Cuando un profesional no entiende las limitaciones, sesgos y riesgos de estas herramientas, puede perder autoridad clínica, generar confusión en el paciente o, en el peor de los casos, comprometer la calidad de la intervención.
Ignorar la IA no la detiene; simplemente deja al terapeuta un paso atrás.
La buena noticia es que la IA, bien utilizada, puede convertirse en una aliada poderosa: optimizar procesos, mejorar la evaluación, apoyar la toma de decisiones y liberar tiempo para lo más importante —la relación terapéutica—.
Pero esto solo es posible con formación específica, actualizada y adaptada a la realidad clínica. Por eso es clave que los profesionales de la salud mental no solo conozcan la IA, sino que aprendan cuándo usarla, cómo usarla y cuándo no hacerlo. La diferencia entre riesgo y oportunidad está en el conocimiento.
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Porque el futuro de la psicología no será con o sin IA, será con profesionales preparados… o con profesionales desactualizados
