, por lo que para una
cabal interpretación hay que reseñar los elementos que incidieron en cada éxtasis temporal, única
forma de entender en su fondo los cambios en las formas. El hombre responde más a lo que quiere y
cree que son las cosas, a lo que representan para él, que a lo que conceptualmente son en realidad.
La comprensión del hombre en su vertiente vivencial viene presidida desde la perspectiva biográficorelacional, la cual siempre ha de enmarcarse en coordenadas de sincronía cultural. El tiempo histórico
cualifica la existencia de los hombres, hasta el punto de que estos son producto de su tiempo, en el
sentido de que están unidos y motivados a los valores, usos y costumbres que imperan en el mundo
que comparten entre sí. Dar cuenta no solo del qué histórico, sino del porqué y del cómo. Los

enciclopedistas, tenía una intención práctica que debía plasmarse en derechos reales que son los que deben llenar
las leyes entre las cuales, las penales eran de gran importancia. GINER. Historia del pensamiento social. 1992.
Barcelona. Ariel.
5
La conclusión pericial de la reclusión manicomial bajo el cuido y custodia del psiquiatra es una constante desde el
principio de las actuaciones psiquiátricas en los tribunales. El interés del psiquiatra en la custodia del "loco criminal"
ha sido de gran interés para él hasta hace bien poco.

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elementos que en cada momento histórico definen al hombre, son los referentes de lo que la persona
es, como se cuestiona a sí misma y la forma en como ella lo hace. Sus conquistas sociales son sus
definiciones porque por aquellas se modifica el contrato social, siendo este tanto la expresión del
grado de su libertad como la naturaleza cualitativa de ella. En el campo de la Medicina y
subsidiariamente en el apartado de la Psiquiatría, las teorías del enfermar y las concepciones teóricoconstructivas de las enfermedades han seguido un desarrollo paralelo, y consecuente con los
conceptos evolutivos de Persona y con la relación tríadica Persona-Sociedad-Estado, inmerso todo
ello en la consideración y relevancia que la sociedad otorga en cada momento a los comportamientos
y estados mentales desadaptados. Los síntomas psiquiátricos que se muestran como relevantes
tienen, además de su significado fisiopatológico, una resonancia en la intimidad de la persona que los
padece que trasciende al exterior, en forma de valorada significación cultural. Y esta valorada
significación cultural es causa y producto, a la vez, de también significada valoración médicopsiquiátrica. Bajo esta perspectiva, sabiendo que la historia la hacen los hombres (aun sin
proponérselo) hemos de considerar el análisis conceptual histórico del fondo y forma de las pericias
psiquiátricas ante los tribunales penales, no solo en los aspectos globales de la cronohistoria, eventos
singulares como hace la Historiografía, sino también el entramado de peculiaridades inherentes a la
comunicación humana, que de uno u otro modo han condicionado todas las acciones de los hombres
y que nos explican con suplemento de distancia los móviles humanos de sus comportamientos,
entendidos estos desde sus matrices creenciales, sincrónicas de cada éxtasis histórico cualificado.
II. LA PSIQUIATRÍA EN LOS TRIBUNALES PENALES: CLAVES DE SU DESARROLLO
HISTÓRICO
Varios fueron los hechos formales que en España facilitaron por su confluencia la entrada del
psiquiatra y de sus peritaciones en los tribunales de justicia. En primer lugar, la evolución legislativa
que se había venido produciendo desde la Constitución de Cádiz de 1812 y que va a culminar con la
promulgación de la LECRIM de 1882 y que supuso la consagración definitiva del modelo acusatorio
formal en lugar del inquisitivo de los siglos anteriores.6 7La LECRIM, sobre la muy importante base de
consagración de la seguridad jurídica de los procesados, inaugura el valor de la prueba en la vista
oral y la publicidad de ésta última, lo que será de una importancia definitiva para que las pericias
psiquiátricas pasen a formar parte de la cotidianidad en los procesos penales, sobre todo en los que
se dirimían delitos de sangre. En estas fechas la psiquiatría tiene asentada su cientificidad y su
presencia en la Universidad, primero con la reciente creación de las cátedras de Medicina Legal
(1852) y después, en 1886, con la creación de los laboratorios de la misma materia en Madrid, Sevilla
y Barcelona, la inauguración del manicomio penal de Madrid y la apertura de la cárcel Modelo de
Madrid (1883). La reforma asilar, que se emprendió en el trienio liberal, fomentó la creación de

