Existen pocos medicamentos con eficacia demostrada para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático (TEPT). A pesar de ello, sigue siendo una enfermedad crónica, con altas tasas de comorbilidad médica y una considerable repercusión en la esfera funcional, social y económica de la persona. Surge por tanto la necesidad urgente de explorar no sólo nuevos compuestos, sino también nuevos enfoques para su tratamiento. Entre los recientes