El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se ha ido convirtiendo en una de las entidades que despierta más atención, tanto por parte de los clínicos como de los investigadores. A pesar de la cierta confusión relativa a su clasificación, es posible designar ciertos sintamos como obsesiones y compulsiones, y distinguirlos de otras manifestaciones clínicas por sus características específicas. La observación directa de los propios fenómenos proporciona la mejor forma de definir estos dos síntomas1.