6

La LECRIM siguió el modelo francés del Codex de Instrucción Criminalle de 1804 y para entender su contenido
hay que remontarse a lo explicitado en el título V de la Constitución de 1812 en el que se declaraba la oposición al
modelo inquisitivo de obtención de culpabilidad. Con ella se consagra la abolición de las penas crueles y de los
castigos reales que caracterizaron el Antiguo Régimen. A la LECRIM le antecedieron, inspiradas en el espíritu de la
Constitución de Cádiz, la Real Orden de 1835, la nonata LECRIM de 1872 y la Compilación General de 1879.
También las ideas de codificación y de ordenación penal de Jeremías Bentham, a través de José María Queipo de
Llano, Conde de Toreno, tuvieron importancia en la creación de códigos penales españoles de corte liberal.
JONATHAN HARRIS. Los escritos de codificación de Jeremy Bentahm y su recepción en el primer liberalismo
español. .Vol. VIII. Nº 1. Junio 1999.
7
El humanitarismo del siglo XVIII es el responsable último de la creación de Derechos Penales pensados para la
redención del hombre. Lo que pretendía el Marqués de Beccaria no era sino "..el Derecho Penal es una necesidad y
su finalidad responde a la máxima de la mayor felicidad para el mayor número de personas posible. De acuerdo con
ella no hay que pensar en la gravedad de una transgresión, pues a veces se causa perjuicios grandes con
intenciones menguadas. El criterio es el daño infligido a la sociedad, al bienestar de todos. Además, la pena no debe
ser una venganza, sino una prevención necesaria que imposibilite al reo la continuación de su conducta delictuosa".
GINER. Historia...cit.

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manicomios de dirección y propiedad privada que se vieron reforzados al amparo de la ley de
Beneficencia de 1849 por la que se extendió la obligatoriedad de la asistencia psiquiátrica a toda la
población, mediante la creación, fomento y mantenimiento económico de establecimientos generales
de ámbito estatal o provincial a través de las recién creadas Diputaciones provinciales.
El tercer elemento que confluye para la comprensión psicohistórica de la unión entre la psiquiatría y el
derecho fue la nueva ley de prensa de 1883 (Ley Gullón) 8 que dictó la supresión de la censura previa
e impuso el derecho de réplica. Con esta nueva reglamentación el periodismo pasó a convertirse en
el medio de difusión social y poder fáctico que todos hoy conocemos. Desde 1850 a 1890 se fundan
los más importantes e influyentes periódicos de la historia española y van a ser ellos con sus nuevas
maneras, los reportajes, los folletines y las crónicas, además de los artículos de opinión que recogen
información de ambas disciplinas, derecho y psiquiatría, los que va a dar pie a que se vaya
configurando la opinión pública, de forma espontánea o dirigida, como un elemento de presión social
ante el poder ejecutivo. El periódico saca las salas de justicia a la calle, los salones y los ateneos 9 10.
También influyó en el aumento del interés del público por los procesos penales, el rechazo liberal
hacia la pena de muerte que consiguió, al menos, la supresión de los ajusticiamientos públicos por la
Ley Pulido de 1900.
Así pues, los tribunales de justicia sobre las nuevas formas de entendimiento de la aplicación de los
códigos penales, la psiquiatría como garante de la idoneidad del procesamiento y /o de las posibles
condenas penales y la prensa como altavoz de todo el proceso policial y judicial son los tres
elementos que configuran, interaccionando, las relaciones entre las pericias psiquiátricas, aplicación
de los códigos penales vigentes y sus cambios ideológicos, influenciados por la presión que la masa
social efectúa sobre el poder ejecutivo
1.- El inicio: La locura es demencia total
La presencia y actuación de la psiquiatría como rama diferenciada de la medicina interna, en su etapa
inaugural, el alienismo, la significación del "loco" viene dada por la detección de su total
irrazonabilidad. El alienado es un ser que ha carecido de siempre o perdido la capacidad de estar en
la realidad bajo las coordenadas de la razón. La doctrina que sustenta el principio nosográfico del
alienismo es consecuente con las ideas de la medicina del siglo XVIII en la que, en el caso de los
alienados, la pérdida del sentido juicioso de las sensaciones percibidas y que provienen de los
órganos sensoriales suponen una perversión del sentir y después del actuar juicioso. El comienzo del
alienismo está fuertemente influenciado por las ideas sensualistas e intelectualistas de Locke,
Condillac y Cullen. El delirio es la idea central de la locura en tanto que representa la más genuina
expresión del error en la facultad de pensar. Esta idea primigenia se modificará con Esquirol que lo
8

