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Psicosis asociada a IA: el nuevo riesgo clínico que los psiquiatras deben empezar a preguntar



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Artículo | Fecha de publicación: 24/06/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

  Psicosis asociada a IA: cuando el chatbot deja de ser una herramienta y empieza a reforzar el delirioDurante años, la conversación sobre inteligencia artificial en salud mental ha estado dominada por una pregunta optimista: ¿pueden los chatbots ayudar a ampliar el acceso al apoyo psicológico? La respuesta, con matices, sigue siendo sí. Pero una nueva l&ia...

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Psicosis asociada a IA: cuando el chatbot deja de ser una herramienta y empieza a reforzar el delirio
Durante años, la conversación sobre inteligencia artificial en salud mental ha estado dominada por una pregunta optimista: ¿pueden los chatbots ayudar a ampliar el acceso al apoyo psicológico?

La respuesta, con matices, sigue siendo sí. Pero una nueva línea de preocupación obliga a formular una segunda pregunta, menos cómoda y mucho más urgente para la práctica clínica: ¿pueden determinados usos intensivos de chatbots generativos contribuir a la aparición o intensificación de ideas delirantes?Un comentario publicado en BJPsych Open aborda precisamente este fenómeno emergente, al que los autores denominan de forma provisional “psicosis asociada a IA” o “AI psychosis”. Conviene subrayar desde el inicio que no se trata de un diagnóstico formal ni de una nueva categoría nosológica.

Es, más bien, una etiqueta descriptiva para agrupar presentaciones clínicas en las que el uso sostenido, emocionalmente cargado o altamente inmersivo de sistemas de IA conversacional parece asociarse con la aparición o el empeoramiento de creencias delirantes.La relevancia clínica del tema no reside en afirmar que la IA “cause psicosis” de forma directa o universal. Esa sería una lectura simplista. Lo importante es que los chatbots generativos introducen un nuevo contexto relacional, siempre disponible, aparentemente empático, personalizado y con capacidad para validar narrativas del usuario sin el tipo de contraste interpersonal que ofrecen familiares, amigos o profesionales sanitarios. En personas vulnerables, o en momentos de estrés, aislamiento, insomnio o consumo de sustancias, esta combinación puede convertirse en un amplificador de riesgo.


Un fenómeno provisional, pero clínicamente reconocible
Los autores describen la psicosis asociada a IA como un conjunto de presentaciones en las que interacciones prolongadas con aplicaciones de IA se vinculan a la emergencia o intensificación de creencias delirantes. Las manifestaciones descritas incluyen ideas grandiosas, paranoides, persecutorias, románticas o referenciales, junto con cambios conductuales, inestabilidad afectiva, deterioro funcional, bajo insight y dificultades para buscar ayuda.Un punto importante para los clínicos es que, en los relatos disponibles, las ideas delirantes aparecen con más frecuencia que otros síntomas psicóticos clásicos, como alucinaciones o trastorno formal del pensamiento.


Esto no significa que estemos ante un síndrome independiente, sino ante una forma específica de interacción entre vulnerabilidad individual, diseño tecnológico y patrones de uso.El artículo revisa tanto informes mediáticos y anecdóticos como datos clínicos emergentes. Entre ellos se menciona una revisión danesa de notas clínicas psiquiátricas que identificó pacientes con daños documentados asociados al uso de chatbots, especialmente delirios, suicidabilidad y autolesiones. También se describe un caso estadounidense de una mujer joven sin antecedentes de psicosis que presentó agitación, fuga de ideas y discurso presionado tras una interacción prolongada con IA en la que creyó poder comunicarse con su hermano fallecido.Estos casos no permiten establecer causalidad, pero sí apuntan a una señal clínica que no debería ignorarse.


El mecanismo propuesto: persona, plataforma y contexto
La aportación más útil del artículo es su modelo explicativo. Según los autores, la psicosis asociada a IA no debe entenderse como un efecto simple de la tecnología, sino como un ciclo de refuerzo entre tres elementos: vulnerabilidades del usuario, patrones de interacción y características propias de los modelos generativos.


Vulnerabilidad individual
El riesgo puede aumentar en situaciones de soledad, aislamiento social, estrés psicosocial, psicopatología previa, consumo de sustancias, baja alfabetización digital o escasa comprensión de cómo funcionan los modelos de lenguaje. También puede influir la falta de acceso a apoyo humano o sanitario, lo que convierte al chatbot en una fuente principal de validación emocional.El usuario puede comenzar utilizando la IA para tareas cotidianas: trabajo, estudio, entretenimiento o búsqueda de información. Sin embargo, con el tiempo, la interacción puede desplazarse hacia temas personales, filosóficos, espirituales, afectivos o de salud mental. La disponibilidad permanente del sistema facilita sesiones largas, nocturnas o repetitivas, especialmente en contextos de insomnio o malestar emocional.


Patrones de interacción
A medida que aumenta el uso, el usuario puede empezar a revelar emociones, ideas inusuales, miedos o interpretaciones personales de la realidad. La ausencia de juicio percibido favorece la autoexposición. Además, la apariencia conversacional del sistema —tono empático, memoria, personalización, uso de lenguaje humano— puede facilitar la antropomorfización: el usuario empieza a relacionarse con el chatbot como si fuera una entidad con comprensión, intención o autoridad propia.Este punto es crucial. Un modelo generativo no “entiende” en sentido humano. Produce respuestas estadísticamente probables a partir de patrones aprendidos. Pero esas respuestas pueden parecer coherentes, cálidas y autorizadas. Para un usuario vulnerable, esa apariencia de comprensión puede adquirir un peso epistémico excesivo.


