Introducción
La inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando de forma acelerada la psiquiatría geriátrica, ofreciendo nuevas herramientas para la detección precoz, el seguimiento clínico y la personalización de los cuidados en personas mayores. En un contexto de envejecimiento poblacional global, estas tecnologías prometen mejorar la eficiencia asistencial y ampliar el acceso a la atención en salud mental.
Sin embargo, a medida que la IA comienza a intervenir en dominios tradicionalmente humanos —como la empatía, la toma de decisiones o la interacción interpersonal— emergen preguntas fundamentales sobre sus límites. ¿Puede una IA sustituir, aunque sea parcialmente, la experiencia humana en la atención psiquiátrica de la vejez? Esta revisión propone un marco teórico y clínico para abordar esta cuestión.
Precisión computacional frente a mente imperfecta
La psiquiatría geriátrica se caracteriza por la convergencia de cambios biológicos, psicológicos y existenciales. Preguntas sobre identidad, significado vital y mortalidad tienden a intensificarse en etapas avanzadas de la vida, planteando desafíos que difícilmente pueden reducirse a modelos biomarcadores o predicciones algorítmicas.
Los autores subrayan una paradoja central: mientras que los modelos computacionales destacan en la detección de patrones y la predicción de riesgos (por ejemplo, deterioro cognitivo o depresión), carecen de la capacidad para participar en relaciones interpersonales auténticas o compartir experiencias subjetivas.
Teoría de la mente y experiencia humana
La teoría de la mente (Theory of Mind, ToM) constituye una capacidad cognitiva esencial para comprender los estados mentales propios y ajenos. En la vejez, esta capacidad resulta clave para afrontar cuestiones existenciales profundas relacionadas con el sentido de la vida, la pérdida y la finitud.
Aunque algunos sistemas de IA pueden simular aspectos de la inteligencia emocional —como identificar emociones o generar respuestas empáticas—, no poseen experiencia subjetiva ni conciencia. Por tanto, no pueden involucrarse en relaciones del tipo I–Thou descritas por Martin Buber, fundamentales en la psicoterapia y en la alianza terapéutica.
Teoría de la computación como marco conceptual
El artículo introduce la teoría de la computación (Theory of Computing, ToC) como un marco útil para comprender tanto las capacidades como los límites estructurales de la IA. Conceptos clásicos como la incompletitud de Gödel o el problema de la parada de Turing se emplean como metáforas para ilustrar por qué ciertos aspectos de la experiencia humana no pueden ser formalizados ni resueltos algorítmicamente.
Desde esta perspectiva, las preocupaciones existenciales en la vejez pueden entenderse como problemas “indecidibles”: no admiten una solución correcta única, sino que requieren exploración narrativa, relación y acompañamiento humano.
Aplicaciones actuales de IA y robótica en psiquiatría geriátrica
A nivel práctico, la IA ya se utiliza en psiquiatría geriátrica para:
- Detección precoz de depresión y deterioro cognitivo mediante biomarcadores digitales.
- Análisis del lenguaje, la voz y el comportamiento para monitorización pasiva.
- Chatbots y agentes conversacionales para reducir soledad y malestar emocional.
- Robots sociales como apoyo en demencia, estimulación cognitiva y acompañamiento.
La evidencia sugiere beneficios modestos pero relevantes en reducción de soledad, mejora del estado de ánimo y apoyo a cuidadores. No obstante, estos sistemas ofrecen principalmente confort emocional transitorio y no sustituyen la profundidad terapéutica de la relación humana.
Implicaciones éticas y clínicas
La integración de IA en salud mental de personas mayores plantea retos éticos significativos: privacidad de datos sensibles, sesgos algorítmicos, simulación de empatía y responsabilidad clínica. Los autores advierten sobre el riesgo de confundir interacción simulada con relación auténtica, especialmente en poblaciones vulnerables.
Se recomienda un enfoque de IA centrada en la persona, con supervisión clínica, diseño inclusivo, consentimiento informado reforzado y gobernanza ética multidisciplinar. La IA debe concebirse como una herramienta complementaria, nunca como sustituto del cuidado humano.
Conclusiones
La inteligencia artificial tiene un papel creciente en la psiquiatría geriátrica, especialmente en la detección, monitorización y apoyo asistencial. Sin embargo, existe una brecha irreductible entre la precisión computacional y la experiencia humana.
Reconocer los límites estructurales de la IA no reduce su valor clínico; al contrario, permite integrarla de forma más ética, realista y beneficiosa. El reto no es humanizar la máquina, sino preservar lo humano en un ecosistema asistencial cada vez más tecnológico.
Marc Moreno. comité editorial psiquiatria.com
Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/
Mizuno A, Erickson Z, Jimenez DE, Aizenstein HJ. AI in geriatric psychiatry: precision meets human experience. Neuropsychopharmacology. 2026. https://doi.org/10.1038/s41386-026-02328-y