Esta ley supuso la consagración en España de la libertad de expresión. A decir de los historiadores supuso una
ruptura con toda la legislación anterior siendo la más liberal de cuantas hubo hasta la época actual.
9
La aparición del reportero que efectuaba a pie de calle sus pesquisas sobre los crímenes más sobresalientes y que
después eran publicadas como folletones junto a los editoriales que publicaban los directores de los periódicos,
constituyeron los primeros inductores y propagadores de alarmas y presiones sociales sobre el poder judicial.
En España como en otros países, la empresa periodística floreció rápidamente y pasó a ser un gran negocio a partir
de 1850. En 1874 se publicaban en Madrid 29 diarios y en 1884 eran 41. La Correspondencia de España (1858), El
Imparcial (1867), El País (1887), El Heraldo (1890) y el Liberal (1879) eran los periódicos que publicaban con más
asiduidad y difusión sucesos de esta índole. Para obtener información del papel de la prensa en la difusión pública
del fenómeno criminal véase; FUENTES OSORIO. "Los medios de comunicación y el derecho penal". Revista
electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2005.
10
También la prensa era el medio preferido para dar difusión a opiniones encontradas por parte de alienistas y
juristas, las cuales eran formadoras de "opinión pública". Fueron muy decisivos, en España, la disertación sobre los
abusos periciales psiquiátricos del Presidente del Tribunal Supremo en la apertura del año judicial de 1887 y el
debate, muy encendido, que se mantuvo en la Academia de Jurisprudencia en 1888 entre muy distinguidos juristas y
abogados o el debate suscitado entre abogados, periodistas y alienistas celebrado en el Ateneo de Madrid y que
terminó con la intervención de las Fuerzas del Orden.

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considerará un producto de la distorsión producida por el conjunto alterado de todas las funciones de
la mente. Esta concepción se ancla en el concepto de mente de Emanuel Kant que considera que
ésta es más una creadora de significados que receptáculo de ellos
Con la inauguración de la intervención médica y el paso de la locura al cuerpo doctrinal médico, ésta
se transforma de concepto social y moral en enfermedad, aunque distinta de las que se ocupa el
resto de la medicina. La alienación representa la "manifestación mental de una organización
imperfecta de la naturaleza humana"11, sería una sola enfermedad con cuatro formas posibles: la
manía, la melancolía, la idiocia y la demencia, y ellas pueden constituir, la mayoría de las veces, una
secuencia progresiva ineluctable y trágica que solo podía paliarse mediante el aislamiento social
permanente, el trabajo ocupacional y la atención psicológica a las partes sanas del sujeto en
cuestión, con la idea de que este fomento pueda suministrar al sujeto alienado algo de paz. 12 Esta
concepción unitaria de la locura considera al delirio y su temática un signo patognomónico de
enajenación.
En cuanto a las consideraciones legales que puedan atañer al alienado, el estado de enajenación, en
cuanto al momento de la comisión de los actos delictivos que se diriman, el silogismo que se aplica es
muy simple. Determinada la alienación, el delito es consecuencia directa del estado de demencia, por
lo que de ello se deriva automáticamente la declaración de irresponsabilidad penal y su paso al cuido
y reclusión en establecimientos de alienados. La labor del perito alienista ante la orden judicial se
limitaría al examen del acusado, que de presentar signos indudables de alienación mental deduciría
de ello la incapacidad para obrar en "razón". La unicidad de la alienación y su equiparación con la
demencia y con la imposibilidad de ser responsable simplificaba mucho el procedimiento y no dejaba
posibilidad de controversias ni de impedimentos legales. El constructo patológico de la alienación es
el más perfecto (por cerrado y coherente) de cuantos se han formulado en la historia de la psiquiatría.
A decir de Lanteri-Laura, la alienación con sus formas clínicas es la expresión más fidedigna de una
alteración profunda y permanente del Ser psíquico. Es a partir de las formulaciones de la monomanía
homicida, una variante plástica del grupo de las monomanías, entidades clínicas que
complementaban la nosografía única que propugnaron los primeros alienistas, cuando comenzaron
las dudas de los tribunales sobre los peritajes y el cambio en la forma de elaborar y defender éstos
ante ellos.13
2.- El conflicto: Las enfermedades mentales y la enajenación parcial.
La labor de los continuadores del alienismo se centró en aplicar a este todo el contenido positivista de
la medicina clínica del siglo XIX y convertir a la alienación en "las enfermedades mentales".
El modelo clínico-anatómico se basaba en la correspondencia entre sintomatología aparente y
substrato lesional corporal responsable, el cual se constataba en las salas de autopsias de anatomía
patológica. La enfermedad descrita por la anotación de los síntomas se complementaba con los
hallazgos lesionales encontrados para construir una fisiopatología que explicaba y llenaba de sentido
la sintomatología y la patocronia observada. El modelo clínico (Corvisart, Bichat) se basaba en la
correspondencia entre sintomatología aparente y substrato lesional corporal responsable que se