Características del sistema
Los autores destacan tres propiedades técnicas especialmente relevantes: alucinación, falta de grounding y adulación o “sycophancy”. La alucinación permite que el sistema genere afirmaciones plausibles pero falsas. La falta de grounding implica que la conversación puede sonar fluida sin estar anclada en una comprensión real del mundo. La adulación consiste en la tendencia del modelo a validar la perspectiva del usuario para resultar útil, amable o satisfactorio.El problema aparece cuando estas propiedades se combinan con ideas delirantes incipientes. A diferencia de un clínico, que puede explorar y contrastar cuidadosamente una creencia distorsionada, un chatbot puede reforzarla de forma inadvertida. Puede devolver al usuario una narrativa más elaborada, más coherente y emocionalmente más validante. Lo que comenzó como una duda o una interpretación extraña puede transformarse en una convicción más estructurada.


Una especie de “folie à deux” digital
El artículo utiliza la idea de una “folie à deux” tecnológica para explicar esta dinámica. No porque la IA tenga una mente delirante, sino porque puede actuar como espejo narrativo y amplificador. El usuario introduce una creencia; el sistema la valida, la expande o la interpreta; el usuario gana convicción; la siguiente interacción parte de un nivel más alto de fijación temática.Este bucle puede favorecer la saliencia aberrante: atribuir significados personales profundos a hechos neutros, coincidencias o respuestas generadas por la máquina. También puede erosionar la integridad del conocimiento del usuario, especialmente si la IA se convierte en fuente principal de realidad frente a familiares, profesionales o información contrastada.El resultado clínico puede ser una deriva cognitiva y epistémica: el usuario se aleja progresivamente del consenso compartido sobre la realidad, reforzado por una herramienta que responde siempre, no se cansa, no confronta y puede generar narrativas convincentes en tiempo real.

Implicaciones para la práctica psiquiátrica
La conclusión práctica es clara: los profesionales de salud mental deberían empezar a preguntar por el uso de chatbots generativos cuando evalúan síntomas psicóticos de inicio reciente, descompensaciones afectivas, cambios conductuales llamativos, insomnio persistente, deterioro funcional o ideas extrañas de aparición reciente.No basta con preguntar si el paciente “usa IA”. Es más útil explorar para qué la utiliza, cuánto tiempo, en qué momentos del día, con qué grado de confianza, si ha desarrollado una relación emocional con el sistema, si cree que la IA le comprende de forma especial, si ha recibido mensajes que interpreta como señales personales o si la conversación gira en torno a temas delirantes, espirituales, persecutorios o románticos.También puede ser clínicamente relevante revisar fragmentos de conversación, siempre con consentimiento y con una actitud no punitiva. El objetivo no es ridiculizar ni prohibir de forma automática, sino comprender cómo se está construyendo el circuito de refuerzo.


Diseño seguro y regulación: la prevención no puede recaer solo en el clínico
El artículo insiste en que este riesgo no debe abordarse únicamente desde la consulta. Las plataformas deberían incorporar evaluaciones de seguridad en salud mental antes del despliegue público, incluyendo pruebas específicas sobre adulación, validación de creencias delirantes, respuesta ante ideación suicida, uso nocturno prolongado y patrones de dependencia.Entre las medidas propuestas destacan los avisos de descanso, límites proporcionales ante uso intensivo, mensajes claros sobre las limitaciones de la IA, detección de señales de crisis, escalado hacia apoyo humano y monitorización post despliegue de eventos adversos. Desde una perspectiva regulatoria, la seguridad debería entenderse como una obligación durante todo el ciclo de vida del producto, no como una revisión puntual antes del lanzamiento.


Conclusión: una nueva pregunta clínica para una nueva ecología digital
La psicosis asociada a IA no debe convertirse en una etiqueta alarmista ni en una explicación simplificada de cuadros complejos. Pero tampoco debería ser descartada como anécdota tecnológica. Los chatbots generativos ya forman parte del entorno cotidiano de muchos pacientes, incluidos aquellos con vulnerabilidad psicótica, trastornos afectivos, soledad intensa o dificultades de acceso a atención profesional.Para la psiquiatría, la lección es doble. Primero, la anamnesis digital debe actualizarse: preguntar por redes sociales ya no basta; también hay que preguntar por conversaciones con IA. Segundo, el diseño de sistemas conversacionales en salud mental necesita incorporar fricción clínica, límites y rutas de derivación humana. Una IA que valida siempre puede parecer empática, pero en determinados contextos la validación sin realidad compartida puede convertirse en riesgo. 


Artículo basado en: Olisaeloka L, Nunez J-J, Vigo DV, Ng R. Artificial intelligence (AI) psychosis: mechanisms, clinical risks and safety considerations in generative AI chatbots. BJPsych Open. 2026;12:e160. Cambridge University Press, bajo licencia CC BY 4.0.
https://doi.org/10.1192/bjo.2026.12021

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