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Terapia de ritmos sociales en adolescentes con depresión: STAR-D adapta el tratamiento a la vida real juvenil



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Artículo | Fecha de publicación: 10/12/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

  Cuando regular horarios no puede significar imponer una rutina adulta Los trastornos depresivos y bipolares suelen aparecer durante la adolescencia, una etapa en la que el sueño, los horarios escolares, la actividad social y las rutinas familiares experimentan cambios importantes. Precisamente estas dimensiones constituyen el objetivo de la Social Rhythm Therapy (SRT), una interve...

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Cuando regular horarios no puede significar imponer una rutina adulta


Los trastornos depresivos y bipolares suelen aparecer durante la adolescencia, una etapa en la que el sueño, los horarios escolares, la actividad social y las rutinas familiares experimentan cambios importantes.


Precisamente estas dimensiones constituyen el objetivo de la Social Rhythm Therapy (SRT), una intervención que intenta aumentar la regularidad de los ritmos diarios y de las señales sociales que estructuran el ciclo sueño-vigilia.


El problema es que muchas de estas intervenciones se desarrollaron originalmente para adultos.


Un estudio publicado en Frontiers in Child and Adolescent Psychiatry presenta STAR-D —Social Therapy for Adolescent Rhythms in Depression—, una adaptación de la terapia de ritmos sociales diseñada específicamente con participación de adolescentes y profesionales de salud mental.


La investigación no pretendía demostrar todavía que STAR-D reduzca la depresión. Su objetivo era más básico pero necesario: comprobar si podía adaptarse al contexto adolescente, administrarse dentro de servicios habituales de salud mental infantojuvenil y resultar aceptable para los jóvenes.


Por qué los protocolos diseñados para adultos pueden quedarse cortos


Las rutinas de un adolescente están condicionadas por factores diferentes a los de un adulto.


Entre ellos se encuentran:


horarios escolares o universitarios, fines de semana, exámenes, normas familiares, menor autonomía sobre los horarios, relaciones sociales, uso nocturno del teléfono y redes sociales.


Los autores plantean que estos factores pueden actuar como organizadores o disruptores de los ritmos cotidianos.


Por ello, trasladar directamente una intervención adulta podría generar objetivos poco realistas o una carga excesiva de seguimiento.


STAR-D se diseñó precisamente para introducir mayor flexibilidad, lenguaje accesible y objetivos elegidos conjuntamente con el adolescente.


Primera fase: escuchar antes de diseñar


El estudio utilizó un diseño mixto en dos fases.


Durante la primera fase se recogió información de:


10 adolescentes mediante cuestionarios,

un representante de un Young People's Advisory Group mediante entrevista en profundidad,

y

seis profesionales clínicos.


En conjunto, 11 jóvenes y seis clínicos contribuyeron a adaptar la intervención.


Los temas que aparecieron de forma repetida fueron la necesidad de explicar mejor la relación entre rutinas y estado de ánimo, utilizar un lenguaje menos técnico, permitir objetivos individualizados y evitar una estructura excesivamente rígida.


Ocho sesiones centradas en rutinas, sueño y funcionamiento


A partir del proceso de co-diseño se desarrolló un protocolo de ocho sesiones individuales de aproximadamente 60 minutos.


Las sesiones incluían psicoeducación, revisión de rutinas y estado de ánimo, identificación de factores que alteraban los ritmos y establecimiento de cambios progresivos.


Los objetivos podían adaptarse a situaciones concretas, como:


levantarse a una hora más estable, organizar mejor el sueño, disminuir las alteraciones del fin de semana, aumentar la actividad diurna o estructurar las rutinas alrededor de clases, comidas y vida social.


También se abordaba el uso de pantallas y teléfonos en horario nocturno cuando resultaba relevante.


El enfoque buscaba ser colaborativo en lugar de prescriptivo.


Una muestra piloto extraordinariamente pequeña


La segunda fase se desarrolló en los servicios CAMHS de Lambeth, en Londres.


Se derivaron siete adolescentes de entre 13 y 17 años.


Seis aceptaron participar e iniciaron STAR-D:


tres tenían trastorno bipolar II, dos trastorno depresivo mayor y uno trastorno bipolar I.


Cinco participantes completaron las ocho sesiones.


Esto representa:


85,7 % de aceptación entre los siete derivados

y

83,3 % de finalización entre quienes comenzaron.


Un participante abandonó después de tres sesiones, pero el motivo no quedó documentado en el conjunto de datos de factibilidad.


Las cifras parecen favorables, pero con seis participantes una sola persona modifica sustancialmente cualquier porcentaje. Por tanto, estos resultados deben entenderse como señales iniciales de viabilidad, no como tasas de adherencia generalizables.


La experiencia fue positiva, pero el registro diario generó carga


Los participantes describieron STAR-D como una intervención:


accesible, colaborativa, flexible y de apoyo.


Uno de los componentes que generó más dificultades fue el registro diario de rutinas.


Los jóvenes debían anotar aspectos como hora de levantarse, comidas, actividad escolar, contactos sociales, hora de acostarse, estado de ánimo y posibles alteraciones de la rutina.


En teoría, este registro facilita identificar relaciones entre ritmo diario y síntomas.