11

Tratado médico-filosófico de la enajenación mental o la manía. PINEL. Nieva. Madrid 1988.
PINEL. Tratado...cit.
La descripción primera de la monomanía se debe a Esquirol (1812) que se complementó y radicalizo en su
aplicación pericial con los trabajos de Georget de 1820 en los que afirmaba con motivo de unas precisiones sobre
pruebas periciales que ...además de las lesiones del entendimiento estarán las de la voluntad...se tratará de un
estado de perversión de las inclinaciones, de los afectos, de las pasiones y de los sentimientos naturales. Y Marc en
1840 perfilará definitivamente las monomanías dividiéndolas en instintivas y en razonantes. POSTEL. Historia de la
Psiquiatria.1987. México. Fondo de Cultura Económica.
"Locos en sus actos antes que en sus palabras, en definitiva, locos que no lo parecen porque se expresan con
lucidez". TRELAT. La locura lucida. La Biblioteca de los ALIENISTAS DEL PISUERGA. 2014. Madrid.
12
13

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constataba en las salas de autopsias de anatomía patológica. La enfermedad descrita por
observación y denotación de los síntomas se complementaba con los hallazgos de las lesiones
encontradas en el cadáver que explicaban por insaculación la fisiopatología de cada enfermar clínico,
distinto por sus lesiones y también por la causa que lo había provocado. Cada enfermedad va a tener
unas características definidas en cuanto a origen etiológico, semiología, profundidad y extensión
lesional de la sintomatología y su evolución. Desde esta formulación, se propugna ahora, la
multiplicidad clínica y patogénica del enfermar mental. Esto va a obligar a la práctica de una clínica
muy detallada y a un diagnóstico diferencial muy cuidadosos, en los que la observación del curso
temporal de la sintomatología (patocronia) va a tener una importancia capital para el informe pericial
retrospectivo y, sobre todo, prospectivo en orden a medidas de prevención de reincidencia.
Este cambio en la concepción del enfermar mental, que suponía, de hecho, un aumento en el número
de entidades clínicas tenía su vertiente negativa en la nueva descripción en la clínica psiquiátrica de
las monomanías o locuras parciales que constituyó desde su comienzo un escollo para los peritajes
judiciales. Desde su formulación este diagnóstico había proliferado mucho en los informes a los
tribunales y la desconfianza hacia ellos se adueñó muy pronto de magistrados y abogados. La
monomanía, en cualquiera de sus muchas variantes patoplásticas, homicida, suicida, razonante, de la
embriaguez, instintiva, intelectual, cleptomanía, piromanía, de celos... presuponía la posibilidad del
diagnóstico de estado retrospectivo de demencia transitorio y, por lo tanto, parcial. Las monomanías
representaban una ampliación del campo nosogénico de la alienación, en la que era la razón la
afectada primariamente. En esta nueva entidad clínica, la razón se vería ocasionalmente desbordada
y, por ello, anulada como rectora de los actos, bajo el peso de unas pasiones (afectos) incontrolables.
Por primera vez, se concede a los sentimientos la capacidad de enfermar y de ser la lesión primaria
que provoca la incapacidad en el conocer (raciocinio) y en el actuar (querer hacer). A la locura de la
manía y el delirio totales, se une el delirio parcial y transitorio (locos lucidos, locos que no lo parecen,
locura parcial) que se caracteriza por alteraciones en el comportamiento interindividual y social con
inclinaciones altamente dañinas.14 15Este proceso de transformación del delirio en los delirios viene

