En su artículo la Pharmacia de Platon, Derrida reflexiona sobre el término platónico de pharmakon retomando el paralelismo entre la escritura y el tóxico como fuentes de excesos en el cuerpo del discurso y en el cuerpo orgánico. Estos excesos hacen del parmakon a la vez remedio y veneno. La historia del uso de psicofármacos en el mundo occidental da cuenta de esta doble naturaleza que marca las historias personales y las problemáticas sociales que desde finales del siglo XIX se derivan del abuso y la dependencia a las drogas sintetizadas y comercializadas desde la lógica del mercantilismo. La investigación en el campo de la salud mental muestra cómo existe una frecuente coincidencia entre el consumo problemático de drogas y la existencia de traumas complejos. De tal forma, el abuso de drogas ha sido señalado frecuentemente como una automedicación, frente a la imposibilidad de poder encontrar una orientación externa, un reconocimiento y un alivio a los efectos del trauma. La automedicación se establece como solución frente a la imposibilidad de poner en palabras los efectos del trauma. Hoy las diferentes formas de drogadicción y en especial la crisis de los opiáceos nos pone en jaque frente a la naturaleza inestable del pharmakon. Las propuestas en atención en salud mental deben hacer frente a esta crisis dando espacio a un “pharmakon” de gran potencia: -la palabra- capaz de articular y reconocer los efectos del trauma recibidos desde una escucha empática, que abra posibilidades para la transformación de sus efectos.