En la práctica, los participantes señalaron que podía convertirse en una tarea repetitiva y difícil de mantener.


Los autores consideran que futuras versiones deberían estudiar sistemas más simples, posiblemente digitales, que reduzcan la carga sin perder información clínicamente útil.


Falta un dato importante: cuánto se cumplimentaron realmente los registros


Existe además una limitación metodológica concreta.


Los formularios de seguimiento se utilizaron como herramienta terapéutica, pero no se conservaron ni cuantificaron sistemáticamente como datos de investigación.


Por ello, los investigadores no pudieron calcular porcentajes de cumplimiento, frecuencia de entradas omitidas o evolución de la adherencia.


Esto es especialmente relevante porque precisamente el seguimiento diario apareció como el componente más problemático.


Una futura evaluación de STAR-D necesitará medir de forma prospectiva cuánto, cómo y durante cuánto tiempo utilizan los adolescentes estas herramientas de monitorización.


Los cambios clínicos fueron muy variables


El estudio incluyó medidas exploratorias de funcionamiento, síntomas depresivos y síntomas maníacos.


Sin embargo, los propios resultados muestran trayectorias muy diferentes entre participantes.


Por ejemplo, algunos presentaron reducciones sustanciales en las puntuaciones de depresión, mientras que en otros apenas hubo cambios o incluso aparecieron incrementos temporales.


No se realizaron pruebas estadísticas inferenciales debido al tamaño muestral.


Además, no existía un grupo de comparación.


Por ello, cualquier cambio podría deberse a STAR-D, pero también a tratamiento farmacológico simultáneo, evolución natural, otros contactos clínicos, regresión a la media o factores externos.


Depresión unipolar y bipolaridad no son equivalentes


STAR-D incorpora adolescentes con depresión unipolar y bipolar, pero los mecanismos clínicos no son necesariamente los mismos.


En depresión unipolar, estructurar el día podría relacionarse con aumentar actividad, disminuir aislamiento y mejorar la regularidad del sueño.


En trastorno bipolar, la regulación de los ritmos circadianos y sociales tiene además una relación más directa con modelos de prevención de recaídas y requiere especial vigilancia de reducción de la necesidad de sueño, activación o síntomas maníacos.


Con una muestra de solo seis participantes, el estudio no puede determinar si STAR-D funciona de forma diferente según el diagnóstico.


Los autores señalan expresamente que los futuros ensayos deberían incluir una estratificación diagnóstica suficiente.


El co-diseño es probablemente la aportación más sólida


Más que los resultados clínicos, el elemento diferencial del estudio es cómo se construyó la intervención.


Los adolescentes no fueron únicamente receptores del protocolo: participaron en su adaptación.


Su feedback modificó aspectos concretos como:


lenguaje, duración, ejemplos utilizados, flexibilidad de citas, relación entre rutinas y estado de ánimo y carga de monitorización.


Esto resulta especialmente relevante en salud mental juvenil, donde una intervención teóricamente eficaz puede fracasar si no encaja con el funcionamiento cotidiano de los adolescentes.


El trabajo muestra así el valor de combinar evidencia previa con experiencia vivida y viabilidad dentro de servicios clínicos reales.


¿Qué debería demostrar ahora STAR-D?


El siguiente paso no consiste simplemente en incluir más participantes.


Los autores proponen un ensayo multicéntrico controlado capaz de evaluar si la intervención produce cambios clínicos y, además, cómo los produce.


Una pregunta central será comprobar si mejoras en:


regularidad sueño-vigilia, estabilidad de rutinas y ritmos sociales


median realmente cambios posteriores en:


depresión, manía y funcionamiento.


Ese análisis mecanístico ayudaría a saber si STAR-D actúa a través de los procesos que pretende modificar.


Conclusiones prácticas


1. STAR-D adapta la terapia de ritmos sociales a las condiciones reales de la adolescencia, incluyendo escuela, familia, autonomía limitada y hábitos digitales.

2. El protocolo se desarrolló mediante co-diseño con jóvenes y profesionales y se redujo a ocho sesiones individuales y flexibles.

3. Seis adolescentes iniciaron el piloto y cinco lo completaron, lo que apoya una factibilidad inicial pero no permite generalizar tasas de adherencia.

4. El registro diario de rutinas fue el principal elemento percibido como una carga y deberá simplificarse en futuras versiones.

5. El estudio no demuestra eficacia terapéutica: la muestra fue mínima, no existió grupo control y los cambios clínicos fueron variables.


La aportación de STAR-D es, por ahora, principalmente de desarrollo e implementación. Muestra que una terapia basada en ritmos puede rediseñarse para encajar mejor con la adolescencia y administrarse dentro de CAMHS, pero todavía debe demostrar si esa adaptación se traduce en beneficios clínicos reproducibles.


 


Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)


Fuente original: Co-designing and piloting adolescent-adapted social rhythm therapy for young people with unipolar and bipolar depression: a mixed-methods feasibility case series - Front. Child Adolesc. Psychiatry, 28 August 2026Sec. Adolescent Mental Health and Interventions Volume 5 - 2026


Texto completo disponible en: https://www.frontiersin.org/journals/child-and-adolescent-psychiatry/articles/10.3389/frcha.2026.1909726/full


Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.

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