14

El primer peritaje en que se adujo la existencia de monomanía fue "El caso Henriette" (1824). Se juzgaba el
asesinato de una niña de corta edad que fue decapitada con un cuchillo y arrojada su cabeza por la ventana en
presencia de la madre. Los jueces no tuvieron ninguna duda para autorizar la prueba pericial que fue efectuada por
Esquirol, Adelon y Leveille, primero durante una observación clínica de tres días que ante la inexistencia de signos
patológicos se prolongó por tres meses más, pasados los cuales los peritos concluyeron no poder dictaminar
patología mental alguna que sirviera de base para el diagnóstico de enfermedad demencial. La defensa propuso al
Tribunal otro informe pericial, esta vez fue efectuado por el psiquiatra Marc, el cual concluyó que de su exploración
podía deducirse que Henriette no estaba loca pero se encontraba en un periodo prodrómico de incubación de locura
y, por tanto, en el camino de convertirse en demente. El jurado la declaro culpable de homicidio voluntario sin
premeditación y fue condenada a cadena perpetua con trabajos forzados.
En España, el primer diagnóstico pericial de monomanía fue el efectuado por Pedro Mata, Pi y Molist y A. Pujadas
en el caso Fiol (1855) en donde el asesino fue absuelto y recluido en un manicomio a perpetuidad. El diagnóstico
pericial de las monomanías provocó en Francia un gran debate entre juristas, abogados y psiquiatras que se ha
recogido en los textos médico-legales como "el debate francés de las monomanías" (1850-1855).REGNAUL. Du
degre de competence des medecins dans les questions judiciaires relatives aux alienations mentales et des theories
physiologiques sur la monomanie. Paris, B. Waree fils aine 1828. Para más detalles véase: MARC. Consultation
medico legale pour Henriette Cornier, acussee d`homicide commis volontairrement et avec premeditation procede de
l`acte d`acusation. París. Roux 1826.
Desde la primera mitad del siglo XIX, en Francia, ya se estaban utilizando diagnósticos psiquiátricos en los
dictámenes periciales, como el diagnóstico de monomanía en su forma no delirante, con el que médicos como
Esquirol, Orfila, Laurent o arc, entre otros, lograron el indulto en el proceso contra Pierre Rivi re en 1826
(Obsérvese que se consigue el indulto pero no la declaración de irresponsabilidad y menos a n la no procedencia
de juicio). FOUCAULT, . (1 73), oi, Pierre Rivi re...Paris, Gallimard-Julliard y para más detalles y casos similares
en FOUCAULT. Los anormales. México. 2000. Fondo de Cultura económica.
15
En 1840 Marc se mostró contrario al uso demasiado extensivo que Georget daba al diagnóstico de monomanía en
las peritaciones sobre criminales. "Ver monomaníacos en todas partes es lo mismo que no ver ninguno y ello haya

