Un amplio estudio prospectivo publicado en The Lancet Regional Health – Americas aporta nueva evidencia sobre los factores que, presentes durante la infancia, se asocian con un mayor riesgo de intento de suicidio durante la adolescencia y la adultez temprana.
Los resultados refuerzan la importancia de actuar precozmente sobre factores familiares, clínicos y sociales potencialmente mo...
Un amplio estudio prospectivo publicado en The Lancet Regional Health – Americas aporta nueva evidencia sobre los factores que, presentes durante la infancia, se asocian con un mayor riesgo de intento de suicidio durante la adolescencia y la adultez temprana.
Los resultados refuerzan la importancia de actuar precozmente sobre factores familiares, clínicos y sociales potencialmente modificables, más que confiar únicamente en marcadores biológicos.La investigación siguió durante quince años a 2.060 niños brasileños, evaluados inicialmente entre los 6 y los 14 años y monitorizados hasta una edad media de 23 años. Durante el seguimiento, el 15 % realizó al menos un intento de suicidio, con una edad media de inicio de 17,8 años.Tras analizar simultáneamente factores genéticos, perinatales, familiares, ambientales y clínicos, los autores identificaron varios predictores independientes.
Entre ellos destacaron el sexo femenino, la exposición durante la infancia a situaciones de amenaza (como maltrato físico o acoso escolar), los antecedentes de intento de suicidio en el cuidador principal y la presencia de trastornos externalizantes infantiles, como el TDAH o los trastornos de conducta.Uno de los hallazgos más relevantes fue el peso de las experiencias adversas tempranas. Incluso después de ajustar el efecto de otros factores de riesgo, el bullying referido por el propio niño y el maltrato físico informado por los padres continuaron asociándose significativamente con los intentos de suicidio posteriores, lo que subraya la importancia de detectar precozmente estas situaciones en el ámbito sanitario y educativo.El estudio también exploró el papel de la predisposición genética mediante puntuaciones de riesgo poligénico. Aunque algunas mostraron asociación con determinados desenlaces, su capacidad predictiva individual fue modesta.
Los propios autores concluyen que, en la práctica clínica, las estrategias preventivas dirigidas a reducir la exposición a factores ambientales y familiares modificables probablemente tendrán un impacto mucho mayor que la estratificación basada exclusivamente en datos genéticos.Desde una perspectiva de salud pública, los investigadores estiman que una parte importante de los intentos de suicidio podría relacionarse con factores potencialmente prevenibles, como la conducta suicida del cuidador principal, los trastornos psiquiátricos familiares, la exposición a amenazas durante la infancia o los trastornos externalizantes.
Estos resultados apoyan intervenciones que integren la atención a la salud mental familiar, la prevención del acoso escolar y la detección temprana de problemas conductuales infantiles.Los autores recuerdan, no obstante, que ningún factor aislado permite predecir con precisión qué persona realizará un intento de suicidio. La conducta suicida continúa siendo un fenómeno complejo y multifactorial, por lo que los modelos predictivos actuales deben entenderse como herramientas complementarias y no como instrumentos diagnósticos.El trabajo constituye una de las cohortes prospectivas más largas realizadas hasta la fecha en Latinoamérica sobre este tema y aporta evidencia a favor de una prevención multinivel que combine actuaciones clínicas, familiares, escolares y comunitarias desde los primeros años de vida.
Anselmi L, Salum GA, et al. Early-life risk factors for suicide attempts from childhood to young adulthood: a 15-year prospective population-based cohort study. The Lancet Regional Health – Americas. 2026.
https://www.thelancet.com/journals/lanam/article/PIIS2667-193X(26)00161-4/fulltext