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marcado por la oposición entre delirios agudos y crónicos. La nominación de los delirios parciales
comienza a ser de gran interés clínico para los alienistas, porque éstos son mucho más reacios a la
curación que las locuras generales, y es por este hecho por lo que pasan a denominarse crónicos, lo
que será el paso definitivo para que la patocronia sea un elemento de definición nosotaxica. 16
De esta forma, conductas como el homicidio, el robo compulsivo y/o reiterado o los atentados
sexuales, cuando requerían un peritaje psiquiátrico, recibían el diagnóstico de monomanía si la plastia
del delito era lo suficientemente extravagante. El análisis psiquiátrico no recaía en los síntomas,
ausentes en el momento de la exploración, sino en signos caracteriológicos de los que se infería la
conducta pretérita que había sido la del delito, cayendo en una demostración casi tautológica (Mato
de esa forma porque era presa de una monomanía y la prueba de que la posee es que ha matado).17
Se había llegado, en los exámenes periciales, a confundir y equiparar las conductas aberrantes con
diagnósticos psiquiátricos. Con independencia del desprestigio que el diagnóstico de monomanía
tuviere en los tribunales, éste venía a contradecir los principios más fundamentales de la clínica
psiquiátrica positivista, esto es, la denotación de un registro semiológico estructurado que no solo
conduzca a un diagnóstico diferenciado e irreductible de entidad morbosa, sino que también explique
el estilo anómalo mental en que se acometieron los hechos que son la base para un enjuiciamiento
criminal, pero también fue el camino por el cual la psiquiatría ganó su espacio de intervención en los
tribunales penales.
3.- Las causas del enfermar mental como evidencia probatoria: La locura es degeneración
Pero si el informe pericial de monomanías cayó en desuso, la irrupción de las teorías etiopatogénicas
en Psiquiatría y que son el complemento ineludible de su cientificidad, van a propiciar otro giro
metodológico en las pericias psiquiátricas. Esta vez con una mejor fortuna en los ambientes jurídicos,
porque tanto el positivismo médico como el penal se comienzan a teñir de pesimismo antropológico.
Se trataba de la observación de signos corporales y psíquicos de «degeneración psicopatológica»
indicadores directos de enfermedad mental ineludible. La causalidad había hecho irrupción en la
clínica y paso a ser la piedra angular de cientificidad. En el resto de las especialidades médicas, la
anatomía patológica constituía la constatación de la lesión corporal productora de la sintomatología
observada. En Psiquiatría debía inferirse la lesión y localización cerebral a través de los signos
corporales que evidenciaban el terreno de predisposición a enfermar mentalmente. Va a ser la
anormal composición corporal por «degeneración» hereditaria la causa de las enfermedades
mentales. La teoría de la degeneración física y moral además de dotar de base etiopatogénica al
enfermar mental va a iniciar el desarrollo de un nuevo giro en la metodología del peritar

conducido a que sobre esta entidad clínica haya recaído la sospecha y el disfavor de los criminalistas". arc. De la
folie considerèe dans ses rapports avec les questions medico-judiciaires. Paris. 1840.
16
Es entonces cuando lo más representativo del delirio era su temática, y a partir de ahí se elaboran las clásicas
clasificaciones francesas, la alemana de Wernicke y la austriaca de Feuchtersleben. MORENO, MEDINA Y LILLO.
Circuito funcional de la vivencia y actividad delirante en International Journal of Psychology and Psychological
Therapy. Vol. 4, numero 2. Junio 2004.
17
En "De la no existencia de las monomanías" de FALRET. citado en LANTERI-LAURA. Ensayos sobre los
paradigmas de la psiquiatría moderna. Triacastela. Madrid. 2000.
Decía Foucault "Lo que la psiquiatría del siglo XIX inventó fue esa identidad absolutamente ficticia de un crimen
locura, de un crimen que todo es locura, de una locura que no es otra cosa que crimen. "FOUCAULT. Los
anormales 1990. Madrid. Ediciones la Piqueta.
Sin embargo, y a pesar de que la entidad "monomanía" supuso un gran escollo para la práctica pericial en los
tribunales, la creación de esta entidad amplió el campo nosogénico del alienismo acercándolo a la teoría general del
enfermar médico. Las monomanías supusieron la entrada de las patologías afectivas e instintivas (Trastornos de los
afectos y del control de los impulsos) en la etiopatogenia psiquiátrica equiparándolas a la patología del conocimiento
de la sensorialidad (razón).

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psiquiátrico.1819 La misma causa, los elementos hereditarios, no siempre producirán iguales efectos
patológicos. Dado que la supuesta lesión cerebral no es fácil de demostrar directamente, serán con
los signos corporales acompañantes con los que podemos demostrar la existencia de la
degeneración.20 El síntoma mental se convierte en epifenómeno de la lesión y los signos corporales
(atavismos) en la corroboración de la degeneración mental que produce la enfermedad mental 21. En
las pericias los informes pasan de ser la enunciación de un diagnóstico recogido en la nosotaxia al
uso, a la demostración mediante el señalamiento detallado en el cuerpo del acusado, de signos
indubitables de degeneración mental y física. Estos signos de degeneración no solo explicarán la
conducta enjuiciada en coordenadas de anormalidad mental, sino que también se irán convirtiendo en
predictores de posibles conductas criminales futuras. Con la teoría de la degeneración y su aplicación
al estudio de los criminales, la Antropología Criminal, se va a iniciar, aunque todavía tímidamente, la
consideración de la peligrosidad criminal como paso previo a las medidas de protección social. Las
pericias que se efectúan a partir de 1860 están dirigidas a mostrar la irresponsabilidad o
semirresponsabilidad que le provoca su enfermedad mental y, además, a señalar también, la
posibilidad de la peligrosidad impredecible de la reincidencia, con la consecuencia de una reclusión
manicomial permanente.22 23 El degeneracionismo en su aplicación a la población criminal no solo

18

La teoría de la degeneración física y moral del enfermar mental comienza con Morel (1857) y se consagrara con
Magnan (1871,1874). SAURI, Historia de las ideas psiquiátricas, Ediciones Carlos Lohle, Buenos Aires, 1969.
19
El éxito en España de las ideas de agnan fue inusitado. De hecho el "Boletín de Clínica Terapéutica" publicó sus
Lecciones Clínicas completas en 1896.
20
El estudio del aspecto físico abarcaba dos apartados, el sintético que estudiaba la agitación, indiferencia o
tranquilidad del rostro en su conjunto y la valoración analítica que habría de analizar el color del rostro, el aspecto de
los pelos del cuero cabelludo, las arrugas y cicatrices de la cara y la globulosidad de los ojos.
21
La teoría de la degeneración implica una debilidad hereditaria que se agrava de generación en generación siendo
en cada una de ellas más grave la sintomatología de patología mental. Esta teoría intenta reunir todo lo atípico, lo
desviado de la norma «naturalis», lo teratológico e incluso lo ilegal. Esta teoría tomaba elementos de los recientes
postulados evolutivos y hereditarios formulados por Lamarck, Buffon y Blumenball. Según esta teoría la causa de la
peligrosidad criminal de los locos residiría en la falta de control racional inhibitorio de las pasiones, sería el
descontrol pasional el causante de los actos delictivos. Los signos atávicos que eran denotativos de degeneración
mental eran muy diversos y serán minuciosamente detallados para la clínica criminal por Lombroso y sus seguidores
que encontraron en estos postulados de etiología hereditaria la base científica para la creación de la figura del
«criminal nato», una mezcla de enfermo mental y de sujeto malévolo que nace con diferencias del sujeto «normal»,
ya que su inclinación hacia el delito provendría de una ausencia de los «frenos inhibitorios» que tienen los demás
sujetos que se atienen a la ley. Considera que estos sujetos, a pesar de su «infradesarrollo psicológico-moral», son
imputables o como mucho semiimputables y que el espacio donde deben ser recluidos es el manicomio toda vez
que en coherencia con la presupuesta peligrosidad, es la represión el medio terapéutico más acorde. Zola en sus
novelas de "Los Rugon- ackart" nos ofrece una descripción, a través de algunos de sus personajes, muy lucida de
esta teoría.
22
Casos representativos de estas pericias en España fueron las efectuados por el Dr. José María Esquerdo y sus
discípulos en los casos de Francisco Otero (1879) que atentó frustradamente contra Alfonso XII a su entrada a
Palacio o el de Juan Garayo, alias El Sacamantecas, que asesinó fríamente a varias mujeres en la provincia de
Álava (1881). En ambos, la pericia confirmaba mediante la significación de signos corporales de degeneración, los
diagnósticos de monomanía e imbecilidad. En ambos casos se cumplió la sentencia de morir en garrote. De estos
casos el periódico, El Liberal, se hizo eco mediante el relato minucioso de los procesos en forma de folletines y tuvo
una gran aceptación entre el público que tomó parte activa con sus opiniones en el apartado de cartas a la
redacción. Distinto fue el destino del asesino del arzobispo de Madrid, el sacerdote Cristóbal Galeote (1886)
sentenciado a muerte. Un examen pericial posterior al juicio permitió su conmutación por reclusión manicomial
perpetua por el diagnóstico pericial de delirio de persecución. Para más datos sobre estos casos pueden consultarse
en José María Esquerdo, «Locos que no lo parecen», Madrid, 1881. Estas conferencias están recogidas en REY,
Estudios médico-sociales sobre marginados en la España del siglo XIX. Ministerio de Sanidad y Consumo Madrid,
1990.
23
"Basta ver y oír al acusado para notar en él algo anómalo; no es menester ser médico para conocerlo; ... se
declara de él que era un hombre violento, poco humilde, tenaz, cargante...Estaba, pues, fuera de lo normal en su
especie (sacerdote)". Del informe pericial del alienista Escuder en el caso del cura Galeote (1895). Citado por

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implicaba la heredabilidad, sino el comienzo de una sutil negación del libre albedrio y por ende una
declaración de la biologicidad del impulso criminal que en los postulados de la antropología criminal
van a constituir una especie de raza aparte que hay que controlar por todos los medios, ya que son
una amenaza para la supervivencia de la sociedad del bienestar. Si los psiquiatras de aquella época
hubiesen sido coherentes con todos los principios que informaban las tesis lombrosianas y los jueces
lo hubiesen permitido, la mayoría de los criminales hubiesen salido de las prisiones para entrar en los
manicomios
En España, a partir de 1889 se produce en el mundo jurídico un viraje hacia la restitución del Derecho
Penal clásico en el que se reivindica el libre albedrio como propiedad intrínseca de toda persona y, en
consecuencia, de la legitimidad del correccionalismo penal. Esta fue una reacción lógica contra las
teorías que se difunden por toda Europa de la escuela antropológica italiana, que en última instancia
representaban una negación del valor y utilidad de la jurisdicción penal toda vez que partían de que el
libre albedrio era una "ilusión social".
Juristas muy influyentes efectuaron una crítica muy acertada, desde los principios de filosofía jurídica,
considerando el postulado antropológico criminal de que el sujeto delincuente es un ser con
condicionamiento hereditario para la comisión de actos criminales sin que su capacidad de
razonamiento y, por ello su responsabilidad este anulada por enfermedad mental y, por lo tanto,
imputable, implicaba de forma secundaria, la inutilidad de un derecho penal de correccionalismo
idealista como elemento válido para enderezar la voluntad pervertida del criminal2425. Diversos
acontecimientos sociales ocurren en Europa a partir de la década final del siglo XIX, que son causa
de cierta conciliación entre juristas y alienistas a la hora de valorar unos y emitir los otros, las pericias
psiquiátricas. En España, los juristas efectúan en estos años una depuración de las ideas de la
escuela criminológica italiana propugnando la unión entre los datos que proporcionaba el positivismo
psiquiátrico y los principios fundamentales del correccionalismo penal, con el afán de procurar la
rehabilitación de los penados, siendo de los primeros en propugnar medidas de higiene mental y
social en las prisiones. En el lado médico, se defendía, en conferencias y escritos, la necesidad de
medios para procurar la rehabilitación psicosocial de los internos en las prisiones, con especial
hincapié en aquellos en los que se hubiese detectado algún tipo de enfermedad mental que pudiera
haber menoscabado, aunque fuere incompletamente, su responsabilidad. Así se complementaba la
adherencia ideológica a las ideas lombrosianas con elementos de índole sociológica, inclinándose
hacia teorías del delito de origen socioambiental26.

CAMPOS MARIN en Criminalidad y locura en la Restauración. El proceso del cura Galeote (1886-1888). Frenia.
Vol.III.2.2003. Madrid.
24
Véase: ARAMBURU. La nueva ciencia penal, Librería de Fernando Fe. Consultar en Fondo antiguo de la
Universidad de Sevilla.
25
ARAMBURU. La nueva..., cit..
26
Pedro Dorado Montero defendió a ultranza la posibilidad de

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